Postre de voz con mil dedos

iDiez voces cantan dulce
se deslizan
respondiendo a mi pregunta,
me confirman
que el cielo cabe en la tierra
así diluyendo mis dudas.
Creo que existen personas
y que cuelgan estrellas
que nunca abandonarán
a su qué de pájaro
y su yo de sueño.
Creo que existe un mar para cubrir las sombras
y que hay esencias que son capaces
de procurarnos luz y trenzar paraísos
donde la confusión acerada
insiste en procurarnos ruinas.
Siempre suenen estas diez
o aunque siendo cinco
o por uno o con tres,
pero regalen el mismo mensaje.
¡Sean aceite sobre la herrumbre y el pan!.
Reparen del vinagre.
Calmen de furia que vuelca cal.
¡Muevan las cunas durante el viaje!.
Amablemente sencillas,
engrandezcan y ensalcen la tierra
mientras recorren mi piel desnuda.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Mi noche (apuntes de amor XXXVI)

Es de sobras conocido que las hay que transcurren, interminables, tartamudas e incomprensibles; como ola punzante y acerada que, portadora de eclipses y penumbras, reporta con su habla oclusiva… sólo que sólo, sólo mitades.
Las hay de tercas que extirpan salud con sadismo innegable.
**
Quién nos viera a media noche
-prometiendo y cumplidores-
gestando,
siendo luciérnagas
esparciendo luz
desde la oscuridad absoluta.
Quién nos viera sabría
acerca de nuestra expresión
¡ambos cerilla!.
Alumbrando tiempo
de suspiros y sonrisas.
Extendiéndonos sinfónicos.
Como patrimonio.
Fruto de un lecho carente de edad.
Quién nos viera…
Conocería cuánto de largo y ameno
y pródigo y hermoso
puede ser un soplo
dentro del día.
**
Es de sobras misterioso: Por el uno el otro; latido firme, agradable y duradero calzado en corazón.

Conocimiento fiel

Hombres y mujeres de este mundo con la sensibilidad adiestrada para percibir la belleza… Cúmulo de formas que aguardan. Táctiles deliciosos. Perfumes variados. Toques placenteros auditivos. Belleza traspasando los ojos. Sumando sentidos, tocándolos y eclosionando. Criterio humano más allá de sentencias ¡Tras un juicio exento de razones!. Belleza: Virtud políglota. Polifonía serena. Plano. Curva que viaja como compositora. Exactitud que alcanza cimas y abastece de alas todo contenido, cada huella. ¡Belleza!. Tierra rumoreando belleza (la que se oye y siempre se presta allá donde estemos -es importante no padecer de sordera-). Belleza que alcanza movimiento tras ser una secuencia inmóvil que camuflada sostiene una enorme energía. O venida adjunta a cualquier figura de apariencia común, que resultando advertida de manera especial es desenclavada de su aspecto opaco adquiriendo grandeza.

Puerto nacimiento

Leo y leo y se me aparece de entre todos los regalos, el mejor:  ” Nacimiento”. Entonces, mi mente interpreta claramente, las respuestas resultan locuaces, no se deforman. Entiendo tu/mi sexo como la tinta que ha de significar placer al aunar sentimientos y reparar en la gratitud de explosionar brindando caminos (como aquel libro que resguarda, secretamente, entre cien mil frases en prosa, cinco buenísimos versos).
Nacimiento. Paso tras paso. Traspaso la cuna, la pubertad, la edad pletórica, arribar hasta las canas y una pizca de cansancio invitándome a escuchar con paciencia los trazos de la vida.
Escojo un puerto donde las perdidas importantes son infrecuentes “puerto nacimiento”.

Con un toque mimoso

Una mala noche sumándose al mucho y durísimo trabajo volcado sobre el total de la jornada; como recompensa, el cansancio haciendo mella: los sonidos se alejan progresivamente, la fatiga consigue vencerme, me tumba, no sirven de nada las voces e imágenes, continuas y cambiantes, del televisor -mensajes camuflados y otros de subliminales, propuestas que mayormente buscan incrementar el “share” potenciando mayores beneficios-. Cedo a recostarme en el sofá, los ojos se cierran, indisciplinados, maleducadamente, sin despedirse, prescinden de lanzar una sonrisa afectuosa que sirviera como hasta luego.
Ahora, medio dormido, medio despierto, ni sé de horas ni tampoco recuerdo ninguna secuencia del sueño… De vuelta, ya retomada la sed y el hambre, de nuevo engullido por el reloj, pero, permaneciendo una buena parte de mí, todavía, en un limbo muy particular que para nada debería asociarse con ninguna fuga ni con la muerte. Ahora es cuando soy poseedor de una percepción extrasensorial que, añadida como peculiaridad, engrandece y ameniza el juego que resulta ser siempre esta vida.
Es de agradecer tu cercanía -protegiste mi descanso- tanto agradezco tu proximidad que la apuesta correcta está en gozar.
Agradezco sentirte. Paladeo las yemas de tus dedos mientras recorren y afinan, mis sienes y mejillas, mi frente y mi cuello así como mis hombros y pecho. Igual que, cuándo deslizándose por mi cabeza, parecen querer deletrear el adn humano que sostengo y conversar con mi espíritu deseando hallar a mi yo más ancestral, del cual, he de confesar, creo ir recuperando su consciencia de manera natural, a medida que se emblanquecen o caen, como hojas otoñales, cada uno de mis finos y ya escasos cabellos.

