Lastres

Giramos nuestra cabeza. Miramos atrás. Repasamos los sucesos acaecidos durante la historia con las muchas barbaridades que hemos ido depositando los hombres. Exclamamos, con mueca de sorpresa, con cara de indignación, ante tantas injusticias dejadas, como rastro, sobre el camino.
¿Sentimos verdadera empatía, o disimulamos porque nos reconocemos como parte actual y contributiva para que persistan los mismos dolores, similares delitos y ofensas sobre la faz de esta tierra?.
Torcemos y doblamos nuestra realidad más personal para que quede bien escondida, deformada a nuestro antojo. Reposicionamos la cabeza ¡alta, alta!, erguida hasta el punto de la falsa sabiduría y la insolencia que comporta vanidad y desvergüenza. Desafiantes, en este día proseguimos desangelados; actuamos a la vieja usanza: maltratando nuestras alas. Sumamos embustes sobre mentiras y así, repetidamente. Eludimos intimar y reconocernos. Seguimos, a través de la historia, disciplinados por las suertes del terror. Sometidos a la crueldad ¡consintiendo!. Escupiendo hipocresía desde los aspectos más nimios hasta la grandeza global. Desatendiendo, de los espejos, su sinceridad. Mediando con la vileza que destripa juguetes tornándolos inservibles. Tratando con la desconsideración e irresponsabilidad que, falta de piedad, degüella ilusiones. Continuamos dando que relatar humanidad vergonzosa.

¡Ay!, si la decisión la sostuvieran
voluntades que han sido capaces
de sacudirse mentiras y miedos,
entonces, la ignorancia sería derrotada.
Abandonando su carácter nocivo,
serían renovadas las raíces
de la tierra. Los hombres crecerían
hasta palpar el edén extraviado.

¡Ay, que dolor!.
¡Ay!, si las lágrimas junto a lamentos
como manos y voces se alzaran,
alcanzando deseos se convertirían
en herramientas y alimento.
Le arrancarían —librando batalla
junto a razones lógicas de peso—
a cada rostro y a todas las almas,
la enorme fealdad que se recoge
tras antifaces rígidos y máscaras.
Lágrimas y lamentos, de seguro serían:
Cizalla cortante
que sobrada de filo
agujerea alambradas.
Mallo corpulento
que golpea insistente
y abatiendo los muros
cancela presidios.
Serían: Lluvia limpia.
Aire y abono.
Avena y trigo.
Jabón y aseo.
Resucitando mentes
y saciando barrigas
ambos darían,
sustento y hospedaje
a los hermanos frágiles
y desfavorecidos.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

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Apuesta de tierra

«El cobarde señala hacia otro lado mientras silba desafinando. Que esperar de él, sino traición como melodía.
Suena terror y desconcierto, y muchos “miedo” responden.»

sobre la tieera

Campos.
Sobre campos que esperan
semillas son hombres.
Campos espléndidos:
Árboles.
Minerales.
Aves.
Anfibios.
Reptiles.
Felinos.
Roedores
e Insectos.
Ladridos.
Graznidos.
Rugidos
y Oraciones.
Recipiente son campos:
Lienzo pulcro y cobijo.
Paz. Libertad.
Luz creativa
de fulgor asombroso.
Oscuridad serena
y la vibración sensitiva
donada por todo Color.
Crecimiento adosado
a la inquietud que transportan
sombras esponjosas.
Campos: Cultivos.
Para ya extirpadas vergüenzas
sucumbiera el hambre.
Todo elemento que diera
una faz o esencia horrorosa.
Campos.
Y desenfrenado el avance,
al ser próspera la pisada,
digno el legado de hombres.
Ahogo e incendios…
Aunque volcados por agua celestial
o sentenciando con llamas terrenas
¡esterilidad eludan los campos
cuando regados por el acierto de hombres!.
Campos vírgenes
y hombres capaces.
Campos donde luzcan los frutos,
prodigios surgidos
desde la semilla que somos los hombres.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Para algunos… la moneda tan solo tiene una cara

Un sudor venido por el sufrimiento
endurece con callos el alma y las manos
de una cuarta parte de los niños,
adultos y abuelos de este mundo.
Los hay que si conocen el verdadero precio
de un vaso de agua o de un mendrugo de pan.

Crepuscular, cruje la crisis,
ruje la halitosis del engranaje.
Las bisagras, ruedas y tuercas
se quedaron faltas de aceite.
Ásperos, los rodamientos rozan
y el sistema aparatosamente se encalla.
Oxidado, lleno de mugre y estrías, chirría.

Un occidente lastimoso
y ciego del resto,
reclama apenado
mientras solloza equivocado
cambiando del escaparate
los precios y los maniquíes.

Hipócrita, el estado de consumo
domina, reforma y constituye
una alteración en el contrato,
revisa, modifica y, según conviene, alterna
la validación y la caducidad de los términos.
Deja de morder, mordisquea,
aminora su ritmo
pero igualmente engulle.
El sistema prosigue la alienación,
maltrata y malea,
simula bienestar y afabilidad,
aparenta ser bonanza
cuando su ferocidad
comporta, acarrea tormentas.

