Jodido por menospreciables superlativos

Hay épocas en que son desbancados los límites que uno puede soportar.
Hay épocas en que nos vemos obligados irremediablemente a catar la derrota, al sentirnos superados por una verdad detestable que se aferra con uñas y dientes a este sistema y a la sociedad de los hombres.

***
Decepcionado -por sentir que tantas veces ha sido vendida la confianza que en otros deposité.
Decepcionado por traicionado.
Decepcionado. Hasta el punto de tirar macetas al aire en mi propia terraza esperando que me rompan la crisma. O hacerme el “harakiri”, sacando filo a la punta del palo de madera de una escoba, por sí tal pasar de tiempo de desgracia se debiera a que soy un poético y despótico vampiro.
Decepcionado. No quiero ser guerrero y me considero expuesto a un sinfín de lanzas y piedras y cuchillos y dardos envenenados, aun a expensas de llevar el corazón sobre mi mano abierta y mostrarme tan humanamente imperfecto como desnudo.
Decepcionado. Dispuesto a dinamitar mi vida aunque sepa que ésta es mágica, insuplantable y única.
Decepcionado pero predispuesto a afrontar el propio vértigo y los ajenos; los apuntes que hay en todos de traición -querida o involuntaria- y de cobardia -por más que vendieramos apariencia-
A punto de tirarme desde lo alto de un edificio o colgarme desde el puente más ruinoso y destartalado teniendo como testigo a la luna… de entre todas las nuevas, a la mayor por oscura.
Tengo el estomago harto de indigestiones y mi alma flota -flota agotada- Mis oídos estan cansados de escuchar eructos y mi olfato lo esta de impregnarse de ventosidades. Hasta los mismos huevos estoy de tanta ambición conjugada con el poder y deseos innecesarios que se dedican a pactar con el sufrimiento y la tragedia.
Mi paciencia sufre, ya no resiste más esquinas rotas y de compra y venta, anda y espera extenuada; le resulta imposible por más tiempo, el precisar la tensión y sujetar el descabello sobre el que hacen equilibrios mis nervios.
Mi boca bebe del mal sabor de una bilis que aparece inagotable, pues mi corazón y mi hígado, cansados, dicen ¡BASTA!, se niegan a filtrar y reconvertir tanta incomprensión, disloques e injusticias.

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