Porque… (apuntes de amor XXII)

«Quedando claro que… convienes como lazo y reniegas de apretarme siendo nudo.»

Porque puedes ¡porque quieres, porque amas!. Porque sabes usar los remos y dispones de velas y porque como grumete posees buena vista y destripaste al vértigo, ya que perdiste el terror a la intemperie y nunca le tuviste miedo a las alturas. Porque eres capaz de prever el temporal y medir y soportar el peso de la tormenta ante la posibilidad ineludible de naufragio.
Porque sabes aliviar hasta que sanen los pasos que dolieron, y porque sabes preparar los próximos de tal manera… que mejoras las huellas que, viniendo, aquí quedarán, siendo cicatriz preciada, dando sustento.
Porque puedes soplar y soplar hasta extinguir cualquier amanecer o cualquier ocaso que se mostrase estéril, demoledor, desvergonzado e ingrato. Cualquier secuencia del día que, optando por las entrañas indecorosas, para seducirme se disfrazara con razones que simularan ser vitales, así quedando desbancadas mis ilusiones y quebrada completamente toda mi esperanza.
Porque aciertas a brindar por la locura virginal que marcha a contracorriente, esa que ensalza las pocas piezas y los elementos, cuales, de veras, tienen cariz de irrenunciables y resultan imprescindibles. Porque tu sinceridad salta verjas y trabas, descubriendo las trampas y aquellos motivos que, torciendo la paz, sólo portan dolor y disgusto; miseria, confusión y derrota… Por la sonrisa que me regalas al acostarme y al despertar.
Por atraerme, como imán, hasta el gozo liviano y desencadenándome de la somnolencia laberíntica de carácter espartano, liberarme de la pesadez concluyente que anula movimientos y cancela ideas capaces de impulsar de mejor manera este mundo.
Es por ello y tanto más, que tengo a bien aceptar… que seas la hechicera que le brinde poética a cada uno de mis soles, la protectora de mi pasión y la guardiana que vigila mi descanso durante todas las noches.

-apuntes de amor XXII-

Cruzar de puertas

Ella, sola, cerca de una barra, la situada en el linde de la pista de baile; imaginando como sería compartir su fiesta de hoy con un hombre que tuviera las justas proporciones para completarla. Ella, con el corazón voceando “quiero compañía”, pero falta de atrevimiento; distante, cobarde y callada.
Él, solo, enardecido, con fuego en los ojos, acogiendo sensaciones y renegando de pulsaciones que equivalieran a carga. Él, disfrutando de la psicodelia generada por un combinado explosivo de sustancias; barajando ensoñaciones que le proporcionaban un seguido de realidades combinativas y alternas. Él, recopilando sensaciones que creía perdidas, jugando a preguntarse cuántos pedazos tenía que reunir para completar su identidad y saber quién era, en qué lugar se encontraba y hasta cuál era su siglo.
Ella y él, coincidieron al hacer un giro sus cabezas, un giro casual y simultáneo que provocó se abrazaran y besasen sus miradas. Ellos, a partir de ese momento, cómplices urdiendo planes de futuro, interlocutores que se insinuaban absteniéndose de palabras.
Ella (Elena), de pie, sorbiendo un trago del combinado que, siéndole servido en un vaso largo y de tubo, aparecía sobrio, se diría que desamparado, al carecer de azucar colorido decorándolo y sin ser alegrado por algún pedacito de fruta. Ella sintió una presencia a sus espaldas y, disimuladamente, dejando el vaso sobre una de las muchas mesas, elevadas, pequeñas y redondas, cuales estaban repartidas por todo el local, aprovechó para mirar y cerciorarse, si su intuición le mentía o era adivina porque acertaba.
Elena pudo comprobar que, a un par de metros, Él (Oliver), reseguía sus curvas estirando levemente su cuello, leía tan absorto la figura de Elena que no pudo percatarse del guiño que ella le lanzó para indicarle que tanta distancia sobraba y que ya era hora de añadir el tacto y sus voces, al orquestar de los ojos que solicitaban ya, desde minutos antes, los sabores húmedos concedidos por la proximidad.
Por fin, Oliver, elevo lo que era fantasía hasta el proposito y la acción, dio dos pasos al frente y puso sus labios a tocar la oreja derecha de Elena, así susurrándole con tono grave y cálido “doncella mía. Paisaje deseado. Tú, que como pasaje presente estoy seguro de que serás gustoso futuro… ¿Tienes colchón y diván para mi corazón, instrucción procaz para mi espíritu y vaina atenta dónde goce mi carne desentendida de la punta y filo y mal de toda espada?”.
Elena, ante tal pregunta, cayó en la propia cuenta de su necesidad, posó, delicadamente, una de sus manos sobre la nuca de Oliver y le contesto “Ofrecerme tus primeras palabras y ya pedirme que te responda como trapecista; vienes fuerte y advierto que nada te falta, siento que posees; aire, agua, tierra y fuego… Me incitas a comprobar si eres mi premio y mi santo grial, ese elemento añadido capaz de satisfacer a mi piel y cubrir los vacíos inhóspitos que tengo cuándo sueño. Quiero reconocerte para saber si dispones de la magia suficiente como para restaurar mis entrañas y recuperar la savia que extravié durante el camino. No sé si tengo lo que me pides, pero, si estoy segura de que me atrevo contigo”.
En esta hora el silencio es tan grato, irresistible y comunicativo que vence a los muchos decibelios. Un lazo abierto advierte que la caja portaba un regalo. Y un duende se despierta para abrir el día y pronunciar el cierre de la noche.

