Sin tiempo

Seducirte
lejos del antes o del después
que escupa interrogaciones.
Mi sonrisa recorre
como gota de lluvia tu rostro
para quedarse.
Guiño tras guiño
abandono los términos medios;
aparto causas de eclipse
hasta encontrarte.
Sólo vale atraerte
junto a la energía del ser
que danza, como efluvio inmortal,
dentro de la corriente.

Por ellos (r)

Y ellos, entre sobrias trazadas ríen palabras
y cantan parrafos que entrecruzan odio y amor.
Llenos de letras paridas entre influjos,
ellos, recitan pisadas.
Con la pasión que conlleva toda vida
puesta sobre la mesa, desbocada.

***

Recuerdo libros…
y quiero acordarme.
De sus sueños e ilusiones
y dramas y pasiones
quiero empaparme.
Grandes libros que se escribieron
renunciando al mismo tiempo,
aferrados al estoicismo
para poder ser,
padres de todos e hijos de nadie.
Y escogieron
dar cobijo siendo:
Huerfanos del olvido.
Acompañantes de viaje recitando verdades;
versos esparcidos por doquier.

De estos libros cuales reposan dócilmente erguidos (esperando)
o seducen tiernamente a la negrura de un rincón (recostados).
libros a la vista o libros al resguardo,
libros sabios que pacientes esperan…
A la mano del lector esperan,
abundando en experiencias,
sollozando tinta ¡encerrados hasta abrirlos!
tristes por estar olvidados
tras sus rejas de tapa blanda o de tapa recia.
De ellos, aquí;
como vida vivida o vida por vivir que son…
De ellos quiero acordarme.

Ellos, pacientes esperan…
Libros venidos por el golpeteo
de corazonadas que estuvieron
esquivas de la vida o enamoradas,
o bien sentadas y complacientes
o prestas al suicidio: torcidas y ladeadas.
Pero fueran como fueran esas corazonadas
fueron fieles seguidoras de esta vida…
Vida aguda. Vida punzante.
Vida agitada. Vida serena.
¡Vida!, ante todo
¡PROVOCADORA!
…Incitando a la pisada.
Vida, que le solicitas al pie que persiga al otro pie allá dónde vaya.
Vida, que mácula tras mácula permite
que la tinta impregne mi yo-hoy virginal,
mi árbol… de inspiración.

318-omu G.S.

Claro-ser

Seamos nubes que dibujan sonrisas mientras disfrutan del viaje que como baúl guarda cualquier horizonte.

Seamos jinetes que cabalgan alejados de obsesiones que maniatan, causas improductivas y razones que desafinen.

Seamos originales hasta el punto y… Seguido.

La Bollene (Alpes marítimos —Francia—)

Una joya de los alpes marítimos. En este descenso nos adentraremos en una parte del río La Bollene, encontrando cada uno de los alicientes de esta magnífica actividad que es el barranquismo. Barranco perfectamente excavado; de elegancia extrema. Salvaje y lúdico a la vez. Coloreado al punto de cualquier gran obra pictórica (los tonos verdes, marrones, amarillos y grisáceos lo visten de gala). Escaparse hasta él nos gratificará hasta concedernos una buena dosis de sanación.

De un par, juego y risas

Tan cerca como nuestras rodillas tocándose por debajo de la mesa.
Antes, tu falda, de ajustado talle y corte corto, me permitió, durante el paseo hasta este restaurante, contemplar el estilismo de tus medias negras, éstas, en sendos laterales, salpicadas por unas verticales y divertidas cenefas con grafismos frutales, en las cuales se combinaban fresas, llamativas por su rojo intenso, sonrosadas y apetecibles cerezas, y unos cuantos corazones dentro de los que habitaba un trazo cóncavo describiendo la más saludable de las emociones.
Durante el trayecto también pude disfrutar de la elegancia de tus pasos medidos, diría que encubrían el tecnicismo que suele rondar las pasarelas, el cual precisa de unas piernas como las tuyas para lucir zapatos y trapitos; piernas que, por largas y bien cuidadas, le demandaban a cualquier boca y cabeza masculina, la sorpresa agradable que resuena con palabras concluyentes entre signos de exclamación y el consiguiente giro para repetir mirada que, reafirmando el gozo sensitivo y visual, servía como doble y claro acento gestual delatando admiración.

