Cero distancia

“Cuándo troceado significa completo y es posible sentirlo todo.”
**
Si me preguntas acerca de la naturaleza que cabe en mi Dios…
Tiene una cuenta incontable de números.
Es entretenido;
Siempre está dispuesto
como juego sobre la mesa.
Nunca presume de imagen
aunque todo denota su presencia
-por lo tanto, es vulgar-.
Inclusive renuncia a separar de la dicha
a la Ceguera y a la Soledad.
Él:
Sonido y Silencio,
siempre compañía e ilustrativo.
Árbol.
Monolito.
Selva.
Edificio.
De alas
con piel o plumas
y también escamas;
no duda en tener tridente y tentarnos
para conceder la decision.
¿Dónde quedan las huellas sino en su muro?
¿Tendrá Facebook mi Dios?
Él continuará siendo
penumbra
contraluz
retablo colorido
que reclama sume mis actos
para ser tal cual y pintar.
Él:
Desnudo hasta las entrañas;
viste a la lluvia y al humo
de arte y de lenguajes.
O como aquel que ama su casa
anda en calzoncillos o pijama
abrazando cada elemento de su hogar.
Yo:
-Todavía sujeto a los remolinos propios de la edad-.
Aprendiz de lector.
Estudiante inexperto.
Intransigente e impaciente
porque escaso recorrido.
Alcanzaré la serenidad y paciencia
vertida, mayormente, por los tonos maduros.
-Confieso:
No lo sé, ciertamente.
Eso espero
¡ojalá!.

318-omu G.S. (bcn.2017)

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Lazos

Siempre llevar un amanecer recogido en nuestros actos y un pedacito de pan nutritivo afianzado en el corazón.
Sea lumbre lírica la que reparto, porque desde los timbres funestos no creo que naciera ninguna melodía merecedora de incluirse en el repertorio.
Qué hay de mejor sino vergeles amplios que nos refrescaran, cuándo situados bajo el calor sofocante y las llamas implacables de los tantos soles despiadados que pretenden derretirnos.
Qué puede haber de mejor sino abrir un día sobre la noche que asoma indecentemente afligida; encima de esas noches que, exentas de lunas ensoñadoras y faltas de estrellas fugaces, violan a la alegría sin parpadeo ni compasión.
Qué existe de mejor que extender nuestras manos al recorrer cualquier senda, así como sostener una y otra y otra, siempre muchas sonrisas, que regalen ánimo y bienvenidas, e inclusive la suertes del respeto y el entendimiento, así como la gracia anónima de la resurrección.
Cómo es qué persiste, insistente, la manía de omitir aquellos tantos vínculos indestructibles que nos verificarán, hoy y siempre, como una sola unidad. Cómo es que persisto en la consideración de que somos múltiplos de un mismo número. ¿Será que comprendo que existe, bajo la distinción de variados credos y dioses, una única burbuja que concede direcciones, formas y contenidos que dialogan utilizando multitud… todas las voces?. Suele aguardar la hora en que, de una manera u otra, queda evidenciado, a pesar de los intereses banales, la incompetencia o la necedad, que siendo familia y durante toda la eternidad, navegaremos inmersos en la viveza, polifacética y poliglota, de una misma corriente: Agua. Secuencia inacabable: Gotas viajeras ¡eso somos!… Gotas de vida en continua transformación; jamás seremos capaces de terminarnos los mares.
Sigo… Persisto en acomodarme dentro del sentimiento de familia… Clasificación: Debo padecer algún síndrome afectivo -y lo mejor de todo es creerme, a pie juntillas, que este sentimiento me da fuerzas y ampara-.
Cierro con ¡Muuuuuaaaaa! -para ti, dulce. Para ti, salado-. Reniego del “adiós” intransigente cuándo me despido. Opto por el “hasta luego” que depara retorno y nuevos ratos

