A un solo paso de otras puertas

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(I)
Somos mariposas puntuales,
pasajeros 
que mientras inhalan pesos
emulan levitación.
¡Somos múltiples dicotomías!
Somos…
Una realidad que ha de evaporarse.
¡Somos razón y disparate!
Somos trajín de existencia:
Verbos imparables.
Poseedores de cuerpos
donde se apaga y se enciende la luz,
somos nubes que alimentan
contenido e imágenes.
Capaces somos
de engendrar y preñar
a la luna y al sol
de litúrgicos sueños
que postulan por el brillo
y le han de añadir más color
a oscuridades y sombras.
Trajeados de hormiga
intercambiamos pequeñeces
hasta perder la gravedad
y hallar ese amar
que ama los pasos
de gusanos y gigantes.
De báscula en báscula
viajamos:
Por Lugares y entre Circunstancias;
llevados
por la presumida cadencia
y el innegable ritmo
de cada minúsculo Espacio
y cada soplo de Tiempo
nos erguimos de a poco.

(II)
La madera se sucede transformada
—pretende incrementar los minuetos—
esponjosa disfruta mientras puede
hasta que su resistencia y nutrientes transmutan;
arrastrados los troncos poderosos
a la humildad de ser,
débiles, huecos y resecos,
llevados a perder la vanidad,
su soberbia y arrogancia.
¡Trajín de existencia!
¡Crecer y crecer!
¡Morir y nacer!
Morir y nacer
para observar que la magnitud del horizonte
entiende de equilibrios.
E incluso la esencia confortable
que sustenta e interpreta una montaña de paja
pierde su plumaje y desfallece,
dándole el adiós
a su consistencia mullida y etérea
cambia de equipaje
y cuando habla… cruje oxidada.

(III)
Nada resulta eterno
cuando la lectura se realiza
con este entendimiento terrenal
que olvida su elasticidad y sufre doblegación,
desvencijamiento y fracturas;
hasta dar el paso en que cruzamos otra puerta
donde esperan parajes
que hoy se muestran
invisibles e insondables.

318-omu G.S. (bcn. 2016

El consell / El consejo

Passejaven relaxats per un petit corriol que s’estirava per dintre d’un seguit de camps que bressolaven al blat sembrat. Caminaven mirant com es vestia de tarda el cel primaveral; d’un blau enfosquit, quasi de profund marítim, esquitxat de grocs i esgarrapat per rogents. El cel bufava colors mostrant-se encisador. Ells van decidir sortir del corriol, en veure un conjunt d’oliveres immenses que es cargolaven, com abraçant-se a si mateixes, assolint la forma i essència de veritables i naturals obres d’art. Arribant fins a ells, van acomodar la seva esquena damunt d’un dels troncs gruixuts i antics que els esperaven.
Pare i fill, es sabien companys, sentien que el seu vincle era tant indefinit com irrenunciable, fora de les petites polèmiques apropades per les reivindicacions pròpies de l’edat adolescent. Mai, entre ells, succeís la manca de diàleg o rebuig. Pare i fill creien i cuidaven el seu amor; així com la pluja sap de la importància dels seus actes, i convida l’espai a què deixí entrar cadascuna de les seves gotes d’aigua.

—Pare, tinc la sensació que ja està prou propera l’hora en què hauràs de marxar, el cor em dóna aquesta mesura. Algunes vegades, per esbojarrat o per la mala sort també adherida a un bon fart de confiança, no hi procurat l’atenció que es mereixien els consells que has anat donant-me; es per això que, ara, et demano que cerquis i en trïis un d’entre ells, el que consideressis com a tresor important per sempre portar, i aquest recolliré perquè m’acompanyi durant tot el llarg del meu camí.

—Fill estimat, com a homes, ens equivocarem, i de segur que abans, repetidament, també vam errar, però cadascuna d’aquestes errades han d’estar lliçons per aprendre que volem construir, quin món desitgem trepitjar. No pot portar-nos res de bo, amagar-nos o desentendre’ns de la veritat d’un mateix per tal de sentir-nos bé. No serveix de res passar-se tota una vida senyalant cap a un altre costat sense reconèixer les parts pròpies que calen millorar. Et diria, al que em demanes: «fill, procura que mai s’aturi el pols que convida a la bonança. Cuidat, en avançar, que creixi i creixi el brot de llum que portes dintre des de sempre. Dóna-li de veure d’aquesta llum a tothom». Quan marxi, no ho dubtis mai, que així com ara estem de junts en aquí, tanmateix seguirem.

