Aborrezco la lejanía de tu espacio. Soy un nostálgico empedernido, un infante, crédulo y poseído, que aún confía en los sueños: Acógeme dentro de tus bosques y concédeme, de nuevo, la voz de tus aguas. Necesito el respiro que incluso traspasa las mismas entrañas, en pos de encontrar la ansiada profundidad que le regala cuerpo y rostro a las almas.
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¿Cómo es nuestro amor?… En qué se han convertido veinte años de vivencias compartidas. No aparecemos como los mismos ¿será debido al óxido inevitable que transmite el reloj? . Ya dejamos de jugar a las ninfas y los faunos. Ya nos ajusticia el silencio impedido de paz igual que se desvanece la musical esencia de la primavera. ¿Padecemos invierno?. Todos también vestimos invierno: muerte tras frío, cambio y resurrección. Hoy siento que somos tristemente vulgares: una caja hermética que se queda sin aire, caja cual solamente aspira a la extinción al disponer de una oscuridad que nunca dará luz. ¿Tuvo mal envejecer nuestro amor? … Desafiemos a la monotonía cuándo advirtamos que la naturaleza más valiosa se ahoga ante la embestida de los vientos.
Cuanto de útil és el reconocer el peso de nuestras pisadas al observar la pista dejada por otras huellas.
** Por qué tanta sangre, tantas espadas y tanto veneno: Enfermedad y dolor se dan la mano. Me da que pensar… ¿A parte de egoístas somos un tanto sadomasoquistas?. No nos hace falta observar, en la distancia, elementos grandilocuentes; podemos advertir una realidad detestable porque acaece en nuestro círculo más íntimo. Resulta muy cómodo señalar como terribles los actos de otros. ¿Cómo puede suceder que la destrucción suele depender de causas ajenas? (solamente ironía). Hipócritas. Frágiles, miedosos y con la inopia más importante como lastre: Nos resistimos a reconocernos frente al espejo. ¿Cómo crecer entonces?. ¿Ángeles o demonios u hombres endiosados y en pedestal?… ¡Bestias!… Simplemente bestias viscerales, petulantes y maleducadas con un inmenso ombligo, que cayeron y caen en el desuso del raciocinio.
Y me quedarán los ojos como lagunas negras, alejados del agua clara que transporta el río desde los cielos hasta el mar. ¡Cómo pedirle a la pisada que reniegue de ser huella! ¡Cómo prometerle a la luz que jamás su magia será vestida por tinieblas! Y me quedarán los ojos como ostras tristes porque perdieron sus perlas. Situados donde perecen los peces y las aves del universo hecho para el hombre. Arrastrados por la ausencia. Allí donde la ceniza impera y sacudiendo el horizonte escribe soledad. Ayer volví de ser asfixia. Ayer sentí rotas las vías. Y de nuevo aquel recuerdo se acerca de imprevisto y llama y traspasa mi puerta, su visita impregna mi cobijo queriéndose quedar.
«Acicalados con el limpio,
ya retiradas las pugnas y los intereses conocidos
mientras nuestros cuerpos coincidieron.»
Aunque los corazones durarán
por siempre cercanos.
Aun con un dolor punzante
hincado en las arterias.
El aliento: Hora adiós.
Debiera ser viajero decidido a partir.
Hay momentos en que la cuenta suma
LEJOS
LEJOS.
Lejos
¡qué contradicción!
tan cerca como unidos
en una doctrina y el alma
y, a un mismo tiempo,
corresponde estar separados,
rememorando vivencias gratas
y deseos que se nos mostraron como imposibles.
¡Lejos!.
Sin quererlo.
Debido al juicio sensitivo
con criterio.
Apartados del odio cancerígeno
y de la rabia violenta
y de los juegos sucios
que ampara el rencor,
desahuciando miserias humanas
que, faltándole a la nobleza,
citan a la traición.
Lejos (cuando juntos y mediando intermitencias).
Cercanos (los kilómetros son borrados
porqué aquel aroma perdura).
A la distancia le resulta imposible
incendiar y romper
puentes y lianas;
proseguimos aferrados
a una simple voluntad:
Persiguiendo cualquier lección
que susurrase «vida»
al pregonar
-desde la lejanía o próxima-,
la valía universal
que consta en el amar.
Aunque lejos…
sucede que hay adioses
que siendo antónimos de marcha
más nos acercan todavía,
así es como pierden sentido, ante ese amor
que otorga y extiende tiempo frutal,
todas las despedidas.
318-omu G.S (bcn. 2016)
Son tus ojos gachos los que, al recordarme la lejanía de cuanto fuimos, destrozan mi alma, la taladran con emociones indeseables. Confirmo que hay dolor que penetra más hondo que el de los adioses escogidos y remediables, pero me jode mucho que luzca el pañuelo ahora.
