Mimético

“Valioso, el ayer,
por demostrarse tan hábil
como para encarar y, torciendo esquinas,
proseguir viviendo
llamándose, hoy.

Y yo…
Sensitivo.
Resistente
y avistando
más futuro
al estar dentro de ti…
Y de ti…
Y de ti…
Y de ti.”
**
Es cierto que continuamos
alterando el significado
de las ascuas moribundas.
Continuaré porque estarás.
Y, tú, sabes de mí.
Y, tú, me recoges y me guardas
hasta la voz e imaginación y actos
me traspasas.
Y, tú, oruga de hoy
alcanzarás vitalidad y mariposa
para vestir mañana.
Por alimentar la sangre
y brillo y nebulosa de los bosques
te alzarás en la importancia
de la huella inmortal.

Una rueda de registros resiste
cuchillos, sierras y torceduras.
¡Inquebrantable,
envuelve y ata con lazos!.
Esta rueda no perdona
la virtud de la memoria exacta.
Siendo ecuánime
visita a la decrepitud
concediéndole salud de niño.

318-omu G.S. (bcn. 2017)

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Cumpleaños

Quiero vivir en paz; apartado de acusaciones y sentencias, totalmente ausentado de manipulaciones tenebrosas y medias verdades acosadoras que se apostaran por la espalda. Quiero vivir alejado de maneras viperinas que cosquilleen los oídos o de aquel griterío que, conteniendo improperios inútiles, interrumpe melodías sanadoras que esparcen enseñanza. Intento romper la red camuflada que atrapa, donde fuimos o seremos insuflados de venenos que otorgan cemento y mortaja así perdiendo nuestra elasticidad.
Quiero cohabitar con la paz que todos merecemos. Mostrar esa aptitud como valor inquebrantable. Disponer de la paz única que media con actos, y no solo de esa paz que queda de boquilla y llena de vana palabrería, debida a manuales con métodos que leímos; métodos, cuales aplicados como fórmulas de teatro, nos sirven intereses en esta era donde prima la fama indecorosa y el éxito comercial. Quiero que la guerra y sus instrumentos queden relegados a una idea que nunca alcanza el suficiente ingenio ni bastantes motivos para presentarse y funcionar como invento. Quiero oír el ¡Boom… Boom!, de tú y mi corazón; saber que nos reconocemos al compartir emociones así como que nada de personal tiene nuestro paraíso y que éste sostiene causas comunes con la misma edad.
Conozco algunas tantas personas cuyas bocas se llenan con las palabras “justicia y libertad”; cuando en realidad sus actos solamente reparten, al convenir sometidos a un estadio egocéntrico permanente, roles y dictadura, disgregación y esclavitud. Preferir y escoger disimular y mentir: Duele reconocerse como un contribuyente pagano, que se excusa y elude culpa alguna mientras honra al poder y a la sumisión. Tanto el poder como la sumisión equivalen a un estadio de corrupción. Vivir bajo el silencio rígido de un sinfín de posados. Pasamos admitiendo la necesidad del sufrimiento, permitiendo un sistema abominable que reconocemos imperfecto y que le da el visto bueno, a una y otra y  otras muchas atrocidades
Cuento y recuento cadenas. Lloro que lloro. El poder ambicioso nos toca, aunque no beneficie ni corresponda agrede cercano, jamás fue un espejismo ni estuvo lejano. Al poder lo respiramos en cada uno de nuestros días: Ya fuera en las calles, zarandeados por los impulsos incontrolados o las emociones inmaduras. O durante la jornada de trabajo, donde mandan y pesan las obligaciones, las apariencias y los cargos. E, incluso, cuando uno requiere de descanso, ya dentro de su hogar, y los seres que suponemos nos aman, priorizan sus caprichos o hipotéticas necesidades para dirigirnos hasta someternos a sus prioridades.
Embargado por una gran tristeza, lloro que lloro; reconozco que somos seres inseguros que disimulamos nuestra fragilidad mostrándonos altivos. Creemos tener -siendo individuos enclaustrados-, las mejores soluciones y respuestas ¡cuánta farsa y autoengaño!. Nos ahogamos dentro de un círculo minúsculo, que construimos y protegemos para combatir a los fantasmas que nos asustan y zancadillean y acuden, como causa de los miedos que nos contagiaron y perduran por ancestrales culturas de (i)lógico raciocinio, por locuras saltarinas y por inenarrables sentimientos que somos incapaces de ordenar.
Padezco por la mía ¡cuánta cera!, y reconozco otras sorderas; debido a este hecho ¡cuántos y cuántos paraísos y conocimientos perdemos!. Vivimos, la mayor parte de nuestro pasaje, adentrados en una jaula diminuta e insonorizada, aquejados de estribillos repetitivos o de ruidos enajenadores.
Salgo por momentos de la jaula y laberinto, y cuando lo consigo grito “cumpleaños”… Es entonces que logro darme cuenta, que existen y son variados y amplios y excitantes los territorios que me aguardan.

