Caso "fe"

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“No existe mayor tisteza que la de reconocernos como seres estáticos. Inmensa es la necedad del ser que, creyéndose gigante, resulta ser mucho menos que enano.”

Parto.
Parto desde mis adentros
tras visitarme tanto ausencias como compañías y silencios.
Necesito padecer la virtud de la llama y el amanecer y el ocaso del eclipse:
Marchar de mí hasta sentir destrozados mis zapatos.
Necesito desfallecer en la vergüenza para encontrar la medida exacta de mi Dios (sin contraluces ni artificios).
Tocar con los pies desnudos el cielo que, manteniéndome vivo, me concede los deseos de “Más” y de “Despierto”.
Hermano de los pasos y de las huellas, animalescamente universales, que salpican una vida con los aciertos que devienen tras los saltos y los vítores, y las caídas y los puñetazos, y los abrazos y los besos y las dudas. Hermano de una luna extraplanetaria, cual quiso acogerme tras presenciar mi búsqueda suplicante o los naufragios sufridos tras millares de derivas. Creciente, lleno, vacio o menguante… ¡Nuevo!. Alcanzo evolución y nuevo, al reconocer los lazos cuales, confesando identidad, tejen y tejen; y, al hacerlo, rompen la cáscara del huevo. Disfruto del enlace que embaraza al viaje inquebrantable. Te reconozco y me reconozco; y, debido a ello, convergo en sol para dar luz. Me siento reflejado tanto en una sonrisa de estrella como en una lágrima de sueño, mientras acepto las caras y los reveses sólidos durante mi pasar y gozar y pesar pragmático. He de confesaros que acepto como mi fe teológica la que entrañan las hadas y los duendes. ¡Creo en unicornios!.

(…)

(…) Recuerda, alfarero, que los vientos han de pasar portando huracanes y brisa. Que, tú, no debes recoger el llanto y resguardarte bajo las lágrimas. Debes, por juicio y con corazón, oír la melodía que silban y agradecerla y rememorarla.
Recuerda, alfarero, que eres y sostienes todas las formas y contenidos que ha tenido y tendrá el barro. Que, tú, escoges la que quede como firma.
¿Cielo o infierno?… Barro. Barro.

(de “Fuera dados”)

A ras de suelo

 «Un par de botas -oleo sobre lienzo 37,5x45- Vincent Van Gogh (1886)»


«Un par de botas -oleo sobre lienzo 37,5×45- Vincent Van Gogh (1886)» Hace unos cuantos años, al visitar el museo de V. Van Gogh en Amsterdam, de entre las muchas litografías posibles por escoger, decidí llevarme esta «un par de botas», quizás fue por la impactante expresividad contenida en su realismo extremo.

La vida puede ser representada por una pieza simple: el calzado.
Un par de botas, de deportivas o de chanclas o zapatos.
Una vida descrita a traves de unas suelas gastadas
y de costuras roídas que ya degustaron
el sabor de la calma y el furor de ventiscas.

— Debido a que un cigarrillo todavía prende encendido
y a la lectura que cabe dentro de los restos de ceniza:
Vítores.
Satisfacción.
Suman y siguen las auroras y los crepúsculos.
Pisadas despiertas
desencallando y desnudando más días.
El gozo y los saludos añadidos junto a aplausos
porque el tiempo prosigue como mantel extendido. —

Unos zapatos y sobre ellos
la garganta de los lugares
¡ actúa y mella,
los pule y graba !,
a base del salitre contagioso
o repujando dulcemente
porque hay razón suficiente
acompañando al silbido de las cañas.

— A fuerza de humedades penetrantes
y del polvo imperceptible, sigiloso y acerado,
inundados, sobrevienen más pasos y respiros;
los libertarios y los cavernosos. —

El cuadro asoma bello; ahonda profundo.
La piel, simétrica, o los tejidos reblandecidos
que portaron sendos pies,
reportan granos y granos: semillas y frutos
debido al peso de cada huella.

Me apena —como yo nostálgico —,
tener que abandonar a una pareja de ellos
cuándo aparece vencida,
ya desestimada, la lectura y los dictados.