Parte de mi vida, fue y anduvo y se va contigo, todavía no conozco historias que puedan presumir de eludir el final. Aprovecho para hablar de la deuda que la vida tiene con ambos. Cero flagelos: Pesan circunstancias y anhelos. Gente que conocer y lugares donde hallarse tras viajar entre nacimientos y por epitafios (tantas veces conversamos al respecto de la sanación). Sucede, y… no hay culpables a los que crucificar. Las eras pasan y nos arrastran con su edad hacia otras vidas. Queda desearnos suerte y conservar nuestro retrato dentro del corazón. El reloj evolutivo manda más que nuestros deseos terrenales.
«El ayer aún sabe más a dichoso debido a los tragos amargos del hoy… Porque cabe duelo y desdicha en la arena.»
Siento
¡como lanzas!
palabras que convienen
en hurtarle su don
a la amabilidad,
detonando la comprensión
y la dulzura.
Resultan otros estos ojos.
Transformándose demuestran
su verdad completa
dándole cabida a la contradicción…
cuándo en lanzas
se convierten las miradas
llora amor.
Ante lanzas;
sucumbe,
agoniza un bello proyecto
porque hay gestos que perduran
aunque nosotros decidiéramos
mandarlos a la extinción.
Desearíamos
que tropezaran con la desmemoria
y cayeran en un pozo silencioso
llamado olvido.
Como lanzas…
Digo.
Siento,
lanzas frías
lanzas afiladas.
Lanzas penetrantes
que se hincan;
haciendo trizas,
delatando a la crueldad,
convirtiendo en sangre el vino,
asediando al triunfo,
describiendo angustia y dolor.
Lanzas adentro
-ya no quedan latidos-
hasta doblegar sueños
y atravesar un corazón,
desguazando todo apunte
que vitoreara «unión»,
cancelando viajes por los espacios,
aleatorios, versátiles, maravillosos,
cuando fuimos capaces
de sorber y degustar
y alimentar y engrandecer,
la utopía lumínica,
los límites inalterables del infinito.
omu G.S (bcn. 2016)
Giramos nuestra cabeza. Miramos atrás. Repasamos los sucesos acaecidos durante la historia con las muchas barbaridades que hemos ido depositando los hombres. Exclamamos, con mueca de sorpresa, con cara de indignación, ante tantas injusticias dejadas, como rastro, sobre el camino.
¿Sentimos verdadera empatía, o disimulamos porque nos reconocemos como parte actual y contributiva para que persistan los mismos dolores, similares delitos y ofensas sobre la faz de esta tierra?.
Torcemos y doblamos nuestra realidad más personal para que quede bien escondida, deformada a nuestro antojo. Reposicionamos la cabeza ¡alta, alta!, erguida hasta el punto de la falsa sabiduría y la insolencia que comporta vanidad y desvergüenza. Desafiantes, en este día proseguimos desangelados; actuamos a la vieja usanza: maltratando nuestras alas. Sumamos embustes sobre mentiras y así, repetidamente. Eludimos intimar y reconocernos. Seguimos, a través de la historia, disciplinados por las suertes del terror. Sometidos a la crueldad ¡consintiendo!. Escupiendo hipocresía desde los aspectos más nimios hasta la grandeza global. Desatendiendo, de los espejos, su sinceridad. Mediando con la vileza que destripa juguetes tornándolos inservibles. Tratando con la desconsideración e irresponsabilidad que, falta de piedad, degüella ilusiones. Continuamos dando que relatar humanidad vergonzosa.
¡Ay!, si la decisión la sostuvieran voluntades que han sido capaces de sacudirse mentiras y miedos, entonces, la ignorancia sería derrotada. Abandonando su carácter nocivo, serían renovadas las raíces de la tierra. Los hombres crecerían hasta palpar el edén extraviado.
¡Ay, que dolor!. ¡Ay!, si las lágrimas junto a lamentos como manos y voces se alzaran, alcanzando deseos se convertirían en herramientas y alimento. Le arrancarían —librando batalla junto a razones lógicas de peso— a cada rostro y a todas las almas, la enorme fealdad que se recoge tras antifaces rígidos y máscaras. Lágrimas y lamentos, de seguro serían: Cizalla cortante que sobrada de filo agujerea alambradas. Mallo corpulento que golpea insistente y abatiendo los muros cancela presidios. Serían: Lluvia limpia. Aire y abono. Avena y trigo. Jabón y aseo. Resucitando mentes y saciando barrigas ambos darían, sustento y hospedaje a los hermanos frágiles y desfavorecidos.
«Las formas, ligeramente traviesas, formulan hechizos para no acudir repetidas. Los rostros cambian pero las esencias se muestran indivisibles. Nosotros proseguimos alimentando a los mismos niños. Corremos, tras el sol, en días despejados y dentro de otros con lluvia.»
