Sabor de fresa

sabor de fresaLa frescura de una sonrisa se agradece. Sonora o visible, estridente u opaca, siempre amable. Está, se recibe, llenándonos con un invisible pletórico, rebosante de vitalidad.
El agradable poder del interés por los aparentes ajenos -cuándo los demás nos importan-, suma y construye puentes sobre ríos que aparecen violentos e intratables.
Seres igualmente desnudos, en cada uno de ellos cabiendo, todos ellos esgrimiendo respuestas sabias a nuestras preguntas. Precisamos aprender a escuchar para interpretar con acierto, ser un pelín mas humildes y reconocer que hay una identidad común entre nosotros y el resto de lo existente.
Al vestirse de desinterés los ofrecimientos, encontramos pausas de paz que contribuyen a que sea fructífera la busqueda, entonces, incluso el anhelo deja de ser angustia y nos completa -resulta
s como sí en la puntualidad de dichos instantes, la mansitud del agua que sostiene un lago glaciar nos invadiese, mostrando y reconvirtiendo lo que deviera-.
En ocasiones nos damos cuenta que respiramos incluso faltos de oxígeno, y es que la pureza nos abraza de tal manera que son llenados nuestros pulmones de vida aun cuándo la muerte campara a sus anchas a nuestro alrededor.
Nacer -como nacen, consecutivamente, las flores entre las hojas y las hojas dando criterio a los árboles y la escritura dando sentido a los libros que nos llaman desde los estantes-.
Nacer, reconociendo que cada instante nos provee de nuevas formas para degustarlo todo y avistar el paso adelante.
Crecimos desde la nada, donde incapaces de reconocer la humedad o la sequía, el universo nos mecía y columpiaba.
Nacimos con y por el placer de los cuerpos, cuándo éstos se desabrocharon la vergüenza y, enlazándose, inventaron nuevas palabras y redibujaron desvencijadas figuras. Desanudados quedan los disfraces Encontrándonos sin precisar sol, luna, estrellas o brujula. Destiñiendo nuestra piel dentro del aroma de otra piel que aguarda la comunión como símbolo de mezcla. Partimos de un encuentro y desde el nada saber vamos adquiriendo conocimiento de tierra y cielo, de aire y fuego y del ser de hombres.
Perpetuar el orgasmo inicial y placentero: Proyecto de un existir entre metamorfosis inevitables y continuas -sin que nada acontezca siendo un lastre que maniate los movimientos y la comprensión-.
Con el vigor anclado al alma, mostrándose presente para ser capaces de echarle arresto suficiente a cada uno de los apartados de nuestra vida.

Dándole gracias al mar por ser cambiante y a las montañas por integrarse al deshacerse. Marchar hacia adelante, mordisqueando, saboreando y sonriendo.

Abriendo puertos

«embassament de Cavallers (Lleida)»

«embassament de Cavallers (Lleida)»

Destellos cristalinos, relámpagos que aúllan vistiendo de baile el cielo.
Viaje por el espacio. Estamos. Cabemos. Progresamos desde tus invisibles maneras, Creación ¡forjando y esculpiendo!, durante toda nuestra marcha.

No repetimos en esta carrera ni una sola posición, se advierte que no existe un tiempo perdido dentro de la evolución, somos raíz y semilla y cultivo pendiendo del Árbol.

Cualquier cielo es firmamento único, ampara un fabuloso teatro hecho de esporádicos instantes en que viejas figuras y emociones aparecen simulando ser nuevas.

Habita la luz; en cada uno de los rincones, en los espacios amplios y en los pliegues de una esquina, bien a la vista o semi-escondida, consigue que una mente ciega, de repente, al fin vea.

Una mente sometida a una musa: relámpago que enciende la mecha para que un universo pueda ser, nazca, entrelace y entienda.
 
« Dudas y contradicciones son contracciones, en este parto donde se define la elección de una realidad.
Suerte en la gesta, de hacer de ésta, el sueño deseado que alcanza la parte tangible adosada al genio cabal.»

Magnetismos

      Entre otras cosas, se nos da bastante bien, a los humanos, el despotricar sobre el amigo del vecino de nuestro primo al cual sólo hemos visto en un par de ocasiones; no está mal, contando, claro está, con que lo hacemos de manera altruista, además no cobrando ni un euro por ello.
        Aquí me encuentro, pensando la de veces que nos resulta mas agradable ver la paja en el ojo ajeno que no en el propio: lo cómodo que resulta preocuparse por los valores que deberían tener los demás, y no por los actos que, durante nuestro día a día, tendríamos que corregir o promover. La verdad es que no sé en que medida estamos preparados para atender a la voz de alarma al recibir ese sobresalto que devendría al comprobar, si es que fueramos honestos, lo mortales, ruínes, monstruosos e imperfectos que somos, al igual que darnos cuenta dels mucho trabajo que, en nosotros mismos, nos queda por hacer.
—¡que yo NO!
exclamaría y nos discutiría alguno, esgrimiendo su espada de justicia y  perfección.
    
—que mis pasos marchan a favor de alcanzar una nueva era: la del reencuentro entre hermanos y la solidaridad. Que mis pasos se dirigen en pos de un nuevo inicio: de un reseteo, en el que se pierdan esos vicios, esos códigos y esas fórmulas adquiridas sin tan ni darnos cuenta, con las que cargamos, encontrándolas como normales, al estar más que adheridas. Adquiridas, mediante la cultura que se quedó encallada en una vuelta concreta: Por educaciones que se impartieron según conviniera para una mejor manipulación. Por tabús que pueden devenir del entorno más familiar, cotidiano y directo. O por complejos que arrastramos por falta de aceptación de la realidad que nos pertoca; aspectos cuales colapsan la comprensión de aquellos (nosotros), los que por naturaleza intrínseca, dado el vínculo y las coincidencias irrefutables, debieran demostrar empatía y ser buenos entendedores.
 
      Ahora es cuando te escucho, al advertir que declinas de una posición egocéntrica e interesada, la rechazas y buscas un remedio alternativo que pueda proporcionarnos el reencuentro identitario, y, por supuesto, con el cosmos; puesto que «al cesar lo que es del cesar» y visto como se quiera ver, no dejamos de ser una partícula de entre infinitas partículas, de esta gran familia que es el universo.  
Tan siquiera darme cuenta de lo escurridizas que son las ideas, de lo efímero que son, algunas veces, los ideales que acometemos.
Razones para esforzarme o luchar, no me faltan; tenemos motivos importantes más que suficientes para decidir nuevos rumbos. Porqué, entonces, asoman tantas dudas demoliendo ilusiones e ideales, obstruyendo los mejores caminos; proyectos que, aun pudiendo tacharse de ensoñación, parecen metas factibles que cabrían como nuestra realidad.
Me tomo de una mano, me llevo, a regañadientes, hasta un espacio alejado de la la distorsión voraz; rincón en el cual, sinceramente escuchó esta pregunta…
 
¿Son, acaso, tres gotas de lluvia en algo parejas a millones de otras gotas?… Simplemente me queda responderme «cuanto en común tiene con el resto, mi identidad».