Unos zapatos,
asociados a la medida propia y conjuntándose con uno,
relatan claros…
Acerca del círculo, creciente y menguante, de mis lunas,
y sobre el circuito aprendido por el recorrido de mi sol
— con sus escalas; canto tras canto —,
siempre inmerso en galaxias que lo citaban.

Con hebillas o cordones.
Apretados y hasta holgados.
Hechos con materiales sintéticos
o de cuero o de algodón;
obra de arte: unos zapatos
¡ ilustrativos !,
traspasando paisajes y meses del calendario
ya defendieron aventuras y definen la fatiga,
ya el desgaste los llevó hasta su hora de remanso.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Un pedacito de mi «Alicia» (Imagen encontró poema «La poesía no muerde»)

« Ángeles y demonios 13x21 autor: Luis Hernández Blanco »

« Ángeles y demonios 13×21 autor: Luis Hernández Blanco »

Desde las imágenes aparece la inspiración. Sumergidos dentro de un inconsciente colectivo, innovamos incesantemente y avanzamos.
Agradecerle a Luis Hernández Blanco su obra; como así mismo a La Poesía no muerde su hacer, cual es manifiesto en favor del arte.

Un pedacito de mi «Alicia»

Observo.
Entro y profundizo
hasta donde el mar y el cielo parlotean confundidos;
como así mismo sucede entre pulmones y branquias,
con voluntades y caracteres,
con blancos y negros
y entre plumas y escamas
cuándo traspasan en umbral de la renovación
tras una y otra y muchas mezclas.

Nado y aleteo.
¿decisiones o designios?.
Sea como fuera
¡ prolongación !
Rutas multiplicándose.
Viajes añadidos.

Rompo — para sentirme liberado —
los mil y unnnnn nudo
con los que por largo tiempo
vagó atado mi propio hombre.
¡ Jaque a la vida !
una puerta de salida regalándome la escapatoria y…
¡ Deseo concedido !
perecen los monótonos y cansinos tic-tac.

Ya resulté absorbido
por reflejos que comulgan con la sed de los azules.
Permitiendo que me lleven las burbujas amplias
y los trazos espontáneos de unas pinceladas
logro hallar fantasías que resultan ser más consistentes
que esta caduca y catatónica realidad.
Floto desleído
porque ya le perdí el miedo a los cuentos de brujas
y a la ignorancia que era servida con demonios
que mordían y devoraban las posibilidades venideras
con dientes afilados que les hurtaron con engaños
a bondadosos tigres y serpientes y tiburones.

Por ti: Autor que voceas arte,
ahora renuncio a la vergüenza de los prohibidos
vertidos por los encasillamientos.
Marcho adosado a los « tequiero » inexplicables y expresivos
que optan por realizar acrobacias y hacerme cosquillas.

Ya degusto
incluso las porciones que juguetean escondidas en la inmensidad;
al fin puedo disfrutar de los óleos,
la luz esquiva de la noche
y la que el carbón amamanta para que tengan valor
la multitud de cromáticos resguardados por las acuarelas.
Consigo oír silbar a los abetos —aún sin verlos. Sabiéndolos—
quedando derretido como miel sobre el asfalto y la polución
y cubriendo los insípidos grisáceos adoquines de las aceras.

Algunas veces, mis pies y mis manos,
me abducen para recordarme a mi yo de hormiga
y es entonces que recupero por completo mis sentidos.
¡ Dentro de este Aquí, inextinguible, que anda esparcido !
donde las acciones se fusionan
para alcanzar un sinfín de compases creativos.

Por ti, Autor,
que zarandeas mi aburrimiento con vigor
y de cualquier resta sacas suma.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Rellegint / Releyendo

rellegintMovem el cos
com ballarins!
mentre ajuntem idees sent inventors.
Fins a esgotar.
Fins a perdre del tot
— encara que ens resti oci i més feina —
la memòria…
En obrir-se un altre porta,
en agafar-nos el glop següent de l’univers
per donar-li sentit al destí.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

(castellano)

Movemos el cuerpo
como bailarines!
mientras juntamos ideas siendo inventores.
Hasta agotar.
Hasta perder del todo
— aunque nos reste ocio y más faena —
la memoria…
Al abrirse otra puerta,
al agarrarnos el trago siguiente del universo
para darle sentido al destino.

omu G.S. (bcn. 2015)

Querer…

querer...

