Lenguaje espontáneo

Fugaz…
Mágico…
Cualquier guiño:
Inesperado y locuaz.
Seductor.
Cómplice y atrayente;
¡Ese guiño
que al llamarnos nos lleva
con su vaivén bailarín!
Con la energía del existir
como fluída corriente.

Anuncios

Tras decenas de silencios…

Tras decenas de silencios que me atraparon pude descubrir lo que quería… ¡Diálogo!.
Ya conseguí apartarme de la egolatría sujeta a mi bla… bla… bla…
Bla… Bla… Bla… Bla, prepotente. Bla, divinizado. Bla, presumido. Bla que esconde sordera es propio de extremos y equivocación.
Comprendo que las voces demuestran ser sabias, cuándo, permaneciendo calladas, optan por escuchar los demás sonidos con atención. Tras la escucha esmerada consiguen suficiente riqueza como para compartir los bailes resaltando muchas canciones valiosas que el universo espera para multiplicar su creación.
Hay veces que los silencios reconfortan al tiempo que son maestros; desintoxican y reposicionan mediando el arte esforzado de la reflexión.
Tras decenas de silencios, juego y me divierto más que nunca, encuentro la mía y otras vidas cargadas de razones y sentido, dispongo de ingenio e imaginación igual que de soluciones.

Gestos

Él solía santiguarse a menudo, al hacerlo, nunca le faltaba una sonrisa esplendida aderezando su rostro. Coincidíamos, con frecuencia, en la salida o dentro del ascensor de la finca, en la cual, ambos, habitábamos desde niños. En la plazoleta donde paseábamos a nuestro respectivos perros. Efectuando la compra, sumidos en la agitación visual y olfativa del mercado. O, cruzándonos el saludo, de acera a acera, camino de un ratito de ocio o al marchar hacia el trabajo.

Él, era parco en palabras, se debía intuir cuáles eran sus apetencias, y cuánta la profundidad de los valores y creencias que lo impulsaban.

Debido al acto repetitivo de santiguarse, lo tenía por devoto de la fe cristiana. Uno de los días que coincidimos, me atreví a consultarle al respecto.

-Te hago de creer mucho en Jesucristo, suponiéndolo como hijo de Dios caminando sobre la tierra. ¿Me equivoco al entenderte fiel seguidor de esa fe?.

De nuevo, aquella sonrisa de satisfacción iluminó sus ojos, cualquiera podía leerla, sin temor a equivocarse, como un signo evidente de plenitud que equivalía a felicidad. Y así, él, me contestó.

-Cuándo ves que gesticulo, aparentemente santiguándome, no se trata de que asocie dicho gesto con un padre celestial omnipotente y omnipresente, o crea, firmemente, que hubiera un hijo de tal amparado por el espíritu santo, ni tampoco que reconociera la existencia de ninguna santísima trinidad. Lo que sí va más allá de la suposición y sé con certeza, es que existen los puntos cardinales, las direcciones hacia donde podemos dirigirnos; así, con tal gesto, saludo al norte y al sur, y al este y al oeste; añadirte que remato este saludo, tras marcar con decisión amable cada una de las direcciones posibles, enviándole un beso de agradecimiento a esta vida que me permite, eso sí, esperando que esté dispuesta a depararme lo mejor.

Su explicación se fundamentaba en  un pragmatismo exacto, lejos de elucubraciones denotaba eficiencia; pero, a la par, transmitía futuro y ensoñación capaz de materializarse. Me mostraba a un ser cabal, para mí desconocido hasta ese instante, a un individuo lógico al que suponerle lecturas privilegiadas y actos juiciosos. Deciros que, desde esa breve charla, opto por la decisión de señalar los caminos posibles, me casé con el santiguarme. Quizás, mañana, también me preguntarán…