Per vestit com home / Por vestido como hombre

marismas (dibuix)

T’estimo
amb cos d’home
i seny de boig;
posant damunt del taulell
un cor obert
capaç de perdonar
l’imperdonable.

T’estimo.
Saber-te univers,
bosc, fada i lliçó.
Conqueridora pacífica
oblidada de corones,
vestimentes luxoses,
titelles i castells.
Alquimista
que torna ploma el plom
i arrebossa el ferro,
que converteix en cant els xiscles
i unta de mel tot est món
que rodola agre i amarg
escopint i afinant pors.

Estimar les teves deus “per sempre”,
incloent les herbes enredades
que sostens sent dona volguda,
ésser imperfecte.
I aquest “per sempre”
acomodat
damunt del gest canviant d’una papallona;
dins del ball de l’infinit
demanant més i més prorrogues.

318-omu G.S. (bcn. 2015)
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(castellano)

Te amo
con cuerpo de hombre
y cordura de loco;
poniendo sobre el mostrador
un corazón abierto
capaz de perdonar
lo imperdonable.

Te amo.
Saberte universo,
bosque, hada y lección.
Conquistadora pacífica
olvidada de coronas,
vestimentas lujosas,
títeres y castillos.
Alquimista
que vuelve pluma el plomo
y enluce el hierro,
que convierte en canto los chillidos
y unta de miel todo este mundo
que rueda agrio y amargo
escupiendo y afinando miedos.

Amar tus manantiales “por siempre”,
incluyendo las hierbas enredadas
que sostienes siendo mujer querida
y ser imperfecto.
Y este “por siempre
acomodado
sobre el gesto cambiante de una mariposa;
dentro del baile del infinito
pidiendo más y más prorrogas.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Zumo preciado

Zumo sin precioCreer en la magia y reconocer el libro en que se halla descrita la pócima para traernos de cuerpo presente a nuestra media naranja.
Buscar los ingredientes, elaborar con esmero y bebernos la pócima. Hallar esa mitad que, unida a la nuestra, nos permitirá llenar el vaso con el mejor zumo así saciando aquella sed que nos impedía hacer una parte del camino.
Compartir: Caminar pausadamente. Probar piruetas y conseguir acrobacias de belleza plástica. Descansar algunos ratos y también tropezar… Exprimir instantes con ahínco resaltando la fe que tenemos en la unidad.
Encontrar… pero no esperando regocijarnos en un presente de sumisión donde resuene, de continuo, un «SI-AMÉN» enfermizo.

