El poder de la decisión

baños de Panticosa (Huesca)

baños de Panticosa (Huesca)

Qué razón convierte a los hombres terrenos en seres que deambulan sin sopesar acertadamente el peso de cada una de sus pisadas.
Qué razón, prospera y penetra y nos mancha, convirtiéndonos en desalmados que escogen ligarse a un dogma, rey de los absurdos, sórdido, casual y perentorio -a la misma huella que, luego, si conviniera, tacharemos de indeseada-
Razón que pierde todo su significado como tal, ¡pues es clara locura que no atina a construir, que nos arrastra hacia convicciones auto-destructivas!. Nos conduce hasta el asesinato indiscriminado de inocentes (grandes y pequeños, sanos y enfermos, fuertes y débiles), de otros congéneres y de otras especies: de elefantes por un marfil que lucirá tallado encima del último estante que nadie mirará, pero, lucirá… impregnado de polvo y telarañas. De ballenas por su carne, por su grasa y por su semen… hasta su exterminio. De delfines al quitarnos beneficios marítimos. De felinos, por la valía monetaria de sus pieles y de rinocerontes por el valor de ese cuerno que, convertido en polvo, saciará supersticiones.
Serpentea la incoherencia debido a la ambición desmesurada, palabrea la indecencia dentro de este sistema actual de supuestos valores que quedan siendo patrañas que le sirven de escondrijo al mismo demonio. Mientras, los valores valiosos quedan extraviados, relegados a esperar olvidados en nuestra trastienda personal; nos han ido domesticando de tal manera, que en buena parte nosotros vivimos sujetos al autoengaño; incapaces de reconocer la verdad miserable que comportamos.
Nadie muestra su verdadero rostro, se trafica y comercia y malvende lo invendible -hasta a un hermano o a una madre, o un pedazo de tierra que no pertenece a nadie, o la energía que recogemos del sol y del agua- Por ambición se sacrifican piezas insustituibles e intoxicamos el planeta con residuos que jamás podrán del todo ser eliminados; quebramos el equilibrio imprescindible en pos de adquirir posesiones que solamente nos reportan satisfacciones superfluas, algún pellizquito de una aparente felicidad que, rápido, al ser espejismo, se evapora ridiculizando un trocito más del anhelado paraíso.

Cuándo… cuándo las gentes comprenderemos que somos oxígeno, que este planeta demanda que se conjugue la lógica con la participación. Precisamos de proveernos de una conciencia de respeto que nos proporcione una meta valida donde anida la victoria; cada uno de nosotros debemos ser el pilar, el fundamento del cambio, piezas que reconocemos fabricar desgracia, desolación y muerte y, que al darnos cuenta de la destrucción que provocamos, optamos por convertirnos en oxígeno y contribuir de veras a fomentar el cambio próspero que revertirá en generaciones venideras.
Apostemos por dejar mayor salud, aquí en este planeta como huella.

¡ viva la comunicación !

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