Una grande de mis partes

«Un padre. Un buen padre, aquel que le muestra al hijo tanto lo que no como lo que sí . Un padre que se muestra como ejemplo, siendo lo que somos: seres imperfectos.»
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Y el atardecer, cuando la isla todavía era virginal. Atardecer mirando el horizonte, escuchando los inicios del chill-out en un café muy especial cual luego obtuvo mucho renombre. A tu lado, disfrutando de la copa, con los ojos claramente sonriendo debido a una felicidad, fruto de la combinación del éxtasis natural del momento y de unas caladitas de una hierba que nos llevaba a percibir cuanto de juntos están el mundo terrenal con el universo divino. Y viajar, desde la península asfixiante hasta la libertad de esa isla que es por ti que conocí, y era siempre casa que me esperaba. ¡Cómo no agradecerte! cuando fuiste maestro y salvavidas que me ayudó durante buena parte del fuego de mi adolescencia, con sus consabidas infinidad de tempestades repletas igual de hielo como de lava.
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Buscar excusas ante aquel sufrimiento inevitable que me asfixia. Llorar por saber que de aquí ya tienes que marchar (ya marchaste). Saborear la amargura de la pérdida, porque es que contigo se van mis más hondas raíces. Querer de hombre, querer de espíritu, querer de niño… Y no hay más, que desde ti nací, que tú eres gran parte cual me concedió cuerpo, sueños y razón para hacer camino, tú por siempre serás mi Padre (¡grande mi Madre!).
Buscar verdad, y nada que reprocharte y agradecerte tanto (tanto a base de abrazos como de zancadillas igual aprende el sabio como el asno).

Camino por un par de pies

Sabemos que no somos seres perfectos, que nuestro origen más ancestral devino a causa de un torbellino que entremezcló a los opuestos; así siendo: me reconozco, te reconozco y acepto formar familia de entre las luces y la oscuridad que cabe en todo (bien visto: sí que un poco hijo de las tinieblas debo ser)… Porque debemos agradecer y no desear escapar de cualquiera de los mundos, sólo debemos decidir los principios merecedores de estar en nuestra vida y pisar con firmeza (seamos una saludable enfermedad que se contagia). Porque cualquier mundo nos concederá conocimiento y, a la postre, salud y privilegios. Cualquier mundo vierte suficientes elixires para que erradiquemos la porquería que pueda albergarse en un alma y la pestilente mierda de nuestros zapatos. Cualquier mundo desprende suficientes secretos como para que construyamos el bienestar: Crezcamos y avancemos.

Funambulismos

El humo se dispondrá como camino, humo disfrazado con infinidad de rostros y maneras; humo visible, humo invisible, cual le dará al destino un fruto con cual recortar el final y cruzar el horizonte. Allá, dónde el cielo besa al mar y ante nuestros ojos humanos, aparentemente, todo se termina, erigiremos cúspide, proseguiremos juntos dentro del ciclo, que recorre la mía junto a otras vidas.

Emociones

La lluvia caerá (como siempre, elocuente), y así como las lágrimas, puede saber a dulce o a salada, aliviar como bendición o mostrarse amarga, según sea la predisposición de nuestras bocas y la tolerancia de nuestro ser cuándo la interpretemos. Somos un tarro de sabiduría, cerrado en ocasiones, y cuándo así es, no desprendemos virtud ni comprendemos. Somos unos ojos abiertos dentro de una madrugada donde la luna habita tan inmensa que se asemeja al sol. Y ahí están unos ojos leyendo, más cercanos al corazón que al intelecto, pues buscan calmar esa sed milenaria cual no se calma ni con razón ni con palabras.

Partitura

Marxes com vas arribar:
Tot nu.
Ben oberts els teus ulls blaus
cercant el refugi ideal,
el gran tresor que és
un glop de matinada.
Te’n vas
dient-li a la mort
«vull més vida!»
I et desferàs!
I com les fulles seques
et retrobaré dins de la terra
oferint-me per sempre
la desitjada melodia.
I seràs fulla tendra
de nou penjada de l’arbre
tant en aquest mateix avui
com qualsevol altre dia.

(castellano)

Marchas como llegaste:
Todo desnudo.
Bien abiertos tus ojos azules
buscando el refugio ideal,
el gran tesoro que es
un trago de madrugada.
Te vas
diciéndole a la muerte
«quiero más vida!»
¡Y te desharás!
Y cómo las hojas secas
te reencontraré dentro de la tierra
ofreciéndome para siempre
la deseada melodía.
Y serás hoja tierna
de nuevo colgada del árbol
tanto en este mismo hoy
como cualquier otro día.

