El asceta

Arriba, allá en la más alta de las montañas, junto al derruído pueblo ya por años abandonado, vive con severa austeridad un ser que, aunque vivido e ilustrado, se volvió loco. En la cueva donde vive sólo cabían el grave dolor y una gran tristeza, dada por pena; intransigente, el fuego del desamor quemó, hasta tornar ceniza, mediando la amarga desdicha, igualmente sus creencias como ese alma suya de romántico y poeta. Como únicas pertenencias, sus cinco sentidos y sus harapos; él añoró y añoró cualquier brizna de polen que le reportara nacimiento y flor a su tierra yerma.
Debido a su nobleza e insistencia terminó por aprender bien la lección; besó la libertad que se aparta de toda propiedad, halló su fe en esa identidad. Se entregó, como en infante comunión, al intachable común denominador que forja creación y le concede vida a todo. Le invadió una lucidez desmesurada en la que no cabía nada por preguntarse. Vivía satisfecho, ya desatados los lastres del pasado; vivía agradecido y satisfecho disfrutando la simpleza maravillosa de su presente. Adquirió pericia en el arte que conjuga al hombre que era con los mismos duendes.
Demos por bien preguntarnos que significa resurrección… Cuántas de ellas caben durante una vida. Suele pasar que cuándo una ventana o puerta se cierra otra se abre… Tomemos la mejor perspectiva y observemos cuántos y cuántos son los alimentos de que disponemos, No seamos impacientes y desestimemos al derrotismo y el desespero. Jamás olvidemos que… ¡La vida nos quiere!.

Aflicción

Cuando se desvanecen los sueños que creía palpables… me aflijo.
Si las mañanas aparecen moribundas, carentes de luz… me aflijo.
Cuando la mentira y la farsa pueden más que la verdad… me aflijo.
Si hallo seres hundidos y apesedumbrados, faltos de energía o de cariño… me aflijo.
Cuando resulta reservado un presente para un más tarde o después… me aflijo.

Aunque me aflija no pierdo las fuerzas, siento la fe que me ampara, me acuerdo de la propuesta universal de que absolutamente todo cambia, irremediablemente, para transformarse, en pos de la evolución. Recuerdo la parte en que yo puedo contribuir a cambiar cualquiera de las circunstancias que causan aflicción, dentro de mi vida y en la de otros. Me acuerdo de lo poderosos que somos, nunca dejando de lado el reconocimiento de vulnerabilidad con que también contamos.
Inmenso y fructifero es aquel proverbio que dice “sabio es aquel que reconoce que sabe poco o nada”, pues justo este proverbio alberga un mensaje más que importante: el afán de conocimiento junto a la humildad y la duda nos otorgan valiosas respuestas; aun sumidos en la confianza y en la credulidad del saber, siempre existirá un nuevo interrogante cual nos indicará que nunca-jamás lo sabremos todo y que el camino siempre nos nutre al surtirnos de maestros.

Contradicciones

Hay gente más rara (falsa) que un perro verde… Esos que se llenan la boca de palabras valiosas pero que luego ejecutan interesadamente, sin contemplaciones. Hay gente suficientemente falsa como para vender a su hermano y nunca concederle perdón; como para ajusticiar por la espalda sin que les pesase conciencia ni dolor. Hay gente. ¡Ay! gente… Malditas esencias, malditas figuras que transitan celosas y recelosas, cargadas de envidia, de venganza y de ira. Y, algunas veces, resultan ser esas mismas personas que, señalando a los dirigentes políticos, reclaman reparto equitativo y justicia. Que triste resulta comprobar que esta huella anda cercana a tu vida, o incluso hermanándose, literalmente a uno, dada la misma sangre que concedió gestación y nacer.
Valoro sumamente la entrega y el esfuerzo (quizá por venir de familia humilde… sólo, quizás). Nadie me ha señalado como propicio, ni tampoco enseñado, el ambicionar, el terciar vengativo o mostrarme egoísta, pero ocurre que a otros les sucede aquel desapego, y por añadido aquella falta de empatía, cual convoca a la traición e invoca a la ceguera, o incluso tiene a bien omitir delirios y asesinatos, con tal de proseguir satisfaciendo sus antojos.

