Suerte de enigmas que no de becerros

«Cuándo un ser, siendo atrevido, se reconoce con honestidad, es entonces que, aconteciendo el principio sobre la identidad del individuo, también lucen, origen y presente, en la faz del camino.»

cala Pilar (Menorca)

cala Pilar (Menorca)

Tiene un cuerpo vital
rebosante de aire pronto
y humedad laboriosa,
donde se hunden las semillas
para dar salud con frutos.
Dispone de libélulas y luciérnagas,
de una mente madrugada
que no cesa de innovar
Sonríe siendo energía,
es una pieza y detalle del cosmos
probando los sabores de la tierra.

Apostaría a ganar
si afirmara que dispone
de varios ases en la manga
que le sirven y dispensan;
futuros privilegiados
y sueños universales
y también de un comodín
que combina a la perfección
los infinitos planetas
que se insinuan como verdad
con los mil rostros que planean
siendo polifacéticas realidades.

Sostiene aquellos actos e ideas
que por evolutivas resistirán
la necedad contagiosa
y la incoherencia desmedida
de más hombres
y el empuje de otros astros
y la embestida de elementos pasajeros
y la cuerda que se aferra al cuello
y el hacha despiada que degüella
y el robín que sabe a rancio
y la analogía o los dígitos
en que se amparan los verdugos,
los tic-tac de los relojes:

Actos sencillos,
e ideas simples
que han de convertirse en gestos poderosos
cuales por voluntad serán esparcidos
llegando a cambiar el más allá
que se vislumbra con temor.

Traspasarán el miedo subyacente
que parte desde el ser cuándo ahonda
en la espesura virgen
y creativa e ilimitada
que acuna, como madre, la nada:
Territorio inhóspito
para aquel que poniéndose medallas dijo saber.
Sucesos enigmáticos
que resguardan el don y la gracia;
a los imposibles de hoy
como asuntos y mañanas ciertos.

Han de llegar ¡para quedarse!.
Su ingenio y composiciones
regarán movimientos;
porque desatarán las vestimentas innecesarias,
porque coserán lo que deben
y mejor le corresponde
sobre la desnudez pedigüeña
de los desiertos
y la enfermedad del jardín.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Blanco y negro; la escritura

« sender cap l'estany de les Monges »

« sender cap l’estany de les Monges »

« Como si fuera un viaje en tren.
Tras el velo de doscientas estaciones,
el trayecto me trae hasta hoy.»

              ***
Del blanco papel alisado
con tendencia a rectangular,
que virgen e inmaculado
aguarda dentro del cuaderno
el tono introspectivo
¡El reflexivo impacto!:

Del corazón enamorado
-aunque algo viejo (al caer años y edad),
pero de porte juvenil por alocado-.

Del penetrante e insufrible rencor
-cual es pestilente al rebosarle bilis-,
que araña fieramente las entrañas del infierno.

Del vientre, que redondo e hinchado
y alegre; como árbol florece
ante el feliz y pronto nacimiento
-posible domador del futuro incierto-.

De inevitables risas que explotan;
al saberle hallar
a absolutamente todo su comicidad
-para nada conocen
a esa silenciosa seriedad que impera
en confesionarios de iglesias,
estrados y claustros de conventos-.

De románticos e itinerantes trovadores
o circenses acróbatas o payasos;
-con laúd, cascabeles y polvo adherente
o una enorme tarta entre sus manos-. Sigue leyendo

Perfume vital (R)

«embassament de Cavallers (Lleida)»

«embassament de Cavallers (Lleida)»

Plácidamente complacido,
recostado a tu vera apaciguo mis entrañas.
Recojo a tu lado y con ganas, la lumbre
y prendado me rindo
ante la mucha bondad y belleza que tiene esta vida.
Retozo, impregnado por tantas caricias
volcadas por tu pulmón, vital y fresado;
y es que sirve de barandilla y de senda
tu aletear fantástico,
ceñido, simplemente, al ser de mariposa.