Promesa de pieles

Aprieta mis nalgas con tus piernas.
Tutéame.
Golpéame el pecho.
Abraza la testosterona que desbordo.
Acaricia mi nuca y huéllame la cabeza.
Afinemos conjuntados nuestros timbres.
Desatemos los nudos complicados
que entorpecen los respiros
y encartonan el alma y los pulmones
estrangulando tantas ideas
y restándole voz clara al cuello.

Muérdeme ambos lóbulos.
Señala tu paso
¡registra!
sea evidente tu rastro
al reseguir la saliva.
Son deliciosos los jardines,
de tu palacio, virgen, mujer y ninfa.

Dale marcas.
Tatúala a base de instinto.
Dibuja. Mapea
a fuerza de arañazos mi espalda
e indícame el horizonte;
sírveme de guía.

Convierte en jadeos el silencio.
Cuéntame con gemidos.
Es hora de apartar
y renunciar de los diccionarios;
haz absurda la lógica y haz antiguo el sentido
de cualquier razón o palabra;
acude la verdad primaria
para marcar su obsolescencia.
Suéltate el pelo y cabalga,
sé amazona y sé yegua,
entrégale a mi tela tu trama.

Disfruta del pálpito acelerado.
De los olores con sal
y también afrutados.
Del sabor caluroso y a pieles.
Del roce que te lleva a subir escalones
y del himno adosado
al frenesí complaciente.

Preséntate vital y tierna.
Sé loba impúdica
entre apuntes decentes.
Acude con tus movimientos
para rebatir el significado de las guerras
y concederle, al amor,
un lugar preferente en la tabla.

Desdobla placeres
que estaban guardados en viejos cajones.
Incrementa ilusiones
y que aletee primando la esperanza
¡ pulso y vida !

Me adentro (despacio. De a poco)
descubro rincones embriagantes,
volcanes por explosionar
y tesoros que sobrepasan con creces
el valor de los diamantes tallados
y el oro con sus mil caras.

Me permites.
Tomas y te entregas.
Gozas en extremo
al sentir que cazas,
cuando te regalo mi presa…
Cual juguetea
tanto con suave fricción (paño de seda)
como con el duro embiste
de marfílea memoria;
te arrodillas ante esa combinación penetrante
que desentraña fieros trabalenguas
mientras al edén te transporta.

(Pendula la manzana y sisea la serpiente,
ambas hablan prescindiendo de tabús
y fuera de prohibiciones,
sin complejos ni manías)

Ya alcanzas el estallido sublime
portador de aquel sudor agradecido
que viene acompañado de inmejorables elixires.
De brotes maduros cuales humedecen
sendos sexos y entrepiernas.
Que avivan al legionario extraviado y moribundo
y asesinan al tiempo contestatario
con su luminosidad despiadada.
Que deletrean ambientes únicos
al decorar con acierto los espacios
e inclusive cantar, teniendo alma,
una romántica balada.

Ya mojan, delatando el trajín,
breves sustancias afrodisiacas.
Tras concebirse la electricidad
en suelo y cama;
usándose el punto y la coma,
la exclamación y el acento,
  un par de paréntesis,
y, como no, alguna raya.
Quedando como digna impronta una señal,
para envidia una evidencia…
Unos cuantos corazones líquidos
sobre un par de cojines y nuestras sábanas.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

De dos: una voz


Ahora ni una palabra vierte mi boca; dicen mis ojos, te hablan y piden. Descarados; como tramoyistas descorren el telón y abanderan al deseo —auspician el punto justo de lascivia cual es capaz de avivar las lenguas adormecidas—.
Tú aparcas toda vergüenza; la timidez, apocamiento y fragilidad que otros, fruto de su desconocimiento, te suponen, y te preguntas hasta dónde me permitirías… y te respondes “lo que te entregue, quede sólo para ti”. Yo rememoro e intuyo —antes ya obtuve tus placeres, los conozco— luego, de seguro, ya encontraré de nuevo tus paisajes sobre la mesa.
Apuesto por ti: sé que apartas de las vías los cedas, los prohibidos y las limitaciones. Sé que te prestarás a darle libertad a mis demandas, que accederás a concederme, en todas sus posibles formas, la savia que salvaguardan tus montañas y tus sanadoras y revitalizantes propiedades marinas. Contigo merece la pena sumergirse y nadar.