¿Somos humanos?… Mal nombre le dieron a nuestra especie, o, tal vez, equivocada está la definición dentro del diccionario.

Detrás del silencio

Oír al silencio relatarnos verdades (avisto la vigilia, me asomo hasta la introspección). Tránsfugo de uno mismo aparecer tras los cortinajes que, oprimiendo como imposición, nunca escogimos ni para hogar ni para sueño ni para teatro. Elevarnos tras ser vírgenes; ser celeste y terrenal sin capacidad, ante ello, para la omisión o para la negación. Tan juiciosos como locos dependiendo del viaje. Un tanto perdición y otro tanto bendición según cuadrasen las elecciones y esos inevitables tropiezos que nos sitúan en nuestro lugar. En pos de la liberación, desalojar al miedo y desnudarnos… Ya desflorados. Ya desarraigados de conceptos e imposiciones y sistemas. ¡No más presidios!. ¡No más quimeras!. ¡Todo es posible! ¡No es utopía; no es sólo un sueño!. Creer en lo palpable y confiar en lo intangible, convertirnos en seres de luz así como en seres de fe. Y al respirar… Y al tocar… Avanzar y sentir sin jactarnos de aciertos, y sin tampoco temer a las tantas equivocaciones que aparecen, tal cual símil de aprendizaje y obligación, cuales si fueran reconocidas hasta glorifican, dando paz, y nos redimen de frustaciones y de culpas. Sentir como inmensa cada situación, y cualquiera de los elementos que como maestros se cruzan en nuestro camino para alzarnos en esta vida, tal cual bella composición. Aprendemos evolución y reconocemos señales que, concediendo la justa temperatura y siendo lumbre, abrirán nuestros oídos y nos apartarán de la ceguera. Apartar oscuridades que confunden, abruman y vuelcan insignificancia a esa, de entre las realidades, la más impresionante.
Seremos, por más que palabras, una respuesta de vida ante tantos enigmas.

La edad del aire

“El amor es conocedor de todas esas llaves maestras a las que no hay cerraduras que se les resistan.”


Suerte de globos
cuales dentro de las habitaciones
delatan la gracia de la ingravidez
mientras flotan juveniles y sonrientes.
Como en sueño —mi niño—
los ojos contemplan las estancias
ambidiestras e imaginativas.
Y en mi mirada
y en tu mirada el brillo maravilloso
de la inocencia nunca perdida,
al engalanarse nuestro día
con fantasía e ilusión renovadora.
… Tomando principios inmortales
interpretamos fortuna colorida
tal cual pájaros sobrevolando
un amanecer
que desestima la extinción.

Temo la mirada que como látigo fustiga
rememorando la equivocación
… Y es entonces cuando me refugio
dentro de esa seda de otros tiempos
cuál concede trampolín y sanación.
Tengo claro que
¡nunca esparto!
ya que la melodía que demando
sólo se recuesta sobre la simpleza de caricias.
Lucho, incansable, por la derrota
de cualquier imperio que someta
a las gargantas y a las mentes
impidiéndoles crecer.

Tejidas por letras

Cuantas partes de un libro han salido, salen y saldrán, debido a la probeta inexperta de estos cuantos que, desconocidos dentro del hacer literario, describen la vida o una ficción por devoción a las letras. Esos cuales que sin interés ni aspavientos expresan con talante original.

Desde la red cuelgan millones de mensajes, bellos y preciados, llegados como consecuencia de la gracia natural y la labor esmerada dispuesta en algunos.

Por el ansia de conquista desmedida aparecen perdidos los sabores de muchas pisadas.
¡Sentidos a la caza de la lejanía!:
Alzar la vista afanando el horizonte, mientras se descuidan los detalles, próximos y maravillosos, cuales son capaces de concedernos tantas buenas noches y tantos buenos días.
La distancia es imperativo que nos aleja de placeres, conocimientos y significados (así también, el tiempo); para qué buscarle caras al mañana o al infinito, si equivaliera a transitar como sonámbulos o zombis.