Adioses difuntos

“Acicalados con el limpio,
ya retiradas las pugnas y los intereses conocidos
mientras nuestros cuerpos coincidieron.”

Aunque los corazones durarán
por siempre cercanos.
Aun con un dolor punzante
hincado en las arterias.
El aliento: Hora adiós.
Debiera ser viajero decidido a partir.
Hay momentos en que la cuenta suma
LEJOS
LEJOS.
Lejos
¡qué contradicción!
tan cerca como unidos
en una doctrina y el alma
y, a un mismo tiempo,
corresponde estar separados,
rememorando vivencias gratas
y deseos que se nos mostraron como imposibles.
¡Lejos!.
Sin quererlo.
Debido al juicio sensitivo
con criterio.
Apartados del odio cancerígeno
y de la rabia violenta
y de los juegos sucios
que ampara el rencor,
desahuciando miserias humanas
que, faltándole a la nobleza,
citan a la traición.
Lejos (cuando juntos y mediando intermitencias).
Cercanos (los kilómetros son borrados
porqué aquel aroma perdura).
A la distancia le resulta imposible
incendiar y romper
puentes y lianas;
proseguimos aferrados
a una simple voluntad:
Persiguiendo cualquier lección
que susurrase “vida”
al pregonar
-desde la lejanía o próxima-,
la valía universal
que consta en el amar.
Aunque lejos…
sucede que hay adioses
que siendo antónimos de marcha
más nos acercan todavía,
así es como pierden sentido, ante ese amor
que otorga y extiende tiempo frutal,
todas las despedidas.
318-omu G.S (bcn. 2016)

Rayadas, rellanos y rellenos

« Hasta que no se indague acerca de la manera de concederle gozo al alma, ninguno de los sistemas habidos o que inventemos llegará a mostrarse como engranaje eficiente para caminar.»

rayadaEmbestidas y atropellos de guante blanco: Hoy de beneficios para algunos. Desdicha para la inmensa mayoría. Mañana de catástrofes para todos.
Bien delimitados están los lindes; por verjas y alambradas que aparentan ser infranqueables pero que perfectamente podrían ser derruidas -el final y la lectura como tal de la muerte interesa que exista-. Por muros hormigonados afianzados dentro de los corazones y las mentes. Por un cántico de imposiciones determinantes y de credos obsoletos que solamente conducen a vivir escasos de luz y en la trastienda. Arrastramos, desde hace largo tiempo y sin tan siquiera darnos cuenta, figuras inservibles y estructuras deformes cuales potencian, desviaciones ilógicas, tropiezos y torpeza, enfrentamientos innecesarios, y recelos que conducen hasta las paranoias más sutiles y difíciles de erradicar al ser sumamente complejas. Permitimos la peor de las monotonías y renunciamos al arte posible y mayor, mientras hipócritamente pregonamos, creer en sueños, querer salvar la tierra.

