A uno mismo

a uno mismo

quieres saber
cuánta liberación
cuando dejas de ser.

Tú.
Amarrado con sogas
—gruesas y delgadas—.
Yo:
Ni maniatado por alas
ni forzado por cadenas.

Tú.
Yo.
Así mismo o a la inversa.
Reconoce que conoces y conozco
hasta la relatividad de la importancia.

**
Por qué callas.
Padeciendo de mudez
sujetas con obstinación,
estiras hacia adentro.
Reniegas de repasar el diario
¿cuerdo?-terrícola de instantes
y contrastar experiencias.
Eludes compartir el agua de tu pozo,
te fuiste con ella.
La supiste, turbia.
La pretendiste, limpia,
sin barro ni lava ni azul,
la querías de vacío natal
completamente llena.

Apartado.
Renuncias al conocimiento racional
y adoptas al loco sideral que despega
¡relámpago!
¡impacto fugaz!
¡cohete!
a la caza de mundos
… dejando atrás
concurrencias aciagas.
Universos de otros
que se disimulan y amparan dentro de algún disfraz
mientras dicen mitades
y hacen e inventan, confusos,
y malogran
tan equivocados como endiosados
Otros (que espero no tú, que espero nunca yo),
cuales viven emparedados,
cuales viven porciones contadas
dentro de diminutos recintos
e inhalando respiros siembran cipreses
para darle hospedaje a los réquiem
y predecir un siempre
plagado de difuntos.

Por qué giras la cara
e indagas, ausente:
Latitudes y frentes.
Grados que aguardan
soportando
nuevos ambientes y esquinas.

Porque yo:
Explorador,
desenpolvo puertos y óxidos,
útiles inútiles aparto.
Pensar que pensar que desgasta
¡maquinaria imparable
causante de logros y estragos!.
Desacelero lejanías.
¡Improviso!.

Porque yo:
Transeunte minúsculo,
¡desencarcelo!.
Considero la suerte fatigosa y cabal
que auguran y esconden los pensamientos:
Simple complemento. Nunca fundamento.
Ruidoso elemento que prometiendo cofres
aporta cercos y aisla
anegando reuniones y viajes.
Por rodar limitado solamente queda
como nudos, pies y kilómetros.

Porque yo:
Demasiadas palabras.
Porque yo:
Cerceno anhelo.
Demando poco equipaje.
Porque yo
pretendo liviano
y flotar siendo nada
¡merezco marchar!
la gratitud del olvido
con sus descubrimientos.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Blanco y negro; la escritura

« sender cap l'estany de les Monges »

« sender cap l’estany de les Monges »

« Como si fuera un viaje en tren.
Tras el velo de doscientas estaciones,
el trayecto me trae hasta hoy.»

              ***
Del blanco papel alisado
con tendencia a rectangular,
que virgen e inmaculado
aguarda dentro del cuaderno
el tono introspectivo
¡El reflexivo impacto!:

Del corazón enamorado
-aunque algo viejo (al caer años y edad),
pero de porte juvenil por alocado-.

Del penetrante e insufrible rencor
-cual es pestilente al rebosarle bilis-,
que araña fieramente las entrañas del infierno.

Del vientre, que redondo e hinchado
y alegre; como árbol florece
ante el feliz y pronto nacimiento
-posible domador del futuro incierto-.

De inevitables risas que explotan;
al saberle hallar
a absolutamente todo su comicidad
-para nada conocen
a esa silenciosa seriedad que impera
en confesionarios de iglesias,
estrados y claustros de conventos-.