Querer un cielo plagado de estrellas
que con su brillo, intenso y mestizo,
dibujen corazones ambidiestros
dentro de cualquier paisaje lunar,
cuales describan minuciosamente
la esencia de tener un destino en común.

¡ Sobre un solo pálpito !,
un simple y espléndido y único bocado,
el tuyo junto a mi nombre.

Querer vaciar los negros de oscuridad.
Evidenciar que los ceros a la izquierda
también resultan útiles.
Desestimar energías contraproducentes
que caerán, tarde o temprano, cual guillotina
y desgüazar vehículos torpes.
Aliviar de telas de araña
los caminos amplios y los senderos angostos.
Alentar al respiro profundo
hasta que nazcan mañanas pulcras y horas respetuosas
capaces de agrietar sequías austeras que minimizan al sol…
porque veneran la terquedad de « la Noche »
« la Noche » amamantada por sangre inconsciente y cruel
desleída con sombras.

Querer una orilla
rebosante de conchas, cangrejos y caracolas:
De conchas hogareñas que atendieron y ya… permutan sonidos.
De cangrejos sabedores de
que una vida consta de mil pasos variopintos
pero solamente quedan pesando
aquellos que para el baile fueron escogidos.
Y de caracolas cuales, erigiendo un castillo,
silban un seguido de pasiones.

Querer
que la orilla le susurre al océano,
le agradezca las tantas voces construidas
entre reflejos, estelas y blanca espuma.
Quiso la orilla que sus habitantes fueran coro
relatando con sus cánticos
un sinfín de lazos que perduran irrompibles.

Ante la arena,
cantó la orilla.
Ante la sal y la transparencia,
cantó animada,
cantó desnuda.
Ensalzó a la vida.
La ensalzó
hasta el umbral de más nacimientos
entre aleluyas de amor.

Amasar para darte.
Alimentarte de futuros sonrientes.
Eliminar precipicios
donde el color vive extinguido.
¡Domar el fuego gélido !…
hasta que tu boca y tu mente se amansen
ya saciadas todas las partes de privilegios.

No decrezcan los ánimos
dentro de este pasar de lluvia espacial
que quiere:
Que no se apaguen los árboles y no se derrita la fuente
desde cuales mana la vida y más vida.
Que quiere tenernos presente
— como tales y en el día de hoy —
mezclando tierra y cielo con agua.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Desde el paladeo de ojos y la sed de oídos

«cala Tortuga (Menorca)»

«cala Tortuga (Menorca)»

Fue en los ojos brillantes de un anciano que encontré la profundidad viajera capaz de transportarme hasta esa infancia que, viviendo en todo, se prolonga, perdura y acuna el progreso; su cálida inocencia me llevó hasta la raíz natural que prescinde de lenguas, historia, geografía o matemáticas; volteó la selva, las constelaciones, el mar, los pantanos, los glaciares, el cielo gris y azul y el desierto donde suelen amansarse las cordilleras. Llamó efímero, de soplo fugaz, al mismo pragmatismo ¡por erigirse como absoluto! y a toda ciencia porque siempre es cambiante. Convino en reflejar que era magnífica su realidad causal porque nunca perdió la gracia espontánea de ser, también, casual. Mencionó que pendemos de un gran árbol que extiende sus anclas con ramas y hojas poderosas, donde la fugacidad perniciosa del sol y de cualquier reloj, al ser causante de deriva, resulta destruida.
Fue el hoy que poseía la mirada hacia el mañana de un anciano el que me habló desentendido de finales anticuados. Su hoy me dijo:
«creo saber, porque intuyo que sé ya perdido el miedo a marchar, que la única espiral que amamanta a nuestra voz desde el origen es una espiral donde está garantizada la renovación. Compañero, toma y sobrevive tus millares de momentos y vidas olvidando aquellas razones que le den pie a la fealdad de una muerte. Hijo, piensa en el futuro usando la mente y su imaginación o dos dedos que ensalcen la “V” de victoria. Sé que nunca estaremos lejos, que tenemos como derecho cósmico el de sentirnos.»