Una medida de ilusión puede más que cien cerebros

“Sobre una báscula: No me seducen las bondades del hombre frente a tanta falsedad e hipocresía”.

Este sistema mundial dispara, indiscriminadamente, odio y violencia, discriminación incontrolable, guerra dónde el hambre y la miseria, esconde y dosifica los conocimientos para una mayoría, utiliza malamente las herramientas, ejecuta incompasivo faltándole el respeto a cualquier especie, a todo tipo de vida; su lema está basado en la contradicción: Los placeres se consiguen alentando al egoísmo y dando muerte.
Porqué proseguir dentro de una línea destructiva cuándo podríamos demostrarnos el tanto juicio del que disponemos, al verter, mediante nuestros actos, grandes pellizcos de responsabilidad y sabiduría.
Los hombres, cuándo niños, queremos compartir juegos y, deseando que pasen prontamente los años, anhelamos crecer; cuándo ya hombres adultos, reverenciamos a la individualidad, a los caprichos y a la inmadurez, y también consentimos a la necedad que convive solamente junto a la erudición y descarta la simpleza de cualquier existencia como la mejor de las sabidurías. Resaltamos como irrenunciable y sumamente importante un mundo corpóreo que, repleto de vacuidad, nos aleja del entendimiento esencial que otorga la salud inmensa que acompaña siempre a la paz. Aceptamos al callar o hablar con la boca pequeña. Indefinidos, no reclamamos lo suficiente. Somos vagos y cobardes que no se atreven con una huelga verdadera. Abogamos, de una manera u otra, por mantener unos métodos que nos apartan de la reconstrucción anhelada y posible que salpicaría prosperidad hacia todas partes -hoy, espero que por poco tiempo, todavía pasaje puntual y onírico-.
Quiénes dirigen este planeta, desde su castillo, avioneta, yate o elegante despacho y cómodo sillón, consienten en atentar contra sus propios nietos, hijos y hermanos. Señalan como detestables algunos tipos de radicalismo, pero, ellos, dirigen permitiendo otras variantes de radicalismo cuales provocan mayor cantidad de dolor y muerte que aquel radicalismo que señalan por erradicar, y declaran como vergonzoso e inhumano e indeseable.
Cómo creer en una justicia que no penaliza, como debiera, tantos delitos ruines cercanos, y otros tantos muchos, de internacionales, que son de una indecencia cruel e injustificable. Cómo creer y considerar fiable una justicia manipulada que omite los derechos humanos ya considerados como elementales y legalmente admitidos, la misma que acepta sobornos y admite argumentos que sólo son una tapadera para que muchos mantengan sus índices de desgracia y unos pocos retengan el poder y el control que les supone incrementar sus beneficios. Esos pocos que, ya preñados de oro, se valen de los ciudadanos de a pie para mantener las dotes y privilegios de sus imperios, esos otros pocos que se valen de nosotros, los obreros, mientras nos consideran rebaño, inculto y estúpido, y vociferan que el tipo de esclavitud que estipulan es nuestra salvación.
La vanidad y la ambición dirigen el mundo -resultan energías que vagan dentro de la continua materialización-. Desde los pequeños a los grandes actos pretendemos, al precio que sea, la complacencia. Solemos tender a menospreciar otros estadios de situación y cultura, así como a banalizar motivos y perspectivas que difirieran de la propia. Posicionados como máximos radicales, alzamos la bandera de la democracia (falsa) y gritamos “viva la libertad”.
Por favor -estoy perdido-, defínanme, ustedes, el significado de “contradicción”.
¿Demostramos, con nuestra aptitud y funcionamiento, disponer de suficiente raciocinio y coherencia?.
Dónde situar a nuestra especie ¿Cucarachas inmundas o dioses?.
Alguien sabe hacia dónde nos dirigimos; si el camino que emprendimos, hace unos pocos días, evidencia claros síntomas de   evolución.
¿Caracoles o cangrejos?.

D’uns caps amb cua / De unas cabezas con cola

L’escorpí
mostrant-se encisador
ensenya el cap.
Contradicció!.
Oblidat de tota mena de pietat
busca el descuit
i deixa anar la seva cua
per arribar-nos a picar.
Traïció!.
Verí perillós
commina la falsedat:
És lladra amagat
dintre de paraules que empaiten,
sota de paraules que enreden
la comprensió d’avui
i els camins de demà.
Qualsevol enteniment s’ofega
en nedar endinsat
en política que ofereix,
poques esperances
i falses lleis.
Escorpí és la política
En fugir del ball empàtic
i de les noces amoroses.
Dóna veritable fàstic
en vestir-se de comercial,
ja aquest cridés
o parlés fluix.
Què esperar
del que dient-se eina
carrega terra com si una pala
i ja després de fer un forat…
Enfonsa i mata,
assassina i enterra.
L’escorpí no sap res
de l’ample acollidor
ni del gruix educador
cabut en la mar.
No veu més enllà
de les costes pròpies
i les pedres properes
que aviat s’esvairan.