Una noche mala, trabajo duro y reposo… hago repaso a lo tenido hoy y me quedo con este despertar maravilloso.

Ya recuerdo mi sueño y… sé que este se repite.

Cruzar de puertas

Ella, sola, cerca de una barra, la situada en el linde de la pista de baile; imaginando como sería compartir su fiesta de hoy, con un hombre que tuviera las justas proporciones para completarla. Ella, con el corazón voceando “quiero compañía”, pero falta de atrevimiento; distante, cobarde y callada.
Él, solo, enardecido, con fuego en los ojos, acogiendo sensaciones y renegando de pulsaciones que equivalieran a carga. Él, disfrutando de la psicodelia generada por un combinado explosivo de sustancias; barajando ensoñaciones que le proporcionaban un seguido de realidades combinativas y alternas. Él, recopilando sensaciones que creía perdidas, jugando a preguntarse cuántos pedazos tenía que reunir para completar su identidad y saber quién era, en qué lugar se encontraba y hasta cuál era su siglo.
Ella y él, coincidieron al hacer un giro sus cabezas, un giro casual y simultáneo que provocó se abrazaran y besasen sus miradas. Ellos, a partir de ese momento, cómplices urdiendo planes de futuro, interlocutores que se insinuaban absteniéndose de palabras.
Ella (Elena), de pie, sorbiendo un trago del combinado que, siéndole servido en un vaso largo y de tubo, aparecía sobrio, se diría que desamparado, al carecer de azucar colorido decorándolo y sin ser alegrado por algún pedacito de fruta. Ella sintió una presencia a sus espaldas y, disimuladamente, dejando el vaso sobre una de las muchas mesas, elevadas, pequeñas y redondas, cuales estaban repartidas por todo el local, aprovechó para mirar y cerciorarse, si su intuición le mentía o era adivina porque acertaba.
Elena pudo comprobar que, a un par de metros, Él (Oliver), reseguía sus curvas estirando levemente su cuello, leía tan absorto la figura de Elena que no pudo percatarse del guiño que ella le lanzó para indicarle que tanta distancia sobraba y que ya era hora de añadir el tacto y sus voces, al orquestar de los ojos que solicitaban ya, desde minutos antes, los sabores húmedos concedidos por la proximidad.
Por fin, Oliver, elevo lo que era fantasía hasta el proposito y la acción, dio dos pasos al frente y puso sus labios a tocar la oreja derecha de Elena, así susurrándole con tono grave y cálido ” doncella mía. Paisaje deseado. Tú, que como pasaje presente estoy seguro de que serás gustoso futuro… ¿Tienes colchón y diván para mi corazón, instrucción procaz para mi espíritu y vaina atenta dónde goce mi carne desentendida de la punta y filo y mal de toda espada?.
Elena, ante tal pregunta, cayó en la propia cuenta de su necesidad, posó, delicadamente, una de sus manos sobre la nuca de Oliver y le contesto “Ofrecerme tus primeras palabras y ya pedirme que te responda como trapecista; vienes fuerte y advierto que nada te falta, siento que posees; aire, agua, tierra y fuego… Me incitas a comprobar si eres mi premio y mi santo grial, ese elemento añadido capaz de satisfacer a mi piel y cubrir los vacíos inhóspitos que tengo cuándo sueño. Quiero reconocerte para saber si dispones de la magia suficiente como para restaurar mis entrañas y recuperar la savia que extravié durante el camino. No sé si tengo lo que me pides, pero, si estoy segura de que me atrevo contigo”.
En esta hora el silencio es tan grato, irresistible y comunicativo que vence a los muchos decibelios. Un lazo abierto advierte que la caja portaba un regalo. Y un duende se despierta para abrir el día y pronunciar el cierre de la noche.