Luz en mi tierra

Amor se escribe con la tinta de la entrega. Amor es una obra inacabable donde no cabe el desastre o la extinción. Amo el cielo que me ampara, el hogar que me cobija, a los seres que me quieren, e, inclusive, hasta a los que me rechazan. No soy amo ni creador de nada, soy esclavo de un espíritu cual puede más que las palabras. Me dejo llevar por los vientos y arrastrar por las mareas (quisiera que como luz). Soy (seguro): ¡Presente!… Presente continuo. Constante… sin pausas ni interrupciones. Continúo, sin someterme a los códigos instaurados que fomentan fronteras; prosigo, intuyo que sin apartes ni suspensivos, preso de una calidez que me llena de emoción. Ante tu belleza inabarcable, vida: amor, sólo me cabe agudizar mis sentidos, abrir los brazos y darte las gracias, porque es que tanto musicas valses como boleros, funky, blues, folk, tangos, ópera, jazz y rock&roll.

la libertad del decidir

«Por qué solemos concertar que los cambios, los culpables, la esclavitud y las luchas convienen por fuera. Porque cabe señalemos hacia adentro para encontrar soluciones y respuestas… Los hay de prepotentes, los hay de vanidosos, los hay de hipócritas y también los hay de gandules.»

Porque sobran las palabras cuándo sonreímos con los ojos…
Y es, entonces, cuando somos universo desmantelando criterios absurdos. Y es, entonces, que comprendemos que la pluralidad debiera ser bien vista como nuestra cómplice, para así ayudarnos a desestimar lejos y separados e incitarnos a apostar por juntos. Todos los lenguajes merecedores de estar dentro de mi sistema me llevan a sonreír; porque, sabes… soy un ser al que le gusta sopesar, valorar y agradecer; porque, sabes, busco y rebusco alegría, instante, sencillez y salud, como. así mismo, rechazo ser apresado por fantasmas y tinieblas. Quizá no nacimos para interpretar la mejor de las sinfonías (o, tal vez, sí), pero, SÍ, podemos llevar a término la más honorable de todas ellas: creación que, sumándole guiños a la vida, se ausenta de darle ningún crédito al dolor y a la destrucción; creación cual, honrando al arco iris, solamente vocea placer junto a evolución… Darle pies a las alas de infinidad de buenas fantasías cabe sea la llave para construir un mundo mejor; atesorar como si fuera valioso el significar de imposible tan solo delata que manda cárcel, vejez y muerte dentro de mí o adentro de vos.
Encuentro mayúsculas tras cualquier mirada repleta de amor, y es cuando mis ojos obtienen aquel magnífico pasaporte que asocio con Dios (para entenderme, acoged la sencillez ecuánime de la vida ¡dadle de lado a leyes y credos impuestos por instituciones interesadas y prostituidas!, acogeros a esos sentidos vuestros, simples y regalados, tenidos como hombres, no se precisa de riqueza terrenal ni de ningún nivel de educación ni cultura para, con respecto a él —Dios: Explosión. Naturaleza elemental que, incesante, genera vida tras vidas. Ciclo infinito. Revolución. Catapulta de primicias. Esencia que impulsa cada reino y cada invento, capaz de convertir hasta a la sal en azúcar— mantenernos ignorantes o presentarnos ilustrados).

Poesía junto a la ayuda y tras la gestualidad de unos labios que siendo manantial convergen en cielo. Poesía, como delicia, tras el perdón y al advertir que el río transporta un sinfín de cuerpos y almas en cada parpadeo. Poesía debida a multitud de caricias que expresando avance y vigor desestiman cerrar puertas y ventanas.
Porque cuándo dibujamos sonrisas y llegan a sobrar las palabras durante nuestra cita, el presente avanza hacia una compresión alejada de latitudes y hemisferios; no puede ni podrá esconderse galaxia al impacto exultante de nuestro amor: sentir y manera de vida que libera actos cuales rejuvenecen órganos, al perderse tiempo y temor. Elixir que dona éxtasis y nos convierte en mágicos. Empuje, aparentemente suave, tierno y frágil, que derriba muros, hasta entonces, imposibles de abatir. Energía sublime que asume, como práctica principal, la de unir y no la de separar o dividir.
… Como semillas… nuestras interpretaciones: nuestros ojos… siempre obsequiando los mejores frutos.