 

Escuché: Entre sueños le confesaste a mi vigilia y a tu almohada, cuánta es la perdición que te sabe a gloria dentro del juego, que sólo negárteme sucedía para, invocando al animal, soltar de las cuadras su embiste; liberarle de su espera paciente-impaciente, y que éste, contigo jugueteara presumidamente erguido. Bien conozco, que hay veces que precisas de un vendaval para que, lleno de ímpetu, éste te arrastre con su carácter sorpresivo. Bien sé… que si persistiera por mucho tiempo la brisa suave, quedarías adormecida.
Rememoras días, dándote cuenta que conoces con precisión los enseres, amuletos y planos que protejo dentro de mi cofre humano-sagrado —hace ya algún tiempo que dejaste de jugar a los dados y a la ruleta, que tu ocio y placer no depende de ninguna apuesta que devenga ruinosa o te aporte victorias inciertas.
Mientras le susurras a la noche deleitas mis oídos: me delatas como poseedor de tu fusión predilecta… Repites con ganas, tomas y tomas de mis cócteles: De ese sexo —de dicción lenta— que consigue alzarte de a poco, frente al que se planta, creyéndolo como irrenunciable, cualquiera de tus trozos; el cual te sorbe y, repasando cada centímetro, te lleva en volandas hasta la cúspide donde solamente persiste un eco embriagador.
De ese sexo desmedido que es capaz de aunar sentimientos y así calzar hasta el porte romántico. De ese sexo explícito que te cuenta acerca de tu mucha valía: te hace saber que eres, con su dicción universal ¡insustituiblemente importante!. No una vacua simpleza que se utiliza por interés puntual. No un dibujo hecho con apetitosas curvas y atractivos colores, que aparece y se arruga y se desestima y se rompe. No un naipe, en partida de póker, del cual uno se desentiende en descarte.

Todavía no soy capaz de describir por completo, mediante el vocabulario que conozco, tu magnitud. Quedo a medias pero sabiéndote…

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Monotemático…

 

Monotemático:

Un miembro erguido,

firme e hinchado.

Un pozo (húmedo)

que reclama el vaivén,

que lo frote la lluvia

hasta que rebosen sus aguas.

 

Monotemático:

Aquel contacto

… perdidamente enamorados.

O aquel otro que busca

el vicio orgásmico.

 

Pero, ante todo…

persiguiendo la misma ruta;

la cual, en caliente fronda penetra.

 

Monotemático:

Manchar el sofá;

formando uno

convertirse en cuatro.

Monotemático:

Cediendo al placer

someter a cualquier eclipse.

Acomodarnos sobre la alfombra

y volvernos lobeznos;

rememorar aullares lunáticos.

 

O bien, a pelo

y de pie gimiendo.

Suspendidos en el aire

mediante correas y poleas:

apretar todas las botoneras;

hacer subir y bajar,

parar y avanzar,

volver carnal el metal del ascensor.

(Con ganas satisfacer

nuestro animalesco celo).

 

Monotemático:

Mordisquear tus muslos.

Erizar tus pezones.

Sorber cava en tu ombligo

agrandándose el poder etílico

al palpar (a un tiempo)

las uves de tu entrepierna.

 

Monotemático:

Intuirte (como sexo).

Desde tus finos tobillos

hasta la misma médula.

Soñar. Y también

perder el sueño

al imaginarte desnuda.