Cumpleaños

Quiero vivir en paz; apartado de acusaciones y sentencias, totalmente ausentado de manipulaciones tenebrosas y medias verdades acosadoras que se apostaran por la espalda. Quiero vivir alejado de maneras viperinas que cosquilleen los oídos o de aquel griterío que, conteniendo improperios inútiles, interrumpe melodías sanadoras que esparcen enseñanza. Intento romper la red camuflada que atrapa, donde fuimos o seremos insuflados de venenos que otorgan cemento y mortaja así perdiendo nuestra elasticidad.
Quiero cohabitar con la paz que todos merecemos. Mostrar esa aptitud como valor inquebrantable. Disponer de la paz única que media con actos, y no solo de esa paz que queda de boquilla y llena de vana palabrería, debida a manuales con métodos que leímos; métodos, cuales aplicados como fórmulas de teatro, nos sirven intereses en esta era donde prima la fama indecorosa y el éxito comercial. Quiero que la guerra y sus instrumentos queden relegados a una idea que nunca alcanza el suficiente ingenio ni bastantes motivos para presentarse y funcionar como invento. Quiero oír el ¡Boom… Boom!, de tú y mi corazón; saber que nos reconocemos al compartir emociones así como que nada de personal tiene nuestro paraíso y que éste sostiene causas comunes con la misma edad.
Conozco algunas tantas personas cuyas bocas se llenan con las palabras “justicia y libertad”; cuando en realidad sus actos solamente reparten, al convenir sometidos a un estadio egocéntrico permanente, roles y dictadura, disgregación y esclavitud. Preferir y escoger disimular y mentir: Duele reconocerse como un contribuyente pagano, que se excusa y elude culpa alguna mientras honra al poder y a la sumisión. Tanto el poder como la sumisión equivalen a un estadio de corrupción. Vivir bajo el silencio rígido de un sinfín de posados. Pasamos admitiendo la necesidad del sufrimiento, permitiendo un sistema abominable que reconocemos imperfecto y que le da el visto bueno, a una y otra y  otras muchas atrocidades
Cuento y recuento cadenas. Lloro que lloro. El poder ambicioso nos toca, aunque no beneficie ni corresponda agrede cercano, jamás fue un espejismo ni estuvo lejano. Al poder lo respiramos en cada uno de nuestros días: Ya fuera en las calles, zarandeados por los impulsos incontrolados o las emociones inmaduras. O durante la jornada de trabajo, donde mandan y pesan las obligaciones, las apariencias y los cargos. E, incluso, cuando uno requiere de descanso, ya dentro de su hogar, y los seres que suponemos nos aman, priorizan sus caprichos o hipotéticas necesidades para dirigirnos hasta someternos a sus prioridades.
Embargado por una gran tristeza, lloro que lloro; reconozco que somos seres inseguros que disimulamos nuestra fragilidad mostrándonos altivos. Creemos tener -siendo individuos enclaustrados-, las mejores soluciones y respuestas ¡cuánta farsa y autoengaño!. Nos ahogamos dentro de un círculo minúsculo, que construimos y protegemos para combatir a los fantasmas que nos asustan y zancadillean y acuden, como causa de los miedos que nos contagiaron y perduran por ancestrales culturas de (i)lógico raciocinio, por locuras saltarinas y por inenarrables sentimientos que somos incapaces de ordenar.
Padezco por la mía ¡cuánta cera!, y reconozco otras sorderas; debido a este hecho ¡cuántos y cuántos paraísos y conocimientos perdemos!. Vivimos, la mayor parte de nuestro pasaje, adentrados en una jaula diminuta e insonorizada, aquejados de estribillos repetitivos o de ruidos enajenadores.
Salgo por momentos de la jaula y laberinto, y cuando lo consigo grito “cumpleaños”… Es entonces que logro darme cuenta, que existen y son variados y amplios y excitantes los territorios que me aguardan.

