Luz en mi tierra

Amor se escribe con la tinta de la entrega. Amor es una obra inacabable donde no cabe el desastre o la extinción. Amo el cielo que me ampara, el hogar que me cobija, a los seres que me quieren, e, inclusive, hasta a los que me rechazan. No soy amo ni creador de nada, soy esclavo de un espíritu cual puede más que las palabras. Me dejo llevar por los vientos y arrastrar por las mareas (quisiera que como luz). Soy (seguro): ¡Presente!… Presente continuo. Constante… sin pausas ni interrupciones. Continúo, sin someterme a los códigos instaurados que fomentan fronteras; prosigo, intuyo que sin apartes ni suspensivos, preso de una calidez que me llena de emoción. Ante tu belleza inabarcable, vida: amor, sólo me cabe agudizar mis sentidos, abrir los brazos y darte las gracias, porque es que tanto musicas valses como boleros, funky, blues, folk, tangos, ópera, jazz y rock&roll.

Claridad

Mi sol es debido a tu mañana
y aunque luzcan nubes resplandece,
que mejor que abrir las manos y agradecerte,
que mejor que abrazarte para sentir
tu-mi grandeza.
**
Crear.
Y en el presente
sólo una nota clara
sólo una mota
que disfruta del cielo
junto a la eternidad.
Mi fe está en crear y creer
en que la pisada humana
que ahora me pertoca
me concederá aquel resplandor
que hace bailar.
¿Dónde el horizonte que se me extravió?
Aquí
a tocar
dentro de este respiro.
¿Dónde aquella llave de mis sueños que se me perdió?
Sobre mi decisión, en nuestra voluntad.
Solo mi infinito sabrá…
pero no cejo,
pero prosigo el camino
con mi corazón como estandarte.
Sólo existe una aurora.
Sólo existe una hora que resulta espléndida para estar:
Paz.
donde se diluyen los ruidos
donde todo sonido suena igual que música
y así desmantelados los laberintos
estos perecen.
Entonces sé de la vida,
sé qué es la vida
cuándo comprendo la unión indestructible
y la simpleza, mostrándose magnífica,
contiene la libertad.

Sé de la muerte segura
de todas las circunstancias.
Sé de los cambios irrebatibles
que pecando de gloria
hacen que el universo gire
más lejos de cualquier verbo
que implique parar o destruir
la rueda de la vida
con su infinidad de gotas de agua.
Sé de tu aliento.
Sé de tus ojos.
Sé de tu sed.
Sé que guardas caricias
que paralizan golpes cuales cabría
destruyan albas sin compasión.
Sé acerca de todo esto,
y por siempre manda mi fe en el presente.
Mandan mis sueños.
Manda mi confianza.
Manda mi ilusión.

Dos caras (en tránsito)

«… mientras engullidos por el filo de ataduras
dadas, en la vida, por el acudir de algunos seres
y el devenir de incomprensibles ciscunstancias,
engendramos limitaciones, miedos y amargura;
convenimos en aceptar como reales
contenidos e imágenes confusas
cuales se adentran en nosotros, con sigilo,
hasta ajusticiarnos, igual que guillotina,
aunque fueran piezas falsas o distorsionadas
que dictan veredicto y restan elección.»

eclipse de sabores… (de tierra)

Barrotes… sufro del silencio incapaz de canto,
silencio que incluso se niega a la lucha
al estar apartado de la valentía y del pulso.
La saboreo… aunque repudie la hiel,
ahora me somete ¡amargo!
Paralizado; lejos de toda escapada.
Detrás de oxidados y sucios barrotes
forjados por aquel pasado
que vuelca pesadillas
y conviene en arremeter
dándome pesadumbre y miedos.
Dentro… Tan adentro como los siglos,
como los siglos y las galaxias y mis ancestros;
dentro hiela y hasta las bisagras chirrían,
así, lo mismo, que mis pensamientos y mis ilusiones
y cada uno de mis gestos.
Inmóvil. Desangelado. Pasivo.
Junto a todo y cercano a nadie
mientras la llave suena, gira y cierra
la vista de aquel amanecer por el que mi ser suspira.

lumbre de sabores… (de cielo)

¡Recuerdo mis alas!
Desempolvo aquel espíritu
que nos permite volar.
Albergo la libertad y la decisión
que capacita para salir del presidio
¡y destrozar el armario
que coronó tanta historia!
No existe mal imposible de reparar:
Renovar la posición y aptitud
y escoger el mejor vestuario para lucir
dentro de este maravilloso baile.
Lucir un espléndido corazón
y hacer honor a lo de ser Persona:
Abandonar la soberbia y la vanidad;
abrirle las ventanas y puertas
a la tolerancia y a la comprensión
¡transformar la rabia y rencor en amor!
y acoger al humano más universal
que abraza, suma y perdona.

