Hasta el penúltimo trazo

 

Como leyes insalvables, muerte y nacimiento: ¡voz evolutiva!.

Reconozco océanos de vida allá donde vaya ¡la vida es vida por sorpresa y por torbellino!. Se suceden nacimientos y ocasos que simplemente significan abono para el camino. Tanto nacimientos como ocasos resultan espontáneos; su sinceridad revienta debilidades: corazas, disfraces y mentiras.

Construyamos un hogar olvidando cualquier estigma: mano asida a mano, piedra sobre piedra, sonrisa sumada a sonrisa; todo es posible, pues disponemos de la Decisión. La destrucción es aterradoramente fácil, siempre está dispuesta junto a la inconsciencia; colaborar con la destrucción nos muestra dónde las almas enfermas. Contempla a la destrucción invadiendo tu casa y gritando a tu alrededor, reconocerás el enorme sinsentido cabido en ella, sabrás de la tanta crueldad habida en cada una de las mordeduras cuándo bestias —¿existe la involución?—.

Captar las maneras de la vida tras domesticar al entendimiento y reconocer el inmenso valor que recoge la muerte —aunque, la muerte, como gran desconocida, duela y duela… porqué también somos emociones—. Si hablamos de naturaleza, amplia y diversa, citar a la muerte equivale a naturaleza salvaje, naturaleza sabia, naturaleza ancestral. La muerte es viajera que conoce y comprende más allá de los hombres, es trayecto inexcusable escrito sobre todo destino.

De animales y colores

“La oscuridad de hoy puede cambiar para ser agua donadora de destellos.”

Vivir en una granja donde los gallos kikirikan al acercarse la noche, y omiten y callan mientras se esconden del amanecer.

Vivir en una selva donde los hombres se visten de ratas, y resultan engullidos por sucias y apestosas cloacas, al soñar deseos que encementan los pies.

Vivir respiros con la mente limpia, con la mente, sonriente y clara. Adolecer de angustia y vivir sorpresas porque Venus anida en nuestro alma.

Encarar camino. Ser viajeros nunca huérfanos. Ser viajeros anclados al sí del ser que perdura eterno… El horizonte nos espera, cual color al cuadro, para colorear más y más albas.

 

Caso “fe”

 

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“No existe mayor tisteza que la de reconocernos como seres estáticos. Inmensa es la necedad del ser que, creyéndose gigante, resulta ser mucho menos que enano.”

Parto.
Parto desde mis adentros
tras visitarme tanto ausencias como compañías y silencios.
Necesito padecer la virtud de la llama y el amanecer y el ocaso del eclipse:
Marchar de mí hasta sentir destrozados mis zapatos.
Necesito desfallecer en la vergüenza para encontrar la medida exacta de mi Dios (sin contraluces ni artificios).
Tocar con los pies desnudos el cielo que, manteniéndome vivo, me concede los deseos de “Más” y de “Despierto”.
Hermano de los pasos y de las huellas que, animalescamente universales, salpican una vida con los aciertos que devienen tras los saltos y los vítores, y las caídas y los puñetazos, y los abrazos y los besos y las dudas. Hermano de una luna extraplanetaria, cual quiso acogerme tras presenciar mi búsqueda suplicante o los naufragios sufridos tras millares de derivas. Creciente, lleno, vacio o menguante… ¡Nuevo!. Alcanzo evolución y nuevo, al reconocer los lazos cuales, confesando identidad, tejen y tejen; y, al hacerlo, rompen la cáscara del huevo. Disfruto del enlace que embaraza al viaje inquebrantable. Te reconozco y me reconozco; y, debido a ello, convergo en sol para dar luz. Me siento reflejado tanto en una sonrisa de estrella como en una lágrima de sueño, mientras acepto las caras y los reveses sólidos durante mi pasar y gozar y pesar pragmático. He de confesaros que acepto como mi fe teológica la que entrañan las hadas y los duendes. ¡Creo en unicornios!.

