Pardecornio (apuntes de amor XXXVIII)

Mirarte y saber
cuánto hay de maravilloso.
Comer de la vida subido
a la comprensión amable
que cabe en tus ojos.
Tus ojos: Cofre de tesoros
que colmado de sueños
desempaña estrellas,
para así mis actos sobrepasen
palabras vacías
y necias ideas.
Mirarte y saber
que eres hechicera
cual prende esa vela,
cuya luz persistente
seduce a las sombras
para se arruguen
y apoquen y achiquen
quedando apagadas.
Mirar y buscar.
Adentrarme en tus misterios
y encontrar el saber
que descerraja candados
hasta convencer a las puertas
para que sean ventanas.
Hallar más saber.
Tus ojos: Mis ojos.

318-omu G.S. (bcn.2016)

Tan amplio como todas las miradas

tan amplio como todas las miradasHabló una tarde mientras avanzaba.
Cuando el sol se recogía
queriendo dar la vuelta por completo,
regar cada rincón,
de magia, vida y luz,
creyendo en todo hogares servidos
y un domingo prolongado.

Contó.
Acerca de que los hoy
y el ayer tañido
y los mañana que han de acontecer
— sucediera lo que pasara —
vestirían la creatividad máxima
solamente dispuesta
en los trazos exultantes del firmamento.
Creación tanta;
como que siempre innova cuándo hace;
obra tras obra.

Mira tú
y observa y dime
que nunca repite.

Viajaron mis ojos,
a lo largo y ancho,
deleitándose, hacia arriba.
Escojo palabra
y tomo «magnífico»
lienzo tras lienzo.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Desde el paladeo de ojos y la sed de oídos

«cala Tortuga (Menorca)»

«cala Tortuga (Menorca)»

Fue en los ojos brillantes de un anciano que encontré la profundidad viajera capaz de transportarme hasta esa infancia que, viviendo en todo, se prolonga, perdura y acuna el progreso; su cálida inocencia me llevó hasta la raíz natural que prescinde de lenguas, historia, geografía o matemáticas; volteó la selva, las constelaciones, el mar, los pantanos, los glaciares, el cielo gris y azul y el desierto donde suelen amansarse las cordilleras. Llamó efímero, de soplo fugaz, al mismo pragmatismo ¡por erigirse como absoluto! y a toda ciencia porque siempre es cambiante. Convino en reflejar que era magnífica su realidad causal porque nunca perdió la gracia espontánea de ser, también, casual. Mencionó que pendemos de un gran árbol que extiende sus anclas con ramas y hojas poderosas, donde la fugacidad perniciosa del sol y de cualquier reloj, al ser causante de deriva, resulta destruida.
Fue el hoy que poseía la mirada hacia el mañana de un anciano el que me habló desentendido de finales anticuados. Su hoy me dijo:
«creo saber, porque intuyo que sé ya perdido el miedo a marchar, que la única espiral que amamanta a nuestra voz desde el origen es una espiral donde está garantizada la renovación. Compañero, toma y sobrevive tus millares de momentos y vidas olvidando aquellas razones que le den pie a la fealdad de una muerte. Hijo, piensa en el futuro usando la mente y su imaginación o dos dedos que ensalcen la “V” de victoria. Sé que nunca estaremos lejos, que tenemos como derecho cósmico el de sentirnos.»

Más allá de un guiño

más allá del guiño

En tus ojos hallo el reposo,
son trayecto deseado y cardinal curativo.
Aunque tropezara con un cortejo de negros,
tu mirar sólo usa vida y baraja;
ventanales abiertos,
escalones domesticables
y horizontes coloridos.
Aun permaneciendo dentro de la serena blancura,
en tu mirar se suspende;
un vocabulario inquebrantable,
el abecedario inacabable;
los sabores de una tierra llena de bosques;
la lumbre y el fuego y sus ascuas;
tu mirada es deposito de una sensualidad
que punza, me empuja y punza
para llevarme, al vértice pecaminoso
donde se anudan, sin remedio,
el éxtasis, los monemas y la carne,
pretendiendo prolongar,
siglo tras siglo y en esta tierra,
el paso y la voz de la sangre.

