Pulso al control

Cuando la religión sirve de artimaña y, siendo excusa perfecta, deforma el contenido vital que se le supone. Cuando, contradiciendo su propia esencia, esconde la pretensión de mando de algunos hombres y se asocia con la mayor de las desconexiones y los desastres, yendo a encontrarse con la engañosa cara de la victoria que guarda el poder.

—Las ratas roen con tanta ambición que definen con suma nitidez, egoísmo, descontrol y desmesura. Las ratas no aciertan con las matemáticas, no saben contar ni miden la fuerza del corazón ni el impulso impresionante que cabe en su mecánica.
Las ratas, rabiosas, roen y roen; devoran, malgastan, destruyen y aniquilan con irresponsabilidad suicida; devastan mientras sujetan concepciones nefastas; presentes y futuros, sus propias y otras tantas vidas. Asedían territorios ajenos que desean, arremeten hasta convertirlos en grandes y productivos mataderos que les sacien. (Quede humor para afrontar, caminatas, pesadumbre y naufragios, nunca falte esperanza y buena voluntad)—.

Debería considerarse sacrilegio el causar dolor y coser muerte sobre el color y sobre aquel blanco que, amparando salud y sonrisas, concierta el mejor espectáculo. ¡Bordar sonrisas tiene que ser apunte sagrado!. Y todos aquellos que extienden sus manos debieran pertenecer, por siempre, al templo del aire donde no falta el agua y la lumbre que alimenta y desata todo lo que vivió encadenado.

Este hoy de algunos, hoy de soledad y destierro, seguro que será mañana aciaga para otros, llegará a serlo mientras vague exiliada y desgüazada la misericordia; y, alrededor ¡por todas partes!, prosiga rondándonos el mal aliento que cosecha y reafirma terribles castraciones: la del disfrute terrenal y el paladeo de la gloria que, aquí ¡ya mismo!, dentro de esta mismo existir se nos presenta.

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Rayadas, rellanos y rellenos

« Hasta que no se indague acerca de la manera de concederle gozo al alma, ninguno de los sistemas habidos o que inventemos llegará a mostrarse como engranaje eficiente para caminar.»

rayadaEmbestidas y atropellos de guante blanco: Hoy de beneficios para algunos. Desdicha para la inmensa mayoría. Mañana de catástrofes para todos.
Bien delimitados están los lindes; por verjas y alambradas que aparentan ser infranqueables pero que perfectamente podrían ser derruidas -el final y la lectura como tal de la muerte interesa que exista-. Por muros hormigonados afianzados dentro de los corazones y las mentes. Por un cántico de imposiciones determinantes y de credos obsoletos que solamente conducen a vivir escasos de luz y en la trastienda. Arrastramos, desde hace largo tiempo y sin tan siquiera darnos cuenta, figuras inservibles y estructuras deformes cuales potencian, desviaciones ilógicas, tropiezos y torpeza, enfrentamientos innecesarios, y recelos que conducen hasta las paranoias más sutiles y difíciles de erradicar al ser sumamente complejas. Permitimos la peor de las monotonías y renunciamos al arte posible y mayor, mientras hipócritamente pregonamos, creer en sueños, querer salvar la tierra.

Dentro del cubículo no existen las diferencias -sucede que convivimos e interactuamos dentro de una caja precintada por unos pocos. Asintiendo ante la presión que revienta y consintiendo en que nos roben el aire y digan que simulamos asfixia-.
Sí que actúa la política, pero… ¡como una gran farsa!… Un encantamiento vomitivo que, con mayúsculas y negrita, resalta el valor fundamental de las normativas y las leyes, mientras, según convenga, esos mismos seres que legislan situados en los lugares privilegiados de un estado, personajes con sillón confortable y con derecho a voto preciso y contundente, a palabras en estrado y medios de comunicación a su alcance, modifican a su antojo o esquivan motivos de sentencias o cierran los ojos por momentos o se las saltan. Quizás, como simples marionetas incapaces de gestionar sus propios movimientos ¡dirigidas!, movidos por los hilos que manejan con su cruceta maquiavélica esos otros -de número ínfimo- que a su vez les permiten y posicionan, cuales verdaderamente dictan las normas del juego en este planeta.

La política de urnas y de estrado. Una política de engaños consecutivos. Pero… como resulta, fuera de libros, teorías y tecnicismos, como resulta, en que se convierte, a pie de calle, durante su aplicación, si es que la medimos con el pragmatismo tangible que nos demuestra con cada una de sus formas pretensiosas:
El comunismo: Hipnotismo. Falacia. Sólo palabras. Igualdad venida a menos que queda en nada a causa de la condición humana con sus consabidas miserias.
Y, este socialismo: Término medio. Maquillaje urdido dado sobre la maquinaria para elaborar fácilmente una tela seductora de araña donde terminará atrapada la sencillez estupenda de los obreros, de los obreros crédulos.
El capitalismo: Moneda sumada a monedas. Un modo que usa mil engaños y consigue que los hombres renieguen del sonido musical y las razones ilógicas pero magníficas del corazón. El capitalismo: Desequilibrios. Descompensación. Competitividad y ambición. Pugna de poder. Desmesura. La justicia relativa. La injusticia que nada valora la dedicación y la entrega de las tantas hormigas que incesantes trabajan.

