Ubicado dentro de un entorno pirenaico paradisiaco (próximo al valle de Hecho -Huesca-), este barranco alterna tramos encajonados con otros de abiertos. Su roca caliza nos permitirá disfrutar de la transparencia visual del agua cristalina que corre por él, al beber éste, desde su cabecera, de las montañas que mantiendo su nieve helada hasta entrado el verano, lo alimentan y amparan.
La aproximación se realiza en ascenso continuo por una zona boscosa, resultando agradable (hay lugares, durante el acceso, donde podremos apreciar parte del recorrido). Ya dentro de él, disfrutaremos de rápeles variados, los cuales como vertical máxima a superar tienen una altura de 30mts. y solamente de un tobogán a realizar.
Más que recomendable; al encontrarnos en su parte superior se nos presentarán unas espectaculares vistas de los picos cercanos. Incita a ser repetido.
Entre el cielo y la tierra; cosido, sintiendo ambos territorios, hijo de ellos; parte del sol y parto de la luna. Desposado con el tacto hallo refugio en el mediodía ¡soy instrumento!
Como instrumento defiendo estar afinado y reparto sonidos que, transformándose en espuma, empujan con empeño las olas consiguiendo que crezcan y compongan figuras con sabor a universo, paternal y promiscuo.
Figuras que convienen en alimentarse de todo aquello que hay, para seleccionar su playa paradisiaca, la cantidad de minerales y de dulzura y escozor de su mar y la profundidad que ha de engullirlas cuándo amanezca hambriento, el horizonte.
«Nunca queden los asuntos importantes; encajonados, metidos dentro de un baúl, así sufriendo: muriendo lentamente por faltarles oxígeno.
Como los tantos y buenos pensamientos cuándo se ahogan, irremediablemente, al degustar, del encierro, su austeridad estricta, Y quedan siendo nonatos, son abortados muchos de los pasos adelante que esperan, porque los pensamientos no arriban porque los sentimientos no llegan jamás a adquirir la consistencia.»
Contemplo las proporciones de mi propio precipicio; advierto su altura inmensa, sopeso la presión que podría alcanzarme y presiento cuanta levedad espera invisible para hermanarse. Le cantaré una confesión al espacio que me aguarda durante el vuelo o la caída.
Me cuestiono ser peso. Caer, manteniéndome inmóvil, e impactar con el fuego que desmenuza hasta llevarnos a visitar la insignificancia relevante. O, hasta darme de bruces con aquel espejo que revirtió su fragilidad para hablarme con esa dureza irrebatible y cortante… Que arrastra las máscaras eliminando escondites, borrando tantas mentiras que son; soga, guillotina y yugo, castración impidiéndole ser fecundo al forjador de sueños que ampara ideales.
Lo contemplo y considero -en ese precipicio cabe el cielo. El precipicio tiene lengua y ojos y dispone de oído ¡él en si mismo es un ser vivo!-
Suelto amarras. Debo dejarme ir para encontrarme tras tantas horas y millas perdido. Me abalanzo, anhelo conversar con mis alas de pájaro y picotear la libertad hasta que ponga un huevo. Pretendo descubrir las perspectivas que se contemplan cuándo un ser reconoce sus posibles incontables.
Descarto -decentemente- Traspaso la dicción elocuente que rumorea, dubitativa y terrena. ¡Volar puedo! Volar quisiera -he de creer- aunque mi pragmatismo se mostrara incapaz de renegar… de los de aquí, los muchos miedos. Al saber acerca de los riesgos y la tragedia, de aquel puñal que suele sujetar el atrevimiento desmedido.
Convengo en que corresponde el dialogo -conmigo y con otros, siempre es verbo fructífero- pero, hoy me debo solamente al precipicio, no demando pensamientos ni palabras, pongo gesto y solicito que no se detenga la acción.
