Llama en carne aunque envejezca

 

Por ser hombre;

un hombre y de carne.

Un hombre que se cierne a la vida

desentendido de fines.

Un hombre que desaloja su vista

de los mil grados Celsius que huellan dando ceniza,

o, del peso,

cuándo la tierra se aploma y más pesa,

sobre los órganos ya callados

y la acritud solemne que refieren,

quietos, los huesos.

 

Al ser carne y de hombre;

yo juego a pecar.

Juego gustoso.

Peco, juego y deseo.

Deseo…

 

Tanto ese preciado tesoro

que anida asido a tu pecho;

como la brea que guardas

alejada de la santidad trivial,

de la castidad banal

y del hálito mordaz de la muerte.

 

… Y me dejo llevar.

… Y me dejo vencer;

por las ganas. ( El deseo me adoctrina ).

Por el olfato y el roce. ( Los sentidos son pies y galope ).

Por la piel y la imaginación.

( Hay sudores pendientes que valen como pago y saben a miel ).

 

Cuánto me place rebozarme con las ascuas de tu sexo.

Eludir aquellos silencios que solapan al placer, y…

reventar dentro.

Navegar, entre gemidos, por las entrañas de tu voz,

e incluso deleitarme con las providencia de sus ecos.

Cuánto me place relamer,

cada uno de los tonos saludables de tu cuerpo.

 

Tanto y tanto deseo adentrarme,

atreverme y ser un naufrago perdido en alta mar.

Ser un simple grumete o un experto capitán.

Ser mástil, remo o vela,

anclaje o tela,

cuerda o madera,

para saber sobre las olas que conversan;

mansas o altivas,

furiosas o pacíficas,

pero ante todo, sujetas a los minerales de tu mar.

 

Vale la pena atreverme,

porque sólo al atreverme;

tendré la recompensa,

al fin podré encontrar,

muchas de las respuestas sonoras

que me pide el hombre que soy.

 

Respuestas hechas de carne y emociones.

De carne que alía nuestros dispersos universos

en la raíz de un mismo ombligo.

 

Por ser hombre.

Por ser hombre y con carne:

soy incapaz de sostener perpetuamente la razón.

Y mucho menos cuando escucho el cálido rumor,

cuándo, insinuante me habla

el origen de la multiplicación.

Hasta el punto de hacer temblar,

de dar rienda suelta a una locuaz locura,

al extravío y a la lucidez;

así logrando hacer sinónimos a los opuestos.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

 

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