Baile de disfraces


«Leo y leo, rechazo y atracción
que sólo han de durar;
un fragmento de la obra
como retal de la prenda
¡una corta aparición!
cinco letras, de entre los millares,
de la carta leída.»

Deshojado por la arena
que obstinada
cayendo rauda empuja cruel;
dentro del paso
deletreo y describo aromas:
flor todavía.
Prosigo fiel
a un presente de color
antes de proclamarme, lánguida,
sobre un fin de escalera
en que una rueda animosa
y refulgente nos lleva
hasta otras vueltas nacidas.
Admitido por el cielo
y dotado de insignificancia
descubro espacio
y hallo infinito como resolución.
Recogido en una copa
soy y beso,
sed y agua;
soy sujeto amador de la lógica
cual traspasa sueño y delirio.
Absorvido por la tierra
voy y vuelvo
a vestirme y desvestirme
de sentimientos y pasiones;
de desafectos y huellas
y de nudos y de huesos.
Asisto a muchas escenas
para encontrarme
entre chispazos y repeticiones
con más y más nacimientos,
así y así, hasta perderme desleído
dentro de una graciosa levedad
hecha de olvidos.
Tras cada pellizco
siempre quedará;
sabor de sentir,
saber por vida.
Aunque no recordase
los trazos que esconden
las puertas solemnes
que aquí mencionamos
como trágica muerte
siendo alas y lima.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

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Más que por vena

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Ya fuera libre
hasta voltear la faz premeditada.
O aunque, siendo proscrito, esperase guadaña
o padeciera del estar alejado
de tanto querido,
así añorando mi sangre
y el olor de una tierra
que equivaliendo a motivo,
creí fiel a una esencia valiosa
y mantón de Manila.
Ya buscara el norte
dentro de una enorme catedral
o de una pequeña capilla.
O, zambullido en prostíbulos ocultos,
me equivocara entre falsos remedios
al leer y descifrar mapas
que jamás llegarán a solear como brújula.
Ya paseara, solitario,
anhelando la razón perdida
y esquivando la tragedia.
O dialogase, acompañado,
entre calles que humean peatones
que aletargan la victoria
al vitorear las diferencias.
Ya reflexionase por la lozanía de campos,
acerca de un dónde o un quién o un porqué
que deja totalmente yerma
la fertilidad de cualquier huerto.
A pesar de cada uno de los gestos,
inconscientes, burdos, obstinados o abstraídos.
Aun adormecido en el hogar
y a pesar de la abducción ensoñadora
que puede provocarme el aroma,
espumoso, seductor y suntuoso
que emana, como dicción excitante, desde un café…
nunca que nunca se esfuma,
esta adicción mía perdura.
E incluso cuando, disimulando distracción,
avivo las plazas —mientras festivas—
y adivinando las gruesas o ínfimas llamas
que delatan el contenido de cada figurante
extravío la noción de un Yo
y dejo la propiedad de ser mi ser.
O aunque cayera hipnotizado
ante la intermitencia de un fluorescente
que equivaliendo a una corazonada
resuena hasta alcanzar la poesía
abandonando la prisión del artificio.
A pesar. Incluso. Aunque.
¡Sigue y sigue!
La atracción vertiginosa por esta vida
resulta insalvable.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Mi noche (apuntes de amor XXXVI)

Es de sobras conocido que las hay que transcurren, interminables, tartamudas e incomprensibles; como ola punzante y acerada que, portadora de eclipses y penumbras, reporta con su habla oclusiva… sólo que sólo, sólo mitades.
Las hay de tercas que extirpan salud con sadismo innegable.
**
Quién nos viera a media noche
-prometiendo y cumplidores-
gestando,
siendo luciérnagas
esparciendo luz
desde la oscuridad absoluta.
Quién nos viera sabría
acerca de nuestra expresión
¡ambos cerilla!.
Alumbrando tiempo
de suspiros y sonrisas.
Extendiéndonos sinfónicos.
Como patrimonio.
Fruto de un lecho carente de edad.
Quién nos viera…
Conocería cuánto de largo y ameno
y pródigo y hermoso
puede ser un soplo
dentro del día.
**
Es de sobras misterioso: Por el uno el otro; latido firme, agradable y duradero calzado en corazón.

¡Todos puzle!

Hay vivir:
¡Vereda!.
¡Aliento!.
Apuesta capaz
de concederle al peso unas alas
y retornarle la nitidez
a los dibujos que se perdieron
dentro del embuste y la ceguera
o de la omisión que alberga
mil borrones;
aquel asedio loco que embiste
con la fealdad del luto bronco
y calza perdición y desidia.