La talentosa expresividad de tus ojos, guarda aquella gracia circense, que a la vez que presenta un mundo de acrobacias hila notas afinadas que recuperan los oídos sordos y le dan a cualquier necio de amores, el entendimiento.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

La propuesta

la propuesta

Maite, desde hacía más de un año, todos los días laborables a media tarde, coincidía con Miguel en el entrañable café de la plaza santa Caterina. Entrañable local todavía regentado por la señora Irene, mujer octogenaria que había heredado el negocio de una tía materna suya que, tras quedarse viuda de su primer marido y casarse con un cordobés muy inquieto, se fue a vivir con él a las islas Barlovento de las Antillas.
Todas las paredes de dicho local se mantenían revestidas con baldosas de elaboración única, baldosas que gracias s su fondo blanco -un blanco ya algo roto por el paso del tiempo- podían regalarse, espléndidas, a cualquier tono; al rojo, al verde o al azul, o a esos colores de tierra más serenos que otorgan el toque sencillo. Cada una de estas baldosas, con su palmo por palmo de tamaño, delataban un hacer de pintura y cocción exquisito; un hacer artesano; al evidenciarse en sus gráficos, floreadas y pictóricas representaciones sumamente creativas, sin repetición alguna.
La iluminación del café, local de techos altos, venía ofertada por varios apliques luminosos incorporados en los tabiques a dos metros de altura, apliques elaborados con metal de cobre y sendas pantallas que se estiraban ovaladas hasta alcanzar su propia punta de pergamino. Como luz principal, dos lámparas enormes pendían del techo en las dos pequeñas estancias que conformaban el negocio; lámparas, que alegraban la lectura de novelas y periódicos, lámparas llorosas al estar conformadas por centenares de lágrimas que, con cristal, unas manos expertas tallaron. La calidez del ambiente resultaba la idónea, un anaranjado relajante incitaba a las confesiones más íntimas, a los besos puntuales y tímidos de amantes, y a fraternizar al sentirse próximo al sí de almuerzos y meriendas, al sonido familiar de los platos y de las cucharillas.
La señora Irene, se resistía a imprimirle cualquier cambio de decoración a su establecimiento que pudiera hacer marchar a aquellos fantasmas que gustosamente perduraban dentro del café prosiguiendo sus tertulias.

Maite no conocía de Miguel ninguna de sus señas, ni tan siquiera su nombre, solamente intuía su edad, lo situaba cercano a los cuarenta. Lo que sí tenía claro, era la intensidad que percibía en cada cruce, aparentemente casual, de miradas. Ella bebía de la lujuria en los ojos de Miguel, al leer en ellos unas inmensas ganas de poseerla, la locura del deseo.
En más de una ocasión, Maite, al despertar por la mañana, cedía a la tentación de imaginarse cómo sería un encuentro íntimo con Miguel; se permitía, repleta de onirismo; intuir la consistencia de los pectorales y los bíceps de Miguel, olfatear sus cabellos largos y morenos y hasta hallar la dureza que resguardaba en su entrepierna. Ella, mientras ilusoriamente degustaba esos gratos apuntes corporales, deslizando sus dedos corazón e índice se cercioraba de su excitación al sentir como de húmedas quedaban ambas yemas. Encantada, se dejaba llevar, jugueteaba combinando la delicada fricción con el medido golpeteo, acertaba a darle más ganas a sus ganas y sentía deslizarse, muslo abajo, algunas tránsfugas gotas que evidenciaban, todavía aun más, la necesidad de culminar dicho instante regalándose el éxtasis extremo con un complemento bien escogido que le diera penetración.
Maite, estaba decidida a encarar de forma directa el tema, a plantarse cualquier día, de imprevisto, delante de Miguel, y golpear contundentemente la mesa; de una vez por todas, sino era él sería ella, tenía que atreverse.