La terra a on es trobaven estava xopada de vida. Respiraven pa. Respiraven mel. Respiraven oli. La terra disposava de moltes veus i totes cantaven veritats. La terra s’oferia oberta. Oferia el fang productiu i ales per creuar arrels i espais, estava preparada per encertar amb les mescles. Es mostraven esgotats els impossibles en trencar-se, en aquest lloc, raons passatgeres i distàncies. Els ocells piulaven com si demanant-lis entendre’ls. El silenci deia tant que era com una pàgina omplerta de bona escriptura. Un grup de formigues semblava que s’agafessin de la mà per assolir ser només una única i llarga filera. Les formigues gaudien de la meravellosa immensitat de la seva insignificança. Mentre, al seu costat, un caragol arreplegava unes quantes gotes de pluja, caiguda la nit abans, que havia tingut a bé d’emmagetzemar una petita i còncava fulla. I amb tot això, ells dos, agraïen estar al lloc exacta que, dins del rodar existencial, ara els corresponia.

(castellano)

Paseaban relajados por un pequeño sendero que se estiraba por dentro de una serie de campos que acunaban al trigo sembrado. Caminaban mirando como se vestía de tarde el cielo primaveral; de un azul oscurecido, casi de profundo marítimo, salpicado de amarillos y arañado por rojizos. El cielo soplaba colores mostrándose encantador. Ellos decidieron salir del sendero al ver un conjunto de olivos inmensos que se atornillaban, como abrazándose a sí mismos, alcanzando la forma y esencia de verdaderas y naturales obras de arte. Llegando hasta ellos, acomodaron su espalda encima de uno de los troncos gruesos y antiguos que los esperaban.
Padre e hijo, se sabían compañeros, sentían que su vínculo era tanto indefinido como irrenunciable, fuera de las pequeñas polémicas acercadas por las reivindicaciones propias de la edad adolescente. Nunca, entre ellos, sucediera la falta de diálogo o rechazo. Padre e hijo creían y cuidaban su amor; así como la lluvia sabe de la importancia de sus actos, e invita al espacio a que dejé entrar cada una de sus gotas de agua.

—Padre, tengo la sensación que ya está bastante cercana la hora en que tendrás que marchar, el corazón me da esta medida. Algunas veces, por alocado o por la mala suerte también adherida a un hartón de confianza, no he procurado la atención que se merecían los consejos que has ido dándome; es por eso que, ahora, te pido que busques y elijas uno de entre ellos, el que consideres como tesoro importante para siempre llevar, y éste recogeré para que me acompañe durante todo el largo de mi camino.

—Hijo querido, como hombres, nos equivocaremos, y de seguro que antes, repetidamente, también erramos, pero cada una de estos errores tienen que ser lecciones para aprender que queremos construir, qué mundo deseamos pisar. No puede traernos nada de bueno, escondernos o desentendernos de la verdad de uno mismo con tal de sentirnos bien. No sirve de nada pasarse toda una vida señalando hacia otro lado sin reconocer las partes propias que necesitamos mejorar. Te diría, a lo que me pides: «hijo, procura que nunca se pare el pulso que invita a la bonanza. Cuídate, al avanzar, que crezca y crezca el brote de luz que llevas dentro desde siempre. Dale de beber de esta luz a todo el mundo». Cuando marche, no lo dudes nunca, que así como ahora estamos de juntos aquí, aún así seguiremos.

