«… Se acuerde todo ocaso de darnos madrugada,
así como el fracaso verter lección preciada,
y luzca a cada paso mi vida aleccionada,
por joya que es acaso, incluso la pisada,
cual deja llanto en vaso, si triste es la jornada.»

(fragmento “Derrotas victoriosas”)

(…)

(…) Recuerda, alfarero, que los vientos han de pasar portando huracanes y brisa. Que, tú, no debes recoger el llanto y resguardarte bajo las lágrimas. Debes, por juicio y con corazón, oír la melodía que silban y agradecerla y rememorarla.
Recuerda, alfarero, que eres y sostienes todas las formas y contenidos que ha tenido y tendrá el barro. Que, tú, escoges la que quede como firma.
¿Cielo o infierno?… Barro. Barro.

(de “Fuera dados”)