Instintos indicativos (R)

2012-05-13-106.jpg 

 

Me siento encandilado por el braille de tu piel:

delicada expresión de la materia.

Mi ruego solicita tener su proximidad,

la de tus ganas y epidermis.

 

Pido:

Fundirme por entero, con todos los jarabes

que derrama tu ser,

jarabes que sanan aún sin proponérselo.

Al poseer, tu persona, un lenguaje pleno,

plagado de blancos encantamientos.

 

Sigo…

sigo probándote…

consigo empaparme… de ti por entero.

Con este ritual

asciendo hasta el nacimiento.

 

Te persigo hasta un extremo

donde estrechándose los cuerpos,

siemmpre viene, siemmpre cabe…

derretirse en el apriete;

derretirse y renacer.

 

Y se desmorona el barro reseco.

Se pulen asperezas, se raspan las escamas.

Cuarenta grados se desperezan y prenden,

los antes, helados ambientes.

¡Ahora sí!, soy capaz de llegar a advertir;

como un ambiente es untado, a la par,

por el sabor a pasión

y el de la virginidad.

 

Me cautivas.

Cuando inspirada,

a mi lado cultivas,

deliciosos postres,

(con sabor a mañana

y no a un vencido ayer).

 

A las ácidas naranjas

las deleítas con miel,

y extraes la combinación perfecta,

Sé que todavía reservas

el frescor de la hierbabuena,

(seguro habrá un después).

 

El futuro está cerca; el nuestro.

Derrites sabor a hogar…

Resopla la cafetera

y remuevo este azucarado

amor con mi cuchara.

Veo la mantequilla resbalar

sobre el tricolor de la tostada.

 

Mordemos a una vez los dos;

y este bocado demente,

y a la vez, cordial y sensato,

llegará a valer más allá de los ochenta.

 

Con cada pisada nuestra,

rezuma un goteo…

y de elixires se sacian mis espacios,

donándome un éxtasis,

flotabilidad, ¡el nirvana!,

y la sensualidad apunta hacia la cúspide,

e innova, crea movimientos.

 

Sin estilismos

se puntean detalles,

(dignos por naturaleza).

 

Los dedos,

mis manos,

tus pies,

pincelan y absorben,

dibujan remedios

para el cuerpo y los aires.

Juntos, volcamos aquellos sentimientos

que le valdrían a museos;

¡obras repletas de arte!.

 

Se deletrea un inmenso imaginario;

góticas curvaturas

y esmerados lineales,

Finalizamos los crepúsculos

con un baile de credulidad inmortal

aún sabiéndonos mortales.

 

«La percusión: a corazonadas;

repiquetea, llena la estancia

y humedece las sábanas.»

 

La vereda nos cobija, pero se estrecha

entre acantilados confortables,

entre los cojines, cuales conforman;

una alameda.

Almohadones desgarbados;

convergen en un altar en cual me caso.

En este santuario sagrado

se escalonan las velas,

y los números y los nombres

pierden su esencia.

 

Auguro, un para siempre de desnudez.

Me apuro a desmentir a las distancias,

para sentirme unido,

más que cerca y pegado.

 

Los extras cercanos:

son labios sedientos,

que carnosos me esperan.

Cazadores de la tuya saliva,

de la voz de tu lengua.

 

Espontáneo: el ritual,

deja perplejo hasta al asombro;

frota el firmamento.

Toca el edén,

el genio de nuestras lámparas.

 

Las fibras se relajan;

cuando cumplidos están los deseos.

La demanda queda en pausa

y la deuda la arrastra el viento.

 

«Soy hombre, y, a tu lado marcho completo.

Soy un hombre que perdió la razón,

y al hacerlo… encontré la respuesta

para muchos misterios.»

 

Maestros somos, y alumnos,

en esta ceremonia.

Renueva el aire; el placer con su batuta.

Chispean, cual grata llovizna,

desde el extasis;

valses y sinfonías,

adagios y oberturas;

los sentidos se abren.

Desmenuzan, el do, y el re y el la;

los acordes.

Persiguen los gemidos

la taquicárdica lectura,

que aposentada sobre un fluctuante atril,

tiene puntos de locura.

 

La intuición ya me lo dijo,

-cuando te acerques,

sé decidido,

no sopeses ningún miedo,

no dispongas de mesura.

Así lo hice, y… ¡acerté!.

 

 

Lociones y cremas:

frenesí tocado por la suavidad.

La pasión, (enamorada),

novela la noche.

Le otorga el sol, ¡la luz!,

hasta que, cortés,

el alba susurre

exclamando ya el día.

Y el día transcurre,

prolonga la poética,

le regala estrellas,

deseos al cielo,

cometas y estrellas

que danzan al son

del amor cuando brillan.

 

 

Tus brillantes mechones,

desmantelan el sudor de mi piel;

mientras la erizan.

Son pinceles escribientes,

suavemente lustrosos,

que revolotean por mis adentros,

y cercenan mis miedos

cuando me prenden con sus cosquillas.

 

Somos merecedores,

de embriagarnos

y pendular ingrávidos

más allá de la tierra.

De estremecernos en la libertad,

abatiendo las alarmas

que subyugan a los tiempos.

 

… cerca de la vida.

… lejos de las guerras.

 

318-omu G.S. (Bcn.)

Anuncios

¡ viva la comunicación !

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s