La tierra donde se encontraban estaba empapada de vida. Respiraban pan. Respiraban miel. Respiraban aceite. La tierra disponía de muchas voces y todas cantaban verdades. La tierra se ofrecía abierta. Ofrecía el barro productivo y alas para cruzar raíces y espacios, estaba preparada para acertar con las mezclas. Se mostraban agotados los imposibles, al romperse, en ese lugar, razones pasajeras y distancias. Los pájaros piaban cómo si pidiéndoles entenderlos. El silencio decía tanto que era como una página llena de buena escritura. Un grupo de hormigas parecía que se cogieran de la mano para lograr ser solamente una única y larga hilera. Las hormigas disfrutaban de la maravillosa inmensidad de su insignificança. Mientras, a su lado, un caracol recogía unas cuántas gotas de lluvia, caída la noche antes, que había tenido a bien de almacenar una pequeña y cóncava hoja. Y con todo esto, ellos dos, agradecían estar en el lugar exacta que, dentro del rodar existencial, ahora les correspondía.

Apuesta de tierra

«El cobarde señala hacia otro lado mientras silba desafinando. Que esperar de él, sino traición como melodía.
Suena terror y desconcierto, y muchos “miedo” responden.»

sobre la tieera

Campos.
Sobre campos que esperan
semillas son hombres.
Campos espléndidos:
Árboles.
Minerales.
Aves.
Anfibios.
Reptiles.
Felinos.
Roedores
e Insectos.
Ladridos.
Graznidos.
Rugidos
y Oraciones.
Recipiente son campos:
Lienzo pulcro y cobijo.
Paz. Libertad.
Luz creativa
de fulgor asombroso.
Oscuridad serena
y la vibración sensitiva
donada por todo Color.
Crecimiento adosado
a la inquietud que transportan
sombras esponjosas.
Campos: Cultivos.
Para ya extirpadas vergüenzas
sucumbiera el hambre.
Todo elemento que diera
una faz o esencia horrorosa.
Campos.
Y desenfrenado el avance,
al ser próspera la pisada,
digno el legado de hombres.
Ahogo e incendios…
Aunque volcados por agua celestial
o sentenciando con llamas terrenas
¡esterilidad eludan los campos
cuando regados por el acierto de hombres!.
Campos vírgenes
y hombres capaces.
Campos donde luzcan los frutos,
prodigios surgidos
desde la semilla que somos los hombres.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

¡Más!

más
«por muchos pies y tantas manos
que añadiendo su potencia
acrecentan el impulso de la rueda…
Y por un alma.
Y por ideas.
¿Cabe comprender alguna identidad
cómo exclusiva.
Caminar defendiendo la ficción personal?»

Qué más decir:
Agradecer.
Qué más pedir.
Ya por canoso percibir
cuánto es de extenso,
lo mucho de interesante
que espera dispuesto.

Porque pasa rauda
demandar rejuvenecer.
Reclamar prolongación
por saber a poco.
¡Cerillas. Cerillas!.
La madera pide árbol,
pide agua y pide llama.

Al quedar tanto por disfrutar y descubrir
alimentarme de un ansia grande de Principios
—y los finales en hilera,
quedando como entreacto.
Como vehículos que aguardan
para desplazarnos,
así pudiendo engullir también,
la sapiencia lustrosa y digna
de los inviernos—.
Juro.
Juro y prometo
que sacaré partido de cada uno de ellos.
¡Vengan.
Vengan, vueltas más!.

Qué más mostrar:
Gases.
Sólidos.
Plasmas
o Líquidos.
U orquestaciones etéreas
donde cabalgar.
Incluso sumergido en cualquier letargo
que simulara paciencia
con apariencia pasiva
pero aupara senda y vida.
Allí quiero estar…
subido a otra vuelta.

Somos.
Nubes sobre nubes
adquiriendo y deformando rostros y cuerpos,
trajinando sueños.

Qué más decir.
Qué más pedir.
Qué más mostrar.
¡Satisfacción!.

318-omu G.S (bcn. 2016)

Letras a un vestidor

Descifro adioses
y su significado se desvanece
pierde sentido.
Al darme cuenta
que jamás marcharon
que todavía están
porque aleccionan
al rechazar por amor
a su paz de difunto.

Fue insuficiente, como reto, la muerte,
un intermedio domador de paisajes.

Recomponen cenizas
o remueven la tierra
¡se levantan!.
Me dan fuerza.
Los llevo.
¡Mantienen el habla!.
Prosiguen conmigo.
Aconsejan mis pasos
pero que muy vivos.