318-omu G.S. (bcn.2017)
**
(castellano)
El escorpión
mostrándose encantador
enseña la cabeza.
¡Contradicción!.
Olvidado de todo tipo de piedad
busca el descuido
y suelta su cola
para llegarnos a picar.
¡Traición!.
Veneno peligroso
conmina la falsedad:
Es ladrón escondido
dentro de palabras que persiguen,
debajo de palabras que enredan
la comprensión de hoy
y los caminos de mañana.
Cualquier entendimiento se ahoga
al nadar adentrado
en política que ofrece,
pocas esperanzas
y falsas leyes.
Escorpión es la política
al huir del baile empático
y de las bodas amorosas.
Da verdadero asco
al vestirse de comercial,
ya éste gritara
o hablase flojo.
Qué esperar
de lo que llamándose herramienta
carga tierra como sí una pala
y ya después de hacer un agujero…
Hunde y mata,
asesina y entierra.
El escorpión no sabe
nada del ancho acogedor
ni del grueso educador
cabido en la mar.
No ve más allá
de las costas propias
y las piedras cercanas
que pronto se desvanecerán.

318-omu G.S. (bcn.2017)

De cabezas por las mangas

Deambular
tristemente metido
dentro de adentro.
¿Miedo?
¿Recelo?
Atrapados en la cobardía
somos desestimados como destello.
¡Quién nos conocerá!
-Es de cera el museo-
¿A quién conoceremos de veras
si tememos presentarnos?
Si así fuera…
asistimos a la vida
ahogados por el desconocimiento:
nulos de nado y faltos de remos.
Escondidos; mermamos,
padecemos deriva
y las peores arrugas del diccionario.
Adheridos al pliegue de la comisura
que desiste y desasiste
con expresión apagada,
afeados, sufrimos
de nuestras coordenadas inexactas y equivocadas.
Asomar a medias equivale
a irrelevante por irreconocible;
a una recta sin meta,
a una línea aburrida,
cansina, sin curvas.
A una definición horrorosa, descolorida,
abstracta y exenta
de contenido revitalizante.
A un misterio inservible
que jamás concederá ilusión ni respuestas.
Aparentando ser tanto y…
¡De cera. De cera!
¡farsa sobre interpretación
y más ficción y más farsa!
tanto podríamos
y optamos por ser nada:
Tímidas nubes que no pintan creación ni regalan gotas.
Fotografía velada,
carente de rostro y de paisajes.
Somos estación inmutable
que elude la marcha
e inutiliza designios.

¡Aparece matriz!
Recupera mis formas perdidas.
Aligérame de causas banales
empuñadas por circunstancias.
Retórname al chiquillo
que la fuente lo espera.

318-omu G.S (bcn. 2016)

Quiero…

Quiero tener una empresa privada a la cual, cuándo hierre en la gestión o le fallen sus inversiones, le concedan préstamos con pocas exigencias y adheridos al retorno dudoso. (Así, sabiendo de tales condiciones, yo mismo me atrevería a ir al casino e intentar que saltase la banca).

Quiero ser directivo dentro de un comite bancario, argumentando los números, según me conviniera para, deshaciéndome de demandas y requisitos, aumentar las ganancias empresariales de los que represento a la vez que le sumo ceros a la cuenta personal de cada uno de mis años. O quiero ser político que, ya abandonado su cargo, se convierte en asesor de multinacionales con el derecho a cobrar por lo que es y por lo que fue; aunque la crisis ahoge, hasta someter a las peores penurias, a tantos ciudadanos que se esfuerzan, mal remunerados, o a esos otros, más débiles, ya cansados, que perdieron la salud en sus correspondientes puestos de trabajo.

Quedo siendo un obrero a quien le cuesta llegar a fin de mes. Al cual extorsionan, con la sombra del paro, para que no se rebele y admita, como salario, un importe miserable que no le permite asumir los gastos indispensables. Trabajador que cumple la ley; paga sus impuestos y cotiza sin falta, que para su mañana desconoce si le corresponderá cobrar una pensión o tendrá derecho cuando precise de asistencia sanitaria. (Aun cobrando sueldos de pena, poco a poco nos empujan y casi exigen que nos proveamos nosotros mismos de recursos para afrontar nuestra vejez —ya me dirán como gestionar para que no sea nulo mi ahorro—).

