EL BASTÓN

Cabizbajo, él, parecía dirigir el tránsito con su bastón.
Encorvado observaba pasar a los transheuntes, fumaba de su pedacito de cigarro ya ni humeante, totalmente apagado. Rematadamente grácil con sus pasos lentos. Con su mano derecha atenazando el bastón, ya por fin, tras largo rato se decidió, a cruzar un estrecho paso de cebra sin atender al color de la luz del semáforo a que le indicara.
-¿tienes un cigarrillo para darme?_me dijo
sin mediar palabra saque una cajetilla de mi bolsillo ofreciéndole uno.
-sabes?____continuó____me tendrías que dar también fuego, acabo de perder mi bolsa con todos mis efectos,
incluso el monedero, me he quedado hasta sin dinero.
-¿para que lo necesita?
-para llegar a casa… para el metro
-no se preocupe… tome____le di una moneda de dos euros
-¿con esto le basta?
-más que suficiente… Oye, sabes, cuando pasan los años, las telarañas desaparecen, te encuentras mas fatigado eso sí, pero miras hacia atrás y ves que has conseguido hacer el recorrido, que estas acabando, a punto de llegar a la meta. No te sujetan ni dudas ni temores. Ya estas al pie esperando el ascensor que te lleve.
Te estoy haciendo perder tu tiempo me parece. Igual tienes prisa.
-¿prisa?, eso es lo que menos quiero tener. Ahora no tengo ninguna.
-Me acuerdo mucho de un hijo que tuve y se me murió; de Antonio
Tuve la sensacion que por un momento pasaron por su mente todos los recuerdos de ese, su hijo Antonio.
-veinticinco años tenía cuando se marchó, ya hace tiempo de eso. Si se hubiera dado mas tiempo no habria cometido el grave error que cometió. Era muy joven, no supo darse cuenta de que nada merece tanto la pena como para quitarse la vida. Siempre pienso, que si hubiera sabido inculcarle una mayor parte de mis experiencias nunca habría actuado como lo hizo. Se me tiro por un acantilado, allá en Asturias.
-no piense es eso, no se me ponga triste. Hay cosas que ya han pasado y no tienen remedio.
lo sé… lo sé, pero era mi hijo, el primero de mis hijos, lo vi nacer y crecer. Luego tuve dos más, Elena y María, estupendas, esas mis hijas.
Ellas me adoran, se preocupan en que no me falte de nada. Desde que su madre no dejó, parece que sea su niño. Tienen miedo de que me pase alguna cosa mala.
-normal, ¿no le parece?, es de suponer que usted se a preocupado por ellas de la mejor de las maneras. Les ha dado todo aquello que les ha hecho falta durante años. Es normal que se preocupen
-tienes razon, si pudieran me agarrarían a esta vida para siempre. Son hermosísimas, si las vieras seguro que ambas te gustarían… y María todavía esta soltera, treinta y ocho años tiene… de tu edad diría que es.
-a ver si al final vamos a ser familia
-pues mira que te digo… ¿como te llamas tú?
-Diego, me llaman Diego, para servirle
-Diego ¿quieres venir este sabado a cenar a mi casa?
pero… por un instante me quede asombrado con la propuesta
-y usted ¿como se llama?
-Sebastián es mi nombre
-me encantaría, Sebastián, pero como se atreve a invitar a un desconocido a su casa… si no me conoce absolutamente de nada, a imaginar si quizás podría ser un loco desalmado o un peligroso delincuente.
-conozco el brillo de tus ojos y con eso me basta… ¿vienes entonces?. Te doy mi telefono y te lo piensas, de hoy; miercoles, al próximo sabado, tienes días para decidirte. Además le diré a María que venga también, así os conocéis.
Sebastian me tendió amigablemente su mano para que la estrechara, me la apretó fuertemente, como a mi me gusta de recibir una mano cuando se ofrece. Me miró a los ojos, sonriente, y apoyándose en su bastón se despidió con una sonrisa prendida en su -hasta luego!
Que satisfacción sentí por el ofrecimiento de aquel hombre. La propuesta me apetecia, el hecho es que siempre pensaba en la posibilidad de que cualquiera fuera capaz de brindarle su casa a otro, aún sin saber de él, sin conocerlo.
Tenía la sensación de que ese hombre ya había perdido hacia tiempo sus miedos, y así, con dicha invitación me lo demostraba. Pronto reconocí que podia aprender mucho de él; sabia que Sebastian con ese cordial atuendo, el de su vejez, escondía a un gran y hospitalario sabio.
                     el baston
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