Mi hoy de eligieses (El saber del tú/yo)

¿Arañazos o caricias?
¡tú respondes!.
Siempre
cuándo eliges
¡tú respondes!.
¿Cuántas veces?
¡Siempre!
Uno puede marchar
o asiente al quedarse.
Renunciar al dolor
tras elegir
arrullos y zarpazos
muy diversos.
Pretender.
Abogar por el placer
tanto en la suavidad
como en los golpes.
¡Advertir!…
Hay martillos que atinan sobre los clavos
y forjan donde vive el fuego.
Y hay hazadas que nunca sembrarán
ninguna de las muchas semillas
esparcidas en los huertos.
¿Quién dirige los instrumentos?.
Aquí… nosotros,
siempre los mismos
¡una raza confundida!.
Ansiar un edén…
prescindiendo de ángeles y santos
que se ausentan al ser ficciones.
Querer un edén
tal vez hecho
tan solo de hombres
que pragmáticos deciden.
Siempre.
Y digo «siempre quisiera
conocer la resta que dona dicha
por cancelar conflictos».
Sumido dentro del contraste dialogante
me niego a ser
atropellado por la indiferencia:
Bebo ladridos
y onomatopeyas
y discursos.
Me amamanto del Silencio
y entiendo que nos ronda
un Rumor espacial
que roza prodigios acuáticos
con tonos celestes.
Me arrimo al aderezo de la mímica
y jugueteo.
O, adherido al saltar comunicativo de las palabras,
pierdo motivos recurrentes y gano versos
¿Qué es poético?…
Hablar —con paciencia y sin frenesí—
del crecimiento excelente
que alcanza la máxima de trenzar
mediante cualquier lenguaje;
nunca engullido por los conceptos
«extraño-ajeno»
jamás dándole la espalda
a la comprensión empática
que dicta, sin pausa,
el paso adelante—.
Asimilación.
Aceptación de conductas
que por propia inercia
eludirán convertirse en perpetuas
¡vivan los cambios!.
Manos aliándose.
Consciencias que se transforman,
así evaporándose,
ojos tuertos y polémicas.
Tener a bien considerar
toda variedad que base sus fundamentos
en la ayuda mutua y el respeto.
Y el triunfo sobre la mesa
pues ya suena quebrado el odio inútil
y los rechazos desabidos
y las rencillas pordioseras.
Estar y seguir adelante
con una buena medida de oído
y sorber y lamer
y repetir el comer insatisfacción,
hasta reconocer a qué sabe
una gota cualquiera de tu/mi sangre.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Cedemanía

Cedo
comuniones
bodas
y banquetes;
uniones y reuniones
que se evaporen prontamente
poco o nada importan.
Festejo la alianza irrenunciable
que sabe abastecerme
apartada de fragmentaciones
y desconocedora de entierros.
Disfruto de la inmensidad
—la palpable, la imaginaria y la encubierta—
cuando pincho y penetro y traspaso
la temporalidad de la piel
así hallando los versos donde anida
la comunicación sempiterna:
realidad y fantasía envueltas
con magníficas dosis
de creatividad y de belleza.
Tomo…
Tomo soplos que hinchan balones
para que boten y rueden.
Caen como besos todos los soplos
si sopeso y mantengo acordes, sueños y figura.
Tras bailes, gestas, hundimientos y estallidos
sucedidos durante largos peregrinajes
¡adoro
lo mucho de maravilloso
que guarda la simpleza de esta vida!.
Cedo…
todas, todas, todas;
las inmensas y difíciles
y las diminutas y monótonas:
Las muertes trágicas y las dulces
que suelen asomar
como sentencia catastrófica.
Aunque reconozco, públicamente,
que parte de mi alegría deviene
consciente de que permuto junto a según qué muertes,
me cubra e impregne la noche
o respire voces del día.
Cedo
y cedo
y cedo…
porque prefiero brindar
con y por los besos;
compañeros
cicerones
y traviesos
labriegos
o ladrones,
que abonando el recorrido
a los estáticos dan ritmo
y curvan la extremada rigidez
que bloquea el sextante.

