3 en raya (entre la premeditación, la inconsciencia y el consentimiento)

Existe, para algunos, una preocupación enfermiza por amasar beneficios. Otros pretenden alcanzar estabilidad dentro de una pauta: la del conformismo. Y a la inmensa mayoría de seres les queda como prioridad exclusiva ¡la de subsistir!.

**
Una sociedad o un sistema mundial que aboga y reafirma las fronteras (salvando las excepciones puntuales en que, mandando los intereses económicos, las divisiones y diferencias quedan desmanteladas), se demuestra claramente anticuado, evidencia su estar y ser de primitivo y de poco visionario.
Resulta evidente que este planeta fue construido y avanza debiéndole a todos los vínculos, a fuerza de interrelaciones y a base de fusiones e intercambios que inagurando inventos extienden el hoy para que sea mañana. Gozamos o padecemos, como los mismísimos océanos en cualquiera de sus partes y en alguna hora, el movimiento impactante de las placas tectónicas, aleteamos o nos confundimos dentro de las diferentes alternancias atmosféricas, vagamos o quedamos anclados ante las pausas o el empuje progresivo de cada una de las corrientes existentes.
Hace ya unas cuantas décadas que las distancias han pasado a ser relativas debido a las muchas innovaciones tecnológicas, nos desplazamos invirtiendo poquísimo tiempo de un punto terrestre hasta sus antípodas. Recibimos continuamente información de aquellos hechos que suceden en otras partes del mundo y nos alimentamos y satisfacemos con los productos elaborados o cultivados a muchos kilómetros de donde vivimos.
Progresamos, revolución tras revolución; pero seguimos predispuestos y consintiendo. Buscamos razones que nos eximan del peso de una conciencia que lastra o nos permite ser livianos porque siempre se confiesa sincera y nunca acepta una posición traicionera. Tendemos a regirarlo todo con tal de encontrar razones para alegar y que nos autoricen para conseguir triunfos y beneficios personales al precio que sea. Tanto sucede esto, que llega a extrapolarse a todos los niveles convirtiéndose en un mal mayúsculo. Hoy, encontramos común, le restamos importancia al hecho de que cualquier territorio pueda estar invadido y gestionado por estados ajenos a él, estados cuales extraen lo que les conviniera aun sumiendo a las gentes de estas tierras a la destrucción propia de una guerra, a una dolorosa miseria, inmerecida e inhumana.
Este sistema que admitimos y consentimos, ha configurado la fórmula de delimitar específicamente cada porción del planeta para facilitarse el control. Opta por establecer un orden (justificándolo), un orden y unas leyes que permitan un encasillamiento que denote donde se halla la debilidad que debe sumisión, y desde donde emana el poder al que debemos venerar. Este sistema, acentúa riqueza y pobreza hasta hacernos creer que lo que cada uno de nosotros tiene es lo que se merece y le corresponde, se las ingenia para que tantos inocentes sean vistos como culpables. Mientras, una minoría que se jacta de conocimiento (de ese saber, inútil e inconsciente), modifica y alterna y suplanta las leyes y los valores a su antojo, quedando, como individuos, igual de encerrados dentro de una inmensa y pegajosa y mortífera tela de araña a la que ellos mismos le van dando el visto bueno al alimentarla. Claramente evidenciándose, que el mismo sistema que han construido, por tan famélico e insaciable y despiadado, termina por engullirlos a ellos mismos, demostrándoles su insignificancia suplantable, su tan poco de importantes.

Ella espera;
atractiva,
desnuda:
El mantel,
muchos pies descalzos,
diálogos y sueños
junto a espaldas agradecidas.
La hierba
¡tapiz!
cabello y gozo.
Naturaleza que sabe
a placer, progreso y descanso;
equivale a un despertar
donde no caben visillos.
Ella exclama
«¡que viva el mañana!»
su verdor vocea contundente
resonando, vital, como futuro.
La hierba rejuvenece
salpicada por rojos, morados y amarillos.
Asimilando árboles y albores
augura tierra que, como vientre,
aguarda semillas.
Tierra que quiere añadirle a sus partes
decaídas y antiguas,
savias anotaciones
que contengan salvas a la esperanza.
Ella: Hierba (Tierra).
Tras magníficos estruendos
y zig-zags lumínicos
oye los pasos
oye las risas
de tantas buenas gotas de lluvia
e, imparable, crece y crece
al mismo tiempo que conversa.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Quiero…

Quiero tener una empresa privada a la cual, cuándo hierre en la gestión o le fallen sus inversiones, le concedan préstamos con pocas exigencias y adheridos al retorno dudoso. (Así, sabiendo de tales condiciones, yo mismo me atrevería a ir al casino e intentar que saltase la banca).