De románticos e itinerantes trovadores
o circenses acróbatas o payasos;
-con laúd, cascabeles y polvo adherente
o una enorme tarta entre sus manos-. Sigue leyendo

Cruzar de puertas

Ella, sola, cerca de una barra, la situada en el linde de la pista de baile; imaginando como sería compartir su fiesta de hoy con un hombre que tuviera las justas proporciones para completarla. Ella, con el corazón voceando «quiero compañía», pero falta de atrevimiento; distante, cobarde y callada.
Él, solo, enardecido, con fuego en los ojos, acogiendo sensaciones y renegando de pulsaciones que equivalieran a carga. Él, disfrutando de la psicodelia generada por un combinado explosivo de sustancias; barajando ensoñaciones que le proporcionaban un seguido de realidades combinativas y alternas. Él, recopilando sensaciones que creía perdidas, jugando a preguntarse cuántos pedazos tenía que reunir para completar su identidad y saber quién era, en qué lugar se encontraba y hasta cuál era su siglo.
Ella y él, coincidieron al hacer un giro sus cabezas, un giro casual y simultáneo que provocó se abrazaran y besasen sus miradas. Ellos, a partir de ese momento, cómplices urdiendo planes de futuro, interlocutores que se insinuaban absteniéndose de palabras.
Ella (Elena), de pie, sorbiendo un trago del combinado que, siéndole servido en un vaso largo y de tubo, aparecía sobrio, se diría que desamparado, al carecer de azucar colorido decorándolo y sin ser alegrado por algún pedacito de fruta. Ella sintió una presencia a sus espaldas y, disimuladamente, dejando el vaso sobre una de las muchas mesas, elevadas, pequeñas y redondas, cuales estaban repartidas por todo el local, aprovechó para mirar y cerciorarse, si su intuición le mentía o era adivina porque acertaba.
Elena pudo comprobar que, a un par de metros, Él (Oliver), reseguía sus curvas estirando levemente su cuello, leía tan absorto la figura de Elena que no pudo percatarse del guiño que ella le lanzó para indicarle que tanta distancia sobraba y que ya era hora de añadir el tacto y sus voces, al orquestar de los ojos que solicitaban ya, desde minutos antes, los sabores húmedos concedidos por la proximidad.
Por fin, Oliver, elevo lo que era fantasía hasta el proposito y la acción, dio dos pasos al frente y puso sus labios a tocar la oreja derecha de Elena, así susurrándole con tono grave y cálido «doncella mía. Paisaje deseado. Tú, que como pasaje presente estoy seguro de que serás gustoso futuro… ¿Tienes colchón y diván para mi corazón, instrucción procaz para mi espíritu y vaina atenta dónde goce mi carne desentendida de la punta y filo y mal de toda espada?».
Elena, ante tal pregunta, cayó en la propia cuenta de su necesidad, posó, delicadamente, una de sus manos sobre la nuca de Oliver y le contesto «Ofrecerme tus primeras palabras y ya pedirme que te responda como trapecista; vienes fuerte y advierto que nada te falta, siento que posees; aire, agua, tierra y fuego… Me incitas a comprobar si eres mi premio y mi santo grial, ese elemento añadido capaz de satisfacer a mi piel y cubrir los vacíos inhóspitos que tengo cuándo sueño. Quiero reconocerte para saber si dispones de la magia suficiente como para restaurar mis entrañas y recuperar la savia que extravié durante el camino. No sé si tengo lo que me pides, pero, si estoy segura de que me atrevo contigo».
En esta hora el silencio es tan grato, irresistible y comunicativo que vence a los muchos decibelios. Un lazo abierto advierte que la caja portaba un regalo. Y un duende se despierta para abrir el día y pronunciar el cierre de la noche.

Zumo preciado

Zumo sin precioCreer en la magia y reconocer el libro en que se halla descrita la pócima para traernos de cuerpo presente a nuestra media naranja.
Buscar los ingredientes, elaborar con esmero y bebernos la pócima. Hallar esa mitad que, unida a la nuestra, nos permitirá llenar el vaso con el mejor zumo así saciando aquella sed que nos impedía hacer una parte del camino.
Compartir: Caminar pausadamente. Probar piruetas y conseguir acrobacias de belleza plástica. Descansar algunos ratos y también tropezar… Exprimir instantes con ahínco resaltando la fe que tenemos en la unidad.
Encontrar… pero no esperando regocijarnos en un presente de sumisión donde resuene, de continuo, un «SI-AMÉN» enfermizo.