Quiero que cualquiera de los dirigentes electos cumpla su palabra, procure por el interés de los ciudadanos y no hurte ni engañe, que mantenga su corazón bien despierto y los pantalones agarrados en su cintura y nunca por debajo de sus nalgas.

Quiero honestidad y que marche la desvergüenza. ¿Todavía se puede pedir aquello que uno quiere?. Afrontamos nuevas formas de esclavitud; Una entidad conformada por rostros invisibles y nombres desconocidos nos somete sin precisar de violencia ni grilletes. Provocan la desunión suministrándonos grandes dosis de diferencias que nos apartan a los unos de los otros. Se abastecen de nuestros miedos para que perdamos una lógica constructora y hasta la memoria que, sustentando a la razón, delata la irresponsabilidad e incoherencias de una civilización nuestra que estipula su paso adelante en un sistema deplorable que se prorroga gratuitamente y permitimos.

Antesala de beneficios

La enfermedad se pondrá todavía más de moda en occidente. Los síntomas son evidentes; la sanidad pública reduce considerablemente los servicios que nos ofrece, mientras la privada gana adeptos y añade más ceros positivos sobre sus números.
Los ciudadanos padecemos de los gastos inevitables que representan las pruebas médicas que precisamos de realizar cuando comprobamos que las citas para las mismas se alargan en el tiempo. Nos hacen reparar que en los pasillos de urgencias de los hospitales, nos esperan, por días, unos tantos doloridos entre otros tantos moribundos.
La enfermedad interesa tanto que no se preocupan en curarnos aquellas dolencias que podrían perfectamente sanar, prefieren cronificarlas. Los ministerios correspondientes permiten conservantes, colorantes y demás sustancias nocivas en el apartado cosmético y alimentario. Permiten y potencian, a sabiendas (ya que hay estudios contrastados, a nivel internacional, acerca de la aportación nefasta de dichas sustancias), la enfermedad, pues las empresas de los sectores correspondientes, contribuyen, mediante los impuestos, a darles mayores beneficios que lo que como administradores de un estado barajan gastarse en sanidad.
Se oye decir que un sinfín de políticos, a nombre de otros, están desde hace ya un buen tiempo invirtiendo en mutuas sanitarias privadas y entidades que gestionan planes de capitalización y pensiones extras.¡Cómo dudar entonces, hacia que lado les interesa inclinar la balanza!.

El péndulo

congost de Montrebei

El péndulo conoce sus límites,
sabe donde sus movimientos deben llegar.
Repudia los presagios
y se abstiene de pronósticos.
Se balancea, inexorable, combando las rectas.

Entre cantos de sirena
y tridentes e ideas y martillos
¡una civilización!
optando por creer
que su mente es sabia
y sus manos son diestras como para levantar
figuras duraderas.
Hasta alega que su hacer es artístico
mediando abominación.
Una civilización privilegiada
pero adicta a los desacuerdos,
que rehusando la cordura simbiótica
proyecta borrones y reparte manchas
sobre el suelo y su futuro.

El péndulo persiste.
Soporta la gravedad y los gases,
quimioterapias y oxígeno,
orfandad, nacimientos y contiendas;
es movido por multitud de geometrías
configuradas por soles
— algunos, venerados, y los mismos, catastróficos —
y astros y estrellas, cotidianas e ignífugas
que descifran la extensión de la vida.

El péndulo: Metrónomo.
Recolector de centurias insospechables,
El péndulo nunca se asusta
mientras saborea los vaivenes.
El péndulo:
Ajeno al apunte y a los registros
alejado de la sentencia que es la memoria
confía en el acierto natural.

318-omu G.S (bcn. 2015)

Por las zarpas de empresarios

por las zarpas de empresariosHace ya unos cuantos años, aprovechando estos tiempos de crisis, los empresarios se pasan por el forro los convenios laborales, mientras, los trabajadores, amilanados, no nos atrevemos a reclamar aquellos derechos conseguidos mediante el esfuerzo de generaciones anteriores. No nos atrevemos debido al miedo que sentimos cuándo valoramos la posibilidad de perder nuestro empleo. La angustia y el miedo es real, pues nosotros, como trabajadores asalariados, conocemos acerca de la larga cola de desempleados que esperan inscritos en las listas del paro, personas dispuestas a ocupar nuestro puesto al precio que sea.

Los empresarios abusan, exigen rendimientos excesivos a sus trabajadores, ellos ejecutan despidos improcedentes al ser conocedores del nulo o bajo coste que les representa -la administración asoma benévola para con ellos, diría que hermanada y condescendiente; urde y permite a sabiendas de tantas irregularidades e injusticias que acontecen-
La legislación se modifica continuamente para consentirles maniobras que les beneficien y satisfagan; a los correspondientes mandatarios les conviene tenerlos contentos. Sigue leyendo