 

Orgasmos

¡Cada cual sabe!

¿Quién guarda la llave de los placeres?

Cada cual sabe durante su día cuántos orgasmos.

¿Quién tiene todos los placeres contados y sería capaz de enumerarlos?

… Solamente tú. Nada más que tú conoces aquello que te hace gozar; no existe nadie que pueda rebatirte o pudiera negarte lo que te resultan placeres.

¡Cada cual sabe!

Si suave o si áspero. Si amargo o si dulce. Si un espejo o un lago.

Fuera de nubes

Vivir ahora y, a cada paso, elegir adelante.

De qué sirve seguir varados en los hechos de otro tiempo, cuando claramente vemos, que esto equivale a óxido cuál corroe los cimientos hasta convertirnos en castrados.

Vivir ahora y, aún con memoria, volver liviano el pasado.

Sin prisas… El respiro nos da vida; y aunque el reloj prosiga su curso no nos pesan sus manillas. 

Cajón de tiempos

“Cómo cualquier ventisca:
Jamás igual. Nunca quieta”.

Una parte de mi vigencia
depende de ti, memoria.
Memoria…
Sabiamente selectiva
recoges y guardas
y seleccionas y borras.
Te ajustas a la necesidad
de cada peldaño
hasta la hora mustia
en que renqueas desfallecida.
Al limitarse tu espacio
requieres de precisión;
aprovechar a la perfección
ese cajón tuyo
que personaliza nuestro pasar
alegando circunstancias y sentires
y nombres y lugares y fechas.

318-omu G.S. (bcn. 2017)

Qui sap? / ¿Quién sabe?

“Avui i aquí, de flors vull parlar. De flors que, amb veu, s,obren arrapades a l,ànima; i d,aquelles altres que, encisadores i inalterables, parlen per sempre dins dels esperits. Desitjo parlar de gaudir… aprofitant tots els temps.”

Quan els instants deixen de fabricar minuts
i els segons s,escurcen fins desaparèixer.
Quan una porta, ja esgotada de sentir
el soroll del calendari,
es tanca, de cop,
sense escoltar-se ni un adéu,
es tanca sostenint una presa
que té regust a derrota.
Quan no val ni la voluntat
ni la força ni el seny
tingut com a homes,
ni serveix de res
tindre diners o paciència.
Quan mai sabem
si vindrà la tardor
o caurem dins l,hivern,
o si resonará una cançó
donant-li la benvinguda
a la setena primavera.
Quan penetrem;
i reconeixent la veritable fondària
del penúltim sospir
pot ser que ens esperi
una ona del tot nova.

318-omu G.S. (bcn. 2017)

**
“Hoy y aquí, de flores quiero hablar. De flores que, con voz, se abren pegadas al alma; y de aquellas otras que, seductoras e inalterables, hablan por siempre dentro de los espíritus. Deseo hablar de disfrutar… aprovechando todos los tiempos”

Cuándo los instantes dejan de fabricar minutos
y los segundos se acortan hasta desaparecer.
Cuándo una puerta, ya agotada de sentir el ruido del calendario,
se cierra, de golpe,
sin escucharse ni un adiós,
se cierra sosteniendo una prisa
que tiene regusto a derrota.
Cuándo no vale ni la voluntad
ni la fuerza ni el juicio
tenido por los hombres,
ni sirve de nada tener
dinero o paciencia.
Cuándo nunca sabemos
si vendrá el otoño
o caeremos dentro del invierno,
o si resonará una canción
Dándole la bienvenida
a la séptima primavera.
Cuándo penetramos;
y reconociendo la verdadera profundidad
del penúltimo suspiro
puede ser que nos espere
una ola del todo nueva.