Hace ya unos cuantos años, aprovechando estos tiempos de crisis, los empresarios se pasan por el forro los convenios laborales, mientras los trabajadores, amilanados, no nos atrevemos a reclamar aquellos derechos conseguidos mediante el esfuerzo de generaciones anteriores. No nos atrevemos debido al miedo que sentimos cuándo valoramos la posibilidad de perder nuestro empleo. La angustia y el miedo es real, pues nosotros, como trabajadores asalariados, conocemos acerca de la larga cola de desempleados que esperan inscritos en las listas del paro, personas dispuestas a ocupar nuestro puesto al precio que sea.
Los empresarios abusan, exigen rendimientos excesivos a sus trabajadores, ellos ejecutan despidos improcedentes al ser conocedores del nulo o bajo coste que les representa -la administración asoma benévola para con ellos, diría que hermanada y condescendiente; urde y permite a sabiendas de tantas irregularidades e injusticias que acontecen-
La legislación se modifica continuamente para consentirles maniobras que les beneficien y satisfagan; a los correspondientes mandatarios les conviene tenerlos contentos. Sigue leyendo →
El gozo inmerso en el abecedario: cuándo las palabras surgen corpulentas y sinceras, para engrandecer y darle sentidos a tapices blancos que aguardaban en posición de espera. Cuándo las palabras, bebiendo de cada uno de los impulsos naturales y humanos que caben en una existencia, vuelcan horizontes interminables repletos de rizos acrobáticos, piruetas únicas, moldeables pero indestructibles.
La tragedia, el romanticismo, la ficción, la intriga y la comedia, junto a la voz profunda de los elementos: lenguaje penetrante. Todas las vertientes pueden ser leídas, ya traspasado el blanco que le pide cita a la escritura.
Tenemos una piel llena de tatuajes y un corazón con infinidad de grabados, es por ello que nosotros disponemos de una huella tan peculiar e insustituible que puede considerarse, huella única.
… Esta selva está plagada de animales en peligro de extinción. Brindo por las letras escritas y por las que quedan por venir.
Mi lobo aúlla a los vacíos del espacio esperando respuesta, le cambia el color a la gran mancha de Júpiter moldea con sus aullidos los anillos de Saturno y rellena de peticiones los cráteres de la Luna; ¡pretende un lugar donde encontraros!
Mientras, mi perro olfatea la verdad ineludible que transita por abajo, un saco de incertidumbres y un poso de huellas. Husmea por las calles registrando bancos llenos de recuerdos, la oscuridad de los portales y el metal y la luz de las farolas.
Mi hombre conoce la hierba verde y la amarilla embelleciendo los prados. Él sabe que ambas se predisponen para la danza, que tarde o temprano, nuevamente coincidirán. Mi hombre, ya conociendo la banalidad y la importancia, deduce dónde podría estar el equilibrio y le da el visto bueno al «aquí» y al «más allá».
Y porque de la muerte; un carrusel variado ¡mezclar la transparencia con la tierra! ser ficha presta para viajar. Y porque de la muerte; gusanos laboriosos, otros huevos de seda, mariposas disponiendo de unas alas ¡ambientes donde revolotear!
Porque desde la muerte, tú y tú y tú -que ya marchasteis pero que estáis- desprendéis vida inagotable esparciéndola como manto, sobre el universo y dentro de mí.
Tomo un fuerte respiro para decir ¡salve el reposo! gracias a la suma debida a vosotros existe la extensión y los actos se afianzan como versos.
Un día y otro día se persiguen. Un día tras otro donde recogeros. Un día continuo en que continúo sabiendo que permanecéis como son metidos dentro de mi corazón… Os contemplo siendo cielo. Os escucho cuándo el gallo. Habláis sosteniendo la voz de un sinfín de hojas, silbando y crujiendo, de multitud de gotas mansas de lluvia.
Ella, sola, cerca de una barra, la situada en el linde de la pista de baile; imaginando como sería compartir su fiesta de hoy con un hombre que tuviera las justas proporciones para completarla. Ella, con el corazón voceando «quiero compañía», pero falta de atrevimiento; distante, cobarde y callada.
