Los falsos beneficios del ahorro energético

Los falsos beneficios del ahoro energéticoAlgunas cadenas televisivas y emisoras radiofónicas, periodicamente y sin falta, se dedican a publicitar lo tanto de económicamente beneficioso que asoma, con las debidas prácticas, al alcance de nosotros como consumidores, si es que, siendo responsables, adoptamos las medidas convenientes en lo referente al consumo energético.
Estoy hasta las pelotas que me coman la olla con información que no me reporte, en realidad, ningún provecho personal; cabe añadir, preocuparme en hacer, para que un seguido de grandes multinacionales incrementen todavía más sus beneficios —siempre me quedará escuchar (posiblemente, por boca de necios), cuánto y cuánto me agradecerá este ahorro de energía la madre tierra—.
Las compañías eléctricas, como cualquier negocio que pretenda ser rentable, deben conseguir números positivos en sus respectivas anualidades, suceda lo que suceda, los tienen estipulados. Para que esto devenga así, también, si lo necesitaran, les sobreviene la ayuda de las respectivas comunidades y gobiernos. Resulta, por lo tanto, una verdadera falacia el hecho de que los ciudadanos consigamos reducir el dispendio si tenemos a bien seguir la retahíla de consabidas propuestas que nos señalan como ideales si es que pretendiésemos economizar nuestras facturas energéticas. Energías que creemos imprescindibles, que nos aparecen como irrenunciables, dentro de esta nuestra mentalidad de mundo desarrollado y occidental.
Nos indican las franjas horarias que nos convienen para abaratar el coste de nuestras facturas. El cambio de instalaciones y de aparatos eléctricos antiguos por otros que han sido catalogados como mayormente eficaces al aminorar el consumo. Han conseguido que cambiasemos el modo de iluminar nuestros hogares, inclinándonos a optar por bombillas que nos resultaran más rentables (demostrándose, a posteriori, que el tipo de iluminación que nos han propuesto es altamente nocivo, pues, dicha iluminación «luces fluorescentes de bajo consumo “CFL”» desprenden ante el desgaste dado por los cambios térmicos inevitables y en la forma de polvo imperceptible, partículas de mercurio que, seguro, terminarán por respirar toda nuestra familia dentro del hogar (está prohibido el uso de mercurio en los aparatos eléctricos y equipos electrónicos, pero consentido su añadido dentro de unos baremos acordados).
Expuesto el asunto de los beneficios empresariales y hecha una ligera anotación al respecto de cuánto y cuánto tienen los gobiernos sus manos atadas ante las grandes economías empresariales. Queda claro que a medida que los ciudadanos adoptamos las fórmulas que se adecúan al ahorro, cada una de las empresas vinculadas al sector energético, al observar como momentaneamente reducen ingresos y por lo tanto beneficios, efectúan un incremento en cualquiera de los apartados de nuestra factura, reajustan para proseguir con su escalada de beneficios. Consiguen cuadrar sus cuentas y aumentan sus beneficios, al aún proveyendo menor cantidad de energía (dado nuestra preocupación y esfuerzo), incrementar ¡ todavía más !, sus ingresos.

¡ Hasta los huevos !. En este sistema donde prevalece la competitividad devoradora y está autorizada la crueldad máxima, donde los combates se repiten inagotables y se prima la eficacia en las finanzas a cualquier precio. Sistema que adoptó como norma básica e ineludible la gula consumista. Sistema en el que impera una ley depravada «el que más tiene es el que manda, pues, él es el más fuerte». Este sistema favorece únicamente a los que realizan las apuestas sujetando el mayor capital. Este sistema es una grandiosa y sucia trampa para todos aquellos que somos obreros. El poder es conocedor y se vale de nuestra credulidad —para mí, la credulidad, una mezcla deliciosa que cabalga entre la danza angelical y una de las medias verdades humanas—. El poder fabrica; sabe acerca de la importancia de generar ignorantes y sumisos; hombres y mujeres que se conformen con unas pocas banalidades y retoques superficiales que sólo resultan ser instantáneas que pronto se extravían: espejismos que tienen prisa, puntuales y cambiantes. Al poder le interesan seres que piensen que ya hallaron la felicidad y sonrían agradecidos. El poder conoce los tantos por ciento: Cuánto debe apretar las tuercas sin que se estropee el funcionamiento ¿perfecto? que le conviene y se pare o estalle. Cuántos tienen que padecer enfermedades y sufrir la miseria. Cuántos corresponde que sobrevivan o deben sumarse a la lista, como muertos.
Cohabitamos dentro de una fábrica. Existe una máquina que funciona aceitada con sangre. Debemos hallar, el pistón o uno de sus ejes o correas o poleas, esa pieza desde cual le sobreviene el impulso. Cabe encontrarla y golpearla y destruirla hasta que no más ande y ya no requiera de sudor, lágrimas y de nuestro aceite.

¡ viva la comunicación !

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