Arropar tus adentros.

Contemplarte estallando.

Derretirme en tu cera.

 

Monotemático:

Tu rincón inundado

y mi espalda arañada.

Un óvulo fecundado

por algo más que el esperma.

 

Monotemático aparte.

Ya transcurrido el vigor

que vino junto al enlace.

Ya pasó la fiereza,

la pasión y el embiste

hambriento e irrefrenable.

 

Politemático aparece

lo mejor del gran gozo,

la mejor de las partes:

un sollozo advirtiendo.

 

Que los tiempos se extienden

por la virtud del sexo,

por los efectos afectos

de entregados amantes.

Que no hay fin sin principio.

Que desde una pequeña semilla,

creció el árbol más grande.

 

Desde lo monotemático aparecen…

asuntos politemáticos.

La frescura del soplo

que, envolviendo la casa,

por entero la llena

con el temple preciso…

de nuevas primaveras.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

Romper hojas

Te diste cuenta de los abismos. Ya te diste cuenta de la distancia que emerge junto al rechazo. Al fin te das cuenta, que lo que ayer fue amor hoy se ha convertido en guerra.
Te diste cuenta que nuestras manos dejaron de acariciarse y asomar cogidas. Que los abrazos ya no vienen repletosos de ese calorcito que, mimosamente, nos incito a no querer separarnos nunca. Te diste cuenta…
El consuelo que me queda es el saber que nos lo dimos todo y supimos completarnos.
En la maceta todavía vive la flor que ambos, como semilla, sembramos, pero será que todo se transforma y la evolución demanda que innovemos nuevos cantos.
Te diste cuenta de la apariencia menguante de nuestra luna… ¿Te diste cuenta?.
Me doy cuenta que desapareció el “estar de acuerdo”; hace tiempo que sé que nada es suficiente para que surgan divergencias. Me doy cuenta que nuestras miradas se han vuelto esquivas, que la sal que nos llenó de vida, ahora reseca nuestras gargantas; que el agua se quedo estancada y ahora huele a desdicha.
Darme cuenta que los vestidos que tanto te gustaban, al ponérmelos ni me miras. Que me peino y me repeino, me tiño de morena, me hago trenzas y colas, y es que para ti soy invisible, ya ni me miras.
El tanto dolor que me inunda me comporta sarpullidos; dolor venido por este amor que fue lo más hermoso y que hoy siento como caducado y marchito.
Aunque marchemos en direcciones opuestas te llevaré por siempre conmigo, es por quererte tanto y tanto que decido apartarme de tu camino; me marcho aun en contra de mi deseo… Para poder recordar lo mejor de nosotros, de esos tiempos gratos compartidos. Para siempre recordar que estando anudados estuvimos en el paraíso —Será tal vez protección. Será que renuncio a asesinar lo que reconocí y reconozco como amor verdadero e incondicional. ¡Cambio lágrimas por flores!.
Alegrías, confesiones, travesuras, labores, satisfacción y revolcones… para que olvidar la belleza que nos reconforta—.
Nos ayudamos, mutuamente, a extraer más de una espina. Nos ayudamos. Nos complementamos. Nos inundamos de fragancias que dejaban a otros bocabiertos. Bañamos con nuestro buen rollo cada una de las estancias en las que estuvimos; y es que de verdad nos amamos con inspiración; es por ello que siempre llevaré conmigo, allá donde vaya, tus mejores esencias.
Eres parte de mi vida, por esto guardo el adiós y te digo con amor… hasta luego.

