Dícese de un pulpo cósmico

Del amor… cuando la suma asoma como un par:
Confianza y complicidad.
Creer a ciegas y respetar los espacios.
Compartiendo los minutos encontrar al verdadero individuo;
el equilibrio entre los pronombres,
un pulso a la integridad.

Por el amor… derrotar los difíciles obstáculos.
Saltar los porvenires que pudieran asomarse como epitafios.
Barrer las barreras.
Resolver los enigmas presentes y los antidiluvianos.
Desenredar algunos ovillos
que quedaron en el trastero abandonados.
Ser capaces de comprender los malos días de otros,
y también, sus buenos silencios.

El amor: joya que todo lo ensalza
y brinda brío a cada uno de los sentidos.
La alianza precisa;
como si fuera sortija: un acertado compromiso.

(Basta oír la viva voz
de unos ojos que al mirarse se besan y sonríen
porque se corresponden).

No existe metal, ni piedra, ni fósil
que por valor pueda compararse
al de la sangre que corre amando,
que vive rojamente apasionada
y perdidamente enamorada;
le da impulso a los sentires,
consistencia a las arenas movedizas
y fundamento a cualquiera de los actos.

Del amor provienen
aquellos hombres que desinteresados
se prestan a ser apoyo
y el abrazo que ante el frío abriga.
El pañuelo cual apacigua el crudo sollozo
hasta que éste se apaga.

Gráfica pintura, la del amor:
Unos dedos dispuestos a anudarse a otros dedos como cordaje.
Una extensa secuencia de sudorosos fotogramas.
Angelicales caricias que perdieron sus alas.
El apriete que rezuma jugoso
desentendido de deberes y relojes,
Así delatando la deliciosa perdición cabida
que conlleva el deseo.

                                        ***

Porque, el amor, llena las manos vacías sin reclamar,
procuro ser digno de Él, nunca lo rechazo.
Porque, el amor, salva cualquier distancia
y es gravemente ingrávido.
Porque franquea e ilumina las sombras
y desbanca cualquiera de los miedos supuestos como infranqueables.

Amo sin reparos, amo sin cuestionarlo.

Porque elabora eficientemente y extiende robustos puentes
donde se encontraban abruptos y desafiantes acantilados y barrancos;
vetándome el avance,
barrando mi camino
y retándome a parar.
Porque sobrevive por los siglos y sobrevive artísticamente pluriforme
con sus ecos infinitos,
simple, pero desentendido de valores superfluos.

Por ello toma significado el “por siempre”,
“por siempre” amaré.

Al no perecer como cambio de ninguna fría moneda,
al desconocer la suspicacia de intereses
y respetar, igualmente, la cultura de muchos o pocos,
el grado de inteligencia o la maestría,
o de los cuerpos, sus formas,
o de una piel, sus tonos, los colores.
Al desestimar simbologías que separan:
Religiones contradictorias que omiten la ciencia
y excomulgan a la misma antropología que los secretos desgrana.
Rezos oligárquicos.
Patrias absolutas.
Uniformes que encasillan
y los alambres cuales delimitan cuando ondean las banderas.

Debido a todo esto y todavía más que me dejo en el tintero:
El amar es y proseguirá siendo
la tabla perfecta donde se acomodan mis mandamientos.

318-omu G.S. (Bcn. 2013)

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