Por falta de huevos

Todavía es tiempo en cuál la mano de obra resulta imprescindible, y los que confabulan, manteniendo unas leyes y unas pautas injustas, así como moviendo a su antojo la economía, dependen de nosotros, los obreros, para multiplicar sus beneficios.
Nos faltan huevos para enfrentarnos al capital y a sus marionetas (en su mayoría, putos y traidores políticos). Nos faltan huevos y suficiente empatía como para montar una huelga, cohesionándonos, hombro con hombro, en pos de provocarle pérdidas económicas enormes a cualquier estado que nos maltrate (junto a con sus amos financieros), condicionándoles hacia un replanteo.
El egoísmo impera dentro de esta sociedad y sistema; los hombres protegemos, indecentemente, intereses individuales e insignificantes. Los hombres demostramos que nos importa un pimiento lo que le pase al vecino. Demostramos la inconsciencia, al no tener presente el que ese mismo monstruo que ahora tortura y daña a otros, tarde o temprano terminará por comernos… ¡Parecemos adictos a la ruleta rusa!.

Frente al espejo

Cuanto de útil és el reconocer el peso de nuestras pisadas al observar la pista dejada por otras huellas.

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Por qué tanta sangre, tantas espadas y tanto veneno: Enfermedad y dolor se dan la mano. Me da que pensar… ¿A parte de egoístas somos un tanto sadomasoquistas?.
No nos hace falta observar, en la distancia, elementos grandilocuentes; podemos advertir una realidad detestable porque acaece en nuestro círculo más íntimo.
Resulta muy cómodo señalar como terribles los actos de otros. ¿Cómo puede suceder que la destrucción suele depender de causas ajenas? (solamente ironía).
Hipócritas. Frágiles, miedosos y con la inopia más importante como lastre: Nos resistimos a reconocernos frente al espejo. ¿Cómo crecer entonces?. ¿Ángeles o demonios u hombres endiosados y en pedestal?… ¡Bestias!… Simplemente bestias viscerales, petulantes y maleducadas con un inmenso ombligo, que cayeron y caen en el desuso del raciocinio.

Tronos perversos

La mayor perversión es a resultas, de infringir miseria y dolor a las gentes a sabiendas de que no hay necesidad (¿y dónde las leyes).
La ambición y el poder pervierte; y, nosotros, somos parte contribuyente, al ser solamente un posado amansado durante cada secuencia y fotografía.
Conformismo, comodidad y cobardía mandan en la función; rigen como pauta social dentro del desarrollo de este mecanismo infernal que impera.

Tomo como acto útil y filosofía válida el darle la vuelta a este estadio mental que somete valores; así huyendo de tan nulo sentir y comportamiento, ausente de humanidad, que le veta la salud y el disfrute a tantos que también se lo merecen.

Duelo

Y me quedarán los ojos
como lagunas negras,
alejados del agua clara
que transporta el río
desde los cielos hasta el mar.
¡Cómo pedirle a la pisada
que reniegue de ser huella!
¡Cómo prometerle a la luz
que jamás su magia
será vestida por tinieblas!
Y me quedarán los ojos
como ostras tristes
porque perdieron sus perlas.
Situados donde perecen
los peces y las aves
del universo hecho para el hombre.
Arrastrados por la ausencia.
Allí donde la ceniza impera
y sacudiendo el horizonte
escribe soledad.
Ayer volví de ser asfixia.
Ayer sentí rotas las vías.
Y de nuevo aquel recuerdo
se acerca de imprevisto
y llama y traspasa mi puerta,
su visita impregna mi cobijo
queriéndose quedar.

318-omu G.S. (bcn. 2018)

Muchas pulgas


Como pedirles buen ambiente, alegría sincera y predisposición que propicie un mundo saludable, a todos aquellos que permiten la manipulación (mayormente por desconocimiento y vagancia), a los muchos que cargan con un montón de tonterías infructuosas, códigos inútiles y asociaciones indebidas e intereses que coartan y cohiben, así como con infinidad de mierda que acude condicionada por la miseria humana inneherente a todos los de nuestra especie.
¿Chimpancés anticuados o bonobos? Unga… unga… ¡bonobo, bonobo!.
Los humanos somos las peores bestias que han vestido a este planeta. Somos una especie que agrede, para reafirmarse o por miedo o ambición, prescindiendo de contemplaciones; actuamos alejados de la equidad y el respeto. Nuestro proposito debería ser honrar el significado de la palabra “humanidad y dejar de enturbiar las horas que nos corresponden como tiempo. Demostramos estar comportándonos como verdaderos idiotas irreverentes.
Las sombras deben desaparecer llevadas por una inercia que conduzca a un universo mejor. Sombras… dentro de mí; las sé capaces de destronar al sol y apagar las estrellas. El hielo nunca nace si la hierba luce fiel a la primavera que, tejiendo verdor, roza el infinito al tener las manos extendidas.

Pulso al control

Cuando la religión sirve de artimaña y, siendo excusa perfecta, deforma el contenido vital que se le supone. Cuando, contradiciendo su propia esencia, esconde la pretensión de mando de algunos hombres y se asocia con la mayor de las desconexiones y los desastres, yendo a encontrarse con la engañosa cara de la victoria que guarda el poder.

—Las ratas roen con tanta ambición que definen con suma nitidez, egoísmo, descontrol y desmesura. Las ratas no aciertan con las matemáticas, no saben contar ni miden la fuerza del corazón ni el impulso impresionante que cabe en su mecánica.
Las ratas, rabiosas, roen y roen; devoran, malgastan, destruyen y aniquilan con irresponsabilidad suicida; devastan mientras sujetan concepciones nefastas; presentes y futuros, sus propias y otras tantas vidas. Asedían territorios ajenos que desean, arremeten hasta convertirlos en grandes y productivos mataderos que les sacien. (Quede humor para afrontar, caminatas, pesadumbre y naufragios, nunca falte esperanza y buena voluntad)—.

Debería considerarse sacrilegio el causar dolor y coser muerte sobre el color y sobre aquel blanco que, amparando salud y sonrisas, concierta el mejor espectáculo. ¡Bordar sonrisas tiene que ser apunte sagrado!. Y todos aquellos que extienden sus manos debieran pertenecer, por siempre, al templo del aire donde no falta el agua y la lumbre que alimenta y desata todo lo que vivió encadenado.

Este hoy de algunos, hoy de soledad y destierro, seguro que será mañana aciaga para otros, llegará a serlo mientras vague exiliada y desgüazada la misericordia; y, alrededor ¡por todas partes!, prosiga rondándonos el mal aliento que cosecha y reafirma terribles castraciones: la del disfrute terrenal y el paladeo de la gloria que, aquí ¡ya mismo!, dentro de esta mismo existir se nos presenta.