Caso «fe»

 

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«No existe mayor tisteza que la de reconocernos como seres estáticos. Inmensa es la necedad del ser que, creyéndose gigante, resulta ser mucho menos que enano.»

Parto.
Parto desde mis adentros
tras visitarme tanto ausencias como compañías y silencios.
Necesito padecer la virtud de la llama y el amanecer y el ocaso del eclipse:
Marchar de mí hasta sentir destrozados mis zapatos.
Necesito desfallecer en la vergüenza para encontrar la medida exacta de mi Dios (sin contraluces ni artificios).
Tocar con los pies desnudos el cielo que, manteniéndome vivo, me concede los deseos de «Más» y de «Despierto».
Hermano de los pasos y de las huellas que, animalescamente universales, salpican una vida con los aciertos que devienen tras los saltos y los vítores, y las caídas y los puñetazos, y los abrazos y los besos y las dudas. Hermano de una luna extraplanetaria, cual quiso acogerme tras presenciar mi búsqueda suplicante o los naufragios sufridos tras millares de derivas. Creciente, lleno, vacio o menguante… ¡Nuevo!. Alcanzo evolución y nuevo, al reconocer los lazos cuales, confesando identidad, tejen y tejen; y, al hacerlo, rompen la cáscara del huevo. Disfruto del enlace que embaraza al viaje inquebrantable. Te reconozco y me reconozco; y, debido a ello, convergo en sol para dar luz. Me siento reflejado tanto en una sonrisa de estrella como en una lágrima de sueño, mientras acepto las caras y los reveses sólidos durante mi pasar y gozar y pesar pragmático. He de confesaros que acepto como mi fe teológica la que entrañan las hadas y los duendes. ¡Creo en unicornios!.

 

(…)

(…) Recuerda, alfarero, que los vientos han de pasar portando huracanes y brisa. Que, tú, no debes recoger el llanto y resguardarte bajo las lágrimas. Debes, por juicio y con corazón, oír la melodía que silban y agradecerla y rememorarla.
Recuerda, alfarero, que eres y sostienes todas las formas y contenidos que ha tenido y tendrá el barro. Que, tú, escoges la que quede como firma.
¿Cielo o infierno?… Barro. Barro.

(de «Fuera dados»)

A ras de suelo

 «Un par de botas -oleo sobre lienzo 37,5x45- Vincent Van Gogh (1886)»


«Un par de botas -oleo sobre lienzo 37,5×45- Vincent Van Gogh (1886)» Hace unos cuantos años, al visitar el museo de V. Van Gogh en Amsterdam, de entre las muchas litografías posibles por escoger, decidí llevarme esta «un par de botas», quizás fue por la impactante expresividad contenida en su realismo extremo.

La vida puede ser representada por una pieza simple: el calzado.
Un par de botas, de deportivas o de chanclas o zapatos.
Una vida descrita a traves de unas suelas gastadas
y de costuras roídas que ya degustaron
el sabor de la calma y el furor de ventiscas.

— Debido a que un cigarrillo todavía prende encendido
y a la lectura que cabe dentro de los restos de ceniza:
Vítores.
Satisfacción.
Suman y siguen las auroras y los crepúsculos.
Pisadas despiertas
desencallando y desnudando más días.
El gozo y los saludos añadidos junto a aplausos
porque el tiempo prosigue como mantel extendido. —

Unos zapatos y sobre ellos
la garganta de los lugares
¡ actúa y mella,
los pule y graba !,
a base del salitre contagioso
o repujando dulcemente
porque hay razón suficiente
acompañando al silbido de las cañas.

— A fuerza de humedades penetrantes
y del polvo imperceptible, sigiloso y acerado,
inundados, sobrevienen más pasos y respiros;
los libertarios y los cavernosos. —

El cuadro asoma bello; ahonda profundo.
La piel, simétrica, o los tejidos reblandecidos
que portaron sendos pies,
reportan granos y granos: semillas y frutos
debido al peso de cada huella.

