Sol de principio

Mientras nuestros sentidos sobreviven

a millares de publicidades, conjeturas y desastres…

Perseguidos por frecuencias tóxicas

y atrapados dentro de ratoneras diminutas y gigantes…

Dejar atrás el temple inadecuado,

la fractura sospechosa que contiene fragilidad inapetente.

Posicionar al cielo del derecho.

Escapar de ser enigma

y confirmarnos como oasis.

Corazón por bandera

Simplemente maravillosos…
Hábiles y oportunos:
Aquel y este hombre racional
que se apresta a utilizar las herramientas
para prosiguiesen volteando
las aspas del molino.
Hombres que… Crédulos,
exentos de la vileza escondida
en la hipocresía de esas leyes nefastas
y en toda cultura cuando ya enmohecida
y en cada imagen tramposa
y en cualquier falsa moral,
viven movidos por su corazón
confiando y ofreciéndose a los demás.
¡Simplemente maravillosos!
Pasan tan ligeros
como un “ni darse cuenta”.

Una medida de ilusión puede más que cien cerebros

“Sobre una báscula: No me seducen las bondades del hombre frente a tanta falsedad e hipocresía”.

Este sistema mundial dispara, indiscriminadamente, odio y violencia, discriminación incontrolable, guerra dónde el hambre y la miseria, esconde y dosifica los conocimientos para una mayoría, utiliza malamente las herramientas, ejecuta incompasivo faltándole el respeto a cualquier especie, a todo tipo de vida; su lema está basado en la contradicción: Los placeres se consiguen alentando al egoísmo y dando muerte.
Porqué proseguir dentro de una línea destructiva cuándo podríamos demostrarnos el tanto juicio del que disponemos, al verter, mediante nuestros actos, grandes pellizcos de responsabilidad y sabiduría.
Los hombres, cuándo niños, queremos compartir juegos y, deseando que pasen prontamente los años, anhelamos crecer; cuándo ya hombres adultos, reverenciamos a la individualidad, a los caprichos y a la inmadurez, y también consentimos a la necedad que convive solamente junto a la erudición y descarta la simpleza de cualquier existencia como la mejor de las sabidurías. Resaltamos como irrenunciable y sumamente importante un mundo corpóreo que, repleto de vacuidad, nos aleja del entendimiento esencial que otorga la salud inmensa que acompaña siempre a la paz. Aceptamos al callar o hablar con la boca pequeña. Indefinidos, no reclamamos lo suficiente. Somos vagos y cobardes que no se atreven con una huelga verdadera. Abogamos, de una manera u otra, por mantener unos métodos que nos apartan de la reconstrucción anhelada y posible que salpicaría prosperidad hacia todas partes -hoy, espero que por poco tiempo, todavía pasaje puntual y onírico-.
Quiénes dirigen este planeta, desde su castillo, avioneta, yate o elegante despacho y cómodo sillón, consienten en atentar contra sus propios nietos, hijos y hermanos. Señalan como detestables algunos tipos de radicalismo, pero, ellos, dirigen permitiendo otras variantes de radicalismo cuales provocan mayor cantidad de dolor y muerte que aquel radicalismo que señalan por erradicar, y declaran como vergonzoso e inhumano e indeseable.
Cómo creer en una justicia que no penaliza, como debiera, tantos delitos ruines cercanos, y otros tantos muchos, de internacionales, que son de una indecencia cruel e injustificable. Cómo creer y considerar fiable una justicia manipulada que omite los derechos humanos ya considerados como elementales y legalmente admitidos, la misma que acepta sobornos y admite argumentos que sólo son una tapadera para que muchos mantengan sus índices de desgracia y unos pocos retengan el poder y el control que les supone incrementar sus beneficios. Esos pocos que, ya preñados de oro, se valen de los ciudadanos de a pie para mantener las dotes y privilegios de sus imperios, esos otros pocos que se valen de nosotros, los obreros, mientras nos consideran rebaño, inculto y estúpido, y vociferan que el tipo de esclavitud que estipulan es nuestra salvación.
La vanidad y la ambición dirigen el mundo -resultan energías que vagan dentro de la continua materialización-. Desde los pequeños a los grandes actos pretendemos, al precio que sea, la complacencia. Solemos tender a menospreciar otros estadios de situación y cultura, así como a banalizar motivos y perspectivas que difirieran de la propia. Posicionados como máximos radicales, alzamos la bandera de la democracia (falsa) y gritamos “viva la libertad”.
Por favor -estoy perdido-, defínanme, ustedes, el significado de “contradicción”.
¿Demostramos, con nuestra aptitud y funcionamiento, disponer de suficiente raciocinio y coherencia?.
Dónde situar a nuestra especie ¿Cucarachas inmundas o dioses?.
Alguien sabe hacia dónde nos dirigimos; si el camino que emprendimos, hace unos pocos días, evidencia claros síntomas de   evolución.
¿Caracoles o cangrejos?.