Cedo…
tras escoger donde estar,
eludiendo mi traición
y toda contradicción
que no conceda respuestas.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

A salto de comba

a cada salto de comba

La paz está en manos de cada uno; es verdaderamente fácil sucumbir a la violencia y entrar en guerra. En el día a día se nos presentan personas y circunstancias que anuncian conflictos incidiendo en la agresividad. La respuesta, frente a situaciones y reacciones destructivas y desagradables, siempre depende de uno mismo, no existe ninguna conclusión que no derive, en alguna medida, de nuestra aportación individual.
Son muchísimas las ocasiones en que el ego manda más que aquellos valores de los cuales alardeamos, que los fundamentos que proclamamos como dignos y merecedores de defender.
«No deberíamos anteponer nunca la insignificancia del individuo, a una esencia ensambladora y común que sostenga, como máxima, el beneficio colectivo. Corresponde que acudamos como aceite y renunciemos a ser óxido y traba.»
Es con los pequeños detalles cuando demostramos donde nos encontramos y hacia donde queremos ir. No permitamos que los errores o el desequilibrio o la incoherencia o irresponsabilidad de otros nos desubique del lugar que consideremos adecuado para evolucionar.
La paz se construye y mantiene exigiendo suma dedicación. Por supuesto requiere de replanteos, renuncias y esfuerzo. No cabe que se oígan las quejas, si abanderamos nuestros pasos entre bulos y omisiones, y traicionamos propósitos y realidades valiosas dejándolas como mera palabrería. La apuesta mayúscula, aunque aparente ser minúscula, parte desde la aportación diminuta de todos nosotros.

Cuándo la complejidad del hombre muere
nace la hierba;
verde
húmeda
sencilla
atuendo blando que acaricia.
Esponja de lunas y soles
y reposo de mentes.
Protección labriega.
Cochón que presume descanso
donde se calza la lluvia
y son cazadas espaldas.
Ya sean recreadas las mejores ideas
dentro del espacio y sobre la tierra,
¡velas que no espadas!
¡oíd la voz de la hierba!.
Inicio, y…
obra eficiente, la hierba.
Mientras, el firmamento
—cofre de lumbre
vitalidad sumergida
plácido abrigo
danza de estrellas—
atiende y reconfigura
destiende y enjuaga actos,
recoge y vierte
testimonios y secretos
e hila más esferas para sus fieles.
El firmamento —piel del universo—
rebosando naturalidad
no desea trabalenguas
ni requiere de respuestas,
deshace enredos.
Espera y confía
en la generosidad escondida tras cada gesto
y en la potencia de todo sonido y mirada.

Cuándo la complejidad se desvanece
el hombre recompone fragmentos.
Hallando virtudes esparcidas
aporta nacimientos,
así surgiendo el olor intenso
de la hierba resucitada.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Atrapados o en revisión

En ocasiones desdeñamos formas y maneras que se nos presentan siendo arte, solamente por ser incapaces de comprender el valor alternativo, aquel contenido expuesto con maneras atrevidas e innovadoras.
Nuestra lectura de la obra suele estar atrapada dentro de multitud de uniformes y hay rechazos que existen por el mero hecho de que las formas escogidas como expresión, resultan un más allá poco convencional o un contrapuesto de la realidad formal tal cual la entendemos individualmente -valoramos estancados dentro de un cubículo minúsculo-.
¿Somos verdaderamente libres cuándo interpretamos?
¿Procuramos entender, sacarle el máximo a la obra, o buscamos simplemente que se ubique dentro de los baremos que consideramos técnica y expresivamente validos o correctos para transmitir el mensaje?
¿Clasificamos su magnitud por el nombre que figura en su cabecera, en un rincón, o al final de la misma?
Presentaros el “juicio de impacto” , el sensitivo, como inicio de la valoración, para luego ser capaces, una vez ya movidos de nuestro sillón personal inquebrantable, de querer indagar acerca del mensaje que pretende el artista.
La poesía, con el movimiento que provoca cuando su lectura. Con las imágenes y las emociones que contiene pueden dar paso a la indagación que nos responde con un contenido, cual aunque no seamos capaces de determinar completamente no quita la inmensa valía que significa ir junto a esas letras de viaje. La poesía: un calidoscopio que proporciona infinidad de combinaciones que sólo pueden ser observadas por completo cuando se mira con detenimiento cada uno de los cuadros que va presentándonos el autor.