A tu lado sopeso el vigor del incesante tránsito,
el peso de la luz y el valor de la oscuridad.
Observo minerales y fósiles
y despertares y entierros.
Sumergido en los reflejos cabidos
en pozos y lagos musicales,
tuerzo por laberintos e indago la salida
pasando por complicadas grutas
y estando dentro de angostas cuevas.

Gira y gira mi mente, el pensar es oculista
que combina los números, símbolos y letras,
con las vueltas artísticas de preciadas vetas.
Admiro el descaro de la vida, sus encantos,
las mágicas y hechizantes formas
que anidan en la combinativa existencia.

Hueles a prado,
a oso y panal,
a baya y miel,
a musgo húmedo
y a bosque de aire.
Eres un soplo,
quitas ahogos,
contigo aprendo
tiento y respiro;
gracia posees.

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Asedio (notas del llanto de Cupido VII)

 

Padecí los oídos amurallados
que cero escuchan
y los ojos cercanos
que aunque miren se postran
frente a la ingratitud que nada ve.
Me reconocí asentado sobre la ausencia voraz;
cuándo ésta abre sus fauces y engulle
intempestivamente, un día tras otro,
y un mes
y un año
y un amanecer, y…
lo mejor aportado por los sentidos
-cuándo éstos rechazan a cualquiera de las muertes,
al reunirse con cada una de las chispas y detalles
que conversan con la vida-.

Mi (Tú) Tristeza: Estar apalancado
en una plaza rebosante de vida,
sumido por completo en la inapetencia;
como un zombi, desmotivado e inerme,
que devorando su alma apresada
pierde el instinto y la esencia
y extravía hasta cuales fueran
sus posibles ansias o motivos.
O, como un fantasma desubicado
que olvidó la magia por la que era
al observar que su sábana estaba roída;
y encerrado en las mazmorras de su propio palacio
converge con la desgana
y pierde el encanto ¡llora que llora!,
porque poco que nada asusta.

Fui poseído por un escalón
de dureza inquebrantable,
presumí de la desdicha
Habité (y habitaré -aunque no quisiera-)
dentro de una escalinata repleta
de otros muchos escalones,
anclados e inmutables,
ya perdidos.

Aquí quede constancia
de que conocí la locura provocada
por un corazón encabritado,
no la que concierta manicomio
y resulta estipulada por ciencia alguna.
Sí; como fruto terrenal,
por la inmadurez de mis emociones.
La que, sujetada por las circunstancias,
vuelca incomprensión
y está fuera del temple cierto
y de todo tipo de paciencia.
Sí,
la que delata mi infancia
y denotando tiempo de novicio,
aporta el rol del desconcierto
y adopta la faz de laberinto.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Contorsiones del Amo pasado

contorsiones del amo pasado 1Amé, de durar.
De traspasar los instantes
que quedan rápidamente diluidos.
Amé el pretérito ambicioso
desconocedor del ayer caduco.

Toco. Observo cercano
¡como un ya mismo!,
el pasado vivaz que, obstinado,
se resiste a morir y ser difunto.
Amé el amor resistente
que por más palos que reciba
nada se achica, crece y perdura.

Llegué hasta el principio y me quedé.
Amé, de seguir amando tras amar;
eludiendo todo aquello que le resta
significado y la suerte primordial
al existir de corazones.

Amé con actos.
No soporto aquel amar que queda siendo;
retórica promiscua, especulación y falsedad:
verbo tergiversado.

Amé tanto y tanto…
como para prolongar
hasta tornar indefinido:
El Amo, siendo fe de vida.
El Amo, de libertad y lacayo.
El Amo, de feligrés complacido
que acepta serle fiel eternamente
al matriarcado del Amar.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Detrás del velo

« Congost de Montrebei (Lleida) »

« Congost de Montrebei (Lleida) »

Te perdí.
En un rincón donde se agotan las medidas y el peso,
donde se confunde la caña con la sal,
donde la agenda elude la velocidad del cronómetro
y, del lápiz, esa ralladura pretensiosa que le araña
causándole incomodidad.