Pareja de corazones

Las parejas son como aquellas partidas de naípes: raramente te sientas para jugar una sola mano.
Se presentan partidas muy buenas en las que sujetas todos los triunfos entre tus dedos. Apuestas, confiando plenamente, con la absoluta certeza de que ya no puede escapársete esa amplia sonrisa que te brindará el triunfo. Pero… nada está escrito en los juegos del azar, lo que se creyo ya hecho puede desvanecerse. La suerte te da la espalda y tu sonrisa decae, girándose la expresión de tu boca. El perfume de la victoria de repente se esfuma durante cualquier partida (aquí nada es eterno). Vas y pierdes, sólamente quedando la nostalgia registrada como recuerdo.
Está fenomenal el tener pareja, desaparezca de una relación cualquier pugna de poder.
Marche el egoísmo que enrancía las noches de un Mayo bien conversador.
Los celos se den a la fuga; si éstos llamaran, ninguna de las ventanas o puertas les abriremos.
Romances que les conceden a las gentes una pareja para pasear por algunos instantes. Presentándose y estallando frente a nosotros los mundos de otros; mundos y universos desconocidos que aguardaban para erizarnos la piel ante una tempestad de caricias y de abrazos, de besos que antes sólo aparecían en sueños como besos robados. Verdad de amor que nos hace estallar y disfrutar de infinidad de maravillosos colores, mientras nuestros sexos dibujan hasta emanar elixires sanadores.
Sexo complaciente, ya estuviera repleto de pureza o se brindara perversamente lascivo. Ya fuera un sexo que gozara exhibiéndose o penetrase con atuendo furtivo.
Sexo carnal que, con su sello con lacra, perpetua la profundidad de la unión. Que aderezado con pasión extrae el raciocinio de los seres humanos, concediéndonos hasta el impulso primitivo que todavía sostiene nuestro animal.
La confianza en el otro posibilita la entrega, un confort en que no pende la ansiedad. Si vivimos en pareja la confianza siempre tiene que prevalecer, de ello depende la salud de tal.
También a tener en cuenta, que a una pareja se la tiene que zarandear con unos buenos toques de improvisación que podrían ser tachados de “a lo loco”.
Uno no es igual al otro, aunque se pretenda, en ocasiones, y nos olvidemos de las tantas diferencias que compensan y nos hacen crecer igual que nos unen. Una relación precisa de variedad y de distancias.
Conforme a las propias carencias, la otra parte aporta y ello contribuye a la atracción —todos cojos y a nuestro alcance muletas—, rezuma el gusto por completarse.
Sucede que la primera que acontece es la atracción química, la cual, como ninguna, nos alborota, pero tiene fecha pronta de caducidad… El deseo desmesurado se disipa sin remedio; ocurre como con todo lo que sobre la tierra hay: sufre una metamorfosis. Pero no se pierden en un abismo ni tampoco se diluyen en el horizonte los placeres, conviven junto a la serenidad de lo que ya se conoce y se sabe descubierto; ya no asoman esas mismas tierras como tierras lejanas.
No es saludable dictar o pretender que otro ser, por mucho que nos ame, cambie y actúe como nos interesa o nos agradaría.
Mostrar el máximo de comprensión por el mundo que nuestra pareja ampara es enriquecedor, más que saludable. Reconocer con humildad las propias equivocaciones y no resarcirnos de los posibles errores que acometen, de seguro, durante el día a día. Cuanto de amoroso y sabio contiene un “lo siento cariño. Una disculpa o un perdón.
Rectificar es de sabios. Sabio es aquel que aprendió a escuchar consejos y razones más allá de él mismo.
Las parejas son como aquellos cordones de los zapatos, se pueden llevar sueltos, revueltos o atados, pero cuándo se llevan tienen que estar bien abrochados.
O como la dirección de una calle en una gran ciudad, disponiendo de varias opciones, puedes llegar al lugar yendo por donde prefieras, pero debes sentirte bien al marchar por donde vayas, al dirigirte hacia tu destino. Si el destino decidido es sentirte estupendamente con tu pareja, no cabe anteponer el individuo al conjunto, la unidad tiene que prevalecer, ella tiene que ser la única meta, la única que merece la pena.
Si tras probar y probar te falta el aire y te invade el ahogo, mejor dejarlo e irse a embarcar en busca de otros continentes. Mejor deambular en soledad hasta que aparezca, el que de seguro será, el próximo baile.