D’uns caps amb cua / De unas cabezas con cola

L’escorpí
mostrant-se encisador
ensenya el cap.
Contradicció!.
Oblidat de tota mena de pietat
busca el descuit
i deixa anar la seva cua
per arribar-nos a picar.
Traïció!.
Verí perillós
commina la falsedat:
És lladra amagat
dintre de paraules que empaiten,
sota de paraules que enreden
la comprensió d’avui
i els camins de demà.
Qualsevol enteniment s’ofega
en nedar endinsat
en política que ofereix,
poques esperances
i falses lleis.
Escorpí és la política
En fugir del ball empàtic
i de les noces amoroses.
Dóna veritable fàstic
en vestir-se de comercial,
ja aquest cridés
o parlés fluix.
Què esperar
del que dient-se eina
carrega terra com si una pala
i ja després de fer un forat…
Enfonsa i mata,
assassina i enterra.
L’escorpí no sap res
de l’ample acollidor
ni del gruix educador
cabut en la mar.
No veu més enllà
de les costes pròpies
i les pedres properes
que aviat s’esvairan.

318-omu G.S. (bcn.2017)
**
(castellano)
El escorpión
mostrándose encantador
enseña la cabeza.
¡Contradicción!.
Olvidado de todo tipo de piedad
busca el descuido
y suelta su cola
para llegarnos a picar.
¡Traición!.
Veneno peligroso
conmina la falsedad:
Es ladrón escondido
dentro de palabras que persiguen,
debajo de palabras que enredan
la comprensión de hoy
y los caminos de mañana.
Cualquier entendimiento se ahoga
al nadar adentrado
en política que ofrece,
pocas esperanzas
y falsas leyes.
Escorpión es la política
al huir del baile empático
y de las bodas amorosas.
Da verdadero asco
al vestirse de comercial,
ya éste gritara
o hablase flojo.
Qué esperar
de lo que llamándose herramienta
carga tierra como sí una pala
y ya después de hacer un agujero…
Hunde y mata,
asesina y entierra.
El escorpión no sabe
nada del ancho acogedor
ni del grueso educador
cabido en la mar.
No ve más allá
de las costas propias
y las piedras cercanas
que pronto se desvanecerán.

318-omu G.S. (bcn.2017)

Para quién, mi oreja

“Es verdaderamente difícil que cuando inmersos dentro del poder y fuera de la humildad hallemos, un sentido común que lance a nuestra especie a conjugar la tierra con el cielo, para que con cada una de las pisadas que demos seamos también capaces de volar.”

Todos los reyes resultan efímeros (se alzan y caen junto a su apariencia petulante y su indecorosa sustancia; sus opiniones y yugos se borran). Mientras tanto, ese resto humilde y frágil que desluce frivolidades y perdura con hondo mensaje aferrándose a su caminar de obrero infatigable y a sus conocimientos como vagabundo, protege una sabiduría imprescindible que conoce a la perfección aquello que precisamos para adquirir una consistencia meritoria esta raza que somos la humanidad (se ofrecen ante la vida como joyas perennes).