Voceó el viento
y te perdí.
Acordó; adelante y hondo,
dictarle interminable
al balanceo y pasar de tus hojas.

Estás.
Allá donde la cicatriz pierde su ser de accidente
y su razón de señal.
Permutando longevidades.
Forastera de emociones.

Te siento
zarandeando las partes estáticas de la realidad,
desmereciendo a la acritud,
domesticando movimientos y lenguajes.

Ya son desvencijados los límites,
convirtiéndose todos los sueños en posible
donde te encuentras.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Mercedes

(...) y el aguaContar sobre Mercedes y el agua. Mercedes, la honorable: decir de sangre humana e imperfecta y de esencia bendecida. Extraordinaria madre, mujer entregada a los suyos, mujer de peso -más de cien kilos la honraron por décadas y hasta su santificación ante el fuego-.
Persona que fue una luchadora incansable; trabajadora falta de contrato haciendo peripecias con su salario; jornales conseguidos a fuerza de hincar sus rodillas y mover, repetidamente, sus brazos, higienizando baños y lustrando muebles, suelos y estantes -acabó siendo su columna vertebral la que crujió debido al ajetreo continuado y a los tantos esfuerzos excesivos-.

Mercedes y el agua; ella, de fácil sonrisa, que reía y reía aun rodeada de inmensas dificultades, la que bromeaba incluso de sus días miserables, derrocando aquel dolor que, hincándose profundo, traspasa nuestra materia humana y nos demuestra cuánta es la superficialidad de los cuerpos.
Mercedes; fortaleza, cariño, valentía y bondad. La que era bienvenida en cualquier hogar que visitaba ¡por su franqueza!, por ser, su corazón, la herramienta usada para darle sentido a sus decisiones, gestos y diálogos. La que, sin dudarlo, escogía una sonrisa como tarjeta de identidad. La que luchó, incesantemente, contra las circunstancias de un pasado inalterable que aún le dolía, del pasar que le devino, áspero y, en gran parte, enigmático y desértico.

Mercedes ¡mujer!, la que avanzó siendo capaz de enfrentarse y derrotar a sus muchísimas carencias y a sus tantísimos miedos. La misma, la entregada, la que siempre repartió ganas de vivir; aunque ella se supo, desde bastante joven, circulando a remolque de las circunstancias que no quería ni tampoco escogía.
La que fue; luchadora que vencía a resistentes contrincantes. Navegante destruyendo; dolores hondos, pesares correosos y angustias que sumían al individuo en la inmovilidad y el desespero. La que fabricaba ilusiones y era poseedora y casi dueña de magias celestiales. La que forjó esperanza desde los escombros y fomento ilusiones desde el óxido espinoso que araña como cuchilla, y levantó sueños desde el suicidio, renunciando a cargar con el plomo que menciona cuánto es su peso como carga, cual dicta insalubridad, entre huesos en los que abundan los No a la resurrección y pieles que son desechadas al presentarse hediondas y podridas.

Ella y el agua -cubo, fregona, bayeta, pañales, lejía, frotar y jabón- la que no supo flotar en el mar, y menos nadar, hasta que barajó poco más o menos que cincuenta inviernos.

Ella, que repartió ayuda y vida hasta delatar la mentira que esconden las palabras, imposible y final. La que pudo desplazar hasta donde deseo, aquellos puntos que los demás denominaban, inalterables, concluyentes e inamovibles.
Ella, que sabiendo darle sentido al verbo amar, fue maestra enseñando acerca del agradable sabor de familia, que el poder de la unión dona lazos tan sabios como para desdibujar la fealdad cabida en disgustos, ofrecer la salida dentro de complicados laberintos, y, eficientemente, diluir los peores contratiempos.

Mercedes y el agua. Mercedes es y fue agua por la suerte alquimista. Mercedes; y yo quedo siendo… una de sus cinco burbujas.