318-omu G.S. (bcn. 2017)

Visión conjunta

Cuándo padres haremos mejor de hijos -si es que la vida nos permitiera aportar, así añadiéndole a nuestra especie otro pedacito más de continuidad sobre este planeta-.
Podremos, tras ser padres, deleitarnos y recordar un antes de efervescencia máxima y ofrecernos como amable consecuencia si todavía hijos de padres presentes; respaldados por una madurez que advierte la grandeza de compartir una misma sangre, y sentir, de una familia, cuánto apoyo reparte calor.
Mientras padres… Comprobaremos cómo de salvaje nace y brota y corretea el agua ya surgida desde la fuente. Vendrá delatada y será esparcida la dulzura de los niños encima de cualquiera que fuera nuestro carácter o nuestra edad.

Campanadas

« Con tanta y tanta comida… como para faltarme tenedor y cuchara.»

Cuándo el deseo padece atrapado, se ahoga dentro de un laberinto incapaz de escaparse; tras los días, tras los meses, tras los años. Cuándo… aunque oigo los cánticos quedo siendo Ulises; con ganas, queriendo, pero amarrado al palo mayor, de cintura, pies y manos. Sirenas. Este mundo está repleto de Sirenas.
Cuándo asoman, vociferantes… llamémosles dudas, miedos o demonios: La intemperie inclemente e insalvable agrediendo al hombre. Porque el hambre perdura, aguerrido, nunca se extingue, al contrario, marcha «in crescendo» desentendido de otoños e inviernos, de músculos y canas.
Cuándo su olor se alinea con la sal marina y crecen los ríos y sudan los océanos hasta inundarse el total de mis pasos… Suena mal decir no. Sabe fatal echar la vista atrás y constatar lo que era. Conozco, de veras, la combinación agridulce.
Leo deseo y me agrando, exultante, al sentirme pletóricamente joven. Es entonces que me pregunto qué mensaje pretende esta feria vital. Los por qué de la decadencia y sus pruebas. Me cuestiono, una y otra vez, si acepto la ley de envejecer. Reconozco que, ante tal batalla, no existe cuartel, tengo todas las de perder, resulta estéril la lucha.
El ¡CUÁNTO! siempre prosigue marcando una vida, adhiriéndose a las formas curvas de tu cuerpo y a las fragancias que desprende el carnaval de tu fémina felina… Y todo hombre tendrá hora donde sabrá sobre ruidos y acerca de óxidos. Cualquier máquina, tarde o temprano, renqueará, padecerá de la lentitud y la cojera, escuchará la voz de la obsolescencia. Mientras, mi hombre, sumergido, conversa con el deseo aun afianzado en la filosófica cuestión básica que pregona con mantras el budismo. Y, tú: Señalada. Musa y diva. Tentación. Por llamativa, culpable.

Y la coz y ladrido y arañazos y rivales, con y cuándo mi yo de animal. Animal impulsivo e instintivo que se inclina a olfatear y seguir los rastros ancestrales, cual reclama gozo y más gozo, cubrirse de placeres desentendiéndose de lógica y razón.

Cuándo los Cuanto quedan relegados a ser sin conquistar la consistencia.
Cuándo reconozco vivir en una zona abierta donde domina el deseo.
Temo esa hora que vendrá. Donde, aunque sentiré haber hallado nuevos saberes, se me cerrarán las ventanas que ahora me ofrecen paisajes exentos de puertas: Edén terrenal. Aleteo y Libertad. Extremos y término medio. Movimiento y pausa junto a la relajación y el éxtasis. Nirvana aliado a la eclosión de los sentidos. Temo tanto a la impotencia que comporta frustración, como a la pasividad que omite o contradice a la energía renovadora. Temo apreciarme deseoso y reconocerme castrado. Hallarme frente a la imposibilidad de emprender, estos de ahora, sencillos pero maravillosos viajes. Temo lucir destartalado cuándo me llames. No poder acudir con mi mejor traje a la cita. Temo querer y que mi cuerpo se encuentre resentido, demasiado fatigado para el baile.
Sé, de cierto, que tal verdad cabrá en mi tiempo-espacio.