Fue insuficiente, como reto, la muerte,
una instantánea deshaciendo equipajes.

Quedar velada y frágil la muerte
porque la eternidad nunca yació adormecida.
Aunque disimule existir con disfraz de sueño
se representa bien a si misma
denotando su yo de despierta.
Evidencia nuestra verdad inalterable.
Somos realidad inmortal por acontecer
siendo parte soluble.
Somos una gota de espacio alentando mareas.

Fue insuficiente, como reto, la muerte,
la sanación que remodela los trajes.

La muerte:
Cuna de olas.
Un mondadientes endeble.
Una carta más de la baraja.
Un pasatiempos que llega a indicarnos
la sencillez y salida del laberinto
o la determinación que debemos tener
frente a una encrucijada.
La Existencia:
Redonda. Ondulada.
Ingrávido vocablo capaz
de enroscarse en cuerpos,
como hacen, para avanzar,
hiedras y serpientes.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

De expedición

 

«Una casa donde traspaso nombres y cuerpos. Donde no resuena ninguna de las puertas por bien aceitadas. Una casa donde existiré, vivo y nací.»

Nací
alineado con la causa soluble
que navega y repite.
Antes
ni recuerdos.
Los pensamientos apremiaban al olvido
para seguir huerfanos.
Los porqué, difuntos.
Ni afirmaba.
Ni negaba.
Ni definía mi quién soy
hasta carecía de nombre.
Antes…
Tal vez alimentaba como detalle
gracias a designios tribales
que exclamaban «libertad».
Antes nací
para crecer pequeño.
Crecí y crecí pero quedé pequeño.
Y cuándo pensarme, fornido y grande; suficiente,
siendo sobradamente diminuto y frágil
¡explosioné!.
Fue cortada mi lengua en millares de pedazos
y el cristal que fue mi lenguaje
gano en resistencia y brillo y diccionarios.
Dejé la razón solitaria que da lectura de mundos aparte
y saltaron a viajar por el espacio
vergeles personales anquilosados
y secretos precintados por el miedo y la vergüenza.
¡Estallé!
para compartir y comprender que soy boca-fuente
piel-plumas-escama
neón-sol-luna-cuerpos
contenido-imagen-reflejos
poros elásticos
agudeza renaciendo.

Ahora cuento
que tu identidad sabe
y en ella caben mis segundos
¡es nuestra eternidad!.
Que viví intrépido y por ser aventura
probaré comedido, irresponsable y valiente y cobarde.
Ahora es cuando reconozco mis alas
perdiendo razón de cautiverios.
Advierto esa verdad que puede subsistir
y está en todo; somos simples sonrisas de la alternancia
combinándonos con un sinfín de atuendos dispares
junto a los principios y los intermedios y los finales
que vivamente auspicia el acordeón; un solo tiempo.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Vagar comienzos

«Luce un Lunes y otro Lunes. Y el mar suena y suena ocupando todos los espacios. Deletrea la infinidad de notas musicales que caben en su imaginación y en nuestros dedos. Dentro de un Lunes resulta posible encontrar la calma tras dar con el blanco.»

Una playa más y enorme dentro de la inmensidad del universo.
Los niños (nosotros), jugamos a construir y a destruir mientras acogemos un continuo de fe estipulada sobre muchísimos yo de dioses. Impregnándonos de decimales de arena pronunciamos arrugas y amasamos experiencia.
El cosmos y nosotros: Energía danzarina. ¡Todo agua reclamando invención!. Agua que surge, desde la trastienda que es la nada, para salpicar; porciones etéreas y estables que nunca desaparecerán, y consistencia, de mecánica pasajera, que fluirá por un instante pero que se derretirá como la cera o el hielo porque su meta está en cambiar.
El cosmos: Agua-color o Agua-invisible, celebrando manantiales e invitando al baño, parto tras parto.
Nosotros: Árboles o edificios, complementando un bosque o vistiendo una gran ciudad.
Nosotros: Granos de sal esparcidos. Minerales sumergidos en el aire o acoplados a una roca. Sueño y pensamiento y acción. De orilla a orilla. Eternizando el viaje.