Me apena —como yo nostálgico —,
tener que abandonar a una pareja de ellos
cuándo aparece vencida,
ya desestimada, la lectura y los dictados.

Unos zapatos,
asociados a la medida propia y conjuntándose con uno,
relatan claros…
Acerca del círculo, creciente y menguante, de mis lunas,
y sobre el circuito aprendido por el recorrido de mi sol
— con sus escalas; canto tras canto —,
siempre inmerso en galaxias que lo citaban.

Con hebillas o cordones.
Apretados y hasta holgados.
Hechos con materiales sintéticos
o de cuero o de algodón;
obra de arte: unos zapatos
¡ ilustrativos !,
traspasando paisajes y meses del calendario
ya defendieron aventuras y definen la fatiga,
ya el desgaste los llevó hasta su hora de remanso.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Un pedacito de mi «Alicia» (Imagen encontró poema «La poesía no muerde»)

« Ángeles y demonios 13x21 autor: Luis Hernández Blanco »

« Ángeles y demonios 13×21 autor: Luis Hernández Blanco »

Desde las imágenes aparece la inspiración. Sumergidos dentro de un inconsciente colectivo, innovamos incesantemente y avanzamos.
Agradecerle a Luis Hernández Blanco su obra; como así mismo a La Poesía no muerde su hacer, cual es manifiesto en favor del arte.

Un pedacito de mi «Alicia»

Observo.
Entro y profundizo
hasta donde el mar y el cielo parlotean confundidos;
como así mismo sucede entre pulmones y branquias,
con voluntades y caracteres,
con blancos y negros
y entre plumas y escamas
cuándo traspasan en umbral de la renovación
tras una y otra y muchas mezclas.

Nado y aleteo.
¿decisiones o designios?.
Sea como fuera
¡ prolongación !
Rutas multiplicándose.
Viajes añadidos.

Rompo — para sentirme liberado —
los mil y unnnnn nudo
con los que por largo tiempo
vagó atado mi propio hombre.
¡ Jaque a la vida !
una puerta de salida regalándome la escapatoria y…
¡ Deseo concedido !
perecen los monótonos y cansinos tic-tac.

Ya resulté absorbido
por reflejos que comulgan con la sed de los azules.
Permitiendo que me lleven las burbujas amplias
y los trazos espontáneos de unas pinceladas
logro hallar fantasías que resultan ser más consistentes
que esta caduca y catatónica realidad.
Floto desleído
porque ya le perdí el miedo a los cuentos de brujas
y a la ignorancia que era servida con demonios
que mordían y devoraban las posibilidades venideras
con dientes afilados que les hurtaron con engaños
a bondadosos tigres y serpientes y tiburones.

Por ti: Autor que voceas arte,
ahora renuncio a la vergüenza de los prohibidos
vertidos por los encasillamientos.
Marcho adosado a los « tequiero » inexplicables y expresivos
que optan por realizar acrobacias y hacerme cosquillas.

Ya degusto
incluso las porciones que juguetean escondidas en la inmensidad;
al fin puedo disfrutar de los óleos,
la luz esquiva de la noche
y la que el carbón amamanta para que tengan valor
la multitud de cromáticos resguardados por las acuarelas.
Consigo oír silbar a los abetos —aún sin verlos. Sabiéndolos—
quedando derretido como miel sobre el asfalto y la polución
y cubriendo los insípidos grisáceos adoquines de las aceras.

Algunas veces, mis pies y mis manos,
me abducen para recordarme a mi yo de hormiga
y es entonces que recupero por completo mis sentidos.
¡ Dentro de este Aquí, inextinguible, que anda esparcido !
donde las acciones se fusionan
para alcanzar un sinfín de compases creativos.

Por ti, Autor,
que zarandeas mi aburrimiento con vigor
y de cualquier resta sacas suma.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Rellegint / Releyendo

rellegintMovem el cos
com ballarins!
mentre ajuntem idees sent inventors.
Fins a esgotar.
Fins a perdre del tot
— encara que ens resti oci i més feina —
la memòria…
En obrir-se un altre porta,
en agafar-nos el glop següent de l’univers
per donar-li sentit al destí.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

(castellano)

Movemos el cuerpo
como bailarines!
mientras juntamos ideas siendo inventores.
Hasta agotar.
Hasta perder del todo
— aunque nos reste ocio y más faena —
la memoria…
Al abrirse otra puerta,
al agarrarnos el trago siguiente del universo
para darle sentido al destino.

omu G.S. (bcn. 2015)

Querer…

querer...

