Para quién, mi oreja

“Es verdaderamente difícil que cuando inmersos dentro del poder y fuera de la humildad hallemos, un sentido común que lance a nuestra especie a conjugar la tierra con el cielo, para que con cada una de las pisadas que demos seamos también capaces de volar.”

Todos los reyes resultan efímeros (se alzan y caen junto a su apariencia petulante y su indecorosa sustancia; sus opiniones y yugos se borran). Mientras tanto, ese resto humilde y frágil que desluce frivolidades y perdura con hondo mensaje aferrándose a su caminar de obrero infatigable y a sus conocimientos como vagabundo, protege una sabiduría imprescindible que conoce a la perfección aquello que precisamos para adquirir una consistencia meritoria esta raza que somos la humanidad (se ofrecen ante la vida como joyas perennes).

Muchas pulgas


Como pedirles buen ambiente, alegría sincera y predisposición que propicie un mundo saludable, a todos aquellos que permiten la manipulación (mayormente por desconocimiento y vagancia), a los muchos que cargan con un montón de tonterías infructuosas, códigos inútiles y asociaciones indebidas e intereses que coartan y cohiben, así como con infinidad de mierda que acude condicionada por la miseria humana inneherente a todos los de nuestra especie.
¿Chimpancés anticuados o bonobos? Unga… unga… ¡bonobo, bonobo!.
Los humanos somos las peores bestias que han vestido a este planeta. Somos una especie que agrede, para reafirmarse o por miedo o ambición, prescindiendo de contemplaciones; actuamos alejados de la equidad y el respeto. Nuestro proposito debería ser honrar el significado de la palabra “humanidad y dejar de enturbiar las horas que nos corresponden como tiempo. Demostramos estar comportándonos como verdaderos idiotas irreverentes.
Las sombras deben desaparecer llevadas por una inercia que conduzca a un universo mejor. Sombras… dentro de mí; las sé capaces de destronar al sol y apagar las estrellas. El hielo nunca nace si la hierba luce fiel a la primavera que, tejiendo verdor, roza el infinito al tener las manos extendidas.

Pulso al control

Cuando la religión sirve de artimaña y, siendo excusa perfecta, deforma el contenido vital que se le supone. Cuando, contradiciendo su propia esencia, esconde la pretensión de mando de algunos hombres y se asocia con la mayor de las desconexiones y los desastres, yendo a encontrarse con la engañosa cara de la victoria que guarda el poder.

—Las ratas roen con tanta ambición que definen con suma nitidez, egoísmo, descontrol y desmesura. Las ratas no aciertan con las matemáticas, no saben contar ni miden la fuerza del corazón ni el impulso impresionante que cabe en su mecánica.
Las ratas, rabiosas, roen y roen; devoran, malgastan, destruyen y aniquilan con irresponsabilidad suicida; devastan mientras sujetan concepciones nefastas; presentes y futuros, sus propias y otras tantas vidas. Asedían territorios ajenos que desean, arremeten hasta convertirlos en grandes y productivos mataderos que les sacien. (Quede humor para afrontar, caminatas, pesadumbre y naufragios, nunca falte esperanza y buena voluntad)—.

Debería considerarse sacrilegio el causar dolor y coser muerte sobre el color y sobre aquel blanco que, amparando salud y sonrisas, concierta el mejor espectáculo. ¡Bordar sonrisas tiene que ser apunte sagrado!. Y todos aquellos que extienden sus manos debieran pertenecer, por siempre, al templo del aire donde no falta el agua y la lumbre que alimenta y desata todo lo que vivió encadenado.

Este hoy de algunos, hoy de soledad y destierro, seguro que será mañana aciaga para otros, llegará a serlo mientras vague exiliada y desgüazada la misericordia; y, alrededor ¡por todas partes!, prosiga rondándonos el mal aliento que cosecha y reafirma terribles castraciones: la del disfrute terrenal y el paladeo de la gloria que, aquí ¡ya mismo!, dentro de esta mismo existir se nos presenta.

Fuera de un eje

Aquel que fuera capaz de leer el sol crecido y la lluvia caída sobre los ojos de otros. Aquellos que, noblemente, quisieran acercarse y transcurrir dentro de crepúsculos y amaneceres que embistieron y amainaron dentro de corazones ajenos…
Hay quien puede resucitar el saber humilde que disimula su brío y hasta simula apagarse para que alcanzasemos las brasas y valoremos, de la llama, sus amarillos y azules y naranjas y rojos.
Existe una realidad que sostiene el entendimiento y la ecuanimidad suficientes, desconocedora de las suertes que pesan y miden siempre dándonos poco.
Lejos de paranoias y elucubraciones… Sorbo tras sorbo constato que crezco y cuándo cercano vibro.

