De dos: una voz


Ahora, ni una palabra vierte mi boca; dicen mis ojos, te hablan y piden. Descarados; como tramoyistas descorren el telón abanderando al deseo -auspician el justo punto de lascivia capaz de avivar lenguas adormecidas-
Tú, aparcas toda vergüenza; la timidez, apocamiento y fragilidad que otros, fruto de su desconocimiento, te suponen; y te preguntas hasta donde me permitirías… y te respondes -quede para ti- Yo rememoro e intuyo -antes ya tuve- luego, de seguro, ya más encontraré.
-Apostaría que apartas de las vías; cedas, prohibidos y limitaciones, que te prestarás a darle libertad a mis demandas, que accederás a concederme en todas sus posibles formas, la savia que salvaguardan tus montañas y tus sanadoras propiedades marinas-

 

Escuché. Entre sueños le confesaste a mi vigilia y a tu almohada, cuánta es la perdición que te sabe a gloria, que sólo negárteme sucedía, para invocando al animal, soltar de las cuadras su embiste, liberarle de su paciente espera, y que éste, contigo jugueteara presumidamente erguido -bien sé, que hay veces que precisas de un vendaval para que pleno de ímpetu éste te arrastre con su carácter sorpresivo, que si persistiera por mucho tiempo la suave brisa, quedarías aburrida por demasiados minutos impregnados de sosedad-
Rememoras días, dándote cuenta, que conoces con precisión; los enseres, amuletos y planos que protejo en mi cofre -hace algún tiempo que ya dejaste de jugar a los dados y a la ruleta, que tu ocio y placer no depende de ninguna apuesta-
Mientras le susurras a una noche deleitas mis oídos; me delatas poseedor de tu fusión predilecta… Repites con ganas, tomas y tomas de mis cócteles: De ese sexo -de dicción lenta- que consigue alzarte de a poco, el que se planta creyendo como irrenunciable cualquiera de tus trozos y, repasándolos, te lleva en volandas, logra elevarte hasta una cúspide donde persiste un eco embriagador repleto de gemidos.
De ese sexo aunado con aquellos apuntes medidos que vistiéndose con sentimientos calzan el porte romántico, así consiguiendo hacerte sentir sumamente valiosa, saberte insustituiblemente importante; no una vacua simpleza que se utiliza con puntual interés por disponer de apetitosas curvas y brindar el éxtasis con su carne, la cual, al poco, acaba considerándose superficial, desestimada; como en el póquer, un naipe en cualquier obligado descarte.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

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