Delante, somos siembra (apuntes de amor XL)

Como por casualidad…
Te me apareces nueva:
Tú, fotografiada y frente a mis ojos.
Tu imagen deletrea belleza,
en mí penetras reclamando pasión.
Más tarde…
El pronto es puntual
y ya tu cuerpo olfatean mis venas;
dejo de lado el tiempo
¡soy abandono!.
Tan grato deviene este instante
que declino de cuestionarme
su duración.
Como por casualidad…
Instante: Promesa.
318-omu G.S (bcn.2017)

Seres trino en la rama (apuntes de amor XXXIX)

Por coincidir en el do-re-mi-fa-sol…
Arrebatarle a los paisajes venideros
un pedacito de umbría soledad:
Hilar un par de mundos separados
y desperezar complicidad;
pasos conjuntos arrebatadores
que conceden como resultado;
mentes aliadas,
ilusiones eternas
y manos unidas.
¡Cuánto puede la música
cuándo no discrimina las notas
ni divide los sones!.
318-omu G.S (bcn.2017)

Pardecornio (apuntes de amor XXXVIII)

Mirarte y saber
cuánto hay de maravilloso.
Comer de la vida subido
a la comprensión amable
que cabe en tus ojos.
Tus ojos: Cofre de tesoros
que colmado de sueños
desempaña estrellas,
para así mis actos sobrepasen
palabras vacías
y necias ideas.
Mirarte y saber
que eres hechicera
cual prende esa vela,
cuya luz persistente
seduce a las sombras
para se arruguen
y apoquen y achiquen
quedando apagadas.
Mirar y buscar.
Adentrarme en tus misterios
y encontrar el saber
que descerraja candados
hasta convencer a las puertas
para que sean ventanas.
Hallar más saber.
Tus ojos: Mis ojos.

318-omu G.S. (bcn.2016)

Para quién, mi oreja

«Es verdaderamente difícil que cuando inmersos dentro del poder y fuera de la humildad hallemos, un sentido común que lance a nuestra especie a conjugar la tierra con el cielo, para que con cada una de las pisadas que demos seamos también capaces de volar.»

Todos los reyes resultan efímeros (se alzan y caen junto a su apariencia petulante y su indecorosa sustancia; sus opiniones y yugos se borran). Mientras tanto, ese resto humilde y frágil que desluce frivolidades y perdura con hondo mensaje aferrándose a su caminar de obrero infatigable y a sus conocimientos como vagabundo, protege una sabiduría imprescindible que conoce a la perfección aquello que precisamos para adquirir una consistencia meritoria esta raza que somos la humanidad (se ofrecen ante la vida como joyas perennes).

Una sola pluma no hace que un ave levante vuelo

«Somos reducción de amalgama dentro de este tiempo corto que aquí se nos presenta como vida y cocina.»
Tantos padres, hermanos e hijos me ha dado la vida como seres he conocido -todo pasajero aporta, cada cual dispone de un aprendiz y de un maestro-. Si me preguntan por mi familia, respondo «contempla las tantas formas y maneras diversas; mira a tu alrededor».
Adentrado en el avance incesante, aprendo y enseño. Cualquier detalle sirve para comprender. Avanzo, sosteniendo un amor-amar exento de masoquismos.

Presencia

Desde mi yo caído
nacerán mañanas
dentro de ti.
Aunque leve vapor
penetraré invisible,
así mi tiempo extendiéndose
bajo la memoria y actos
que arraigados al cielo
pisan la tierra… para perdurar.
Con que recuerden
las gotas de agua
y las motas de polvo
y cada respiro invisible,
serás infinito
¡nunca morirás!.
Aquí latiendo,
sin comprender ningún existir valioso
que contuviera pérdidas
con talante de matar.
318-omu G.S (bcn.2016)

Cumpleaños

Quiero vivir en paz; apartado de acusaciones y sentencias, totalmente ausentado de manipulaciones tenebrosas y medias verdades acosadoras que se apostaran por la espalda. Quiero vivir alejado de maneras viperinas que cosquilleen los oídos o de aquel griterío que, conteniendo improperios inútiles, interrumpe melodías sanadoras que esparcen enseñanza. Intento romper la red camuflada que atrapa, donde fuimos o seremos insuflados de venenos que otorgan cemento y mortaja así perdiendo nuestra elasticidad.
Quiero cohabitar con la paz que todos merecemos. Mostrar esa aptitud como valor inquebrantable. Disponer de la paz única que media con actos, y no sólo de esa paz que queda de boquilla llena de vana palabrería, la debida a manuales con métodos que leímos; métodos, cuales aplicados como fórmulas de teatro, nos sirven intereses en esta era donde prima la fama indecorosa y el éxito comercial. Quiero que la guerra y sus instrumentos queden relegados a una idea que nunca alcanza el suficiente ingenio ni bastantes motivos para presentarse y funcionar como invento. Quiero oír el ¡Boom… Boom!, de tú y mi corazón; saber que nos reconocemos al compartir emociones así como que nada de personal tiene nuestro paraíso y que éste sostiene causas comunes con la misma edad.
Conozco algunas tantas personas cuyas bocas se llenan con las palabras «justicia y libertad»; cuando en realidad sus actos solamente reparten, al convenir sometidos a un estadio egocéntrico permanente, roles y dictadura, disgregación y esclavitud. Preferir y escoger disimular y mentir: Duele reconocerse como un contribuyente pagano, que se excusa y elude culpa alguna mientras honra al poder y a la sumisión. Tanto el poder como la sumisión equivalen a un estadio de corrupción. Vivir bajo el silencio rígido de un sinfín de posados. Pasamos admitiendo la necesidad del sufrimiento, permitiendo un sistema abominable que reconocemos imperfecto y que le da el visto bueno, a una y otra y otras muchas atrocidades
Cuento y recuento cadenas. Lloro que lloro. El poder ambicioso nos toca, aunque no beneficie ni corresponda agrede cercano, jamás fue un espejismo ni estuvo lejano. Al poder lo respiramos en cada uno de nuestros días: Ya fuera en las calles, zarandeados por los impulsos incontrolados o las emociones inmaduras. O durante la jornada de trabajo, donde mandan y pesan las obligaciones, las apariencias y los cargos. E, incluso, cuando uno requiere de descanso, ya dentro de su hogar, y los seres que suponemos nos aman, priorizan sus caprichos o hipotéticas necesidades para dirigirnos hasta someternos a sus prioridades.
Embargado por una gran tristeza, lloro que lloro; reconozco que somos seres inseguros que disimulamos nuestra fragilidad mostrándonos altivos. Creemos tener -siendo individuos enclaustrados-, las mejores soluciones y respuestas ¡cuánta farsa y autoengaño!. Nos ahogamos dentro de un círculo minúsculo, que construimos y protegemos para combatir a los fantasmas que nos asustan y zancadillean y acuden, como causa de los miedos que nos contagiaron y perduran por ancestrales culturas de (i)lógico raciocinio, por locuras saltarinas y por inenarrables sentimientos que somos incapaces de ordenar.
Padezco por la mía ¡cuánta cera!, y reconozco otras sorderas; debido a este hecho ¡cuántos y cuántos paraísos y conocimientos perdemos!. Vivimos, la mayor parte de nuestro pasaje, adentrados en una jaula diminuta e insonorizada, aquejados de estribillos repetitivos o de ruidos enajenadores.
Salgo por momentos de la jaula y laberinto, y cuando lo consigo grito «cumpleaños»… Es entonces que logro darme cuenta, que existen y son variados y amplios y excitantes los territorios que me aguardan.

