Equilibrándonos

Me invade la tristeza
al verte perdido,
sumiso,
sumido en un letargo pasivo.
Rendido a verbos mudos;
nulos tus actos,
no simulas,
envejeces sin interpretar.
Sin cesar,
no cejan de blandirse sobre ti,
milicias quejosas,
estruendosas penas.

Eres y has sido:
justo embajador,
rico en el amor,
pregonero,
trovador,

señor sin corbata
exento de chaquetas,
todo, menos un perdedor.

Me lastima…
el verte ahora negativo,
cabizbajo,
apesadumbrado,
compungido,
inerte, opaco, estéril,
sordo y ciego
ante vistosas musicalidades,
ante clásicas bellezas rociadas,
como pastel de nata con guindas,
repartido por los paisajes.

Tú, que apercibistes intermitencias,
luces,
a la gravedad suculenta.
Tú, que moviste con tus dedos
el epicentro del universo
(aún sin quererlo ni pretenderlo).
Un universo, a su vez,
plagado, repleto,

de pequeñas valiosas obras

evadidas de opulencias

que se muestran hermosas, 

son antología de grandezas.
Tú, que ayer viste y sentiste
el amasar dando costado
a la levadura y a la harina.
Tú, que adornaste y vestiste
liberando encierros y nebulosas.
Tú, que barajaste los centros,
descomprimiendo los vibrados de estos.
Los humanos, los energéticos,
los físicos,

los espirituales y psíquicos,
por los que inevitablemente
pululan las especies,
por los que descalzos

y desnudos se transita.

Es evidente…
a los tambores ya no respondes,
ni a los mensajes positivos,
ni a correos tan importantes,
como personales e incitantes.
¿Serán acaso males de ojo
zurciendo sobre trescientas
de tus anaranjadas lunas
eslabones encadenantes?.
Sé, te atraparon las brumas,
los fantasmas,
se descorcharon los vacíos
sumiéndote en el hastío,
anulandote!
mermando tus fuerzas,
convirtiendo a las carnes en huesos,
a los músculos en alambres espartanos,
desintegrando palmeras,
pozos, estanques, oasis,
hasta vetando
las arenas al desierto.

El océano se inundó de llanto
hundiendo a las cumbres en los abismos;
ahogadas, las temperaturas se desvanecieron,
renegaron de fecundar esta tierra,
se desvencijó la conjunción
de la lava, la uva y los sarmientos.

Amigo, te busco….
y estás más que nunca alejado
de aquel yo decidido,
del arquitecto osado shakesperiano
merecedor del ser, estoy y existo.
Estas abatido, derrotado;
eres tensión presa de lipotimia,
no te saludan las alquímias.
Estas trémulo,
eres hipotermia,
eres iceberg fraguado en la sal,
eres poro cerrado y seco,
eres yodo.
Eres sustancia infectada,
clorhídrica.

Fuiste yegua,
un octavo en la mar,
aleta,
pulmón,
branquias y espinas.
Ahora….
ya te deshaces,
componiendo reflejos azules,
(pero sin cielo),
deshauciados por el agua,
por las celestes y marítimas transparencias.

Sé, que estás donde estás
al darte tanta tristeza,
las polaridades sujetas
a densidades obsoletas.
Radicales patrulleras,
ladronas, maleantes, asesinas.
Densidades pesadas coronadas
con una egoísta avaricia
llena de injuriosa codicia,
que torna paralíticas,
tetrapléjicas, complejas,
a aquellas globalidades
exhimidas de fronteras.

Ante esto,
(razón suficiente);
resuelvo abrir mi pecho,
usar la sierra,
astillar un pedazo de mis entrañas,
del espíritu
que mantiene latiendo a mi corazón….
e insertártelo amigo.
Opto, por mutilar a mi vanidad,
dejar atras antiguas rencillas
y extraer de lo hondo la suficiente honestidad,
para juntos remodelar
a esa vitalidad surgida,
al unir la leche de nuestras arcillas.
Dame la mano y moldeemos!

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