Simplemente te quiero

COR X TOT

 

Aunque la muerte vierta la noche

cubriendo los colores con su mantilla,

y adormecido, sufra el letargo,

quedando amargo el sabor del día.

Al recibir, de visita, a esta áspera muerte,

la que acude, acercándose a mí, como vigilia.

 

Hasta que ruede la última de las lágrimas

desde las nubes o por la mejilla,

o difuntas, inertes yazcan todas las risas,

en un seco desierto, sin boca alguna.

 

Hasta esa misma hora y sin cesar,

escribiré con mis labios,

un plácido y enorme te quiero.

Dejaré, para siempre, la evidente constancia,

de mi amor desmedido sobre el cielo.

 

Porque por amor

las flores negras rejuvenecen.

Porque por amor

son inundadas de luz las estancias,

habitaciones, otrora vestidas,

de frialdad promiscua,

de claridad, completamente vacías.

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Cajón cerrado

home calaixos

 

(I)

 

¡Ay!, justicia. Pereces cuando acaece

la sordera fatal.

Mueres, al ser castrada la visión,

al estar enjaulada

en un pequeño y oscuro portal.

 

La esclavitud aparece servida

con un ferviente y poco esclarecedor

sustantivo; por el totalitarismo.

 

Que escueto, tan sólo hurga,

(déspota y vanidoso,

pero a su vez, tan simple como ingenuo),

con uno de los dedos,

cuando se le presenta, y él contempla,

la inmensidad de veinte.

 

En su bolsillo guarda

un reloj averiado,

con el que lee el tiempo sin contrastar

las sabias conveniencias.

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De trapo…

(I) 

De trapo,

pero rellena de mimos.                                  de trapo...

De trapo,

vive con ojos de vidrio,

 

 

o con redondos botones,

que en ella hallaron su sitio,

y abandonando su plástico,

me besan cuando los miro.

 

 

De trapo,

de niñas oye latidos.

De trapo,

con lacio pelo y sin rizos.

 

 

Su cabeza revestida

con lana y restos distintos,

que una abuela desechaba

al ser retal de tejidos;

de jerseys, peucos y colchas,

que aún, hoy, son presente abrigo.

 

 

De trapo,

sonriendo con boca de hilo.

Retrato de compañía

con inmenso colorido,

que guarda amores rotos

y tantos sueños perdidos.

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Dentro de sus respiros

JANA Y OSCAR - (mar y cel)

 

 

 Parece ser que el cielo,

desprendido del sigilo

anda unido a la tierra.

 

A sus espesos bosques

y oxigenantes selvas.

A las frágiles ramas que se parten

y a los robustos troncos que resisten.

 

A su hierro y su cobre.

A su oro y carbón.

A sus fuentes y ríos.

A su plenitud y exuberancia.

A su grácil desorden…

y, cómo no, también,

a su desnudez;

limpia e irreversible.

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Espiral

adn´s

 

 

«Vivimos amarrados a la primera persona,

algo alejados de la fructífera utilidad

del común denominador.»

 

(I)

 

Aunque camuflada… la primera persona

siempre hace acto de presencia,

tiene un eco que expresa e interpreta,

nos dicta y manda, ¡existe!.

 

El propio aliento,

(casi imperceptible),

penetra e invade la exposición que pretendamos.

Le otorga un timbre o tono concreto,

un enfoque determinado, que define

absolutamente todo lo que hagamos.

 

Su fantasmal sombra, (diríamos entonces),

es inevitable.

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Declaración de amor. (La confesión)

 

JANA Y OSCAR (111) 

Este amor no depende

de las prófugas ganas ni del sexo.

No puede terminar

como un banal pasaje de excitación

que queda prontamente desbravado.

            ***   ***

Amo, me enorgullece amar

la polifacética esencia de la vida.

Soy fiel, tengo por norma respetar

aunque se opusieran a los míos,

del resto, sus criterios.

 

Bien sé que existe un norte

bastante más allá de mi comprensión.

Igual que dispongo de un lugar

no desestimo viajar a los mares del sur

a descubrir mi suerte en las antípodas.

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Indomable

branques i fulles

 

« Imposible resulta

captar la inmensidad de la poesía,

cuando nuestro entender es fiel esclavo,

súbdito encorsetado que se ciñe,

a un molde concreto, a un único orden.»

 

(I)

 

Las mentes… y sus incontables combinaciones.

Cada quién; alimenta,

baraja sus sentidos tras la escucha.

Transmite en este mundo,

de forma originalmente peculiar.

 

Aunados; el carácter con la capacidad,

ambos, juntos refieren.

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Minerales indisolubles. (El engranaje)

  huellas-agua

 

(I)

 

Los años pasan por centurias

y las centurias asoman ante estos ojos

como hojas de otoño

cuales reconocen (dando por ciertos)

sus próximos días.

 

Quedan huellas.

Todos los pasos siguen un rastro.

Todos los pasos dejan huella

… y esas huellas

una perspectiva para la lectura.

 

Porque somos barro… quedan huellas.

Porque fuimos y somos agua

llenamos pozos.

Saciamos lagos.

Somos todavía lluvia,

memoria y recuerdo.

Porque seremos aire

daremos respiros.

Igualmente formaremos parte

de la tierra, del fuego que prenda y del cielo.

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Como mariposas

 VELA

(I)

 Así, la cera.

Así, la escarcha.

Con sus alquimias naturales

decorando los cuerpos,

transfigurándose,

mudando y reviviendo.

Ambas maleables,

teniendo eco.

 

 (II)

 Desleída: la escarcha en el aire.

Acentuando el sabor matinal

cuando gotea con musicalidad siendo agua.

 

 Resuena relajante, entre pausas,

su leve chapoteo.

Resulta ser un gesto que musita

junto a esa luz

ya desperezada por el alba.

 

 (III)

 Tras tenue intensidad;

apocada, hipnótica e intermitente:

la altiva y sólida vela encendida,

presa de una timidez introspectiva,

se doblega y achica

ante el persistente anaranjado de una llama.

 

 Así, la cera; como bello collar con mil formas;

adheridas, sobrepuestas,

sutilmente amasada al derretirse.

Posada, vistiendo el largo cuello de cristal

y la barriga de la estirada botella.

 

 Así, la vela; alzada.

Contándole a unos ojos su única leyenda:

que se deshace aferrada a un trasfondo;

el de la útil compañía,

el de su iluminar.

 

(IV)

 Y cantó…y compuso

conjuntando la madrugada.

 

 Rompió la húmeda invisibilidad.

Hiló encontrando partículas escondidas.

Domesticó la resquebrajada sequedad de las cercas.

Le dio de beber a la sabina de los ventanales

y al roble de las puertas,

cuales por sus dinteles, lloraban indefinidamente

sin precisar, cuánto era de grande el peso de sus lágrimas.

Escurridizas, hizo a las manos

al apoyarse en las columnas del porche.

Resbaladizos, hizo a los pies

ante los cuatro escalones

anteriores a la entrada.

Cubrió de transparencias,

así hizo el dulce sollozo de la madrugada.

Cubrió la herrumbre y pintura

de las tumbonas acostadas a la intemperie.

Y de las hamacas, cada uno de sus engarces.

Hasta al lago alfombró,

helándolo le dio frío a sus sueños.

El frágil agua interpretó bien alto,

un himno dedicado a la escarcha.

 

(V)

 Así, el amor;

el amor se transforma, cambia.

 

 Como la cera de una vela

o como el dúctil agua de la escarcha.

 

 Así el amor siempre es amor,

pertinaz, sigue su curso.

 

318-omu G.S. (Bcn-2012)