Valores impregnados de vida

Mientras resuenan las monedas
hasta hacer trizas la tela del alma
y romper la carne de los bolsillos.
Y son sentenciadas las vocales
demoliéndose el entendimiento,
afianzándose la confusión.

Mientras es lapidado el futuro
y somos envenenados con una cordura
alejada de toda salud.
Cuando corretean

-de mano en mano y virtualmente-
infinidad de becerros de oro
y una larga hilera de billetes.

Mientras son reafirmados
el poder y los abusos,
los cebos, las redes y los anzuelos,
los pescadores y los peces,
el llanto, la angustia y la amargura
y esa ambición desmedida
que contrajo un pacto con la muerte.
Mientras… Existen obsequios
que rehúsan ser enlazados por precio;
obsequios que son:
¡ valores impregnados de vida !.

Aquellos besos que azucaran lo tanto de amargo,
recordándonos que no hay pesares tan insolentes
como para perdurar infinitamente
doblegando a los mejores arcanos.

¡ Valores impregnados de vida !.

Abrazos servidos como solidarios,
que al estrecharnos empáticos,
recargan cada nuevo respiro con la sangre inmortal.
Que siendo tinta; ilustra y dibuja
hasta convertir en consistente
la invisibilidad de los mejores sueños.
Abrazos que al apretarnos repletos de bondad
-de buenas y constructivas intenciones-
reclaman con voz firme y propia
para que acuda con presteza
la más útil y digna de las memorias.

¡ Valores impregnados de vida !.

Orejas que disponen de oído
¡que de veras escuchan!,
que pacientes se brindan
para servir a los pasos ajenos,
y dentro de este jardín son… ases de tréboles.

Es bueno que al ir desdoblando la vida
aparezcan obsequios argumentando ser magos,
que hagan desaparecer del camino presente y futuro;
el óxido que carcome las barandas y los paisajes,
máscaras y carnavales que camuflan las realidades
y esconden las heridas, las arrugas y las pústulas,
monumentos erigidos bajo la inconsciencia y el desatino,
esparto y alambradas que magullan nuestras pieles,
y maletas repletas de ropajes roídos que sólo son lastre;
un carrusel de tropiezos que tiznan hasta dejarnos,
el corazón sin pálpitos y hueco
junto a una ingrata sensación a fracaso.

Mientras danzamos entre mentiras y balas
e interpretaciones malolientes y sarcasmo…
Hay gente que gustosamente prosigue
cursando lustrosa docencia;
que sostiene la virtud de proteger los mejores obsequios.
Consejos instructivos y desinteresados
que de esta baraja son comodines,

y sonrisas esperanzadoras y amablemente simples,
que nos dan la solución para resolver,
tanto las cuestiones pasajeras y terrenales
como los enigmáticos entuertos
promiscuos y celestiales.
318-omu G.S. (Bcn. 2014)

 

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