Cumpleaños

Quiero vivir en paz; apartado de acusaciones y sentencias, totalmente ausentado de manipulaciones tenebrosas y medias verdades acosadoras que se apostaran por la espalda. Quiero vivir alejado de maneras viperinas que cosquilleen los oídos o de aquel griterío que, conteniendo improperios inútiles, interrumpe melodías sanadoras que esparcen enseñanza. Intento romper la red camuflada que atrapa, donde fuimos o seremos insuflados de venenos que otorgan cemento y mortaja así perdiendo nuestra elasticidad.
Quiero cohabitar con la paz que todos merecemos. Mostrar esa aptitud como valor inquebrantable. Disponer de la paz única que media con actos, y no solo de esa paz que queda de boquilla y llena de vana palabrería, debida a manuales con métodos que leímos; métodos, cuales aplicados como fórmulas de teatro, nos sirven intereses en esta era donde prima la fama indecorosa y el éxito comercial. Quiero que la guerra y sus instrumentos queden relegados a una idea que nunca alcanza el suficiente ingenio ni bastantes motivos para presentarse y funcionar como invento. Quiero oír el ¡Boom… Boom!, de tú y mi corazón; saber que nos reconocemos al compartir emociones así como que nada de personal tiene nuestro paraíso y que éste sostiene causas comunes con la misma edad.
Conozco algunas tantas personas cuyas bocas se llenan con las palabras “justicia y libertad”; cuando en realidad sus actos solamente reparten, al convenir sometidos a un estadio egocéntrico permanente, roles y dictadura, disgregación y esclavitud. Preferir y escoger disimular y mentir: Duele reconocerse como un contribuyente pagano, que se excusa y elude culpa alguna mientras honra al poder y a la sumisión. Tanto el poder como la sumisión equivalen a un estadio de corrupción. Vivir bajo el silencio rígido de un sinfín de posados. Pasamos admitiendo la necesidad del sufrimiento, permitiendo un sistema abominable que reconocemos imperfecto y que le da el visto bueno, a una y otra y  otras muchas atrocidades
Cuento y recuento cadenas. Lloro que lloro. El poder ambicioso nos toca, aunque no beneficie ni corresponda agrede cercano, jamás fue un espejismo ni estuvo lejano. Al poder lo respiramos en cada uno de nuestros días: Ya fuera en las calles, zarandeados por los impulsos incontrolados o las emociones inmaduras. O durante la jornada de trabajo, donde mandan y pesan las obligaciones, las apariencias y los cargos. E, incluso, cuando uno requiere de descanso, ya dentro de su hogar, y los seres que suponemos nos aman, priorizan sus caprichos o hipotéticas necesidades para dirigirnos hasta someternos a sus prioridades.
Embargado por una gran tristeza, lloro que lloro; reconozco que somos seres inseguros que disimulamos nuestra fragilidad mostrándonos altivos. Creemos tener -siendo individuos enclaustrados-, las mejores soluciones y respuestas ¡cuánta farsa y autoengaño!. Nos ahogamos dentro de un círculo minúsculo, que construimos y protegemos para combatir a los fantasmas que nos asustan y zancadillean y acuden, como causa de los miedos que nos contagiaron y perduran por ancestrales culturas de (i)lógico raciocinio, por locuras saltarinas y por inenarrables sentimientos que somos incapaces de ordenar.
Padezco por la mía ¡cuánta cera!, y reconozco otras sorderas; debido a este hecho ¡cuántos y cuántos paraísos y conocimientos perdemos!. Vivimos, la mayor parte de nuestro pasaje, adentrados en una jaula diminuta e insonorizada, aquejados de estribillos repetitivos o de ruidos enajenadores.
Salgo por momentos de la jaula y laberinto, y cuando lo consigo grito “cumpleaños”… Es entonces que logro darme cuenta, que existen y son variados y amplios y excitantes los territorios que me aguardan.