(...) y el agua (2)

De un par, juego y risas

Tan cerca como nuestras rodillas tocándose por debajo de la mesa.
Antes, tu falda, de ajustado talle y corte corto, me permitió, durante el paseo hasta este restaurante, contemplar el estilismo de tus medias negras, éstas, en sendos laterales, salpicadas por unas verticales y divertidas cenefas con grafismos frutales, en las cuales se combinaban fresas, llamativas por su rojo intenso, sonrosadas y apetecibles cerezas, y unos cuantos corazones dentro de los que habitaba un trazo cóncavo describiendo la más saludable de las emociones.
Durante el trayecto también pude disfrutar de la elegancia de tus pasos medidos, diría que encubrían el tecnicismo que suele rondar las pasarelas, el cual precisa de unas piernas como las tuyas para lucir zapatos y trapitos; piernas que, por largas y bien cuidadas, le demandaban a cualquier boca y cabeza masculina, la sorpresa agradable que resuena con palabras concluyentes entre signos de exclamación y el consiguiente giro para repetir mirada que, reafirmando el gozo sensitivo y visual, servía como doble y claro acento gestual delatando admiración.

***
Tan cerca; como a salto de un pellizco o el robo de un beso. Al punto de poder asaltarnos las manos y de oler, si lo hubiera, la necesidad de cariño y el hambre de sexo. Cada uno aposentado en su respectiva silla, pero en comunión, saboreando de una misma copa el líquido frutal dado por las vides al cual el roble y el tiempo contribuyeron a hacer exquisito.
Escuchábamos el trajín de cubiertos y platos. La mesa en que nos encontrábamos, medio escondida tras un biombo y situada cerca de la cocina, con dos velas de extremado grosor y buena altura describían a la perfección la sensual complicidad. Dos velas remarcando ese centro de redondez que ofrecía amparo a nuestra cena. Dos velas, hipnóticas, decorando el rincón igual que alimentando la velada; su luz, tenue, confería a nuestro encuentro un toque de particular invisibilidad a la vez que nos regalaba un continuo de guiños anaranjados y amarillos, cuales, como voz, proclamaban que el romanticismo y la seducción eran los reyes absolutos de este presente de ocio y de juego.

***
Aunque el local se encontraba repleto, tú y yo manteníamos la propuesta morbosa y antes ya confesada. Albergábamos esas pequeñas notas de exhibicionismo que se intuye en cualquiera y mayormente se esconde. Queríamos delinquir inocentemente y exponernos a ser cazados. Queríamos posicionar donde se debería a la vergüenza. Queríamos sentirnos como aquellos jinetes del lejano oeste que cabalgaban siendo forajidos sin temer ser delatados, descubiertos o apresados. Queríamos repartir intimidad para que ésta extraviara la definición que le corresponde y quizás supieran otros al respecto de cuántas delicias se disponen dentro del placer que nos dispensamos.
Giraste tu cara permitiéndome observar tu perfil derecho. Tu rostro, lo contemplase desde donde lo contemplase, sostenía los rasgos proporcionados con los que describiría numéricamente a la belleza; deslizaste las tirillas de tu blusa sedosa mirándome de reojo, dejaste a ésta que se descorriera hacia abajo, sensualmente, cayendo desde tus hombros, sonreíste para mí, no vestías sujetador. Me mostraste una de las no pocas obras artísticas que resguardabas. Supiste ser diva y modelo. Supiste complacerme. Pude deleitarme con la majestuosidad de tus senos duramente erguidos y descubrir cuánta era la excitación que se daba cita en ambos pezones al arquearse ligeramente ellos ante la tensión libidinosa.
Repasaste tus labios con la puntita de la lengua al tiempo que acudía espontáneamente a la cita una mirada que penetraba traviesa y siendo un brindis por la lascivia. Aunque calladamente gimieras, te oí, sé que dichas vocales perduraban en el ambiente, eran todas sólo para mí. Bien sabías que mi mente revoloteaba excitada y mi sangre hervía casi al punto de conseguir que saltase la tapa, hervía al codiciarte. Tus curvas, de cintura para arriba, provocadoras, apetecibles, insinuantes. Tus volúmenes, tentadores, atrayentes e incitantes.
Garantizo que tuve que refrenar repetidamente mis manos, volviéndome ciego, y soliviantar el ardor de mis pensamientos, evadiéndome por momentos hasta la edad de la glaciación, para impedir que mi animal se avalanzase a disfrutar del manjar que se le presentaba, que cometiese el mejor de entre todos los actos benditos… Esto era lo pactado para el día de hoy como divertimento. Guardó, para más tarde, su hambruna de placer y conquista, mi pieza invasora. La llave onomatopéyica quedó metida dentro de su bolsillo particular… a la espera de humedecer y abrir la suerte de una cama insomne que reclamase abejas polinizando fantasías y liberando sueños.