Occidente, descontrolado consume,
desentendiéndose, barre para su casa.
Interesadamente intercambia
armas por diamantes.
Trafica con la esclavitud.
Sopesa con una balanza
equilibrada con sangre y miseria,
regida por una justicia,
la del mayor de los desatinos.

Desarrollado, occidente.
Generoso y desprendido,
observa las direcciones
y regala al subdesarrollo:
Grandes, enormes barrigas
rellenadas por el hambre.
Occidente no padece
por penas ajenas
que en otros causan desdicha.
Occidente se acuerda
de África, de Asia y Oriente
y les obsequia
con fabulosas bacterias,
las cuales espléndidas,
portando guadaña,
elevan, en esas tierras,
el índice de mortalidad.

Una buena parte de este mundo
todavía investiga y se cuestiona
dónde estará ese segundo planeta.
Y si existe el desarrollo,
el tercer mundo
tendría que hallarse
en la cuadratura
de un extraño contrapunto.
Se evidencia
(hasta en esto),
falta de delicadeza.

En la cadena de montaje:
el método, permisivo,
amortigua con farsas
los gritos que son quejas
y resuenan.
El método basa su poder
en la ambición,
la competitividad
y la codicia.
Monótonamente
huele a chatarra,
a caucho quemado,
a polvo alumínico
y a goma gastada.
La fórmula escupe y rocía
la mente y los pulmones
con ácidos corrosivos,
con monóxidos y depresivos,
cancerígenos y contagiosos.

Mientras tanto…
en el barrio de al lado,
entre zancada y zancada,
dan las gracias cada día
al recorrer a pie
veinticinco kilómetros.
Dan las gracias
por disponer
de un camino hacia el trabajo (mal pagado).
Dan las gracias
por tener una choza
de caña y barro
y poder hilar sus esteras
con pellejos de coco
o disponer de sus hamacas
colgando para descansar.

Mientras tanto…
los vecinos de finca,
desde la misma parcela,
desde la flotabilidad
del mismo globo terráqueo
se dan la mano,
llenan su plato (si pueden)
con tortas y cereales
y de cuclillas sonríen.
No conocen los excesos,
no desperdician irresponsablemente.
Le agradecen a la lluvia
a los ríos, a los lagos y al mar.
Son conscientes
y se congratulan
del sol, del cielo, del árbol
y de la montaña.
La grandeza para ellos está
en algo tan simple
como el ver a sus hijos dibujar
con lápices de colores
y marchar con alegría confesa
para acudir a la escuela.
Encuentran el confort
en una vieja manta raída
pero que les abriga,
necesitan de un poco de algo indispensable
y con ésto tienen mucho, tienen suficiente.
Veneran un pozo con agua,
una tierra fértil,
el pájaro o el pez que se les ofrece.
Disponen de una leve carga espiritual,
su posible brevedad es su felicidad.

318-omu G.S. (22/10/2010)

Albas compuestas por Uno

Dormir y roncar profundo.
Fui pasivo.
Fui sumiso.
Contaminé hasta despertar.

Anidar tomando alimentos de un paraíso
transformado en perdición.
Reparar en santos, ángeles y vírgenes.
Reparar en monstruos y demonios.
¡Ancla somos nosotros mismos!.
El Yo manda
manipula y nos engaña,
es a quién deberíamos retar.
Reparar en libros repletos de leyes y normas
y en un dedo que señala hacia otro lado.
¡Ancla somos nosotros mismos!.

Despertar.
Tras admitir que la honestidad
es compañera ideal para constrastar.
Despertar.
Y preferirme como hombre imperfecto
que se aúpa más arriba
tras visionar perspectivas
y extraerle buen partido a las dudas.
Inclinarme por diseñar
partiendo desde la bondad.
Ignorarme como salvador de nadie
y también como deidad
dueña de justificaciones: plaga de excusas.
Idear.
Exponer.
Ejecutar.
No pretendiendo reconocimientos ni alabanzas.
—Repudio al Yo engreído cual se cree
poseedor de la mejor metodología
y la única verdad—.

Vivir explorando.
Dormir-Despertar.
Vivir asimilado
por el árbol que logra brindar frutos
entre combinaciones y vaivenes.
Dormir para despertar
conociendo, al fin, la suerte
de la cordura del conjunto,
fiel aliada de beneficios.
Desperté. Para disfrutar
del éxtasis tremendo que supone
el sentirse asociado a todo, al despertar.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

El péndulo

congost de Montrebei

El péndulo conoce sus límites,
sabe donde sus movimientos deben llegar.
Repudia los presagios
y se abstiene de pronósticos.
Se balancea, inexorable, combando las rectas.