Vivir.
Posible es que tú
—vivir de instantes,
vivir en hoy—
aliñes con voz,
doblegues toda confusión
que sometiera
al sonar del reloj
a volcar un continuo de tonos;
crepusculares, cabizbajos y roncos;
latigazos que no trinos.

¡Ay, vivir!, cuánto das.
Tan poco pides cuando me acoges.
Son míos los cercos.
Son míos los límites.
Una aptitud.
Una decisión
supone que tú,
medido en instantes
derives en gozo.
Nunca vale señalarte
como clavo que crucifica,
cada pasar resulta causa
de alguna aportación
sea sensata o fuera antojo.
Apareces ¡vivir!,
posado
sobre la hormiga
inmerso
dentro del soplo,
sujeto al pálpito,
sostenido por ideas
y junto a las piernas
o adherido al apretón de unas manos.

No solamente eres
sudor
angustia
u ovillo enredado,
supones descubrir
las gracias escondidas
en los interrogantes
y cuánto y cuánto es de inmenso
el horizonte y un océano,
aquellos tantos alicientes
que mece el universo
y nos aguardan desde antaño.

Siempre…
Como pedacito tuyo:
Equilibrista.
Rastreador que calibra
y hasta convierte impulsos.
TE PERTENEZCO.
Soy un simple sino
que igual de culpable como de inocente
tiene permiso para estar herido de vida.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Cedemanía

Cedo
comuniones
bodas
y banquetes;
uniones y reuniones
que se evaporen prontamente
poco o nada importan.
Festejo la alianza irrenunciable
que sabe abastecerme
apartada de fragmentaciones
y desconocedora de entierros.
Disfruto de la inmensidad
—la palpable, la imaginaria y la encubierta—
cuando pincho y penetro y traspaso
la temporalidad de la piel
así hallando los versos donde anida
la comunicación sempiterna:
realidad y fantasía envueltas
con magníficas dosis
de creatividad y de belleza.
Tomo…
Tomo soplos que hinchan balones
para que boten y rueden.
Caen como besos todos los soplos
si sopeso y mantengo acordes, sueños y figura.
Tras bailes, gestas, hundimientos y estallidos
sucedidos durante largos peregrinajes
¡adoro
lo mucho de maravilloso
que guarda la simpleza de esta vida!.
Cedo…
todas, todas, todas;
las inmensas y difíciles
y las diminutas y monótonas:
Las muertes trágicas y las dulces
que suelen asomar
como sentencia catastrófica.
Aunque reconozco, públicamente,
que parte de mi alegría deviene
consciente de que permuto junto a según qué muertes,
me cubra e impregne la noche
o respire voces del día.
Cedo
y cedo
y cedo…
porque prefiero brindar
con y por los besos;
compañeros
cicerones
y traviesos
labriegos
o ladrones,
que abonando el recorrido
a los estáticos dan ritmo
y curvan la extremada rigidez
que bloquea el sextante.

Cedo…
tras escoger donde estar,
eludiendo mi traición
y toda contradicción
que no conceda respuestas.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Fuera de un eje

Aquel que fuera capaz de leer el sol crecido y la lluvia caída sobre los ojos de otros. Aquellos que, noblemente, quisieran acercarse y transcurrir dentro de crepúsculos y amaneceres que embistieron y amainaron dentro de corazones ajenos…
Hay quien puede resucitar el saber humilde que disimula su brío y hasta simula apagarse para que alcanzasemos las brasas y valoremos, de la llama, sus amarillos y azules y naranjas y rojos.
Existe una realidad que sostiene el entendimiento y la ecuanimidad suficientes, desconocedora de las suertes que pesan y miden siempre dándonos poco.
Lejos de paranoias y elucubraciones… Sorbo tras sorbo constato que crezco y cuándo cercano vibro.

Sorbo-instante

sorbo-instante

Ayer suena tarde,
equivale a diccionario lejano.
Mañana suena a «vendrá»
tan lejos como temprano.
El «¡ya!»
mi matrimonio,
valioso exacto,
único que dentella.
Lujo posible
en tal monogamia.
Cada ahora: el acierto.
Cresta y cima.
Es jilguero afinado y badajo
que repica insistente;
trino espontáneo
y sonar de campanas.

318-omu G.S. (bcn. 2016)