Completud (círculo perfecto)

Como permitir que prime tan solo el espíritu cuando también somos y necesitamos de cuerpo, por lo menos – más allá, lo desconozco- durante esta vida terrenal. Sé de personas que se esconden tras las energías y los ángeles para no afrontar las duras realidades de esta vida; seres que se esconden tras una fe prometedora, pero que sus acciones les terminan por delatar como falsos e hipócritas. Sé, acerca de la fragilidad simulada y sobre la vagancia que, por parecer fácil, algunos escogen; también conozco aquellos miedos que algunos acogen, permanentemente, hasta devenir enfermos.
Esta vida contiene cielo y contiene tierra, el pan y la luz se entremezclan en busca de lograr un círculo perfecto. Para caminar firmes, adheridos a la estabilidad, debiéramos afirmarnos íntegros, sujetando, en todo momento, a la honestidad como prisma. Que forma más ruin tienen algunos de sacudirse las pulgas señalando hacia otra persona, así desentendidos del trabajo que tienen por hacer con ellos mismos, siempre acusando a otro de sus males y dificultades en la vida. Mochila llevamos todos, esto es evidente, dado que las vivencias e interrelaciones nos suponen acumular emociones e información que, para andar livianos, tendríamos que procesar, y desechar o guardar según conviniera para nuestros propósitos y camino.
Volviendo al inicio de mi disertación… Qué buenísimo es tener y necesitar de cuerpos, y qué magnífico es creer y sentir que compartimos con ángeles ¡vivamos llenos de credulidad!… Lo que no podemos permitirnos, bajo ningún concepto, es abstraernos de cualquiera de las partes que conforman nuestro mundo.

El asceta

Arriba, allá en la más alta de las montañas, junto al derruído pueblo ya por años abandonado, vive con severa austeridad un ser que, aunque vivido e ilustrado, se volvió loco. En la cueva donde vive sólo cabían el grave dolor y una gran tristeza, dada por pena; intransigente, el fuego del desamor quemó, hasta tornar ceniza, mediando la amarga desdicha, igualmente sus creencias como ese alma suya de romántico y poeta. Como únicas pertenencias, sus cinco sentidos y sus harapos; él añoró y añoró cualquier brizna de polen que le reportara nacimiento y flor a su tierra yerma.
Debido a su nobleza e insistencia terminó por aprender bien la lección; besó la libertad que se aparta de toda propiedad, halló su fe en esa identidad. Se entregó, como en infante comunión, al intachable común denominador que forja creación y le concede vida a todo. Le invadió una lucidez desmesurada en la que no cabía nada por preguntarse. Vivía satisfecho, ya desatados los lastres del pasado; vivía agradecido y satisfecho disfrutando la simpleza maravillosa de su presente. Adquirió pericia en el arte que conjuga al hombre que era con los mismos duendes.
Demos por bien preguntarnos que significa resurrección… Cuántas de ellas caben durante una vida. Suele pasar que cuándo una ventana o puerta se cierra otra se abre… Tomemos la mejor perspectiva y observemos cuántos y cuántos son los alimentos de que disponemos, No seamos impacientes y desestimemos al derrotismo y el desespero. Jamás olvidemos que… ¡La vida nos quiere!.

Aflicción

Cuando se desvanecen los sueños que creía palpables… me aflijo.
Si las mañanas aparecen moribundas, carentes de luz… me aflijo.
Cuando la mentira y la farsa pueden más que la verdad… me aflijo.
Si hallo seres hundidos y apesedumbrados, faltos de energía o de cariño… me aflijo.
Cuando resulta reservado un presente para un más tarde o después… me aflijo.

Aunque me aflija no pierdo las fuerzas, siento la fe que me ampara, me acuerdo de la propuesta universal de que absolutamente todo cambia, irremediablemente, para transformarse, en pos de la evolución. Recuerdo la parte en que yo puedo contribuir a cambiar cualquiera de las circunstancias que causan aflicción, dentro de mi vida y en la de otros. Me acuerdo de lo poderosos que somos, nunca dejando de lado el reconocimiento de vulnerabilidad con que también contamos.
Inmenso y fructifero es aquel proverbio que dice «sabio es aquel que reconoce que sabe poco o nada», pues justo este proverbio alberga un mensaje más que importante: el afán de conocimiento junto a la humildad y la duda nos otorgan valiosas respuestas; aun sumidos en la confianza y en la credulidad del saber, siempre existirá un nuevo interrogante cual nos indicará que nunca-jamás lo sabremos todo y que el camino siempre nos nutre al surtirnos de maestros.

