Siempre un dado… mi quien de chiquillo.

El orden necesita del desorden para ser quien es; sin él, extraviaría sus razones, nada sería. Así como la balanza precisa de juguetear con el desequilibrio mientras demanda tomar pesos o dejar cargas, hasta ligarse al punto estable de la quietud total como experta equilibrista.

Podría suceder que el equilibrio y el caos se compenetran para erradicar al aburrimiento del cosmos entero, de cada uno de los elementos y la vida de los hombres —cuestión de cocinar los alimentos disponibles, condimentándolos, preparando salsas. Cuestión de ingenio, fortuna irremediable y combinaciones—.

Orbito. Orbito apreciando el espacio plagado de relámpagos, colores y negritud, de casual estabilidad, de calma momentánea y estallidos repentinos, de fugaces y atrayentes cuerpos perentorios a cuales siempre les restará el próximo paso, y de meteoritos que están siendo adiestrados para impactar, y que hallarán, tras el impacto contundente, la fusión que genera novedosas perpectivas, más y más mundos. Orbito, asediando a la paz y despreciándola y esquivando o disfrutando de mi propio caos y aplaudiendo las aventuras que me presenta todo desorden. Orbito, acusando y asiendo, la gravedad y los gases y líquidos de multitud de otrosplanetas. Orbito, incapaz de medir la dimensión de éste ¡único cosmos!. Orbito —dentro de una geométría de conjunto— adosado a las figuras rectilíneas y sinuosamente siendo curvas; como ovalo, espiral y esfera. Eludiendo fraccionarme y cuestionándome si los planetas deben estar separados y distantes, y si éste de hoy, este mío, quizás transita encarcelado en un ínfimo territorio llamado «yo rotundo»… Un yo propio y a defender. Un yo altivo que presume de verdades exclusivas y orbita jactándose de su sapiencia. Un yo que se considera prioritario y con derechos absolutos que pueden ser cancelados si son pedidos por otros. Un yo tan personal como para observar a su alrededor y pudiendo poco ver, percibe porciones apartadas, sólo murallas y restos.

Tengo la suerte de disponer de una báscula que me reposiciona; así es como el caos nunca llega a mostrarse dictadoramente concluyente. Soy un explorador insaciable y por insaciable ambicioso. Me dedico a encontrar las millas y los gramos o la levedad precisa, que puedan otorgarle sentido apropiado al recorrido y balanceo de mi yo querido… a mi yo de chiquillo.

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