Instante

Nada más que amar el hoy
porque un hoy, Sí, está dispuesto
y dudar por “si un mañana”
nunca vale.
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Camino;
el polvo fue tierra
y la tierra está repleta de trigo
¿Qué mayor muestra de amor?
Confiar en la vida;
percibir su infinidad de luciérnagas.
Mientras camino
sé acerca de los millares de fuentes
que sacian mis necesidades
sin estar enaltecidas por nadie.
¡Cuánto de ciegos y mudos tenemos!
Agradecer equivale
a tener un presente completo
y un mañana bien nacido.
Extender los brazos.
Abrir las manos, ofrecidos:
Sumados al universo
absorvemos el espíritu del sol
y recorremos las fases de la luna.
Somos humanos;
y antes roca
y antes aire
y antes madera
y antes fuego
y antes agua
en busca del océano
… si dentro de una burbuja…
falta espacio.

318-omu G.S. (bcn. 2020)

Desde adentro

Aguardo el baile ¡la fiesta!
Aguardo tus manos y tus ojos
impregnados de Corazón.
Aguardo el ¡aleluya! interminable
que corrige a los topos
y rechaza la extinción.

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Salvajes incontrolados:
Cómo cambiar el mundo si somos incapaces de admitir y tratar la propia parte repudiable. En qué medida resultamos tóxicos y situamos al edén del revés
… ¡Qué importante es tener la sed de honestos!

Señalar y señalar
el lado oscuro ajeno
mientras nos desentendemos de la labor;
permitirnos garrapatas, vampiros y gusanos
en nuestro adentro
al disculparnos un seguido de miserias.

¿Cómo la paz cuando vivimos sobre tierra ajada?
¿Para cuándo la paz?…
(Surge desde mí.
De mí depende
aunque fuera zarandeado,
aunque en ruidos me sumerga)

La seda aparece, lenta.
Cuesta avanzar;
peldaño tras peldaño
—el camino es pedregoso—
busco el paraíso (cielo/tierra)
dispuesto en cada instante:
¡Madre! ¿Dónde guardas mi hogar?

Hogar;
llegar a ti tras encontrar
la salida del laberinto.
Llegar a ti tras liberarme de trampas,
tras dejar de confundirme
con instintos y lenguajes
que me azotan como oleaje.
Llegar a ti tras ser capaz
de abatir fronteras y derrocar reinos;
de saltar cercos
que anulaban mis respiros
acorralándome entre tumbas.

318-omu G.S. (bcn. 2020)

Hasta el penúltimo trazo

 

Como leyes insalvables, muerte y nacimiento: ¡voz evolutiva!.

Reconozco océanos de vida allá donde vaya ¡la vida es vida por sorpresa y por torbellino!. Se suceden nacimientos y ocasos que simplemente significan abono para el camino. Tanto nacimientos como ocasos resultan espontáneos; su sinceridad revienta debilidades: corazas, disfraces y mentiras.

Construyamos un hogar olvidando cualquier estigma: mano asida a mano, piedra sobre piedra, sonrisa sumada a sonrisa; todo es posible, pues disponemos de la Decisión. La destrucción es aterradoramente fácil, siempre está dispuesta junto a la inconsciencia; colaborar con la destrucción nos muestra dónde las almas enfermas. Contempla a la destrucción invadiendo tu casa y gritando a tu alrededor, reconocerás el enorme sinsentido cabido en ella, sabrás de la tanta crueldad habida en cada una de las mordeduras cuándo bestias —¿existe la involución?—.

Captar las maneras de la vida tras domesticar al entendimiento y reconocer el inmenso valor que recoge la muerte —aunque, la muerte, como gran desconocida, duela y duela… porqué también somos emociones—. Si hablamos de naturaleza, amplia y diversa, citar a la muerte equivale a naturaleza salvaje, naturaleza sabia, naturaleza ancestral. La muerte es viajera que conoce y comprende más allá de los hombres, es trayecto inexcusable escrito sobre todo destino.