Dentro del cubículo no existen las diferencias -sucede que convivimos e interactuamos dentro de una caja precintada por unos pocos. Asintiendo ante la presión que revienta y consintiendo en que nos roben el aire y digan que simulamos asfixia-.
Sí que actúa la política, pero… ¡como una gran farsa!… Un encantamiento vomitivo que, con mayúsculas y negrita, resalta el valor fundamental de las normativas y las leyes, mientras, según convenga, esos mismos seres que legislan situados en los lugares privilegiados de un estado, personajes con sillón confortable y con derecho a voto preciso y contundente, a palabras en estrado y medios de comunicación a su alcance, modifican a su antojo o esquivan motivos de sentencias o cierran los ojos por momentos o se las saltan. Quizás, como simples marionetas incapaces de gestionar sus propios movimientos ¡dirigidas!, movidos por los hilos que manejan con su cruceta maquiavélica esos otros -de número ínfimo- que a su vez les permiten y posicionan, cuales verdaderamente dictan las normas del juego en este planeta.

La política de urnas y de estrado. Una política de engaños consecutivos. Pero… como resulta, fuera de libros, teorías y tecnicismos, como resulta, en que se convierte, a pie de calle, durante su aplicación, si es que la medimos con el pragmatismo tangible que nos demuestra con cada una de sus formas pretensiosas:
El comunismo: Hipnotismo. Falacia. Sólo palabras. Igualdad venida a menos que queda en nada a causa de la condición humana con sus consabidas miserias.
Y, este socialismo: Término medio. Maquillaje urdido dado sobre la maquinaria para elaborar fácilmente una tela seductora de araña donde terminará atrapada la sencillez estupenda de los obreros, de los obreros crédulos.
El capitalismo: Moneda sumada a monedas. Un modo que usa mil engaños y consigue que los hombres renieguen del sonido musical y las razones ilógicas pero magníficas del corazón. El capitalismo: Desequilibrios. Descompensación. Competitividad y ambición. Pugna de poder. Desmesura. La justicia relativa. La injusticia que nada valora la dedicación y la entrega de las tantas hormigas que incesantes trabajan.

Sabe a cobardía el reparto interminable de agresiones que reciben seres bondadosos e inocentes e indefensos, tanto jóvenes y niños, como los casi ya desvanecidos dentro del crepúsculo del cansancio y el sueño, por viejos.
Sabe a cobardía la suerte tozuda que provee de infortunio a los débiles. La suerte que no es casualidad vertida por el destino. La que determinan las decisiones humanas cuándo se amparan en conjuros demoniacos que susurran promesas y tutelan ambientes travestidos.

Promesa de fuerza y kilómetros

MustaphaMustapha; como un mono alado, liviano y muy ágil, cruza océanos y mares, precisa de cuatro o cinco saltos para visitar, Birmania, Suecia o Argentina. Él es, campanario, cigüeña, gallo y golondrina. Como una araña trepa por el tronco y las ramas hasta la copa de los árboles, jovenes y centenarios. Escala los muros y pinta telas sobre las paredes medio derrumbadas de caserones ya casi del todo invadidos por el verdor de la naturaleza. Él es un hombre rescatando vida. Una hormiga ascendiendo por el cristal vertiginoso de cualquiera de esos rascacielos que por mucho que se eleven, siempre quedarán lamiéndole los talones. Mustapha es un hombre que posee una mente ingeniosa, tiene boca y habla, tiene ojos y ve, pero, puede utilizar tan solo una mano; es un tetrapléjico afable y social que jamás ha salido del barrio. Mustapha es una gota de fantasía que le da sentido al sucio asfalto, es una lluvia de ilusión. Es un incansable viajero que camina por dos ruedas. Padre y madre de personajes y universos. Mustapha goza escribiendo. Es un hombre sencillo que ama los lápices y los boligrafos. Suele ser que cuándo pide, pide hojas de papel.

Mercedes

(...) y el aguaContar sobre Mercedes y el agua. Mercedes, la honorable: decir de sangre humana e imperfecta y de esencia bendecida. Extraordinaria madre, mujer entregada a los suyos, mujer de peso -más de cien kilos la honraron por décadas y hasta su santificación ante el fuego-.
Persona que fue una luchadora incansable; trabajadora falta de contrato haciendo peripecias con su salario; jornales conseguidos a fuerza de hincar sus rodillas y mover, repetidamente, sus brazos, higienizando baños y lustrando muebles, suelos y estantes -acabó siendo su columna vertebral la que crujió debido al ajetreo continuado y a los tantos esfuerzos excesivos-.

