Garganta del Yesa superior

Nadie supondría tal belleza a los pies de los montes de ese lugar. La garganta de Yesa se ofrecerá, durante todo el año, como un descenso acuático donde disfrutaremos de pequeños saltos y badinas donde nadar. Esta garganta se divide en dos partes (con un escape en la zona intermedia): La primera de ellas, más abierta, donde se combinan las paredes de roca con vegetación abundante a su alrededor. Y, la segunda, sobre todo en su tramo final, predominando la roca que nos encerrará dentro de un tramo más estrecho. La escasa verticalidad dispuesta en este descenso no desmerece para nada la apuesta de recorrerlo.

¡Este barranco rebosa y desborda por su estética!.

Concepción (apuntes de amor XLIII)

 

“Cuanto de fácil es dejar de creer y desaprendernos de ver.”

Tus gotas se precipitan
como universo alcanzable
cabiendo, intermedio y volar.
Tus gotas son perlas
que iluminan desiertos y selvas
y recitando como poetas
loan a la vida…
Lo mismo que la harina
al centeno, al maíz y al trigo
y los cereales a la lluvia
y al sol y a la tierra
y los hombres al pan.
Tus gotas penetran
extendiendo los mares;
le retornan la visión del camino
al ciego y al olvidadizo;
consiguen que perezcan los futuros cuestionables
así logrando revertir las penas terrenales
hasta coronarlas como sonrisa celestial.

318-omu G.S. (bcn. 2017)

Inmerso en la escala (apuntes de amor XLII)

Demasiado temprano para despedirme de la gracia cabida en tu boca, de la voracidad placentera contenida en tu sexo, y de la desbordante atracción que desde tus entrañas rebosa.
Demasiado joven para permitir que mi brazo se tuerza, vencido, olvidado de rebatirle a la vida cualquier inclinación que denotara derrota.
Demasiado viejo para desaprovechar cada uno de los minerales y tragos que me aproximara el mar con sus olas.
Demasiado tarde…
Para ser ingenuo.
Para cohabitar con el vacío
o mantener los miedos.
Para negarme al abrigo cordial
o despreciar la lumbre festiva
mientras mantuviera mi pulso…
Antes que resuene por mi jardín
esa tijera sigilosa
campaneando poda.

318-omu G.S. (bcn. 2017)

Cortafríos (apuntes de amor XLIV)

Si has de amarme, recuerda bien:
Al entregarte, que cada uno de tus pálpitos amatorios sobrepasen la caducidad que penetra, insalvable, y el rechazo que reniega y arrincona sin cuestionarse, o esa fútil atracción que tiende a ser rutina pasajera. Sobrepasa todos los anclajes que susurra o vocifera la flor-espina que es un cuerpo.
Si mediante la razón o a lomos del instinto sólo cupiera buscar volúmenes y sangre, tarde o temprano sabrás que resulta pobre ese amar creído como imperio.
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Naces.
Desde las alturas
o desde los fondos abisales
contrarías a la razón que pretende;
el pódium,
el control,
respuestas,
soluciones,
más inventos
y hasta elocuencia;
a esa razón que pretende
negarte como núcleo.
Distante del instinto salvaje
que ruje incontrolado
cargado de desmesura;
naces
y dando múltiples variantes
sigues y te mantienes.
Naciste antes de…
cualquier enfermedad
y cualquier remedio.
Eclosionaste
siendo ave mayúscula
para repartir más nacimientos.
Perduras próximo a la dignidad
que ya perdimos tantas veces como hombres.
Tocas e impregnas de belleza
igual actos como poemas,
fábulas, pensamientos y narración.
Firmas tus fragmentos
siendo “Love”
que completa
situaciones y espacios.
omu G.S. (bcn. 2017)

Imán son cuerpos

“A tus ojos les gusta ver. A tu mente le agrada imaginar. Un ser avanza y crece al sentir. ¡Existo!… por mis sentidos!”