Al día siguiente, Miguel, se presentó más atractivo que nunca, con unos tejanos ajustados que remarcaban a la perfección el poderío de sus cuádriceps y la carnosidad redondeada de sus nalgas y, cubriendo su torso, una camisa de color violeta pálido justamente desabrochada que, complementándose a la perfección con el azul gastado del pantalón, resaltaba largas horas de sol sobre esa piel, quizás de brisa marítima y de natación, de relajación y de playa.
Maite, espero que él se sentara en el taburete del rincón del café, donde Miguel acostumbraba. Le daba la sensación, debido a la insistencia al escoger el lugar, que Miguel era persona hecha a las costumbres y a los hábitos y, por lo tanto, de ideas fijas. Una vez lo vio acomodado y ya removiendo el azúcar de su café, se dirigió hasta él y, plantándose a un palmo del deseo de Miguel, le dijo:

-Cuándo vas, por fin, a atreverte; a dejarte de miradas fugaces y furtivas, a dirigirte a mí de frente, a morderme la boca de imprevisto, o a sencillamente pedirme una cita…

Miguel, perplejo ante tal demanda que a su vez servía de reproche, alterno una tímida sonrisa con unas pocas palabras, cuales al brotar delataron una voz grave y cálida que incitaba a dejarse inundar por completo de ella, al delito de solicitarle que le susurrara a ambos oídos y enmudeciera a la mente con su habla.

-Aun desde lejos; sepas que ya te pedí, ya te sentí, ya te toqué… no creerías cuantas veces te tuve.

El palmo de distancia se convirtió en medio, y Maite le argumentó:

-Lástima que, en ocasiones, las personas, saciadas de vergüenza y de remilgo, lleguemos al punto de excedernos con las limitaciones volviéndonos casi cobardes. Que nos contengamos al estar domesticados por normas y formulismos, así renunciando a ciertos impulsos que mostrarían la digna atracción que por otros seres sentimos, es una pena que callemos las alegrías y que cantemos continuamente acerca de los dolores y las penas.
Por suerte, nosotros, ahora conoceremos, tras compartir desde la distancia dada por tres mesas redondas de mármol y forja y después de cuatrocientos cafés, cual es la musicalidad exacta de nuestras pieles.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

Prop teu / Cerca tuyo

 

Ser Déus: Passejar enamorats

creient possible moure el món.

Regalar a altres la lluna plena

o fer baixar d’una bufada

estels brillants.

 

Ser Déus: Assolir ser eterns

en estimar.

Aconseguir un immens espai

que mai s’esgota…

per jugar.

 

Som un nombre infinit

en endinsar-nos en l’amor…

Dolça veu que perdura.

Llum apagant un pou d’ombres

i un fil resistent

que arregla els mal cosits.

 

_________

 

Prop teu;

dintre d’un cinema,

enmig d’una tarda

d’erotisme i confidències,

sentint créixer la confiança

com tanmateix l’excitació.

 

Escoltant-nos el cor

i escrivint un bon vers

per afegir-li al poema.

 

Sense llums que ens distreguin

d’acaronar-nos la pell,

fent rodar els dits,

gaudint del tacte,

descobrint el plaer;

banyant-nos en les nostres olors

i omplint de gemecs

la darrera filera de la sala.

 

Prop teu;

relliscant i gronxant-nos

damunt del sofà de la llar.

Fent de dos sols un cos,

en estar tan lligats

que ni parlen les hores.

 

O seguts i arrapats,

sobre un fred esglaó

que esperant-nos al carrer

donava forma a l’escala;

 

llegint-nos el mirar ens enlairem

fins a tocar el blau del cel,

fent servir un vell llenguatge

que equival a un gelat

que per mai s’acaba.

 

Prop teu;

agafant-nos les mans

compartim pensaments,

i dibuixem el futur

més enllà de paraules.

 

De cert ens sabem, homes

atrapats al curt temps,

que contat com a anys

aviat rovella els cossos;

finalitzant-se el ball,

parant la inoblidable dansa.

 

318-omu G.S. (Bcn-2014)

_________

(castellano)

 

Ser Dioses: Pasear enamorados

creyendo posible mover el mundo.

Regalar a otros la luna llena

o hacer bajar de un soplo

estrellas brillantes.

 

Ser Dioses: Lograr ser eternos

al amar.

Conseguir un inmenso espacio

que nunca se agota…

para jugar.

 

Somos un número infinito

al adentrarnos en el amor…

Dulce voz que perdura.

Luz apagando un pozo de sombras

y un hilo resistente

que arregla los mal cosidos.

 

_________

 

Cerca tuyo;

dentro de un cine,

en medio de una tarde

de erotismo y confidencias,

sintiendo crecer la confianza

como aun así la excitación.