Quiero ser directivo dentro de un comite bancario, argumentando los números según me conviniera, para, deshaciéndome de demandas y requisitos, aumentar las ganancias empresariales de los que represento a la vez que le sumo ceros a la cuenta personal de cada uno de mis años. O quiero ser político que, ya abandonado su cargo, se convierte en asesor de multinacionales con el derecho a cobrar por lo que es y por lo que fue; aunque la crisis ahoge hasta someter a las peores penurias, a tantos ciudadanos que se esfuerzan, mal remunerados, o a esos otros, más débiles, ya cansados, que perdieron la salud en sus correspondientes puestos de trabajo.

Quedo siendo un obrero a quien le cuesta llegar a fin de mes. Al cual extorsionan, con la sombra del paro, para que no se rebele y admita, como salario, un importe miserable que no le permite asumir los gastos indispensables. Trabajador que cumple la ley; paga sus impuestos y cotiza sin falta, que para su mañana desconoce si le corresponderá cobrar una pensión o tendrá derecho cuando precise de asistencia sanitaria. (Aun cobrando sueldos de pena, poco a poco nos empujan y casi exigen que nos proveamos nosotros mismos de recursos para afrontar nuestra vejez —ya me dirán como gestionar para que no sea nulo mi ahorro—).

Quiero que cualquiera de los dirigentes electos cumpla su palabra, procure por el interés de los ciudadanos y no hurte ni engañe, que mantenga su corazón bien despierto y los pantalones agarrados en su cintura y nunca por debajo de sus nalgas.

Quiero honestidad y que marche la desvergüenza. ¿Todavía se puede pedir aquello que uno quiere?. Afrontamos nuevas formas de esclavitud; Una entidad conformada por rostros invisibles y nombres desconocidos nos somete sin precisar de violencia ni grilletes. Provocan la desunión suministrándonos grandes dosis de diferencias que nos apartan a los unos de los otros. Se abastecen de nuestros miedos para que perdamos una lógica constructora y hasta la memoria que, sustentando a la razón, delata la irresponsabilidad e incoherencias de una civilización nuestra que estipula su paso adelante en un sistema deplorable que se prorroga gratuitamente y permitimos.

Antesala de beneficios

La enfermedad se pondrá todavía más de moda en occidente. Los síntomas son evidentes; la sanidad pública reduce considerablemente los servicios que nos ofrece, mientras la privada gana adeptos y añade más ceros positivos sobre sus números.
Los ciudadanos padecemos de los gastos inevitables que representan las pruebas médicas que precisamos de realizar cuando comprobamos que las citas para las mismas se alargan en el tiempo. Nos hacen reparar que en los pasillos de urgencias de los hospitales, nos esperan, por días, unos tantos doloridos entre otros tantos moribundos.
La enfermedad interesa tanto que no se preocupan en curarnos aquellas dolencias que podrían perfectamente sanar, prefieren cronificarlas. Los ministerios correspondientes permiten conservantes, colorantes y demás sustancias nocivas en el apartado cosmético y alimentario. Permiten y potencian, a sabiendas (ya que hay estudios contrastados, a nivel internacional, acerca de la aportación nefasta de dichas sustancias), la enfermedad, pues las empresas de los sectores correspondientes, contribuyen, mediante los impuestos, a darles mayores beneficios que lo que como administradores de un estado barajan gastarse en sanidad.
Se oye decir que un sinfín de políticos, a nombre de otros, están desde hace ya un buen tiempo invirtiendo en mutuas sanitarias privadas y entidades que gestionan planes de capitalización y pensiones extras.¡Cómo dudar entonces, hacia que lado les interesa inclinar la balanza!.