Aquí recuerde:
Tus manos, con su delicadeza y pequeñez femenina, no acercan a circunvalar todo el grosor del que tanto te excita. A tus manos, juguetonas, les gusta apretar, cuándo fuera y estando dentro -saben igual de ternura como de sexo con tal de rimar-.
Cómo señalar como pecaminosa esa razón humana que dona gozo y alcanza nacimiento; la perdición indigna y la deshonra se halla en otras porciones que permitimos en nuestro imperio.
Cómo indicar tal hecho -donde mordernos, hambrientos-, como vergüenza y tabú; cómo optar por omitir aquello que nos comporta tantísima satisfacción. Afirmo, incansable, para resaltarlo, y repito y repito “más quiero” -nuestro “juntos” conviene en ser terapéutico- . Me niego a la pretensión de algunos que lo tachan como prohibido, y, traicionando sus propios mensajes, delinquen amordazando su inevitable realidad.
¡Cómo pautarlo, tan sólo, con un “de vez en cuando” sin echarlo de menos!.
Desentiéndete de vocablos y utiliza tus labios para acariciar y tu paladar para darme calor y tu lengua para darme humedad, recítame con la pasión que se recuesta en tu boca tras comprobar que este grosor también se alarga…

Mi noche (apuntes de amor XXXVI)

Es de sobras conocido que las hay que transcurren, interminables, tartamudas e incomprensibles; como ola punzante y acerada que, portadora de eclipses y penumbras, reporta con su habla oclusiva… sólo que sólo, sólo mitades.
Las hay de tercas que extirpan salud con sadismo innegable.
**
Quién nos viera a media noche
-prometiendo y cumplidores-
gestando,
siendo luciérnagas
esparciendo luz
desde la oscuridad absoluta.
Quién nos viera sabría
acerca de nuestra expresión
¡ambos cerilla!.
Alumbrando tiempo
de suspiros y sonrisas.
Extendiéndonos sinfónicos.
Como patrimonio.
Fruto de un lecho carente de edad.
Quién nos viera…
Conocería cuánto de largo y ameno
y pródigo y hermoso
puede ser un soplo
dentro del día.
**
Es de sobras misterioso: Por el uno el otro; latido firme, agradable y duradero calzado en corazón.

¡Todos puzle!

Hay vivir:
¡Vereda!.
¡Aliento!.
Apuesta capaz
de concederle al peso unas alas
y retornarle la nitidez
a los dibujos que se perdieron
dentro del embuste y la ceguera
o de la omisión que alberga
mil borrones;
aquel asedio loco que embiste
con la fealdad del luto bronco
y calza perdición y desidia.

Vivir.
Posible es que tú
—vivir de instantes,
vivir en hoy—
aliñes con voz,
doblegues toda confusión
que sometiera
al sonar del reloj
a volcar un continuo de tonos;
crepusculares, cabizbajos y roncos;
latigazos que no trinos.

¡Ay, vivir!, cuánto das.
Tan poco pides cuando me acoges.
Son míos los cercos.
Son míos los límites.
Una aptitud.
Una decisión
supone que tú,
medido en instantes
derives en gozo.
Nunca vale señalarte
como clavo que crucifica,
cada pasar resulta causa
de alguna aportación
sea sensata o fuera antojo.
Apareces ¡vivir!,
posado
sobre la hormiga
inmerso
dentro del soplo,
sujeto al pálpito,
sostenido por ideas
y junto a las piernas
o adherido al apretón de unas manos.

No solamente eres
sudor
angustia
u ovillo enredado,
supones descubrir
las gracias escondidas
en los interrogantes
y cuánto y cuánto es de inmenso
el horizonte y un océano,
aquellos tantos alicientes
que mece el universo
y nos aguardan desde antaño.

Siempre…
Como pedacito tuyo:
Equilibrista.
Rastreador que calibra
y hasta convierte impulsos.
TE PERTENEZCO.
Soy un simple sino
que igual de culpable como de inocente
tiene permiso para estar herido de vida.

318-omu G.S. (bcn. 2016)