Él, solo, enardecido, con fuego en los ojos, acogiendo sensaciones y renegando de pulsaciones que equivalieran a carga. Él, disfrutando de la psicodelia generada por un combinado explosivo de sustancias; barajando ensoñaciones que le proporcionaban un seguido de realidades combinativas y alternas. Él, recopilando sensaciones que creía perdidas, jugando a preguntarse cuántos pedazos tenía que reunir para completar su identidad y saber quién era, en qué lugar se encontraba y hasta cuál era su siglo.
Ella y él, coincidieron al hacer un giro sus cabezas, un giro casual y simultáneo que provocó se abrazaran y besasen sus miradas. Ellos, a partir de ese momento, cómplices urdiendo planes de futuro, interlocutores que se insinuaban absteniéndose de palabras.
Ella (Elena), de pie, sorbiendo un trago del combinado que, siéndole servido en un vaso largo y de tubo, aparecía sobrio, se diría que desamparado, al carecer de azucar colorido decorándolo y sin ser alegrado por algún pedacito de fruta. Ella sintió una presencia a sus espaldas y, disimuladamente, dejando el vaso sobre una de las muchas mesas, elevadas, pequeñas y redondas, cuales estaban repartidas por todo el local, aprovechó para mirar y cerciorarse, si su intuición le mentía o era adivina porque acertaba.
Elena pudo comprobar que, a un par de metros, Él (Oliver), reseguía sus curvas estirando levemente su cuello, leía tan absorto la figura de Elena que no pudo percatarse del guiño que ella le lanzó para indicarle que tanta distancia sobraba y que ya era hora de añadir el tacto y sus voces, al orquestar de los ojos que solicitaban ya, desde minutos antes, los sabores húmedos concedidos por la proximidad.
Por fin, Oliver, elevo lo que era fantasía hasta el proposito y la acción, dio dos pasos al frente y puso sus labios a tocar la oreja derecha de Elena, así susurrándole con tono grave y cálido «doncella mía. Paisaje deseado. Tú, que como pasaje presente estoy seguro de que serás gustoso futuro… ¿Tienes colchón y diván para mi corazón, instrucción procaz para mi espíritu y vaina atenta dónde goce mi carne desentendida de la punta y filo y mal de toda espada?».
Elena, ante tal pregunta, cayó en la propia cuenta de su necesidad, posó, delicadamente, una de sus manos sobre la nuca de Oliver y le contesto «Ofrecerme tus primeras palabras y ya pedirme que te responda como trapecista; vienes fuerte y advierto que nada te falta, siento que posees; aire, agua, tierra y fuego… Me incitas a comprobar si eres mi premio y mi santo grial, ese elemento añadido capaz de satisfacer a mi piel y cubrir los vacíos inhóspitos que tengo cuándo sueño. Quiero reconocerte para saber si dispones de la magia suficiente como para restaurar mis entrañas y recuperar la savia que extravié durante el camino. No sé si tengo lo que me pides, pero, si estoy segura de que me atrevo contigo».
En esta hora el silencio es tan grato, irresistible y comunicativo que vence a los muchos decibelios. Un lazo abierto advierte que la caja portaba un regalo. Y un duende se despierta para abrir el día y pronunciar el cierre de la noche.
La importancia de aprender a escuchar -eludiendo ser corto de oído- como la de hablar, sin comerle la lengua a otros. Tanta, como la de acertar a decir que Sí o saber decir que No escogiendo cada una de dichas sílabas como camino oportuno. Debido a tales aciertos: Crezco y me posiciono donde deseo. Soy rebelde pero paciente. Procuro ser responsable, tener un hacer consecuente con lo que quiero. Consigo una selección que mejora mis métodos y amplia mis dotes comunicativas. Advierto trabalenguas y descifro mensajes. Logro alternar diseños y amenizo con música lo mucho que hay de infructuoso asomando repetidamente constante.
Siendo alumnos o como maestros somos parte de la enseñanza ¡decidiendo! la materia y la acción y el sueño y la alerta, el violín o el trombón y la voz o el silbido, la caricia o el golpe y la nana o el grito, y la mano extendida o la mente demente que utilizando un dedo, cruel, aprieta un gatillo. Somos seres ¡decidiendo! la consistencia y la carga el descuido y la incertidumbre y los bailes y sonidos.