División de sangre

Algo hemos hecho mal para encontrarnos donde nos encontramos. Estipulamos y proseguimos dando como buenos los métodos imperialistas. Nos viene bien aprovechar a las gentes y la riqueza de cualquier tierra lejana que para nada nos corresponde; potenciar los derechos del amo y exijirle el máximo rendimiento a los que hicimos esclavos.
Ahora nos quejamos (mínimo el arrepentimiento), porque la moneda con la que nos pagan de vuelta lleva estampada la cara de la tragedia.
Noventa millones de seres supieron en América, siglos atrás, acerca de enfermedades, para ellos, desconocidas, que los demolieron, y sobre atrocidades innumerables amparadas por coronas y ciencias y cruces. Así, otros tantos en el continente africano, fueron tratados peor que animales y otros tantos en Oceanía y Asia. De que extrañarnos de los sucesos de hoy, siglo XXI, en Europa: Inmigración. Atentados. E incluso estos problemas económico-laborales que acucian a buena parte de nuestra sociedad, problemas que están y se mantienen debido a las decisiones erróneas y a las que devienen de la sumisión, debido a las fallas que arrastra el sistema elegido, el cual convendría fuera corregido o apartado.
¡Sí!, el imperialismo citado vive todavía, aunque disimule adoptando otras maneras (aduce liberación, conceder derechos a los desfavorecidos), busca razones, se posiciona, invade y argumenta debatiéndose con la autojustificación. La realidad queda siendo la adquisición de mayor poder, el control de más población y territorios. Somos sabedores, los ciudadanos de occidente, que la realidad es muy distinta a la que nos venden nuestros mandatarios; conocemos, perfectamente, el movimiento económico que representan las guerras: producción y venta de armas mediante personajes que, lejos de ejecutar por separado, son lacayos de sus respectivos gobiernos. Las guerras, ya una vez extintas, convienen en que se vuelva a levantar lo mucho de derruido, demandan el trajín constructor, y , en la remodelación, se habilitan los pactos que se contrataron en pos de la salida del abismo en que los territorios han caído. Este sistema denota inmadurez y raya la verdadera locura, solamente reclama esclavitud para muchos y abastecer de beneficios a unos pocos. A este sistema le conviene, conjura al terror y la muerte entre lenguaje sagaz e hipocresía sarcástica. Y la religión sirve y sirvió, prosigue como estandarte y escudo y arma; consintiendo fechorías, diciendo (cuando habla), pero con palabras comedidas, con voz baja, muy baja. Y toda religión acoge un buen montón de farsantes a cuales les agrada la buena vida y ambicionan autosatisfacerse, indistintamente de su símbolo u orden o profeta. Y la religión atropella su propia esencia al acoger gurús que dando su espalda a los débiles, ante el dolor… disimulan y hasta sonríen.
Creo que hay grandeza en nuestra especie, pero es por tantas barbaridades que hacemos o consentimos que siento verdadera vergüenza de mi condición de hombre; prima más, como solución y respuesta, el egoísmo, que cultivar nuestro jardín hasta que aparezcamos completamente todos dentro del edén, resaltando la cantidad impresionante de de buenos frutos y mejores simientes dispuestas en este planeta.
Hay que ser honestos y recuperar un mínimo de nobleza y dignidad; debemos reconocer hasta donde llega la sangre que llevamos y la que esparcimos. Debemos escuchar la necesidad de cada hermano (la despensa está a rebosar por mucho que «vacía» nos dijeran —aunque conviene medir la usanza—). Debemos atrevernos, oír con el corazón y apartarnos del ser fraticida; ofrecer protección y ayuda. Compartir. Contrastar y asimilar culturas. Compartir enseñanzas y fusionarnos. Instruirnos los unos a los otros, sin altivez ni menosprecio ¡todos poseemos alguna varita mágica!.
No es utópico un mundo pacífico, si es que los seres humanos adquirimos una actitud empática frente a cualquiera de los hechos que suceden a nuestro alrededor. Sería de sabios corregir maneras y defectos ya desde nuestro minúsculo micromundo. Sería de sabios optar por la bondad labriega y dejarnos de aparecer como la peor pesadilla, la peor de entre todas las bestias que habitan este planeta.