Imán son cuerpos

«A tus ojos les gusta ver. A tu mente le agrada imaginar. Un ser avanza y crece al sentir. ¡Existo!… por mis sentidos.»

Aquí recuerde:
Tu mano, con su delicadeza y pequeñez femenina, no acerca a circunvalar todo el grosor del que tanto te excita. A tus manos, juguetonas, les gusta apretar, cuando fuera y estando dentro —saben igual de ternura como de sexo con tal de rimar—.
Cómo señalar como pecaminosa esa razón humana que dona gozo y alcanza nacimiento; la perdición indigna y la deshonra se halla en otras porciones que permitimos en nuestro imperio.
Cómo indicar tal hecho —donde mordernos, hambrientos—, como vergüenza y tabú; cómo optar por omitir aquello que nos comporta tantísima satisfacción. Afirmo, incansable, para resaltarlo, y repito y repito «más quiero» —nuestro «juntos» conviene en ser terapéutico—. Me niego a la pretensión de algunos que lo tachan como prohibido y, traicionando sus propios mensajes, delinquen amordazando su inevitable realidad.
¡Cómo pautarlo, tan sólo, con un «de vez en cuando» sin echarlo de menos!.
Desentiéndete de vocablos y utiliza tus labios para acariciar y tu paladar para darme calor y tu lengua para darme humedad, recítame con la pasión que se recuesta en tu boca tras comprobar que este grosor también se alarga…

Gestos

Él solía santiguarse a menudo, al hacerlo, nunca le faltaba una sonrisa esplendida aderezando su rostro. Coincidíamos, con frecuencia, en la salida o dentro del ascensor de la finca, en la cual, ambos, habitábamos desde niños. En la plazoleta donde paseábamos a nuestro respectivos perros. Efectuando la compra, sumidos en la agitación visual y olfativa del mercado. O, cruzándonos el saludo, de acera a acera, camino de un ratito de ocio o al marchar hacia el trabajo.

Él, era parco en palabras, se debía intuir cuáles eran sus apetencias, y cuánta la profundidad de los valores y creencias que lo impulsaban.

Debido al acto repetitivo de santiguarse, lo tenía por devoto de la fe cristiana. Uno de los días que coincidimos, me atreví a consultarle al respecto.

-Te hago de creer mucho en Jesucristo, suponiéndolo como hijo de Dios caminando sobre la tierra. ¿Me equivoco al entenderte fiel seguidor de esa fe?.

De nuevo, aquella sonrisa de satisfacción iluminó sus ojos, cualquiera podía leerla, sin temor a equivocarse, como un signo evidente de plenitud que equivalía a felicidad. Y así, él, me contestó.

-Cuándo ves que gesticulo, aparentemente santiguándome, no se trata de que asocie dicho gesto con un padre celestial omnipotente y omnipresente, o crea, firmemente, que hubiera un hijo de tal amparado por el espíritu santo, ni tampoco que reconociera la existencia de ninguna santísima trinidad. Lo que sí va más allá de la suposición y sé con certeza, es que existen los puntos cardinales, las direcciones hacia donde podemos dirigirnos; así, con tal gesto, saludo al norte y al sur, y al este y al oeste; añadirte que remato este saludo, tras marcar con decisión amable cada una de las direcciones posibles, enviándole un beso de agradecimiento a esta vida que me permite, eso sí, esperando que esté dispuesta a depararme lo mejor.

Su explicación se fundamentaba en  un pragmatismo exacto, lejos de elucubraciones denotaba eficiencia; pero, a la par, transmitía futuro y ensoñación capaz de materializarse. Me mostraba a un ser cabal, para mí desconocido hasta ese instante, a un individuo lógico al que suponerle lecturas privilegiadas y actos juiciosos. Deciros que, desde esa breve charla, opto por la decisión de señalar los caminos posibles, me casé con el santiguarme. Quizás, mañana, también me preguntarán…