La lluvia es alba. La lluvia amanece tan temprano que rivaliza con los avisos del gallo y la luz del sol. Las madres de la lluvia alumbran las horas, las pintan con gotas que, bailando «tristeza», se difuminan persiguiendo a la imaginación cuando marcha. La lluvia. La lluvia y sus madres deletrean huérfano y delatan que esta tierra es un hospicio; mientras nos arrullan con sus musicales oraciones, denuncian que es blando el barro dentro de un día. Amanezco, apagado. Tragado por la niebla procuro retirar los cortinajes que fueron hilados con emociones movedizas y sentimientos frustrantes que rocían desesperación. Chillo «¡LLUVIA!» aguardando vitalidad… y la lluvia que aparece y me remoja es llanto agrio, acidez, angustia que retuerce mi corazón y extravía mi mirada y colapsa mi boca; resalta la cripta, el dolor agudo y adentro que todo aquello que toca envejece. Este dolor: Un puño invisible que golpea, ciego. Una vertiente del pasado que, cuando gira y vuelve, demuestra que hubo vida que se convirtió en muerte y en caras ocultas. Este dolor clausura oportunidades. Impide el paso adelante y marca con fuego serio, desde lo más profundo, mi semblante. Este alba proclama a la lluvia, sensitivo voraz que transcurre inclinando un día hacia la sed, martilleándolo desde su fragua. Jamás pensé que añoraría desiertos.
Como guillotina; palabras tuyas e incluso acciones. Solicitas que ruede mi cabeza. Clamas por verme sobre el patíbulo. Ya demolido por el sufrimiento fuera incendiado junto a mis papeles, de vida llenos, llenos de vida además de queridos.
La toxicidad —valor cobarde de tu propiedad— camuflada o adentrada en algún escondrijo, contaminando cerca o desde la distancia, pretende hacer añicos la bendición natural que prosigue arraigada. Labores trabajosas que irrigan y propagan pureza liviana y corriente sanguinea merecedoras de perdurar.
¡Quizás celos!. ¡Quizás envidia!. TANTO DARÁ si celos o egoísmo o envidia, sendas suertes corroen con ansia depravada.
Acontecieron y suceden agresiones ESTO SÍ QUE IMPORTA. Voluntad miserable queriendo destripar, comerse el futuro que no le corresponde. Engullendo la piel y las vísceras y hasta los despojos conseguir aquello que por si misma jamás logrará.
Dicha inmadurez —Palo dentro rueda. Traba que te traba. Perdición que termina por tomar como dogma un sadomasoquismo inquisidor— demuestra cuanto descontrol puede aparecer cuando provocan colapso las emociones aun por digerir.
Hay imposibles no siendo tal. Hay imposibles que SÍ ¡son y serán utopía! porque un ser deja de ser universal y al adquirir la mayor soledad admite sus límites.
Contemplas (entre autoexcusas) lo que por farsante o por miedosa o por vagancia, delante de la frustración o frente al desengaño (monedas inservibles) nunca tuviste ni tendrás: Admiras una amalgama de colores increíbles, vivamente posados, solamente disponibles para los que descreyeron la pesadumbre asociada al tiempo y a las circunstancias. Contemplas (colérica) el gozo penetrante que ahonda poderoso sonriéndole a otros, sirviéndoles, complaciéndoles, con más y más energía.
Me apena confesarte que no sé ni dispongo del remedio —no tengo el mucho saber de médicos o maestros— rotundamente solos… barajamos la vida con sus tantas cartas. Amiga; marchaste lejos. Ya va siendo hora de que siéndote sincera releas la partitura con acierto y canceles tanto final. Me apena reconocerte dolor. La vida que predicas huele a cofre sellado y veo y suena la tragedia como insignia y como obligación.
«No es tan difícil conocer a la muerte aún aupados en esta vida. Astros que alumbraron juntos aparecen ahora separados por galaxias debido a sus naturalezas cambiantes o contrarias. Es complicado vivir sin presentir u oler a la muerte. ¿Quién conoce, certeramente, la utilidad de imanes?»
Y, hoy, el fuego quema el fuego habla. El aire es soga es cuchillo es densidad irrespirable. Pocas brasas y mucha ceniza. —Corazones grises. Corazones tuertos—. Demasiado humo y escasez de lumbre: Mejor mudez que gestos tóxicos, la mugre disfraza el léxico. Las estancias son pequeñas pero rebosan distancia. Los sabores admirables son pasado ya marcharon. Aguardo, paciente por si cabe error… Espero y no vuelven. Aquí sólo quedan camas serradas y desayunos fríos. Al abrir mis mañanas siempre aparece el mismo emoticón. Recordar el ayer es mi condena.
Diario digital que nace con la vocación de informar sobre Jaca, Jacetania, Alto Gállego y los valles de Tena y del Aragón, reflejando con fidelidad y objetividad todo lo que sucede e interesa a sus gentes. Editado por la periodista Rebeca Ruiz
Este blog es únicamente para mayores de edad. Relata la vida de sumisión de una chica que se adentra en el mundo del BDSM casi por casualidad, sin saber muy bien ni qué significan esas letras.