Para algunos… la moneda tan solo tiene una cara

Un sudor venido por el sufrimiento
endurece con callos el alma y las manos
de una cuarta parte de los niños,
adultos y abuelos de este mundo.
Los hay que si conocen el verdadero precio
de un vaso de agua o de un mendrugo de pan.

Crepuscular, cruje la crisis,
ruje la halitosis del engranaje.
Las bisagras, ruedas y tuercas
se quedaron faltas de aceite.
Ásperos, los rodamientos rozan
y el sistema aparatosamente se encalla.
Oxidado, lleno de mugre y estrías, chirría.

Un occidente lastimoso
y ciego del resto,
reclama apenado
mientras solloza equivocado
cambiando del escaparate
los precios y los maniquíes.

Hipócrita, el estado de consumo
domina, reforma y constituye
una alteración en el contrato,
revisa, modifica y, según conviene, alterna
la validación y la caducidad de los términos.
Deja de morder, mordisquea,
aminora su ritmo
pero igualmente engulle.
El sistema prosigue la alienación,
maltrata y malea,
simula bienestar y afabilidad,
aparenta ser bonanza
cuando su ferocidad
comporta, acarrea tormentas.

Occidente, descontrolado consume,
desentendiéndose, barre para su casa.
Interesadamente intercambia
armas por diamantes.
Trafica con la esclavitud.
Sopesa con una balanza
equilibrada con sangre y miseria,
regida por una justicia,
la del mayor de los desatinos.

Desarrollado, occidente.
Generoso y desprendido,
observa las direcciones
y regala al subdesarrollo:
Grandes, enormes barrigas
rellenadas por el hambre.
Occidente no padece
por penas ajenas
que en otros causan desdicha.
Occidente se acuerda
de África, de Asia y Oriente
y les obsequia
con fabulosas bacterias,
las cuales espléndidas,
portando guadaña,
elevan, en esas tierras,
el índice de mortalidad.

Una buena parte de este mundo
todavía investiga y se cuestiona
dónde estará ese segundo planeta.
Y si existe el desarrollo,
el tercer mundo
tendría que hallarse
en la cuadratura
de un extraño contrapunto.
Se evidencia
(hasta en esto),
falta de delicadeza.

En la cadena de montaje:
el método, permisivo,
amortigua con farsas
los gritos que son quejas
y resuenan.
El método basa su poder
en la ambición,
la competitividad
y la codicia.
Monótonamente
huele a chatarra,
a caucho quemado,
a polvo alumínico
y a goma gastada.
La fórmula escupe y rocía
la mente y los pulmones
con ácidos corrosivos,
con monóxidos y depresivos,
cancerígenos y contagiosos.

Mientras tanto…
en el barrio de al lado,
entre zancada y zancada,
dan las gracias cada día
al recorrer a pie
veinticinco kilómetros.
Dan las gracias
por disponer
de un camino hacia el trabajo (mal pagado).
Dan las gracias
por tener una choza
de caña y barro
y poder hilar sus esteras
con pellejos de coco
o disponer de sus hamacas
colgando para descansar.

Mientras tanto…
los vecinos de finca,
desde la misma parcela,
desde la flotabilidad
del mismo globo terráqueo
se dan la mano,
llenan su plato (si pueden)
con tortas y cereales
y de cuclillas sonríen.
No conocen los excesos,
no desperdician irresponsablemente.
Le agradecen a la lluvia
a los ríos, a los lagos y al mar.
Son conscientes
y se congratulan
del sol, del cielo, del árbol
y de la montaña.
La grandeza para ellos está
en algo tan simple
como el ver a sus hijos dibujar
con lápices de colores
y marchar con alegría confesa
para acudir a la escuela.
Encuentran el confort
en una vieja manta raída
pero que les abriga,
necesitan de un poco de algo indispensable
y con ésto tienen mucho, tienen suficiente.
Veneran un pozo con agua,
una tierra fértil,
el pájaro o el pez que se les ofrece.
Disponen de una leve carga espiritual,
su posible brevedad es su felicidad.

