Interiores

interioresDe terciopelo, tus pisadas. Aun sin quererlo, cualquier tarde o mañana te tenía. En el ascensor; cabizbajo, casi ruborizado por el anhelo, hecho realidad, de oler tu pelo, de robarte un beso al vuelo, estando cerca e imaginando. En el super, rebuscando los amarillos de las ofertas, rozando tus manos en el asir de un lavavajillas, adelantándome a coger el bote de tomate que, justamente, tú ibas a agarrar. Nos encontramos por sorpresa; me pregunto si, cuándo sucede, brillan en exceso mis ojos o si al acentuarse mi vergüenza, aparento torpeza al caminar.
Soy como un niño que anda encantado ante esos instantes sinónimo de adolescencia que consigues hacerme vivir de nuevo. No dispone de edad tal química; sé que los setenta años resultan transformados en cincuenta y que los cuarenta son una veintena. Y es que la vida es
mecida y rejuvenece al sonar las campanas del enamoramiento. 
Corto es el tiempo en que coincidimos; busco interesarte, pero solamente tengo un minuto para llamar tu atención; no me da para relatarte cuántos son y qué medida tienen mis sueños. Debo atreverme, se que para tales logros de nada sirve ocultar la esperanza y propuesta que barajan mis sentimientos.
Tanto el orgullo como la vanidad y el egoísmo se dan a la fuga cuando nos encontramos, resuena una melodía plena de de altruismo embebiendo este estar. Quiero que tú dejes de provocarme torpeza al ser mi ansiedad. Deseo pausar el deseo al ser capaz de confesarte la dicha que siento al estar a tu lado y la hilera de deseos en la que apareces.; tengo fe en que se haga realidad lo que ahora tan solo es una ensoñación provocada por ti.
                             ***
Recorro tu cuerpo con la mirada y percibo en el alto y ancho y en lo hondo de tus formas la consistencia, el contenido y el aroma que sabrá saciarme.
Existe un lecho aun por vestir con nuestros cuerpos, quiero creer que no sucederá el olvido que termina por verter un “pudo de ser” que conversa con el fracaso y el abandono.
Hay un lugar donde se reúnen a tomar el té un coro que sirve conciertos surtido de corazones; te cito para que acudas a él; despierta, natural y sonriente; como la joya que eres. Ven, no cuestiones el peligro, no lo dudes ¡ven! pero no te olvides… completamente desnuda.
Causa tras caso y caso por hechos, caso las emociones con mis sueños; abandono razones que deriven hasta un laberinto y asedio el albor de un nuevo, nuevo, del Día.
Sé, que aun sin conocernos nos esperamos. Sepas que hace tiempo que dejé las puertas abiertas, de par en par, y en cada uno de los ventanales, de inmaculada y robusta madera, pirograbé tu nombre (Vid-A).
Cierro los ojos. Siento. Oígo resonar un tambor; señal tribal; bailo y bailo por él, no admito que quepa el renuncie, ni del amor que sostengo ni de aquel que espero, danzo para aligerarme de años, invitándoles a que me den la espalda.
Té sé (¿seré adivino?)… concluyente, definitiva; alejada de los puntos finales y los puntos y aparte. Alimento que no admite el rechazo bajo ningún concepto, más allá de una orden impuesta, estricta o cambiante, te sé alimento que debo probar para recrearme con la piel; disfrutarla, pero reconociendo que hay una extensión más sabrosa aun, que los placeres humanos vertidos con y por carne.
a



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