Cortafríos (apuntes de amor XLIV)

Si has de amarme, recuerda bien:
Al entregarte, que cada uno de tus pálpitos amatorios sobrepasen la caducidad que penetra, insalvable, y el rechazo que reniega y arrincona sin cuestionarse, o esa fútil atracción que tiende a ser rutina pasajera. Sobrepasa todos los anclajes que susurra o vocifera la flor-espina que es un cuerpo.
Si mediante la razón o a lomos del instinto sólo cupiera buscar volúmenes y sangre, tarde o temprano sabrás que resulta pobre ese amar creído como imperio.
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Naces.
Desde las alturas
o desde los fondos abisales
contrarías a la razón que pretende;
el pódium,
el control,
respuestas,
soluciones,
más inventos
y hasta elocuencia;
a esa razón que pretende
negarte como núcleo.
Distante del instinto salvaje
que ruje incontrolado
cargado de desmesura;
naces
y dando múltiples variantes
sigues y te mantienes.
Naciste antes de…
cualquier enfermedad
y cualquier remedio.
Eclosionaste
siendo ave mayúscula
para repartir más nacimientos.
Perduras próximo a la dignidad
que ya perdimos tantas veces como hombres.
Tocas e impregnas de belleza
igual actos como poemas,
fábulas, pensamientos y narración.
Firmas tus fragmentos
siendo «Love»
que completa
situaciones y espacios.
omu G.S. (bcn. 2017)

Menos fieras

Porque aristas no quiero promuevo un mundo redondo: Balón que mientras gira enlaza, y empuja y empuja la rueda. ¡Ay. Ay. Ay!. Hay placer y hay salud cuándo encontramos un universo que traspasa la terca y nimia soledad del yo que, por ajeno al resto, se muestra estancado y gélido.
Cambio por sonrisas, abrazos y sueños, esa tristeza profunda que, inmersa en los corazones, converge en tantas miradas con las que me cruzo. Cambio: Distancia por comunicación. Palabrería por acción. Voluntad decidida por desesperación. Aspereza por dulzura. Polvo cuadrado por un infinito basado en la transmutación. Pero no deseo cambiar, ni la luz del agua ni la de tus ojos, ni la uva que pende de la vid, ni este brindis con el que pretendo ensalzar este vínculo de hermanos que sostiene el santo grial.
¡El circo también merece tener unos cuantos prestidigitadores!. Cuales, desdiciendo rechazos y pesadumbre, presenten los hallazgos convincentes cabidos en la similitud y las hábiles coincidencias.
Cambio razones matemáticas por lámparas «geniales» y alfombras voladoras que me lleven hasta el canto improvisado que gustan de escuchar los árboles. Canto; y este canto propone mañanas que sitúen calidez lumínica, donde habiten noches traicioneras que forjen jaulas y laberintos o blandan hábitos y vicios que se pasean entre sepulturas y con guadaña.
¡Hay demasiados motores!, vivan y perduren los cantos de los jilgueros y los ruiseñores. ¡Hay demasiados motores!, que comportan ruido improductivo, toxicidad enfermiza, un suma y sigue de decadencia y de horrores.
Porque no deseo razones ni demencia insalubre, atajo la senda de adultos que son pescados por anzuelos, cuales llevan nombres y fechas y hechos, que más que dar vida nos matan.
Busco el juego (dentro de mis adentros, quizás perdura la gracia de mi yo de chiquillo). Juego y comparto balón. Juego por saber que tengo voz; para cantar, para opinar, para dialogar y para reír… Juego a lo mejor… Y que hay de mejor sino vivir!.