318-omu G.S. (22/10/2010)

Posiciones 2

Que fácil resulta llevar a la práctica una política que defiende los intereses del capital. Otra cosa, sumamente difícil y muy distinta, es elaborar unas leyes que defiendan al pueblo llano, dándole lo que le corresponde por esfuerzo, retornándole su dignidad.

**
Puñales lanzados desde un estrado. Dosificar contrincantes. Simular enfrentamientos encarnizados, cuando en realidad ciertamente hay: Actuaciones de estatuilla. Consentimiento de manos y espalda. Enemistades televisivas. Copas compartidas en la barra de un bar o comidas copiosas donde son cerrados acuerdos dantescos. Abrazos comedidos y besos amigables entre actos y adjuntos a una frase cordial «saludos a la familia». Sólo hay: Falsedad a raudales.

**
En las entrañas del comercio
¡la política!.
Anida el rutinario bla… bla… bla… ceremónico
que alienta absurdos,
trivialidad,
banalidades humanas
y fijaciones repetitivas.
¡La política!.
Indispensable (según cuentan).
Lamentable (muchos dirían).
Elucubra y provoca
contrariedad social.
Aduce razones a una locura
llamada desigualdad
desde las entrañas mismas de la hipocresía.

Hay que ver cuanta satisfacción y riqueza
se nos muestra ofrecida
tan cercana como imposible;
mezclándose con honda pobreza
que exuda; lamento, dolor y desdicha
cuales resultarían
de moratoria posible.

En las entrañas de occidente
pestañea continuamente la ambición desmesurada
mientras vocean, inútilmente,
los tantos frutos de la ciencia y la tecnología
¡resuenan para unos pocos!.
Política muta en política:
Iglesia de falsos credos revive entre siglas.
Dicta, occidente.
Manda y envía consumismo exacerbado
a sus feligreses abduce y zambulle con causas
y los captura en el gasto volviéndoles adictos.
Desde las entrañas de occidente
un gran desazón ¡el capitalismo!.
Consumo que pesa como pena de tantos congéneres.
Consumo que paso y pasará indecente y sin gloria,
que por desdeñar la virtud del amor, es irreverente.

Consumismo intoxicante
que oprime inclemente,
que manipula y destruye la tierra y el cielo.
Consumismo configurado bajo las ordenes
de la vanidad y el poder,
admitido como el método adecuado
por cada uno de los que están situados
como gobernantes.

En las entrañas de los trabalenguas.
En las entrañas de la corrupción y de las payasadas;
legiones de bufones
escuadrones de parlanchines
diseñadores confeccionando
políticas nefastas.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

S.O.S Rescate

¿ Conoces la libertad, o procede que actúes para llevar a cabo tu propio rescate ?.
—Empujados. Sometidos a introducciones astutas y a mensajes subliminales que nos inclinan hacia decisiones que no son nuestras—.
¿ Escogemos nuestra identidad o nos la imponen ?.
Eludimos sentirnos mal y reconocer una realidad que consentimos; entonces, enmascaramos porciones de nuestra vida, amasamos subterfugios. Pugnamos entre caracteres mientras defendemos una personalidad impersonal inventada, interesadamente, para que el poder prosiga sostenido por unos pocos.
Inercia. Inopia. Sumidos en la manipulación que da como resultado; seres inmutables, seres clonados.

 

Distraernos para no advertir la perdición. Simular disponer de conocimiento y vocear, dando a entender que poseemos una gran verdad. Anhelar ser mitos.
Hablar y hablar. Sufrir de verborrea mientras estamos sometidos al influjo de una caja hermética.
Planeta Hollywood. Teatro-mundo repleto de actores. Avergonzarnos de la desnudez cuando es y representa placer, completud y nacimiento, cuando es delicia. Optar por la sordera y presumir de ver aun padeciendo la ceguera.
Era de engaños y confusión. Credulidad absurda. Embeleso hasta el babeo. Siglo de «narcisos» rodeados de centenares de espejos donde admirar sus imágenes e incluso sus equivocaciones. Personajes que fueron engullidos por un sistema antinatural y preconcebido. Individuos tragados por el fango pegajoso del yo competitivo e inmutable que camina ajeno, desentendido de la empatía y la solidaridad del grupo.
La muerte cierta sobrevive, lastimosamente, dentro del barro de la vida. Alguien sabría decirme dónde se hallan los límites que evidencian la realidad y la ficción.
Lado-Pájaro. Lado-Espino. Me agrada escuchar su nombre nativo «hierba húmeda».

