Por cuenta del sonido

Existen habitantes que circulan impedidos;
repiten vueltas y más vueltas
merodeando un mismo punto.
Convertidos en soldados ególatras
extraviamos los valores
y acontece un sistema indecente
que no disfruta las estrellas que engrandecen
las montañas y la mar.

**

¡Oíd bien!
para no padecer la ventura del sordo.
¡Sin entrada
no existe renovación
ni hay salida!
Si así actuamos… ¡Sordos!
Si así decidimos… ¡Sordos!
Seremos pozos cerrados.
Seremos pozos baldíos
empapados de noche densa.
¡Oíd bien!
Es inmenso el progreso
que le debemos a nuestras orejas.
Son muchos (demasiados)
los que bendicen “sordo”.
Los que, sordos, escuchan.
Los que, sordos, transitan;
Los que deambulan
como cansinos narcisos embelesados
repitiendo su propio discurso
hasta la saciedad.
Quizás cohabitamos siendo seres
que extraviamos el don, natural y mágico,
asido a un par de orejas,
así olvidando la virtud que reside
en el hábito de escuchar.

318-omu G.S. (bcn.2018)

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