Contradicciones

Hay gente más rara (falsa) que un perro verde… Esos que se llenan la boca de palabras valiosas pero que luego ejecutan interesadamente, sin contemplaciones. Hay gente suficientemente falsa como para vender a su hermano y nunca concederle perdón; como para ajusticiar por la espalda sin que les pesase conciencia ni dolor. Hay gente. ¡Ay! gente… Malditas esencias, malditas figuras que transitan celosas y recelosas, cargadas de envidia, de venganza y de ira. Y, algunas veces, resultan ser esas mismas personas que, señalando a los dirigentes políticos, reclaman reparto equitativo y justicia. Que triste resulta comprobar que esta huella anda cercana a tu vida, o incluso hermanándose, literalmente a uno, dada la misma sangre que concedió gestación y nacer.
Valoro sumamente la entrega y el esfuerzo (quizá por venir de familia humilde… sólo, quizás). Nadie me ha señalado como propicio, ni tampoco enseñado, el ambicionar, el terciar vengativo o mostrarme egoísta, pero ocurre que a otros les sucede aquel desapego, y por añadido aquella falta de empatía, cual convoca a la traición e invoca a la ceguera, o incluso tiene a bien omitir delirios y asesinatos, con tal de proseguir satisfaciendo sus antojos.

¿Somos humanos?… Mal nombre le dieron a nuestra especie, o, tal vez, equivocada está la definición dentro del diccionario.

Detrás del silencio

Oír al silencio relatarnos verdades (avisto la vigilia, me asomo hasta la introspección). Tránsfugo de uno mismo aparecer tras los cortinajes que, oprimiendo como imposición, nunca escogimos ni para hogar ni para sueño ni para teatro. Elevarnos tras ser vírgenes; ser celeste y terrenal sin capacidad, ante ello, para la omisión o para la negación. Tan juiciosos como locos dependiendo del viaje. Un tanto perdición y otro tanto bendición según cuadrasen las elecciones y esos inevitables tropiezos que nos sitúan en nuestro lugar. En pos de la liberación, desalojar al miedo y desnudarnos… Ya desflorados. Ya desarraigados de conceptos e imposiciones y sistemas. ¡No más presidios!. ¡No más quimeras!. ¡Todo es posible! ¡No es utopía; no es sólo un sueño!. Creer en lo palpable y confiar en lo intangible, convertirnos en seres de luz así como en seres de fe. Y al respirar… Y al tocar… Avanzar y sentir sin jactarnos de aciertos, y sin tampoco temer a las tantas equivocaciones que aparecen, tal cual símil de aprendizaje y obligación, cuales si fueran reconocidas hasta glorifican, dando paz, y nos redimen de frustaciones y de culpas. Sentir como inmensa cada situación, y cualquiera de los elementos que como maestros se cruzan en nuestro camino para alzarnos en esta vida, tal cual bella composición. Aprendemos evolución y reconocemos señales que, concediendo la justa temperatura y siendo lumbre, abrirán nuestros oídos y nos apartarán de la ceguera. Apartar oscuridades que confunden, abruman y vuelcan insignificancia a esa, de entre las realidades, la más impresionante.
Seremos, por más que palabras, una respuesta de vida ante tantos enigmas.

La edad del aire

«El amor es conocedor de todas esas llaves maestras a las que no hay cerraduras que se les resistan.»


Suerte de globos
cuales dentro de las habitaciones
delatan la gracia de la ingravidez
mientras flotan juveniles y sonrientes.
Como en sueño —mi niño—
los ojos contemplan las estancias
ambidiestras e imaginativas.
Y en mi mirada
y en tu mirada el brillo maravilloso
de la inocencia nunca perdida,
al engalanarse nuestro día
con fantasía e ilusión renovadora.
… Tomando principios inmortales
interpretamos fortuna colorida
tal cual pájaros sobrevolando
un amanecer
que desestima la extinción.

Temo la mirada que como látigo fustiga
rememorando la equivocación
… Y es entonces cuando me refugio
dentro de esa seda de otros tiempos
cuál concede trampolín y sanación.
Tengo claro que
¡nunca esparto!
ya que la melodía que demando
sólo se recuesta sobre la simpleza de caricias.
Lucho, incansable, por la derrota
de cualquier imperio que someta
a las gargantas y a las mentes
impidiéndoles crecer.