Contradicciones

Cuántos y cuántos son los hombres que mientras llenan sus bocas repitiendo y repitiendo querer justicia y libertad, manipulan las leyes de un estado, la suerte de otros seres, las normas de este mundo, adjudicándoles; gruesas cadenas, penuria y hambre a sus vecinos, dictando desequilibrio, dolor y muertes innecesarias junto a esclavitud.

***
La corrupción no es parte pequeña dentro del sector laboral y bien lucrativo que es la política, tanto da que la lengua de los parlamentarios sea una o sea otra, o que teológicamente estén ubicados en una posición de credulidad religiosa o filosófica o defendieran el ateísmo, o que su afiliación a unas determinadas siglas haga aparecer a su persona así como inclinándose y posicionada hacia unas tendencias concretas; la corrupción impera, de una forma u otra, por todos los lugares del planeta. El poder suele equivaler a corrupción y es imposible que un individuo se mantenga en la élite del poder sin estar tocado o de algún modo permitiendo u omitiendo la tanta corrupción que deambula imposibilitando la ejecución de que se constituyan y materialicen los mejores proyectos comunes para el total de los habitantes de esta tierra, sin diferenciarse ninguna de las posiciones o de las culturas a la hora de renovar las maltrechas directrices de nuestra sociedad.
La corrupción es posiblemente una de las partes que nos sobreviene como furtiva y latente a la condición humana, quizás cabe dentro de nosotros como una inclinación que acontece inherente. Tal vez contribuyan a esta tendencia las grandes dosis de información que nos lanzan y lanzan para manipularnos con mayor facilidad. A esa insolente cantidad de mensajes subliminales que utilizan para programarnos, sin tan siquiera, nosotros, ser conscientes de ello. La corrupción termina por aparecer a medida de que nos procuramos concesiones que redundan egoísmo, al creernos con el derecho de cerrar los ojos y dejar de escuchar las verdades desagradables e innecesarias que acontecen cercanas y de las que somos participes, que existen, porque a ellas contribuimos.
Habitan muchos automatismos en nosotros, algunos que acaecen por la dejadez y otros que aparecen y perduran al prevalecer, siendo respuesta, este interés personal que menciono. La reiteración constante de que nos debemos a la constitución y reafirmación de nuestro yo como individuos solamente está abanderando competición y fronteras, hemos sido conducidos hacia la normalización de las diferencias, a esa meta donde las diferencias asoman como deficiencias y como realidad destructiva, no como eficiente fusión que reportará mejoras en nuestro avance. Nuestros mandatarios, el poder que establece, visible o en la trastienda, se ha olvidado o para nada le conviene evidenciar y demostrarnos que una buena predisposición, en todos los seres, a la solidaridad y en todos los ámbitos, provocará el entendimiento saludable, es la más eficaz de entre las tantas herramientas de las que disponemos para ejecutar el cambio hacia una tierra que desde siempre ya tenemos, pero que perdió, por alguna causa, la lógica y razón de la mejor de las conciencias.

Los efectos colaterales que repercuten en la vida de cada uno debido al estado ajeno acaban por demostrarse evidentes; los humanos renunciamos a ser realmente humanos cuando demostramos cuanto es de grande nuestra parte de incivilizados.
Generación tras generación, si prestamos atención, observamos como incluso ha llegado ese tiempo en que confundimos lo que significa victoria, llegando al punto triste de venerar un seguido de ruindades, miserias y derrotas.