***
Tan cerca; como a salto de un pellizco o el robo de un beso. Al punto de poder asaltarnos las manos y de oler, si lo hubiera, la necesidad de cariño y el hambre de sexo. Cada uno aposentado en su respectiva silla, pero en comunión, saboreando de una misma copa el líquido frutal dado por las vides al cual el roble y el tiempo contribuyeron a hacer exquisito.
Escuchábamos el trajín de cubiertos y platos. La mesa en que nos encontrábamos, medio escondida tras un biombo y situada cerca de la cocina, con dos velas de extremado grosor y buena altura describían a la perfección la sensual complicidad. Dos velas remarcando ese centro de redondez que ofrecía amparo a nuestra cena. Dos velas, hipnóticas, decorando el rincón igual que alimentando la velada; su luz, tenue, confería a nuestro encuentro un toque de particular invisibilidad a la vez que nos regalaba un continuo de guiños anaranjados y amarillos, cuales, como voz, proclamaban que el romanticismo y la seducción eran los reyes absolutos de este presente de ocio y de juego.

***
Aunque el local se encontraba repleto, tú y yo manteníamos la propuesta morbosa y antes ya confesada. Albergábamos esas pequeñas notas de exhibicionismo que se intuye en cualquiera y mayormente se esconde. Queríamos delinquir inocentemente y exponernos a ser cazados. Queríamos posicionar donde se debería a la vergüenza. Queríamos sentirnos como aquellos jinetes del lejano oeste que cabalgaban siendo forajidos sin temer ser delatados, descubiertos o apresados. Queríamos repartir intimidad para que ésta extraviara la definición que le corresponde y quizás supieran otros al respecto de cuántas delicias se disponen dentro del placer que nos dispensamos.
Giraste tu cara permitiéndome observar tu perfil derecho. Tu rostro, lo contemplase desde donde lo contemplase, sostenía los rasgos proporcionados con los que describiría numéricamente a la belleza; deslizaste las tirillas de tu blusa sedosa mirándome de reojo, dejaste a ésta que se descorriera hacia abajo, sensualmente, cayendo desde tus hombros, sonreíste para mí, no vestías sujetador. Me mostraste una de las no pocas obras artísticas que resguardabas. Supiste ser diva y modelo. Supiste complacerme. Pude deleitarme con la majestuosidad de tus senos duramente erguidos y descubrir cuánta era la excitación que se daba cita en ambos pezones al arquearse ligeramente ellos ante la tensión libidinosa.
Repasaste tus labios con la puntita de la lengua al tiempo que acudía espontáneamente a la cita una mirada que penetraba traviesa y siendo un brindis por la lascivia. Aunque calladamente gimieras, te oí, sé que dichas vocales perduraban en el ambiente, eran todas sólo para mí. Bien sabías que mi mente revoloteaba excitada y mi sangre hervía casi al punto de conseguir que saltase la tapa, hervía al codiciarte. Tus curvas, de cintura para arriba, provocadoras, apetecibles, insinuantes. Tus volúmenes, tentadores, atrayentes e incitantes.
Garantizo que tuve que refrenar repetidamente mis manos, volviéndome ciego, y soliviantar el ardor de mis pensamientos, evadiéndome por momentos hasta la edad de la glaciación, para impedir que mi animal se avalanzase a disfrutar del manjar que se le presentaba, que cometiese el mejor de entre todos los actos benditos… Esto era lo pactado para el día de hoy como divertimento. Guardó, para más tarde, su hambruna de placer y conquista, mi pieza invasora. La llave onomatopéyica quedó metida dentro de su bolsillo particular… a la espera de humedecer y abrir la suerte de una cama insomne que reclamase abejas polinizando fantasías y liberando sueños.