Declaración de amor. (La confesión)

 

JANA Y OSCAR (111) 

Este amor no depende

de las prófugas ganas ni del sexo.

No puede terminar;

como un banal pasaje de excitación,

que queda prontamente desbravado.

            ***   ***

Amo, me enorgullece amar

la polifacética esencia de la vida.

Soy fiel, tengo por norma respetar

aunque se opusieran a los míos;

del resto, sus criterios.

 

Bien sé que existe un norte

bastante más allá de mi comprensión.

Igual que dispongo de un lugar,

no desestimo viajar a los mares del sur,

a descubrir mi suerte en las antípodas.

 

Amo: la realidad y la ficción,

(a “Lovecraft” y a “Balzac”,

a “Mark Twain” y a “Julio Verne”).

La hilarante comedia y el absurdo,

(a “Monty Python”, y a la “Pantera rosa”,

a “Mihura”, “Beckett” y a “Lewis Carroll”).

Amo la tragedia ejemplar y el surrealismo,

( de Leon Tolstoi, la presentación de los extremos,

y del “Bosco” sus delicias,

“El jugador de “Dostoievski”

y de “Breton” su manifiesto).

 

Amo los rostros cambiantes,

aquellas palabras y los actos

que acaban conversando con las dudas,

así arrastrándonos hasta aquel vértice,

donde se halla el reinicio.

 

Me perpetuo en el amar,

inclusive después de inhalar la confusión

que cabe en los errores,

o la impresión que causan;

la espalda: los rechazos;

como también, cualquier rancio disgusto.

 

Pretendo completar un bello círculo:

dibujar sobre las hojas conociendo los posibles.

Que mis trazos abunden limpios,

siendo el fruto complaciente

de unos ojos objetivos.

 

Adoro amar después de amar.

Adoro amar la inherente reacción;

cuando cruzándose, se mezclan los contenidos,

y convergen innovando dentro de los moldes.

 

Profundo es mi amor.

Para nada se ampara

en el tono o los timbres

de corte superficial,

o en los dejes opacos

de nitidez inservible.

 

Invencible: mi amor.

traspasa los puertos

donde vara el ocaso.

Abre los ventanales

para darle respiro

a la muerte y eclipses.

 

Amo: la indecencia ocasional;

la saliva y los pellizcos.

La malicia insinuante de sonrisas.

La trabanqueta que no derriba.

Los piropos que sonrojan.

Los pregones malsonantes.

Y algunos de los miles de vicios que hay,

vicios construidos por un pecar leve,

que por supuesto… es redimible.

 

Confieso que, yo amo

a esa naturaleza,

indecente, traviesa y ocasional;

la que no desbarata ni destruye,

el bienestar de ningún individuo,

y, ¡cómo no!… la decencia espiritual,

cual a nadie traiciona:

La sublime grandeza que reside en aquellos valores,

que no anteponen la ambición al bien global,

que le propinan un solemne puntapié,

a insolentes y cobardes subterfugios.

 

Amo la sed de amar.

El amar que pide más,

el que, insaciable, nunca se calma.

Del amor; sus fuentes y balanceos.

Del amor; su vaivén, su dinamismo

y, el arte indiscutible que él acuna;

como un mecenas o un amante polígamo.

Del amor amo; sus ataduras:

los enlaces a los cuales ilustra.

 

Cuando yo amo contemplo;

como una ensoñación impalpable

deja de dormitar y se puede tocar,

pues… se enfundó en un cuerpo y adquirió;

el porte regio junto al paso firme.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

 

 

 

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