Entre cantos de sirena
y tridentes e ideas y martillos
¡una civilización!
optando por creer
que su mente es sabia
y sus manos son diestras como para levantar
figuras duraderas.
Hasta alega que su hacer es artístico
mediando abominación.
Una civilización privilegiada
pero adicta a los desacuerdos,
que rehusando la cordura simbiótica
proyecta borrones y reparte manchas
sobre el suelo y su futuro.

El péndulo persiste.
Soporta la gravedad y los gases,
quimioterapias y oxígeno,
orfandad, nacimientos y contiendas;
es movido por multitud de geometrías
configuradas por soles
— algunos, venerados, y los mismos, catastróficos —
y astros y estrellas, cotidianas e ignífugas
que descifran la extensión de la vida.

El péndulo: Metrónomo.
Recolector de centurias insospechables,
El péndulo nunca se asusta
mientras saborea los vaivenes.
El péndulo:
Ajeno al apunte y a los registros
alejado de la sentencia que es la memoria
confía en el acierto natural.

318-omu G.S (bcn. 2015)

Cosido a coces

Mirar al sur
y entender extraños.
Suponer, lejos, lejos, lejos,
la marea,
diferencias mayúsculas
y desastres.
Giramos el ventilador
—nada importan los quejidos de inocentes,
su asfixia y necesidades—

Nosotros: norte y primero
vigilantes y huraños
¡contando!,
cuando solo cabe uno.
Aquí, teniendo el aire guardado en la despensa
encerrado bajo llave; aunque nos sobre.
Volcados en saciar vanos caprichos
¡ expropiando respiros !,
esparciendo basura y odio.

Contemplar el sur
y evidenciarse la nobleza que resguarda.
Saborear su poderío
y oler la hermosura de esas tierras.
Comer de su mar y sentir familia
y comprender hermanos
faltos de brillo y de fuego
pero poseedores de joyas y leños.

Saber del sur;
de su riqueza,
acerca de la contracorriente que sufren
y sobre su paciencia.

Remar,
para que hinchándose pronto las velas
reconozcamos iguales
y se prodigue el bienestar:
Saludo, comprensión y abrazos.
Pasada la ventisca…
rocío fértil,
rastros despejados
y rostros limpios.

Volar adentro para ver:
Caminar y más camino.
Navegación y más océano.
Camino y navego
hasta cruzar la cobardía
y abordar los miedos y el absolutismo
cuales discriminan tanto y tanto
como para ampliarse los cercados
y aumentarse las vergüenzas.

Grito «consecuente» y recorto diferencias.
Logrando que desaparezcan
razones de patria y beneficios
o religiones o culturas que son niebla.
Pueden remitir los horrores
tras lustrarse unos pies
e higienizarse suficiente las mentes
Podemos voltear un sistema
que se demuestra, ineficaz y retrógrado;
y hacer y jugar con juguetes
tras ponerlo del revés.

( Creo en las utopías:
Una mesa delicadamente y con gusto servida, y…
empezar: do-re-mi-fa-sol-la-si…).

Saber cuánto de extraordinario es el vínculo
y deletrear p-r-ó-x-i-m-o-s
equivaliendo a lavados.
Disfrutar del horizonte
como estelas que aprendieron
los trazos del celeste
y las curvas y rectas del suelo,
estelas capaces, de sumergirse,
subir a una cima o nadar.

Una hoguera cuenta mientras prende,
que ya fueron incendiadas las banderas
y devuelto el juicio que vislumbra el sur
¡ al sur!, como principio.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Contra la indecencia

a golpe de teclado

Protesto.
Aparecemos confusos, pasivos;
como si recorriendo
una ardua travesía por el desierto;
aceptando lo que viniera,
siendo hijos del desconcierto.
Permitimos.
Toleramos la incompetencia,
convenimos en que sea erigida
una torre altísima
sin fundamentos adecuados ni firmeza,
a la que mal nombraremos, Justicia
-faltándole el respeto al significar,
contrariando la esencia y dignidad
que converge y requiere tal palabra-.

La corrupción impera a sus anchas,
origina un sistema ineficaz
cual esconde sus fallas
y no rectifica ante la evidencia
de sus tantas carencias:
El verdadero traidor, corrupto y asesino
no es el hombre que roba un mendrugo de pan
o reclama sanidad o demanda una vivienda,
es aquel otro que, desde su posición privilegiada,
ambicionando tanto de innecesario,
tortura, daña, violenta y humilla,
quitándole el oxígeno a su especie,
mientras vocea, con timbre sádico
«viva mi dios de metal o papel,
¡salve el egoísmo!»
… y amputa miembros
-dando mesas borrachas: las que abrochan peligro
tambaleándose sobre tres patas-.
… y destripa equilibrio y cancela bienestar,
al añadir extremos que hacen mella
y que figuran como insoportables-.

Acosado por una cercanía
prescindible y quejosa,
que siempre acude,
que nunca es ajena,
que siempre me toca
cual le corta a parte de mi familia
la alegría que corre por sus venas…

combato con mi escaso saber de abecedario.

318-omu G.S. (bcn. 2015)