Los falsos beneficios del ahorro energético

Los falsos beneficios del ahoro energéticoAlgunas cadenas televisivas y emisoras radiofónicas, periodicamente y sin falta, se dedican a publicitar lo tanto de económicamente beneficioso que asoma, con las debidas prácticas, al alcance de nosotros como consumidores, si es que, siendo responsables, adoptamos las medidas convenientes en lo referente al consumo energético.
Estoy hasta las pelotas que me coman la olla con información que no me reporte, en realidad, ningún provecho personal; cabe añadir, preocuparme en hacer, para que un seguido de grandes multinacionales incrementen todavía más sus beneficios —siempre me quedará escuchar (posiblemente, por boca de necios), cuánto y cuánto me agradecerá este ahorro de energía la madre tierra—.
Las compañías eléctricas, como cualquier negocio que pretenda ser rentable, deben conseguir números positivos en sus respectivas anualidades, suceda lo que suceda, los tienen estipulados. Para que esto devenga así, también, si lo necesitaran, les sobreviene la ayuda de las respectivas comunidades y gobiernos. Resulta, por lo tanto, una verdadera falacia el hecho de que los ciudadanos consigamos reducir el dispendio si tenemos a bien seguir la retahíla de consabidas propuestas que nos señalan como ideales si es que pretendiésemos economizar nuestras facturas energéticas. Energías que creemos imprescindibles, que nos aparecen como irrenunciables, dentro de esta nuestra mentalidad de mundo desarrollado y occidental.
Nos indican las franjas horarias que nos convienen para abaratar el coste de nuestras facturas. El cambio de instalaciones y de aparatos eléctricos antiguos por otros que han sido catalogados como mayormente eficaces al aminorar el consumo. Han conseguido que cambiasemos el modo de iluminar nuestros hogares, inclinándonos a optar por bombillas que nos resultaran más rentables (demostrándose, a posteriori, que el tipo de iluminación que nos han propuesto es altamente nocivo, pues, dicha iluminación «luces fluorescentes de bajo consumo «CFL»» desprenden ante el desgaste dado por los cambios térmicos inevitables y en la forma de polvo imperceptible, partículas de mercurio que, seguro, terminarán por respirar toda nuestra familia dentro del hogar (está prohibido el uso de mercurio en los aparatos eléctricos y equipos electrónicos, pero consentido su añadido dentro de unos baremos acordados).
Expuesto el asunto de los beneficios empresariales y hecha una ligera anotación al respecto de cuánto y cuánto tienen los gobiernos sus manos atadas ante las grandes economías empresariales. Queda claro que a medida que los ciudadanos adoptamos las fórmulas que se adecúan al ahorro, cada una de las empresas vinculadas al sector energético, al observar como momentaneamente reducen ingresos y por lo tanto beneficios, efectúan un incremento en cualquiera de los apartados de nuestra factura, reajustan para proseguir con su escalada de beneficios. Consiguen cuadrar sus cuentas y aumentan sus beneficios, al aún proveyendo menor cantidad de energía (dado nuestra preocupación y esfuerzo), incrementar ¡ todavía más !, sus ingresos.

¡ Hasta los huevos !. En este sistema donde prevalece la competitividad devoradora y está autorizada la crueldad máxima, donde los combates se repiten inagotables y se prima la eficacia en las finanzas a cualquier precio. Sistema que adoptó como norma básica e ineludible la gula consumista. Sistema en el que impera una ley depravada «el que más tiene es el que manda, pues, él es el más fuerte». Este sistema favorece únicamente a los que realizan las apuestas sujetando el mayor capital. Este sistema es una grandiosa y sucia trampa para todos aquellos que somos obreros. El poder es conocedor y se vale de nuestra credulidad —para mí, la credulidad, una mezcla deliciosa que cabalga entre la danza angelical y una de las medias verdades humanas—. El poder fabrica; sabe acerca de la importancia de generar ignorantes y sumisos; hombres y mujeres que se conformen con unas pocas banalidades y retoques superficiales que sólo resultan ser instantáneas que pronto se extravían: espejismos que tienen prisa, puntuales y cambiantes. Al poder le interesan seres que piensen que ya hallaron la felicidad y sonrían agradecidos. El poder conoce los tantos por ciento: Cuánto debe apretar las tuercas sin que se estropee el funcionamiento ¿perfecto? que le conviene y se pare o estalle. Cuántos tienen que padecer enfermedades y sufrir la miseria. Cuántos corresponde que sobrevivan o deben sumarse a la lista, como muertos.
Cohabitamos dentro de una fábrica. Existe una máquina que funciona aceitada con sangre. Debemos hallar, el pistón o uno de sus ejes o correas o poleas, esa pieza desde cual le sobreviene el impulso. Cabe encontrarla y golpearla y destruirla hasta que no más ande y ya no requiera de sudor, lágrimas y de nuestro aceite.

