Cálculo errante

Desde el fondo de los tiempos
¡raíces!
habla el infinito y cuenta el universo.
Desde cofres que pasan inadvertidos,
surgen notas
y estas danzan en pos de la sinfonía.

Raíces profundas configurando una garganta de siglos
y desdeñando las horas muertas.
Brasa, humo y leños.
Umbral festivo donde no faltan las visitas.
Horas inexactas dando pie
igual a la separación que a la reunión,
pero siempre… un mantel sobre la mesa
esperando el aperitivo.

Raíces hondas;
desmenuzadas,
siendo ceniza
mientras la temperatura aviva el humor:
El frío tramita hazañas
como así mismo hace el calor
al resaltar que eran bien ciertas
cada una de las leyendas que se contaban.

Somos raíz.
La sed de un árbol que nunca cesa
de enjuagar un seguido de sentencias
para perpetrar nacimientos
tras la desvergüenza creadora y el rubor.

Un continuo de salvas transportan miel y esporas
incluso cuando la arcilla parece desvencijada.
¡por las raíces morimos!
¡por las raíces crecemos!
(Es comprensible la lectura
cuando creemos tanto en la prosa como en los versos.)
¡Por las raíces morimos!
¡Por las raíces crecemos!
mientras transitamos entre millares de formas de respiro
y adosados a los tantos rostros
que sustenta con pulso el fuego;
evidentes, misteriosos, vulgares y furtivos,
se nos presenta la composición del oxígeno
como comodín ambidiestro.

Fuimos y seremos raíces.
Somos un zoológico energético.
Una existencia basada en la mutación…

… en un sinfín de tragicomedias.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

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