Estancados sobre el lodo

Ojalá los que reparten noticias mediando los diferentes canales de comunicación pudieran ser autónomos a la hora de opinar o discrepar; suele ocurrir, frecuentemente, que están sujetos a los intereses de esos pocos que dirigen, a su vez, a conveniencia de otros, nuestra opinión suele estar sujeta, sin saberlo, a esos medios de comunicación que esparcen noticias y corrientes de opinión. ¿Dónde la libertad? ¿Dónde el derecho a exponer según lo que nuestra propia moralidad, valores o criterio nos indican?. Vergüenza tendríamos que sentir cuándo permitimos ser manipulados y contribuimos a la sumisión de un pueblo y admitimos los condicionantes injustos que imperan dentro de nuestra sociedad y sistema.
A llegado una hora en que los extremos en que nos ubicamos denotan una máxima incoherencia: ¿Derecha o izquierda?. ¿Machismo o feminismo?. ¿Capitalismo o comunismo?. ¿Catolicismo, Islamismo o Judaísmo?. Términos con un significado que se utiliza según conveniencia, y sin que una mayoría nos cuestionemos, razón y significado en cada una de las exposiciones o acciones que se utilizan a la hora de determinar el punto exacto que representan.
Las líneas que nos separan nunca ayudan a llegar a buen puerto, sólo dividen en pos de aminorar la fuerza de empuje con la que podríamos esgrimir un cambio social hacia mejor.
¿Para que, sino, resaltar la imperfección e impurezas que se aúpan sobre el resto, en vez de remarcar la coherencia y grandeza que albergan otras ideas propuestas por parte de los demás, aunque parezcan distantes?. Sufrimos con un cerrojo que nos atenaza e impide avanzar, que nos impide reconocer la valía de las diferencias y variedad en cuanto a opiniones y credos. ¡Viva la fusión y la mutación e innovación cabida en la comprensión que facilita el poner corazón y oído!. Qué demuestra más vida sino la misma inercia propia de la creacion cual genera continuas novedades y cambios: Crecimiento y avance.
No marchamos (porque no les interesa a una minoría) en pos de encarar el camino enfocándolo bajo un prisma de cohesión; marchamos defendiendo y protegiendo intereses egoístas y pequeños, cayendo fácilmente en los tentáculos de las opiniones que son esparcidas para causar falta de integración, abstinencia de lucha y rechazo, así como la omisión de los deberes humanos que nos correspondería como tales.
Nuestra visión de camino y futuro es, igualmente, tanto obstinada como limitada; somos esclavos y deambulamos siendo sumisos de la voluntad de otros que manejan los hilos según les conviene. Eludimos anteponer resistencia y enfrentarnos a los hechos injustos que se suceden, al sustentar un miedo y una cobardía mayúscula. Nos conformarnos con esas migajas que convenientemente se les caen de los bolsillos a los que dirigen (conocidos y desconocidos: poder fáctico que pulula careciendo de nombre y sin rostro). Terminan por contribuir a que muchos seres pierdan la dignidad y agonicen con un dolor innecesario. Demostramos, en multitud de ocasiones, una indiferencia impresionante ante el sufrimiento que existe dentro de la vida de otros seres iguales, en cuanto a especie, y contemporáneos en cuanto a tiempo de disfrute sobre este planeta. Abstengámonos de cualquier crítica destructiva, así como de generar corrientes de opinión que no reportaran el entendimiento al respecto de lo valiosa e indispensable que es la unidad a la hora de encarar el mejor de los progresos.

Igual que coral

Me llenan de vida esos abrazos recibidos que son entregados como si se tratarán del último: repletos de una fortaleza cual sólo es capaz de habilitar el amor… Así siento los de mi hijo y los que para contigo.

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¡Llegó!
Llega a sentirse como el arrullo del agua surgida desde un manantial: corre secando sedes y llena con una sabiduría que traspasa mundos evidenciando toda suerte vital.
Poder saber de él tras incendios y diluvios, tras ser decapitado y resucitar (no nací para vivir sometido o encarcelado por ninguna muerte).
Llega a poseerse cuándo abandonamos el frágil ser que somos nosotros mismos.
Llegar, tras ser filo de cuchillo, mente dulce y mente amarga, así como ojos de pan. Llegar después de agradecerle al infinito que me acun(ñ)ó las formas y el contenido de los caminos. Llegar tras agradecerle al vocabulario versátil y simple de la naturaleza próxima su sinfín de onomatopeyas. También agradeciéndole a ese propio mío holocausto que me demostró que enseña más que tanto la suerte de ser vencido. Así recorro esa senda en la que me entrecruzo una y cien y mil veces contigo: acto de fe, verbo de amar.

Tablas

Cuándo los ojos caen dentro del viaje y la sustancia venerada se difumina. Cuándo el abrazo físico se muestra tan imposible como la libertad cabida en cualquier pecera. Allí, donde nos convertimos en recuerdo y delatamos, de nuestra verdad humana, la fragilidad.  Y el resto cercano, y el resto hermano, y el resto amigo, aúna su pesar mientras rememora lo ofrecido, por el que hoy se nos presenta, claramente, con su ser de viajero.
¿Cuál es el tiempo que acierta a concedernos el vuelo más vital?
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Paisajes transcurrieron y paisajes se alumbrarán, así ante el resto como frente a nosotros. Porque desde un espacio vinimos y un espacio nos espera para dar rienda suelta a nuevos elementos y motivos. Y una lágrima a la par que una sonrisa, igualmente cabalga como salta o rueda o se desliza, para demostrar que la vigilia debe ser inamovible y permuta ataviada con mil formas para resaltar la grandeza de la vida, concibiendo la justicia creativa y superiormente elemental.
Cuándo la muerte coge forma al inhalar de ese último soplo de cualquier vida, como no suponer y hasta dar por hecho que la vida transmuta y continua…