Tengo vida.
El mismo aire que hincha los globos
para que tantos niños
logren imaginar, se diviertan y jueguen.
Y entre colores que flotan descubran
el futuro que sostienen
y sientan que la libertad les convoca
para que diezmen sus cargas
en cada una de sus horas presentes.
Tengo vida: El aire
que desentraña verdades mientras levita
e hincha sueños y pulmones.
Tengo vida: La tierra
en la cual se alzan victorias y caídas
al caber todos los sones.
Tengo vida.
Dispongo de la persistencia del agua para bucear
hasta las entrañas del universo.
Y de la dúctil consistencia de la roca para enclavarme
como un yo impertérrito.
Alineado a un cierto apego
sostengo y sopeso la vida
-diome balanza mi edad-
desde una firmeza que acierta por ser maleable
y desde la fluidez que continuamente renace
al tener llave que supera barreras y límites
-firmeza y fluidez ¡exquisitas!-
Tendré muerte
-todo cuerpo se transforma cuando con ella conversa-
Las alas para volar a otros mundos
que hoy se me resisten
aún estando vigilantes,
al portar la fama y el atuendo
que los hace, inalcanzables.
Tendré muerte.
Seré aire y tierra.
Seré mezcla.
Sentiré aquel fuego que ya no quema
renovaré mis sentidos.
Seré llamas, ceniza y humo.
Bailaré tan bien vestido como desnudo
al son de un día eterno y con el universo;
quedando mis verdades y mentiras desleídas
dentro de un cuadro sin museo.
Tengo vida y tendré muerte;
he escalado riscos escarpados
para conseguir avistar
cuanto de extenso es el horizonte.
Preciso volar siendo atrevido.
Difuminarme hasta renacer.
Trocearme y recomponerme.
Dejar de oponerme, ignorar u omitir
preso del miedo que encapsula
o de la vanidad que otorga prepotencia.
Necesito hartarme de comprender
al viajar y conocer
cualquier espacio o circunstancia,
y hacer de dos, una sola cara.
318-omu G.S. (Bcn. 2014)