Sabe a cobardía el reparto interminable de agresiones que reciben seres bondadosos e inocentes e indefensos, tanto jóvenes y niños, como los casi ya desvanecidos dentro del crepúsculo del cansancio y el sueño, por viejos.
Sabe a cobardía la suerte tozuda que provee de infortunio a los débiles. La suerte que no es casualidad vertida por el destino. La que determinan las decisiones humanas cuándo se amparan en conjuros demoniacos que susurran promesas y tutelan ambientes travestidos.

Asedio (notas del llanto de Cupido VII)

 

Padecí los oídos amurallados
que cero escuchan
y los ojos cercanos
que aunque miren se postran
frente a la ingratitud que nada ve.
Me reconocí asentado sobre la ausencia voraz;
cuándo ésta abre sus fauces y engulle
intempestivamente, un día tras otro,
y un mes
y un año
y un amanecer, y…
lo mejor aportado por los sentidos
-cuándo éstos rechazan a cualquiera de las muertes,
al reunirse con cada una de las chispas y detalles
que conversan con la vida-.

Mi (Tú) Tristeza: Estar apalancado
en una plaza rebosante de vida,
sumido por completo en la inapetencia;
como un zombi, desmotivado e inerme,
que devorando su alma apresada
pierde el instinto y la esencia
y extravía hasta cuales fueran
sus posibles ansias o motivos.
O, como un fantasma desubicado
que olvidó la magia por la que era
al observar que su sábana estaba roída;
y encerrado en las mazmorras de su propio palacio
converge con la desgana
y pierde el encanto ¡llora que llora!,
porque poco que nada asusta.

Fui poseído por un escalón
de dureza inquebrantable,
presumí de la desdicha
Habité (y habitaré -aunque no quisiera-)
dentro de una escalinata repleta
de otros muchos escalones,
anclados e inmutables,
ya perdidos.

Aquí quede constancia
de que conocí la locura provocada
por un corazón encabritado,
no la que concierta manicomio
y resulta estipulada por ciencia alguna.
Sí; como fruto terrenal,
por la inmadurez de mis emociones.
La que, sujetada por las circunstancias,
vuelca incomprensión
y está fuera del temple cierto
y de todo tipo de paciencia.
Sí,
la que delata mi infancia
y denotando tiempo de novicio,
aporta el rol del desconcierto
y adopta la faz de laberinto.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Jodido por menospreciables superlativos

Hay épocas en que son desbancados los límites que uno puede soportar.
Hay épocas en que nos vemos obligados irremediablemente a catar la derrota, al sentirnos superados por una verdad detestable que se aferra con uñas y dientes a este sistema y a la sociedad de los hombres.

***
Decepcionado -por sentir que tantas veces ha sido vendida la confianza que en otros deposité.
Decepcionado por traicionado.
Decepcionado. Hasta el punto de tirar macetas al aire en mi propia terraza esperando que me rompan la crisma. O hacerme el “harakiri”, sacando filo a la punta del palo de madera de una escoba, por sí tal pasar de tiempo de desgracia se debiera a que soy un poético y despótico vampiro.
Decepcionado. No quiero ser guerrero y me considero expuesto a un sinfín de lanzas y piedras y cuchillos y dardos envenenados, aun a expensas de llevar el corazón sobre mi mano abierta y mostrarme tan humanamente imperfecto como desnudo. Sigue leyendo

En manos de autistas

Imagen001Congreso:

Cafés a cincuenta céntimos
y copas del mejor alcohol a tan solo dos euros.
Sillones acogiendo personajes ausentes
o descaradamente dormitando sempiternos.
Ridiculez.
Desfachatez.
Aplausos de feria.
Dos mil euros de paga
por ir a jugar partidas en la tablet
dentro de la sala del congreso.
Atacar al oponente directo
hasta desbancarlo y darle entierro.
Desmenuzar ideas
de forma incongruente,
poco práctica, rocambolesca.
Dividir en vez de aunar.
Servirse sordos según convenga.
Desmerecer las propuestas de otros
que comparten y alternan estrado,
porque sus siglas no concuerdan
con la elección preferente e interesada
que se hizo para el casamiento.

______
Elecciones a tocar. Cotorras repitiendo un discurso de prosperidad venidera repleto de falsedad. Una Venecia que carece de calidad y antigüedad artística; una Venecia falta de canales y góndolas. Y, nosotros, OBREROS asalariados, sujetos a sueldos mínimos, padeciendo restricciones, asumiendo pagar la deuda de las empresas privadas que por incompetencia e inoperancia, deambulan medio fallecidas. Sigue leyendo

Posiciones

posiciones 2

Burgueses y realeza.
Lacayos y bufones,
saltimbanquis y plebeyos;
precariedad junto a excesos
¡descompensación!
Manjares y vino.
Música y danza
junto a orgías y borracheras,
todo ello, dando juego
a unos pocos invitados,
comensales que disfrutan del banquete
siendo seres distinguidos dentro de la perdición.

Molino que trilla la harina de trigo,
luego, cocida tras ser amasada
¡sudor tras sudor!
Agua hirviendo en el caldero
con unos pocos huesos y despojos.
Ropa roída y mendigos hambrientos,
faltos de hogar y cariño,
de atención y de miembros,
esperando misericordia en las calles,
a los pies de la exuberante escalinata
de una iglesia ostentosa,
y… pasando frente a ellos,
leyes estrictas e intimidadoras,
-humillaciones y vejación-
trajes y túnicas despreocupadas
del destino que les regalan con su actuación. Sigue leyendo