Quién…

Quién es capaz de dejar de escribir
cuando se multiplican las cosas por contar.
Quién puede permitirse morir
cuando, como abanico,
la vida nos ventea un sinfín infinito
de crepúsculos y auroras.
Sería de idiotas
tanto arrugarse como desfallecer.
Sería absurdo convenir en ceguera
ante suma gracia y prodigios
que siendo cultivo
no resultan una mera quimera.

¡viva la comunicación!