Escogemos; un vivir u otro -indagamos semejanzas y contrariedades inundados por cada lugar y situación y por la algarabía de personajes- Escogemos ¡siempre! aunque amainara un soplo claro, vigoroso y placentero, o embistieran; descompuestos, enmarañados y tormentosos e intransigentes, ¡inevitables!, los instantes, impregnando la carne hasta los mismos huesos o metiéndose, hondos y dentro… muy dentro del pecho.
Debido a tales aciertos cabe llegar al conocimiento tanto de uno como del resto. Hasta cazar el estado consciente capaz de reconocer la extraordinaria validez que se esconde tras la atención prestada y tras la negación o la afirmación contundente.
Cuántas son las herramientas sujetas a nosotros, que quedan, quedan, quedan, poco o nada o mal usadas, colgadas de un mandil o dentro de un baúl, o recogidas en el olvido de una memoria cuándo es trastero.
Quiero hallarlas. Tengo fervor por descubrirlas. Deseo utilizarlas con sabiduría, pues… siento devoción por ser fiel sirviente del barro, buen alfarero.
La llum, sempre jove, envaint els espais; la llum, xiscle ràpid quan llampec. La llum degustant les corbes del temps, seduint al negre en mig d’un cel tapat o regalant-li intensitat quan es troba cobert de blaus. La llum, dins d’un cervell, com idea meravellosa que mereix un cos. La llum fa servir, trens, cames, vaixells, cotxes i avions per tal d’acaronar tots els paisatges i a la lluna sencera i a la lluna sent nova. La llum, traspassant les cendres, tornant humil al sol, traient-li la corona i baixant-lo del pedestal. La llum donant-li sentit als meus ulls; creuant dimensions conegudes i altres tantes que ni sabem que hi ha.
La luz, siempre joven, invadiendo los espacios; la luz, chillido rápido cuándo relámpago. La luz degustando las curvas del tiempo, seduciendo al negro en medio de un cielo tapado o regalándole intensidad cuando se encuentra cubierto de azules. La luz, dentro de un cerebro, como idea maravillosa que merece un cuerpo. La luz usa, trenes, piernas, barcos, coches y aviones para mimar todos los paisajes y a la luna entera y a la luna siendo nueva. La luz, traspasando las cenizas, volviendo humilde al sol, sacándole la corona y bajándolo del pedestal. La luz dándole sentido a mis ojos; cruzando dimensiones conocidas y otras tantas que ni sabemos que hay.
Una casa y luego una calle con varias. Más tarde un pueblo que posiblemente se multiplicará con el tiempo y acabará por ser ciudad. Ese crecimiento plano, lineal y constante, capaz de arremeter hasta menospreciar y destruir esa parte de naturaleza imprescindible, y por humana propia, que proporcionándonos sentimientos y empatía, traspasa la parte ferrea -que de seguro terminará por oxidarse- esa corpulentamente material a la cual se le caerán los músculos y perderá su fuerza con el paso de los años. Una ciudad nunca debe perder ni anular la capacidad de ensoñación de sus ciudadanos, pues es esa parte deliciosa y extrasensorial la que logrará convertirse en una prospera iniciativa que reconvertirá el serio asfalto en vergeles coloridos.
Una ciudad; la triste, la que renuncia al don de corazones, la que presume de sus formas estipuladas, aun éstas estando fundamentadas en conceptos faltos de oído que son sentencia dada por unos pocos y castigo para muchos. Conceptos y normativas que, cargadas de cerrojos, impregnan los espacios de la tierra sumiéndola dentro de un helor insoportable que penetra y penetra y penetra hasta los lugares más recónditos, generando colapso, confusión y extravío.
Diario digital que nace con la vocación de informar sobre Jaca, Jacetania, Alto Gállego y los valles de Tena y del Aragón, reflejando con fidelidad y objetividad todo lo que sucede e interesa a sus gentes. Editado por la periodista Rebeca Ruiz
Este blog es únicamente para mayores de edad. Relata la vida de sumisión de una chica que se adentra en el mundo del BDSM casi por casualidad, sin saber muy bien ni qué significan esas letras.