Sorolls de vida / Sonidos de vida

sorolls de vida - sonidos de vidaMai corro les cortines
ni abaixo les persianes,
estimo el descans i els verbs
que brollen des de la plaça.

Afegit; com si el mateix vidre d’una finestra,
veig néixer, transcórrer i morir els dies,
inclinat cap al rostre expressiu i canviant
que, xerraire, la plaça em regala.

Tant gaudeixo de les primeres
com de les últimes llums,
dels plataners i dels roures,
de les palmeres i alzines,
del cant despert dels ocells
i del goig viu de les flors,
de la pluja en ser plor i somriure,
llum emotiva de l’existència.

Em desdic dels meus anys
en veure guanyar salut als infants
mentre conquereixen jocs
i tasten el so net de les seves rialles.
Fins i tot em desdic dels llibres
en sentir-me complet i instruït
per tots els glops de vida que passegen
mostrant-me les tantes mesures
que es disposen dins de la llibertat.

Miro -obert al repàs-
observo els anys reposar
allunyats d’angoixes
propers a les bitlles, els escacs i la petanca;
avis que xarren mentre prenen el sol
i en moure aquell bastó -amic fidel-
que subjecten amb una mà,
expliquen com a directors d’orquestra
fent sentir a d’altres:
trons i cants,
llamps i encanteris,
vespres i matinades que ja van passar,
però, que per importants,
queden molt endins com a tresor.

Mai corro les cortines
ni abaixo les finestres;
sempre espero els diàlegs del carrer,
el dir i insinuar de la gent,
els moviments variats que assoleix la plaça.
M’agrada que la llum banyi casa meva
per trobar-me escampat
com un gest senzill
que volta per tot arreu.

Mai corro les cortines.
Mai abaixo les persianes.
Mai tanco les finestres…
doncs no vull perdre’m cap detall
de la tanta vida amb la qual dansa
la meva plaça il·lustrativa.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

___________
(castellano)

Nunca corro las cortinas
ni bajo las persianas,
amo el descanso y los verbos
que brotan desde la plaza.

Añadido; cómo el mismo vidrio de una ventana,
veo nacer, transcurrir y morir los días,
inclinado hacia el rostro expresivo y cambiante
que, parlanchina, la plaza me regala.

Tanto disfruto de las primeras
cómo de las últimas luces,
de los plataneros y de los robles,
de las palmeras y encinas,
del canto despierto de los pájaros
y del gozo vivo de las flores,
de la lluvia al ser llanto y sonrisa,
luz emotiva de la existencia.

Me desdigo de mis años
al ver ganar salud a los niños
mientras conquistan juegos
y prueban el sonido limpio de sus risas.
Incluso me desdigo de los libros
al sentirme completo e instruido
por todos los tragos de vida que pasean
mostrándome las tantas medidas
que se disponen dentro de la libertad.

Miro -abierto al repaso-
observo los años reposar
alejados de la angustia,
cercanos a los bolos, el ajedrez y la petanca;
abuelos que charlan mientras toman el sol
y al mover aquel bastón -amigo fiel-
que sujetan con una mano,
cuentan como directores de orquesta
haciendo sentir a otros:
truenos y cantos,
rayos y hechizos,
vísperas y madrugadas que ya pasaron,
pero, que por importantes,
quedan muy adentro como tesoro.

Nunca corro las cortinas
ni bajo las ventanas;
siempre espero los diálogos de la calle,
el decir e insinuar de la gente,
los movimientos variados que logra la plaza.
Me gusta que la luz bañe mi casa
para encontrarme esparcido
como un gesto sencillo
que merodea por todas partes.

Nunca corro las cortinas.
Nunca bajo las persianas.
Nunca cierro las ventanas…
pues no quiero perderme ningún detalle
de la tanta vida con la que danza
mi plaza ilustrativa.

318-omu G.S. (bcn. 2015)