A salto de comba

a cada salto de comba

La paz está en manos de cada uno; es verdaderamente fácil sucumbir a la violencia y entrar en guerra. En el día a día se nos presentan personas y circunstancias que anuncian conflictos incidiendo en la agresividad. La respuesta, frente a situaciones y reacciones destructivas y desagradables, siempre depende de uno mismo, no existe ninguna conclusión que no derive, en alguna medida, de nuestra aportación individual.
Son muchísimas las ocasiones en que el ego manda más que aquellos valores de los cuales alardeamos, que los fundamentos que proclamamos como dignos y merecedores de defender.
«No deberíamos anteponer nunca la insignificancia del individuo, a una esencia ensambladora y común que sostenga, como máxima, el beneficio colectivo. Corresponde que acudamos como aceite y renunciemos a ser óxido y traba.»
Es con los pequeños detalles cuando demostramos donde nos encontramos y hacia donde queremos ir. No permitamos que los errores o el desequilibrio o la incoherencia o irresponsabilidad de otros nos desubique del lugar que consideremos adecuado para evolucionar.
La paz se construye y mantiene exigiendo suma dedicación. Por supuesto requiere de replanteos, renuncias y esfuerzo. No cabe que se oígan las quejas, si abanderamos nuestros pasos entre bulos y omisiones, y traicionamos propósitos y realidades valiosas dejándolas como mera palabrería. La apuesta mayúscula, aunque aparente ser minúscula, parte desde la aportación diminuta de todos nosotros.

Cuándo la complejidad del hombre muere
nace la hierba;
verde
húmeda
sencilla
atuendo blando que acaricia.
Esponja de lunas y soles
y reposo de mentes.
Protección labriega.
Cochón que presume descanso
donde se calza la lluvia
y son cazadas espaldas.
Ya sean recreadas las mejores ideas
dentro del espacio y sobre la tierra,
¡velas que no espadas!
¡oíd la voz de la hierba!.
Inicio, y…
obra eficiente, la hierba.
Mientras, el firmamento
—cofre de lumbre
vitalidad sumergida
plácido abrigo
danza de estrellas—
atiende y reconfigura
destiende y enjuaga actos,
recoge y vierte
testimonios y secretos
e hila más esferas para sus fieles.
El firmamento —piel del universo—
rebosando naturalidad
no desea trabalenguas
ni requiere de respuestas,
deshace enredos.
Espera y confía
en la generosidad escondida tras cada gesto
y en la potencia de todo sonido y mirada.

Cuándo la complejidad se desvanece
el hombre recompone fragmentos.
Hallando virtudes esparcidas
aporta nacimientos,
así surgiendo el olor intenso
de la hierba resucitada.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Desde donde después (verbos)

Pertenecer al cosmos. Animado por una selva energética con agujeros diamantinos, aparecer y desaparecer desde cada uno de ellos. Pertenecer a la magia de una chistera. Ser sorpresa sorprendida. Devorador y vianda.
Nacer: Aullar. Berrear. Mamar. Gatear. Confiar en las directrices que sujetan los demás. Dejarme llevar. Crecer: Pisar. Seguir las líneas automatizadas y un tanto deplorables de un sistema deforme e inacabado. Insinuar fidelidad a leyes y códigos inaceptables. ¡Justificarlos!. Salir de la partida. Renunciar. Saltar. Traspasar la frontera. Perder la identidad inconclusa y hallar tanto que más. Disfrutar de la cordura que pocos entienden, y sufrir de y con… y reír tras la condenación. Probar la adicción, la perdición, el rechazo y la cárcel. Ser un virtuoso de los sueños y de la locura. Trazar victoria sobre multitud de simulacros de derrota. Ser tachado de ingenuo y levantarme y resucitar. Deleitarme con un encadenado de orgasmos. Presenciar defunciones que auspician metamorfosis, saludos y (h)olas.
Llegar al límite, donde un acantilado, donde el abismo (aquí y allá). Empujado por el atrevimiento, caer y caer… caer para saberme ave y reconocerme viento, para desmembrar el tapiz supuesto como inquebrantable y conocer lo que es volar.
318-omu G.S (bcn. 2016)

Atrapados o en revisión

En ocasiones desdeñamos formas y maneras que se nos presentan siendo arte, solamente por ser incapaces de comprender el valor alternativo, aquel contenido expuesto con maneras atrevidas e innovadoras.
Nuestra lectura de la obra suele estar atrapada dentro de multitud de uniformes y hay rechazos que existen por el mero hecho de que las formas escogidas como expresión, resultan un más allá poco convencional o un contrapuesto de la realidad formal tal cual la entendemos individualmente -valoramos estancados dentro de un cubículo minúsculo-.
¿Somos verdaderamente libres cuándo interpretamos?
¿Procuramos entender, sacarle el máximo a la obra, o buscamos simplemente que se ubique dentro de los baremos que consideramos técnica y expresivamente validos o correctos para transmitir el mensaje?
¿Clasificamos su magnitud por el nombre que figura en su cabecera, en un rincón, o al final de la misma?
Presentaros el “juicio de impacto” , el sensitivo, como inicio de la valoración, para luego ser capaces, una vez ya movidos de nuestro sillón personal inquebrantable, de querer indagar acerca del mensaje que pretende el artista.
La poesía, con el movimiento que provoca cuando su lectura. Con las imágenes y las emociones que contiene pueden dar paso a la indagación que nos responde con un contenido, cual aunque no seamos capaces de determinar completamente no quita la inmensa valía que significa ir junto a esas letras de viaje. La poesía: un calidoscopio que proporciona infinidad de combinaciones que sólo pueden ser observadas por completo cuando se mira con detenimiento cada uno de los cuadros que va presentándonos el autor.