Mercedes y el agua; ella, de fácil sonrisa, que reía y reía aun rodeada de inmensas dificultades, la que bromeaba incluso de sus días miserables, derrocando aquel dolor que, hincándose profundo, traspasa nuestra materia humana y nos demuestra cuánta es la superficialidad de los cuerpos.
Mercedes; fortaleza, cariño, valentía y bondad. La que era bienvenida en cualquier hogar que visitaba ¡por su franqueza!, por ser, su corazón, la herramienta usada para darle sentido a sus decisiones, gestos y diálogos. La que, sin dudarlo, escogía una sonrisa como tarjeta de identidad. La que luchó, incesantemente, contra las circunstancias de un pasado inalterable que aún le dolía, del pasar que le devino, áspero y, en gran parte, enigmático y desértico.

Mercedes ¡mujer!, la que avanzó siendo capaz de enfrentarse y derrotar a sus muchísimas carencias y a sus tantísimos miedos. La misma, la entregada, la que siempre repartió ganas de vivir; aunque ella se supo, desde bastante joven, circulando a remolque de las circunstancias que no quería ni tampoco escogía.
La que fue; luchadora que vencía a resistentes contrincantes. Navegante destruyendo; dolores hondos, pesares correosos y angustias que sumían al individuo en la inmovilidad y el desespero. La que fabricaba ilusiones y era poseedora y casi dueña de magias celestiales. La que forjó esperanza desde los escombros y fomento ilusiones desde el óxido espinoso que araña como cuchilla, y levantó sueños desde el suicidio, renunciando a cargar con el plomo que menciona cuánto es su peso como carga, cual dicta insalubridad, entre huesos en los que abundan los No a la resurrección y pieles que son desechadas al presentarse hediondas y podridas.

Ella y el agua -cubo, fregona, bayeta, pañales, lejía, frotar y jabón- la que no supo flotar en el mar, y menos nadar, hasta que barajó poco más o menos que cincuenta inviernos.

Ella, que repartió ayuda y vida hasta delatar la mentira que esconden las palabras, imposible y final. La que pudo desplazar hasta donde deseo, aquellos puntos que los demás denominaban, inalterables, concluyentes e inamovibles.
Ella, que sabiendo darle sentido al verbo amar, fue maestra enseñando acerca del agradable sabor de familia, que el poder de la unión dona lazos tan sabios como para desdibujar la fealdad cabida en disgustos, ofrecer la salida dentro de complicados laberintos, y, eficientemente, diluir los peores contratiempos.

Mercedes y el agua. Mercedes es y fue agua por la suerte alquimista. Mercedes; y yo quedo siendo… una de sus cinco burbujas.

(...) y el agua (2)

Por las zarpas de empresarios

por las zarpas de empresariosHace ya unos cuantos años, aprovechando estos tiempos de crisis, los empresarios se pasan por el forro los convenios laborales, mientras, los trabajadores, amilanados, no nos atrevemos a reclamar aquellos derechos conseguidos mediante el esfuerzo de generaciones anteriores. No nos atrevemos debido al miedo que sentimos cuándo valoramos la posibilidad de perder nuestro empleo. La angustia y el miedo es real, pues nosotros, como trabajadores asalariados, conocemos acerca de la larga cola de desempleados que esperan inscritos en las listas del paro, personas dispuestas a ocupar nuestro puesto al precio que sea.

Los empresarios abusan, exigen rendimientos excesivos a sus trabajadores, ellos ejecutan despidos improcedentes al ser conocedores del nulo o bajo coste que les representa -la administración asoma benévola para con ellos, diría que hermanada y condescendiente; urde y permite a sabiendas de tantas irregularidades e injusticias que acontecen-
La legislación se modifica continuamente para consentirles maniobras que les beneficien y satisfagan; a los correspondientes mandatarios les conviene tenerlos contentos. Sigue leyendo