Querer un cielo plagado de estrellas
que con su brillo, intenso y mestizo,
dibujen corazones ambidiestros
dentro de cualquier paisaje lunar,
cuales describan minuciosamente
la esencia de tener un destino en común.

¡ Sobre un solo pálpito !,
un simple y espléndido y único bocado,
el tuyo junto a mi nombre.

Querer vaciar los negros de oscuridad.
Evidenciar que los ceros a la izquierda
también resultan útiles.
Desestimar energías contraproducentes
que caerán, tarde o temprano, cual guillotina
y desgüazar vehículos torpes.
Aliviar de telas de araña
los caminos amplios y los senderos angostos.
Alentar al respiro profundo
hasta que nazcan mañanas pulcras y horas respetuosas
capaces de agrietar sequías austeras que minimizan al sol…
porque veneran la terquedad de « la Noche »
« la Noche » amamantada por sangre inconsciente y cruel
desleída con sombras.

Querer una orilla
rebosante de conchas, cangrejos y caracolas:
De conchas hogareñas que atendieron y ya… permutan sonidos.
De cangrejos sabedores de
que una vida consta de mil pasos variopintos
pero solamente quedan pesando
aquellos que para el baile fueron escogidos.
Y de caracolas cuales, erigiendo un castillo,
silban un seguido de pasiones.

Querer
que la orilla le susurre al océano,
le agradezca las tantas voces construidas
entre reflejos, estelas y blanca espuma.
Quiso la orilla que sus habitantes fueran coro
relatando con sus cánticos
un sinfín de lazos que perduran irrompibles.

Ante la arena,
cantó la orilla.
Ante la sal y la transparencia,
cantó animada,
cantó desnuda.
Ensalzó a la vida.
La ensalzó
hasta el umbral de más nacimientos
entre aleluyas de amor.

Amasar para darte.
Alimentarte de futuros sonrientes.
Eliminar precipicios
donde el color vive extinguido.
¡Domar el fuego gélido !…
hasta que tu boca y tu mente se amansen
ya saciadas todas las partes de privilegios.

No decrezcan los ánimos
dentro de este pasar de lluvia espacial
que quiere:
Que no se apaguen los árboles y no se derrita la fuente
desde cuales mana la vida y más vida.
Que quiere tenernos presente
— como tales y en el día de hoy —
mezclando tierra y cielo con agua.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Desde el paladeo de ojos y la sed de oídos

«cala Tortuga (Menorca)»

«cala Tortuga (Menorca)»

Fue en los ojos brillantes de un anciano que encontré la profundidad viajera capaz de transportarme hasta esa infancia que, viviendo en todo, se prolonga, perdura y acuna el progreso; su cálida inocencia me llevó hasta la raíz natural que prescinde de lenguas, historia, geografía o matemáticas; volteó la selva, las constelaciones, el mar, los pantanos, los glaciares, el cielo gris y azul y el desierto donde suelen amansarse las cordilleras. Llamó efímero, de soplo fugaz, al mismo pragmatismo ¡por erigirse como absoluto! y a toda ciencia porque siempre es cambiante. Convino en reflejar que era magnífica su realidad causal porque nunca perdió la gracia espontánea de ser, también, casual. Mencionó que pendemos de un gran árbol que extiende sus anclas con ramas y hojas poderosas, donde la fugacidad perniciosa del sol y de cualquier reloj, al ser causante de deriva, resulta destruida.
Fue el hoy que poseía la mirada hacia el mañana de un anciano el que me habló desentendido de finales anticuados. Su hoy me dijo:
«creo saber, porque intuyo que sé ya perdido el miedo a marchar, que la única espiral que amamanta a nuestra voz desde el origen es una espiral donde está garantizada la renovación. Compañero, toma y sobrevive tus millares de momentos y vidas olvidando aquellas razones que le den pie a la fealdad de una muerte. Hijo, piensa en el futuro usando la mente y su imaginación o dos dedos que ensalcen la «V» de victoria. Sé que nunca estaremos lejos, que tenemos como derecho cósmico el de sentirnos.»