Cada tramo de la vida nos ofrece sentires y experiencias que nos otorgan unas cuantas llaves con las que abrir nuevas puertas. Así de innovador y sorpresivo puede resultar este camino de carne, músculos, corazón, alma, espíritu y huesos. Y aparecen, hechos realidad, tal cual como por magia, algunos deseos que el genio tiene a bien concedernos.
Entre nubes y azules, nosotros: barro que igual acoge formas como se deforma y se diluye (nunca desapareciendo por completo). Nosotros, participes de unas necesidades que van más allá de elementos, tiempos y personas. Nosotros, recibiendo. Donde nos correspondiera estar para, siendo herramienta, darle alas a la alquimia. Siempre, aun inconscientemente, provocando instantes futuros y reflejos; siendo fórmulas exclusivas de la misma creación.
Nosotros: Incandescentes. Avivando la llama o marchitándonos como flores, todo en pos de serle útil al genio y dar pie a lo que llamamos inventos.
Nosotros: En tránsito; eternos. Porción de ingenuidad, porción de saberes y recuerdos. Ayudando a las matemáticas, evidenciando el arte y la importancia de la multiplicación.