El asceta

Arriba, allá en la más alta de las montañas, junto al derruído pueblo ya por años abandonado, vive con severa austeridad un ser que, aunque vivido e ilustrado, se volvió loco. En la cueva donde vive sólo cabían el grave dolor y una gran tristeza, dada por pena; intransigente, el fuego del desamor quemó, hasta tornar ceniza, mediando la amarga desdicha, igualmente sus creencias como ese alma suya de romántico y poeta. Como únicas pertenencias, sus cinco sentidos y sus harapos; él añoró y añoró cualquier brizna de polen que le reportara nacimiento y flor a su tierra yerma.
Debido a su nobleza e insistencia terminó por aprender bien la lección; besó la libertad que se aparta de toda propiedad, halló su fe en esa identidad. Se entregó, como en infante comunión, al intachable común denominador que forja creación y le concede vida a todo. Le invadió una lucidez desmesurada en la que no cabía nada por preguntarse. Vivía satisfecho, ya desatados los lastres del pasado; vivía agradecido y satisfecho disfrutando la simpleza maravillosa de su presente. Adquirió pericia en el arte que conjuga al hombre que era con los mismos duendes.
Demos por bien preguntarnos que significa resurrección… Cuántas de ellas caben durante una vida. Suele pasar que cuándo una ventana o puerta se cierra otra se abre… Tomemos la mejor perspectiva y observemos cuántos y cuántos son los alimentos de que disponemos, No seamos impacientes y desestimemos al derrotismo y el desespero. Jamás olvidemos que… ¡La vida nos quiere!.

Cada nacimiento ensalza a la vida;
esta vida que canta, como pregonera,
mientras amamanta y escoge.
Avivamos la llama;
siendo leños damos lumbre
que esparce colores.
Somos descubridores inexpertos.
Somos viajeros adentrados en muchos trayectos.
Indagamos el sí rotundo de toda existencia;
buscamos entre fronteras y encrucijadas
el éxtasis y la culminación.

La edad del aire

«El amor es conocedor de todas esas llaves maestras a las que no hay cerraduras que se les resistan.»


Suerte de globos
cuales dentro de las habitaciones
delatan la gracia de la ingravidez
mientras flotan juveniles y sonrientes.
Como en sueño —mi niño—
los ojos contemplan las estancias
ambidiestras e imaginativas.
Y en mi mirada
y en tu mirada el brillo maravilloso
de la inocencia nunca perdida,
al engalanarse nuestro día
con fantasía e ilusión renovadora.
… Tomando principios inmortales
interpretamos fortuna colorida
tal cual pájaros sobrevolando
un amanecer
que desestima la extinción.

Secuencia interminable

 

Sentir la magnitud de los elementos.
Tras el abandono
de leyes y dogmas, Comprendo.

Millares de mensajes de Amor viajan, eternos e infatigables.

La humanidad supera sus límites; avanza, venciendo hecatombes, por acogerse a tales lechos de vida.

Bien pensando, yo me asigno el deber de percibir multitud de expresiones que se muestran.
Maduro al comprender, con el fin de valerle como alimento y abono a esta tierra.

Amando letras mayores y también minúsculas… prosigo.

 

Quién…

Quién es capaz de dejar de escribir
cuando se multiplican las cosas por contar.
Quién puede permitirse morir
cuando, como abanico,
la vida nos ventea un sinfín infinito
de crepúsculos y auroras.
Sería de idiotas
tanto arrugarse como desfallecer.
Sería absurdo convenir en ceguera
ante suma gracia y prodigios
que siendo cultivo
no resultan una mera quimera.

Como por arte en las manos

«(…) Querer ver rostros sonrientes; el tapiz deja muy pocas cosas a merced del azar.»

***

Solo. Solo, hasta comprender que son joyas y no crucifijos lo que nos regala el camino mientras lo andamos. Que cada pieza puesta sobre el tablero equivale a lección, y que las lágrimas, aun por muy amargas que sean, también contribuirán a que no sean más altas las dunas y nos engulla el desierto; esas lágrimas, tanto o más que las risas, han de servirnos para despertar. Solo y a sabiendas que el mar que nos baña es inmenso —en el caben todas las formas: muertes y nacimientos ¡y hasta el acto de la resurrección!—. Que este mar que nos baña es viaje y cobijo; que no ceja de disponerse como un continuo día festivo… Para qué sordos, para qué ciegos, cuando todo está repleto de música, luz y color.

Trata de rosa negra (r)

… los colores rosáceos y morados del pensamiento de mi jardín, me susurraron al oído… «busca la lucidez en cada respiro; junto al nacer de cualquier suspiro; en la vitalidad de lo visto y de lo invisible» -prosiguió… «no seas ni un día, ni un mes, ni el año finito de un calendario. Abraza el funambulismo mágico que descansa sobre cada paso. En cada uno de los latidos de tu corazón, viviendo en ti, está adherida, por siempre, la eternidad.