 

Escuchándonos el corazón

y escribiendo un buen verso

para añadirle al poema.

 

Sin luces que nos distraigan

de mimarnos la piel,

haciendo rodar los dedos,

disfrutando del tacto,

descubriendo el placer;

bañándonos en nuestros olores

y llenando de gemidos

la última hilera de la sala.

 

Cerca tuyo;

resbalando y columpiándonos

encima del sofá del hogar.

Haciendo de dos sólo un cuerpo,

al estar tan ligados

que ni hablan las horas.

 

O sentados i agarrados,

sobre un frío peldaño

que esperándonos en la calle

daba forma a la escalera;

 

leyéndonos el mirar nos elevamos

hasta tocar el azul del cielo;

usando un viejo lenguaje

que equivale, a un helado

que por nunca se acaba.

 

Cerca tuyo;

cogiéndonos las manos

compartimos pensamientos,

y dibujamos el futuro

más allá de palabras.

 

De cierto nos sabemos, hombres

atrapados al corto tiempo,

que contado como años

pronto enmohece los cuerpos;

finalizándose el baile,

parando la inolvidable danza.

318-omu G.S. (Bcn-2014)

Terreno de juego

Me gusta beberme la fiebre de tus ojos mientras complacemos nuestros cuerpos. Untarme de tu miel, a ti pegarme; me encanta perderme y encontrarme al deleitarme en tus adentros.

Me place tanto y tanto empaparme de tus ganas dejándome llevar; lo mismo que hace al danzar un velero sobre la anchura del mar, al clamar sobre él, el viento, regalándole recorrer muchas millas; el avance y su movimiento.

Me excitan tus locuaces medidas, la dulce sal de tu sudor y tus formas tentadoras y curvilíneas, pero afirmo que más, los geniales impulsos que delatan tus amables sentimientos.

Cuándo tus actos bordan manteles y mantillas; el trigo y el centeno inunda los campos, el calor retorna a la mesa y, atenta, la salud visita al enfermo.

La libertad sabes devolverle al esclavo de monotonías. Elevas hasta la realeza al que permaneció creyéndose tener que ser sumiso; preso condenado a un duro destino, siervo deslomado por el duro esfuerzo.

Desbancas aquella mala suerte que tercia y, escondiendo riquezas, flagela como irascible amo, o como hace el tiempo asfixiando al hombre hasta negarle el respiro.

Me apetece siempre tomar la nutritiva savia de tu árbol, anidar sobre tus ramas y descansar bajo tu sombra fresca, pues supe reconocer que tu dispensas buen cobijo.

Me apetece, contigo, mimoso acurrucarme dentro de un lecho lleno de abrazos, de sexo y confesiones, de nudos deshechos entre parras y olivos, y ofrecerte un brebaje que nos alivie de pesares y dolencias, que averíe todos los relojes, cuales marcan un fin o señalan un pasado o el principio.

Quiero que juntos contemplemos un hoy perenne y, observando la luz, hacer camino.

Quiero que me permitas destapar mi lado salvaje, degollar a la oscuridad sin mediar cuchillos, sólo con onomatopeyas… y hasta faltos de palabras, conocer los gratos golpes que gozando da tu cuerpo. Quiero que queden las huellas de tal placer, que queden tatuados diez moratones sobre el moreno de mi piel. Quiero deleitarme con tu esencia y saber cuánto de blandos son tus huesos.

Quiero reconocer y, a un tiempo, ausentarme de mis alas; ¡quiero volar!. Saciar de alegría las estancias del hogar, la tierra y la hierba y cada baldosa pisada. Mancharme de barro y gritar, equivocarme y tropezar, ser imperfecto y cometer mil pecados no esperando una propuesta de redención… pero que, por favor, sea a tu lado.

Quiero ser un hombre que, amándote, consigue apresar tanto que hay, tanto terrenal y celestial, tanto que es humanamente divino. Y, mientras lo hacemos… descubrir que es una ficción más este pasaje mortal, un ineludible sueño, un pasillo y un portal, una parte del recorrido.

Porque al unirnos nos reconocemos como ángeles que olvidaron su nombre. Que aburridos del blanco, colgaron sus alas en el guardarropías del universo, así optando por ser ángeles caídos.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)