Apuntes de amor XXIII

Parc nacional d'Aigüestortes (Lleida)

« Parc nacional d’Aigüestortes (Lleida) »

Relato, cuento o poema,
trazas dentro de mí siendo inspiración.
De esta evidencia magnífica
¡chistera habladora!.
Cuerpo compensado.
Comodín, serpentino,
liebre o paloma.
Esperanza y humor
devastando el desgaste.
Pasos incansables.
Tactos descifrados.
Nado reversible
y plácido vuelo,
pero, sobre todo… punto álgido;
un corazón sensitivo
que adosado a las respuestas
venera la transformación.

Eres llave maestra capaz de situar
un gran sol en el centro del hogar,
y acertar un par de pies sobre la senda.
Eludes cualquier afirmación
que contenga sones vetustos.
Mides los vacíos a la perfección,
y lo mejor sucede a resultas de que…
sabes llenarlos.

Expones la cara oculta valedora,
frenando los automatismos
que confirman como irremediable
el cansancio y la vejez.
Alisas y prolongas mi mañana
hasta demostrar
que la vitalidad y el esplendor
no tienen precio.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Alientos

Irremediablemente;
ayer de viajar,
hoy de viajar,
mañana de viajar:
Proseguir adelante de continuo,
e incluso aproximarse a la eficiencia
que nos permite sacarle provecho
a echar la vista atrás.

Flor, nube y mineral:
Fragancias y dibujos.
Propiedades adecuándose
a la creatividad majestuosa
que solicita escucha y conversar.
Paciencia que asedia al tiempo
para adquirir una consistencia
que será llave y contraseña
para saber cuántos son los lugares
y reconociendo las muchas formas del agua
escoger donde queremos estar.

Descubrir los secretos prodigiosos
que aquí reposan,
los tantísimos que esperan esparcidos,
cerca y lejos,
como orilla o firmamento
o apresados en profundidades lejanas
por aquí, a mi vera,
o aguardando a ser tocados… más allá.

Colores y sombras
entrecruzados y alumbrando;
conjuntadas con los blancos
y apretándose a los negros.
Diferencias demandando esfuerzo.
Deletrear hábilmente la variedad.

Prendas nuevas y prendas rotas
hablándonos de la necesidad imperiosa
de busqueda y de retorno.
Prestar atención
y volver a empezar con abecedarios distintos:
Bucear y levantar el vuelo
tratando de gozar.

Susurros que llegan lejos
y penetran hondo:
«V» de voluntad y victoria,
de vela de vela y vela y vela,
y de virgen, vértigo y volcán.
U, ofuscación, terquedad y gritos
equivaliendo a negación y presidio:
Lastre significando requiem.
Tumba hormigonada y perdida
donde la nada absoluta
borra todo lo que hay.
Esterilidad concluyente.
Ni empezar o el final.

Vendaval furioso
y brisa benevola.
Afluente alimentando el Río.
Montañas escultóricas
y estaciones cambiantes
que apareciendo como manantial
recaen siendo olas de vida.
Aprender de cualquiera de los gestos,
beber de cada uno de ellos,
obteniendo una alfombra voladora
que al edén nos llevará.

318-omu G.S. (bcn. 2015)