Rayadas, rellanos y rellenos

« Hasta que no se indague acerca de la manera de concederle gozo al alma, ninguno de los sistemas habidos o que inventemos llegará a mostrarse como engranaje eficiente para caminar.»

rayadaEmbestidas y atropellos de guante blanco: Hoy de beneficios para algunos. Desdicha para la inmensa mayoría. Mañana de catástrofes para todos.
Bien delimitados están los lindes; por verjas y alambradas que aparentan ser infranqueables pero que perfectamente podrían ser derruidas —el final y la lectura como tal de la muerte interesa que exista—. Por muros hormigonados afianzados dentro de los corazones y las mentes. Por un cántico de imposiciones determinantes y de credos obsoletos que solamente conducen a vivir escasos de luz y en la trastienda. Arrastramos, desde hace largo tiempo y sin tan siquiera darnos cuenta, figuras inservibles y estructuras deformes cuales potencian desviaciones ilógicas, tropiezos y torpeza, enfrentamientos innecesarios y recelos que conducen hasta las paranoias más sutiles y difíciles de erradicar al ser sumamente complejas. Permitimos la peor de las monotonías y renunciamos al arte posible y mayor, mientras hipócritamente pregonamos creer en sueños, querer salvar la tierra.

Dentro del cubículo no existen las diferencias —sucede que convivimos e interactuamos dentro de una caja precintada por unos pocos. Asintiendo ante la presión que revienta y consintiendo en que nos roben el aire y digan que simulamos asfixia—.
Sí que actúa la política, pero… ¡como una gran farsa!… Un encantamiento vomitivo que, con mayúsculas y negrita, resalta el valor fundamental de las normativas y las leyes, mientras, según convenga, esos mismos seres que legislan situados en los lugares privilegiados de un estado, personajes con sillón confortable y con derecho a voto preciso y contundente, a palabras en estrado y medios de comunicación a su alcance, modifican a su antojo o esquivan motivos de sentencias o cierran los ojos por momentos o se las saltan. Quizás, como simples marionetas incapaces de gestionar sus propios movimientos ¡dirigidas!, movidos por los hilos que manejan con su cruceta maquiavélica esos otros —de número ínfimo— que a su vez les permiten y posicionan, cuales verdaderamente dictan las normas del juego en este planeta.

La política de urnas y de estrado. Una política de engaños consecutivos. Pero… como resulta, fuera de libros, teorías y tecnicismos, como resulta, en que se convierte, a pie de calle, durante su aplicación, si es que la medimos con el pragmatismo tangible que nos demuestra con cada una de sus formas pretenciosas:
El comunismo: Hipnotismo. Falacia. Sólo palabras. Igualdad venida a menos que queda en nada a causa de la condición humana con sus consabidas miserias.
Y, este socialismo: Término medio. Maquillaje urdido dado sobre la maquinaria para elaborar fácilmente una tela seductora de araña donde terminará atrapada la sencillez estupenda de los obreros, de los obreros crédulos.
El capitalismo: Moneda sumada a monedas. Un modo que usa mil engaños y consigue que los hombres renieguen del sonido musical y las razones ilógicas pero magníficas del corazón. El capitalismo: Desequilibrios. Descompensación. Competitividad y ambición. Pugna de poder. Desmesura. La justicia relativa. La injusticia que nada valora la dedicación y la entrega de las tantas hormigas que incesantes trabajan.

Sabe a cobardía el reparto interminable de agresiones que reciben seres bondadosos e inocentes e indefensos, tanto jóvenes y niños, como los casi ya desvanecidos dentro del crepúsculo del cansancio y el sueño, por viejos.
Sabe a cobardía la suerte tozuda que provee de infortunio a los débiles. La suerte que no es casualidad vertida por el destino. La que determinan las decisiones humanas cuándo se amparan en conjuros demoniacos que susurran promesas y tutelan ambientes travestidos.